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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 16
Los soldados del equipo Legión, no podían entender cómo el cazador más honrado y sobresaliente, se empujaba a sí mismo bajo su propio pedestal. Aun así, no hicieron preguntas y se mantuvieron devotos a seguir sus órdenes, cualquiera que estas fueran. Sin embargo, sus amigos más cercanos, fueron los encargados de cubrir sus obstinados escapes, con los que estaban de acuerdo, aunque en cierto modo lo hacían porque de verdad querían mantener a su capitán sin problemas con los Maestros.
—De verdad no tienes que —dijo Bill. Tom llegó a otra sesión a la casa del pelinegro y puso otro montón de dulces junto a ellos.
—Sí tengo —respondió Tom—. No puedo visitarte con las manos vacías. Vamos, pruébalos.
—Oh… bueno —dijo el pelinegro y miró los dulces con ojos brillantes—. Está bien.
Tom sonrió. Bill nunca se podría resistir a los dulces y eso era bueno, porque durante todo el momento en que estuviera masticándolos, William no tendría ningún deseo de salir, aunque fuera bastante obvio cuál era el propósito de estas terapias. Tom se preguntó si no podía, o si simplemente no le importaba, o quizás él solo pensaba que estaban siendo estúpidos.
Lo primero que Tom le dijo a Bill durante su primera sesión terapéutica fue que debía mantener una actitud positiva y estar siempre feliz sobre quien era. Creyó que sonaba como una buena lección y tal vez William no había notado la indirecta, puesto que no había aparecido en el acto. Los padres demonios de Bill, sin duda, se opusieron a estas “sesiones terapéuticas”, pues estaban en contra de cualquier cosa que pudiera enojar al Demonio Superior, pero aunque no podían evitar que las realizaran, no ofrecieron ninguna ayuda, ni siquiera le llevaban refrigerios dulces a Bill de vez en cuando.
Bill dijo que haría lo mejor posible por mantener una actitud positiva, pero Tom vio que intentarlo no era suficiente y, por esa razón, desde la segunda sesión, siempre se aseguraba de llevar dulces, donuts, cupcakes con glaseados y cosas parecidas.
Se sentaban en el suelo, con una bandeja de dulces junto a ellos. Algunas veces se recostaban de espaldas y miraban al techo mientras hablaban. Se supone que debían hablar sobre incidentes traumáticos del pasado de Bill, pero en realidad Bill no tenía un pasado y Tom no debía hacerlo consciente de aquello, así que en lugar de eso, hablaban de las veces en que Bill tenía pérdidas de memoria y pensaban en alguna forma en que pudiera tener el control. No habían progresado mucho y Tom pensaba que no progresarían nada en absoluto si seguían siendo constantemente interrumpidos.
Gruñó malhumoradamente cuando recibió una llamada de Gustav, informándole que se estaban reuniendo para otra misión de cacería. Se levantó del suelo y se preparó para unirse a su equipo.
—Tengo que irme. Supongo que lo retomaremos otro día.
—Okey. —Bill suspiró. Tom lo miró, achinando los ojos con seriedad.
—Tú te quedas —dijo con tono demandante, levantando el dedo. Bill arrugó el ceño.
—¿Es una orden? Porque no es como que yo pueda detenerlo cuando él sale —murmuró.
—Sí, lo sé, lo siento. Lo hago por hábito, supongo —mintió Tom, pero esperaba a que William hiciera lo que le había mandado.
Para su grata sorpresa, William obedeció. Tom y su equipo, eliminaron rápidamente a los pocos demonios que encontraron, sin demasiada lucha.
La tercera sesión de terapia tuvo lugar y Tom notó algo de progreso, por lo menos en relación a la reacción de Bill con su cercanía. Vio que podía rozar los hombros o tocar las manos y Bill ni siquiera daba saltos. Y mientras las sesiones progresaban, tampoco se tensaba, hasta parecía que no le importaba. Tom esperaba que pudieran seguir progresando hasta el punto en que los aceptara o donde le gustaría que fueran más que simples roces. Sin importar lo que William dijera, creía que Bill podía desarrollar sentimientos profundos por él.
Los días pasaron y se había vuelto muy optimista, pensando que las sesiones de verdad estaban funcionando. Reunirse con Bill después de la escuela se había vuelto mucho más fácil, mientras que las misiones de cacería se habían reducido a las usuales ocurrencias episódicas en que solían ocurrir y William no había sido el instigador ni una sola vez.
Pero tal vez había hablado demasiado pronto y todo era nada más que una ilusión. De todas formas, habría sido demasiado fácil. Le tomó solo un pequeño error para hacerle comprenderlo. Bill se negaba a comer los pasteles frescos que Tom había llevado, preguntándose, por primera vez, si tener una dieta exclusivamente de carbohidratos podría tener un efecto adverso en su salud.
—Tal vez no debería comer tanta azúcar —comentó—. No quiero tener caries.
Tom se puso a reír—. No puedes morir y ¿te preocupas por las caries?
El silencio mortal le hizo darse cuenta de su error descerebrado. En un instante se volteó a mirar a Bill y vio que sus facciones se habían congelado en shock y sus ojos estaban brillantes de lágrimas.
—¡No, no llores! —Tom contuvo el aliento—. ¡Era una broma! ¡Bill, se supone que te rías!
Bill estalló en sollozos.
—¡No, Bill! —Pidió Tom. Cogió una donut y se la ofreció rápidamente—. ¡Por favor, tienes que estar feliz! —El pelinegro parpadeó, las lágrimas dejaron de bajar por su cara. Tom comenzó a sentirse aliviado, pero se quedó sin aliento cuando vio que Bill le daba una sonrisita de lado. Ahora estaba mirando a unos ojos maquillados de negro. Hizo una mueca.
—Buu huu. Me darán caries —se burló William, limpiándose la cara de las lágrimas. Tom gruñó, tiró la donut y se dio la vuelta. William se rió—. ¿En verdad pensaste que tus aburridas sesiones iban a funcionar? No sirvieron, solo te estaba dejando pensar que sí funcionaban. Pero ya sabes que ver esa carita llena de esperanza me rompe el corazón. Oh, Tomi, cariño, a veces eres tan dulce que Bill podría comerte.
—Jódete, William.
—Está bien —dijo el demonio. Dio un salto hacia adelante, sorprendiendo a Tom y cayendo sobre él. Él apretó con una mano las muñecas de Tom contra el suelo, sobre su cabeza y con la otra mano, empezó a desabotonar sus pantalones.
—¡No! —Exclamó Tom, agitándose como un gusano—. William, te lo ruego.
—Ssshhh —dijo William. Pegó sus labios a los de Tom, mientras continuaba desvistiéndolo. Tom gruñó. Sus patadas cesaron cuando el demonio se sentó sobre sus piernas. El pelinegro acarició su miembro. Tom estaba duro y listo instantáneamente. William dejó los labios del cazador, quien jadeó por aire.
—Por favor —dijo.
—Paciencia —respondió William con una risita.
Tom hizo una mueca—. Eres un bastardo, déjame ir.
El demonio rodó los ojos—. Mira, no pienso volver a ser el llorón, así que ¿deja de quejarte?
Tom parpadeó—. ¿No lo harás?
—No. Y ahora, ¿quieres esto? —William se frotó contra el miembro de Tom y este gruñó.
—¿Cómo puedo confiar en ti? —Murmuró, odiándose por rendirse, pero su polla dolía mucho ahora, ansiando el toque de William.
—¿Acaso importa? —Bufó William. Soltó las muñecas de Tom. Desabrochó sus propios pantalones y los deslizó hasta sacarlos, luego, sin prisa, sacó su playera. Los ojos de Tom estaban pegados en él, viajando por cada detalle de su desnudo y flexible cuerpo. William cerró los ojos mientras sus dedos pasaban por su largo cabello negro y luego lo soltó, dejándolo caer en suaves cascadas sobre sus hombros. Abrió sus ojos oscuros y miró a Tom—. Entonces, ¿me deseas?
—Sí —Tom exhaló. Su voz fuertemente teñida de deseo—. Me asusta lo mucho que te deseo. —Se sentó y agarró la cabeza de William, plantando un beso hambriento en sus labios esponjosos. William cedió, abriendo sus labios. Tom gimió cuando sus lenguas se tocaron. Deslizó su lengua tanto como pudo en la boca del demonio.
Se besaron con ganas, sus bocas se cerraban sobre la otra, encajando tan bien, que el aire apenas lograba escapar. El sensual sonido de un beso hizo presencia cuando William dejó la boca de Tom. El cazador respiró, lamiéndose los labios, todavía saboreando el sabor del beso más ardiente que había experimentado. William sonrió. Tom miró el rostro del pelinegro, miró con asombro en sus ojos, como si no creyera que estaba recostado con una criatura tan hermosa, y que esa criatura hermosa le correspondiera. Era raro para él lo cómodo que se sentía en ese abrazo tan íntimo, pero al mismo tiempo era como si lo estuviera soñando todo. Pegó sus labios a los de William una vez más, gimiendo al sentir como los labios del pelinegro chocaban con los suyos. Y presionó más, hasta que dolía, para asegurarse de que no era un sueño.
William continuó masajeando el miembro de Tom, con un toque suave, seductor. Se movió de los labios de Tom y dejó suaves besos por sobre su garganta, con la misma suavidad, y luego lo besó hacia abajo, hasta llegar a su miembro. Tom cogió el cabello del demonio, sus labios se estiraron cuando sintió a su miembro en la cavidad caliente de la boca de William. Tom miró al otro mientras lo succionaba, intentando con ganas de hacerle sentir placer. Le hacía pensar que era injusto que solo él recibiera gratificación, pero parecía que William estaba satisfecho con solo darle placer.
William retrocedió.
—Ugh… no… —se quejó Tom, queriendo volver a su boca. William soltó una risita.
—¿Ahora estás listo para mí? —Sonrió.
—¡Oh, Dios, sí! —Jadeó.
—Hmh —dijo William, sus ojos miraban la polla de Tom como si algo anduviera mal.
—¿Qué? —Gruñó Tom con agonía—. William me estás matando.
William miró la bandeja de dulces y pastelitos, metió el dedo índice en varios pasteles—. Ah —dijo con una sonrisa. Sacó el dedo, cubierto con el almíbar rojizo y frotó los dedos, testeando la consistencia. Comenzó a frotarlo por la longitud de Tom—. Esto servirá —sonrió. Levantó las caderas y se situó arriba de Tom.
—¡Aahh! —Gritó Tom cuando William se sentó sobre él, deslizándose fácilmente hasta las caderas de Tom. Tom cerró la boca de golpe, convirtiendo su aullido en un gruñido, aunque estaba seguro que los padres demonio y hasta los vecinos lo habían oído.
William comenzó a balancear sus caderas de arriba abajo con movimientos rápidos. Tom gruñó con los ojos cerrados. William estaba deliciosamente apretado y caliente.
—¡Aahh, aahh!
William continuó moviéndose, follándose a sí mismo con un ritmo brusco. Tom se arqueó.
—¡Se suave conmigo!
El pelinegro soltó una risita. Bajó la velocidad, sus caderas se balancearon en un movimiento mucho más estable y gentil. Tom cerró los ojos, gimiendo.
—¿Te gusta así? —Preguntó William, al frotar sus caderas sobre las de Tom.
—Mmm. —Tom suspiró—. Sí.
—¿Te gusto yo? —Tom abrió los ojos.
—¿Qué? ¿Por qué me preguntas eso? Sabes que me siento atraído por ti.
—Pero no me amas.
Los labios de Tom se tensaron. Desvió la mirada del pelinegro. William lo miró enojado. Se empujó a sí mismo sobre Tom y este jadeó y gruñó. William aumentó la velocidad, apretando sus paredes internas, montando la polla de Tom como un experto. Los ojos del cazador se fueron hacia atrás y comenzó a dejarse llevar por el éxtasis. Sus manos apretaron los muslos de William, sus músculos abdominales se contrajeron y gimió como un loco.
—Nunca tendrás esto con él —dijo William eventualmente. El corazón de Tom estaba latiendo en sus oídos, pero no le ayudó a no escuchar lo que William estaba diciendo—. Piénsalo.
Tom no podía creerlo, William estaba celoso de su personalidad alterna, de su propia creación. Después de afirmar siempre que eran el mismo, finalmente vio a Bill como otro y, al parecer, lo veía también como un rival. Parecía algo bastante jodido, pensó Tom. Y le aterraba.
—Recuerda, soy yo quien siempre tiene el control —anunció William con un gruñido. Estrelló sus labios contra los de Tom como para probar su punto. Todo el cuerpo de Tom se sacudió por los temblores y su semilla salió en chorros en el interior de William.
No se movió, sentía que no podía mover su cuerpo agotado. El golpeteo en sus tímpanos decreció y se dio cuenta que su respiración agitada era el único sonido en la habitación. Abrió los ojos y vio que William se había desvanecido.
Continúa…
¿Y ahora dónde se metió William? ¿Será que por los celos le hará algo malo a Bill? ¿Querrá darle una lección a Tom? ¿O no pasará nada de eso? La única forma de averiguarlo es continuar con la lectura, así que los dejo a todos invitados. Gracias por su apoyo.

Por fin un lemon sin Bill de por medio.
Me da pena la situación y William, no saberse correspondido le duele.