& Capítulo 15 &
& Tres meses después &
—¡Bill! ¡Mi pelo es un desastre! —Se quejó Georg. Nunca había estado tan nervioso en su vida.
El pelinegro se rió y pasó sus dedos por el largo y liso cabello del otro—. Está perfecto.
—¡No lo está! ¡Mira! ¡Aquí hay una onda! —Señaló una onda inexistente en su pelo.
Bill tomó la plancha del cabello y lo miró—. Está bien. —Y fue hasta la cabeza de su amigo otra vez.
—¿Tú estabas así de nervioso? —Preguntó el castaño. No podía creer que el día había llegado. Se casaría con el hombre que amaba y en el que confiaba, pero aun así, los nervios se los estaban comiendo vivo.
—Lo estaba. Pero sabía que era lo que siempre había deseado, así que cuando vi a Tom mirándome… con nervios y también con placer, fue una extraña combinación.
—¿Te corriste? —Bill obtuvo una mirada confusa de su amigo.
El pelinegro lo miró como si le hubieran salido 18 cabezas—. No… quise decir… oh, olvídalo, tienes sexo en el cerebro. —Jugó con sus rastas, preguntándose cómo lo estaba pasando Tom con Gustav.
Entre tanto, en otra habitación.
—No, no, no, no. ¡Esa corbata no! —Gritó Tom, a punto de perder la cabeza. Estaba muy nervioso de ver a su mejor amigo casándose.
Gus se rió de él—. Tom, no esta corbata, no esa corbata, no esas corbatas. —Se rió—. Oh, Dios mío.
—¿Qué? ¡Esta corbata es horrible! Es demasiado negra. —El trenzado hizo un puchero.
—Es porque es negra. ¿Qué tal esta? —Mostró una de color blanco cremoso.
Tom bufó—. Demasiado blanca. Uno quiere que por lo menos se vea sobre la camisa blanca. Y si no, mejor no uses ninguna.
—Necesito una corbata. —Tomó una de color común y corriente.
—¡Dios! Necesitamos a Bill aquí. Él sabe más sobre modas y estilo, de lo que me a mí me importa y justo decidiste casarte —Tom comenzó a divagar, mientras buscaba el celular en sus pantalones.
—Tom, gracias… Por ponerte un traje. Sé que no es tu estilo… pero significa mucho para mí. —Gustav lo abrazó antes de que llamara a Bill.
—Es importante para ti, así que también es importante para mí. Eres mi mejor amigo, nunca te fallaría. Vamos, mírame, ¡estoy más nervioso que en mi propia boda! —Tom se rió y oprimió el botón de marcación rápida de Bill.
Bill respondió el teléfono—. ¿Tom, qué pasa?
—La corbata. Tenemos problemas con la corbata. ¡Necesitamos tus habilidades con la moda!
—Haz que se ponga la roja… o la de morado oscuro… o algo así. Va a acentuar el color de sus ojos. —El pelinegro sonrió levemente.
—La de morado oscuro, Gus —dijo Tom— Gracias, Bill. Eres el mejor.
El pelinegro sonrió—. Lo sé. Ahora tengo que ayudar a alisar el cabello perfectamente liso de Georg… te amo —dijo y colgó.
& Un rato después &
Tan pronto el cura dijo—. Puedes besar al novio. —Georg atacó los labios de Gustav y tomó sus manos.
El rubio envolvió sus brazos en el castaño, para evitar caerse.
La multitud, que consistía en un grupo de amigos y familiares, los animaron y comenzaron a retirarse, dejando a la pareja para que firmara los papeles y eso.
Finalmente Georg se separó—. Te amo. —Se las arregló para decir, con una sonrisa en la cara.
—También te amo. —Gus lo volvió a besar, pero no por mucho. Fue un beso corto, pero apasionado.
—Bueno, Gus, firmemos los papeles y salgamos de aquí. Me muero de hambre. —Le dio palmaditas a su estómago. Luego tomó un lápiz y se inclinó sobre la mesa, para firmar los documentos de matrimonio.
El rubio asintió y también cogió un lápiz. Escribió su nombre bellamente sobre el trozo de papel que declaraba su matrimonio.
—Entonces, ya está. Estamos oficialmente casados. —Georg no pudo evitar sonreír grandemente. Esto realmente se sentía como el mejor momento de su vida.
—Sip. Ahora, oficialmente eres mío. Y ya no estás en el menú. —Se rió y dejó un beso en los labios del otro.
—Siempre estuve ocupado y fuera del menú. —Georg atrapó la mano de su esposo y comenzó a caminar hacia la salida del edificio.
El rubio aceptó la mano y la sujetó—. Te amo… para siempre… pero ahora, vamos a comer.
Afuera les esperaba la multitud que los aclamaba y una lluvia de coloridos pétalos de flores que seguramente, Tom le había dado a los invitados en secreto.
El trenzado sonrió y se volteó hacia un lado para besar la mejilla de Bill, aunque no pasó mucho antes de volver la atención a sus amigos y continuara animándolos—. ¡Wooo!
Gus estaba sonrojado, sosteniendo firmemente la mano de Georg.
Por otro lado, el castaño tenía una sonrisa boba en la cara. Sip, definitivamente era el mejor día de su vida.
Tan pronto como la gente se subió a sus autos, se dirigirían al restaurant donde se celebraría la recepción.
Bill y Tom se encaminaron a su coche, en la parte trasera del lugar, mientras le sonreían a Gustav y Georg.
—Hagamos una carrera —dijo el pelinegro con una sonrisita de lado.
—Por supuesto. —Gustav rió.
—Nah, Gus, nada de carreras hoy —regañó Tom—. Imagina que tienes un accidente y te fracturas un brazo y arruinas tu primera noche como “esposo y esposo”.
Bill se rió—. Oh, vamos. No arruines los deportes.
—Está bien, pero si te rompes un brazo, no me llamen —contestó Tom y se metió al vehículo. Nop, él no iba a conducir, esta había sido idea de Bill.
El pelinegro también entró al coche—. ¡Genial! ¡Vamos! —Gritó, apretando el volante.
El rubio también entró a su auto, pero dejó que Georg manejara.
—Vamos a darle una lección a estos chiquillos. —El castaño puso una sonrisita de lado y encendió el motor.
Gus solo se rió—. Hagámoslo.
Bill sonrió, encendió el motor y ya casi estaba en la carretera.
Georg lo siguió de cerca, tratando de encontrar un espacio para sobrepasar el auto de Bill, esto pasó justo cuando llegaron a una esquina y entonces tomó su oportunidad.
El pelinegro se dio cuenta, así que viró levemente. Su carro podría ser pequeño, pero aun así, era increíble.
—¡Mierda! —Georg pisó los frenos. Iba tan rápido que de no haberlo hecho, habría chocado el coche del pelinegro.
Bill se dio cuenta y también frenó de prisa, pero no tan fuerte, asustado de que Georg y Gustav se hubieran lastimado.
—Okey, suficiente de carreras. ¿Se dan cuenta lo que les dije? —Tom los volvió a regañar.
—¡Okey, okey, okey! —Bill salió del auto y corrió hacia sus amigos.
El rubio tenía una especie de risita nerviosa.
—¿Gus? —Lo llamó Tom, habiéndose bajado de auto también—. Vamos, amigo. ¡Todavía estás vivo!
El aludido asintió—. ¿Estás bien, bebé? —Estiró la mano para tocar a su esposo.
—Sí. ¿Y tú? —El castaño todavía tenía los ojos fijos en el punto donde el coche de Bill y el suyo podrían haber chocado, si no se hubiera detenido.
Bill abrió la puerta del lado del conductor—. ¡Georg! —Tomó a su amigo por los hombros.
—¿Sí? —respondió el otro, aunque su cuerpo no se movió. Aún estaba en shock, más preocupado por lo que le habría podido pasar a Gustav que a sí mismo.
—Georg… mírame. Por favor, ¡haz algo! —Bill lo sacudió, sabiendo exactamente qué había pasado.
Entonces el castaño parpadeó y miró al pelinegro. Abrió y cerró la boca, pero nada salió. Finalmente, miró a Gustav y lo abrazó fuertemente.
El rubio correspondió el abrazo—. Está bien, bebé. Estoy bien, tú estás bien, estamos bien.
Georg se separó, miró a su esposo para asegurarse de que estaba perfectamente a salvo. Luego sonrió y dijo—. Okey, ahora vámonos, porque nos están esperando.
Bill asintió, lo abrazó una vez más, antes de partir a su propio coche, seguido de cerca por Tom, quien dijo—. Ahora yo conduzco, ¿está bien? —Sabía que su esposo estaba más nervioso de lo que aparentaba.
—Claro —respondió el moreno, asintiendo.
Manejaron, seguidos por Gustav y Georg, hasta que llegaron al restaurant—. Ya hemos llegado. —Anunció Tom, rompiendo el silencio que se formó en el auto desde que entraron.
Bill asintió, se sentía un poco culpable.
El castaño bajó de un salto del coche, yendo hasta el de su amigo, notando que nadie bajaba de él. Tom miraba a Bill de una forma extraña, habiéndole preguntado qué pasaba solo un segundo atrás.
El pelinegro se estaba mordiendo el labio y muy lentamente abrió la puerta para salir del vehículo.
Tom lo siguió—. ¿Bill, qué sucede? ¡Dime algo!
—Nada, estoy bien. —Sonrió levemente.
—Sí, claro. Dile eso a alguien que no haya vivido contigo y no te conozca mejor que tú mismo.
—Tenía miedo, ¿okey? Espera… esto no está bien… —Bill miró a todos los invitados que estaban afuera. Sus ojos se pegaron en uno en particular. Cierto chico alto de cabello rubio.
—¿Y entonces? —Tom no se dio cuenta lo que estaba mirando su esposo, pero Georg sí lo notó y contuvo el aliento.
—¡Gus, Gus! —Llamó.
El chico de gafas caminó hasta el castaño—. ¿Qué pasa?
—¿Ese es… él? —Preguntó, moviendo la cabeza para señalar al rubio.
Entre tanto, Tom continuó abrumando a Bill con sus preguntas. Y el pelinegro seguía asintiendo.
—Sí, lo es. —Gruñó Gustav.
—¡Bill, te hice una pregunta! ¿Si no fue miedo, entonces qué? —Obviamente Tom no se daba cuenta de nada.
—¿Qué está haciendo él aquí? —Georg le preguntó a su esposo en un tono susurrante.
—Es Andreas. —Soltó Bill de golpe.
—Andreas no estaba en el auto, Bill…
—No… Andreas. —Bill le dio un tirón a Tom para que viera al rubio alto, quien ahora, tenía unos mechones de pelo azul eléctrico.
—Adre… Oh, Dios mío. ¡¿Qué demonios está haciendo aquí?!
Notando a Tom, Andreas sonrió y comenzó a caminar hacia ellos—. ¡Tom! ¡Tomi boy! Ha pasado tanto tiempo.
Bill siseó—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Tomó el brazo de su esposo.
—Solo visitando a mis antiguos amigos. ¿Qué? ¿Ahora no puedo hacer eso? —Andreas le guiñó un ojo.
—No, no puedes. —Refutó el pelinegro.
La gente comenzó a mirarlos y Tom se pegó más al lado de Bill. No quería arruinar la boda de su mejor amigo—. Está bien, Bill. Estoy seguro que Andreas tiene miles de cosas que contarnos, ¿cierto?
—¿Cómo qué? Que ha estado tratando de arruinar mi vida —murmuró el moreno.
—Por favor, Bill —murmuró de vuelta el trenzado.
Bill asintió—. Como quieras —dijo con una sonrisa en la cara, para hacer que pareciera natural.
—¡Genial, Bill! ¡Ha pasado tanto desde la última vez que hablamos! Espero que me recuerdes, de la escuela. Porque yo de seguro me acuerdo de ti —dijo Andreas con un tono de felicidad.
—No sé qué estás tramando. Yo nunca que te había visto antes de que empezaras a aterrorizar a mi esposo… por lo que todavía me gustaría oír una buena explicación.
—¡Oh, pero Bill! ¡Eso no es cierto! Aquí, ven, sentémonos y hablemos. Tenemos tantos recuerdos que nos gustaría compartir con Tomi boy.
Gustav y Georg los miraban desde su mesa, pero no podían hacer nada sin causar una conmoción.
Bill se sentó al frente del chico—. Así, por qué no me iluminas.
Andreas sonrió y los miró con una expresión ansiosa—. Oh, bueno. Billa estaba en su último año del liceo y yo estaba apenas comenzando. Nos conocimos y de verdad éramos muy buenos amigos. —El rubio le dio un guiño a Bill.
—¡Ese eras tú! —Gritó el pelinegro, olvidándose de donde estaba.
—Bueno, por supuesto, cariño. ¿Quién más?
—¿De qué está hablando? —Preguntó Tom casi en un siseo.
—Solía ser mi amigo en la escuela… bueno, ¿no es gracioso que el que fuera abusado se convirtiera en el abusador?
—Aaww, Bill. No soy un abusador. Solo tengo el corazón roto. —El rubio hizo un puchero, dándoles su mirada más triste.
—Bueno, no debiste convertirte en un acosador… y ya estoy enamorado de alguien, te he dicho eso desde que me mudé aquí.
—Pero él no estaba aquí. Era yo quien siempre estuvo aquí. —El rubio se veía al borde de las lágrimas.
—Yo no te amaba. Y ahora has arruinado cada posible oportunidad de que siquiera me gustes como amigo. No te soporto, Andreas. ¡Eres un bastardo destructor de matrimonios!
—Sshh, Bill —siseó Tom. Estaba tan enojado como el pelinegro. Pero no había necesidad de gritar. No aquí.
—Bill, pero espera. Déjame explicarte. Vine aquí para decirte que lo he superado. Tengo a alguien más.
—¿Eso significa que vas a dejar de aterrorizar a Tom? —A Bill no le importaba nada sobre este nuevo chico. A él le importaba que su Tom fuera feliz de una vez por todas.
El rubio sonrió felizmente—. Bueno, por supuesto. Tom es un buen chico.
El trenzado gruñó—. Sparks era un buen gato —dijo en un susurro.
—¿Entonces te puedes ir, cierto? —Preguntó Bill con un siseo.
Andreas hizo un puchero—. Bueno, podría irme. Pero… me gustaría que volviéramos a ser amigos, Bill.
El pelinegro miró a su esposo. Lo dejaría a él decidir.
—¿Qué, Bill? Yo no puedo ser amigo suyo. —Tom arrugó el ceño. ¿Cómo podía siquiera considerarlo?
—No, estaba dejando que tú decidieras… quiero decir, yo estoy bien, puedo perdonar… de alguna forma. Pero no quiero que te vayas a enojar conmigo por eso.
—Bueno, yo no creo poder perdonarlo tan fácilmente, pero haz lo que quieras. —Tom sentía que se hundía. Ese hombre había matado a su gato, lo había violado y había tratado de destruir su matrimonio. No había forma de perdonarlo. Ni ahora, ni nunca.
—Tom, siento tanto las cosas malas por las que te he hecho pasar. De verdad, lo siento. —Afirmó Andreas, luciendo muy honesto.
—No puedo perdonarte por lo que le hiciste a Tom… pero sí te perdono lo que me hiciste en la escuela. —Bill suspiró.
—Está bien. Yo, uh… creo que ahora, es hora de que me vaya. Espero que podamos encontrarnos en otra ocasión hablar más. Les deseo mucha suerte en su matrimonio —dijo el rubio, poniéndose de pie. «La necesitarán. Tanta suerte como puedan» Pensó.
Bill se quedó sentado ahí, mirando a Tom.
Una vez que Andreas se fue del restaurant, sacó el celular de su bolsillo y llamó a su hermano.
—¿Hola? —Habló la voz al otro lado de la línea.
—¿Luke? Soy yo, Andi.
—Oh, hola, Andi. ¿Funcionó?
—Sí. Se lo creyeron.
& Continuará &
Notas finales de las traductoras:
Maldito idiota, todo era una trampa. ¿Y qué planea? Los invitamos a descubrir los malévolos planes de Andreas, en los siguientes capítulos. Besos para todos.
