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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 14
Hubo un profundo silencio entre todos los miembros de los equipos cazadores reunidos, cuando los blancos de silueta de demonios se acercaron. Miraron al capitán del equipo Legión con rostros preocupados. Tom no les prestó atención. Hizo una mueca, levantó su arma y disparó otra vez. El disparo había sido directo y entró justo en el centro de la diana. El único disparo certero que hizo en toda la práctica de tiro. Pero considerando que ahora el objetivo estaba a una pulgada de su cara, no era algo de lo que pudiera estar muy orgulloso.
El Maestro a cargo de la sesión de tiro, que parecía desconcertado, despidió a todos del salón y se dirigió directamente a Tom.
Gustav y Georg se movieron deliberadamente lento, esperando escuchar cualquier intercambio de palabras entre el capitán y el instructor.
—¿Capitán Kaulitz, pasa algo? —Preguntó el Maestro.
—Discúlpeme, señor. Me encuentro un poco distraído y…
—¿Un poco? —Bufó el otro—. Tu puntería es terrible. Y también escuché que lo derrotaron en la práctica de combate. Ha perdido toda su concentración. Estoy muy sorprendido y en shock por esto, capitán. ¿Cuál es la causa?
—Nada. Solo estoy estresado, supongo. Mire, le pido disculpas por mi vergonzosa presentación, pero lo solucionaré, no volverá a pasar.
—Entonces vuélvalo una promesa —dijo el Maestro, dando golpecitos en el hombro de Tom—. Y descanse si es necesario. —Y con eso, giró y se fue. Georg y Gustav se movieron del umbral para dejar pasar al Maestro y luego se dirigieron a Tom.
—¿Estás bien, capitán? —Preguntó Gustav. Tom suspiró.
—Sí.
Georg tocó la frente de Tom—. ¿Estás seguro que no estás enfermo o algo? —Tom alejó la mano.
—Estoy bien. Por el amor de Dios, ¿no puedo ser menos que una estrella por un jodido día?
Georg y Gustav evadieron su mirada. No dijeron nada, preferiblemente para contenerse y no soltar sus pensamientos. La verdad era que no había sido solo un día. Tom había estado faltando a las sesiones de práctica, abandonaba a sus soldados durante las patrullas, y principalmente, su entusiasmo por la cacería se había perdido. Parecía deprimido todo el tiempo y ahora, cada vez que escuchaba la sirena de alerta de demonios, soltaba gruñidos de angustia, en lugar de vítores emocionados.
Todo el equipo se había dado cuenta de su falta de concentración y su despreocupación como líder, pero hoy había sido la gota que derramó el vaso. Comentarios sobre su pobre desempeño en las clases de tiro, llegaron a los Maestros. Era solo cosa de minutos para que llamaran a Tom a su presencia.
Los Maestros también hicieron énfasis en su preocupación, pero el General no parecía muy sorprendido por ello. Incluso sugirió que no debieron dejar que Tom lidiara solo con el demonio y que, tal vez, debía poner más atención cuando Tom quisiera expresar algo digno de considerar.
—No debimos haber pospuesto nuestra reunión —dijo el General Agnus como disculpa—. Nos queda claro que te has visto afectado. —Tom comenzó a ponerse nervioso. Por un momento pensó que el General se estaba refiriendo a sus sentimientos hacia el demonio, pero sabía que para el Maestro era impensable considerar algo así—. Parece que tus habilidades no están óptimas y tampoco tu concentración. ¿Qué tiene que decir sobre esto, capitán?
—Me disculpo por mi comportamiento y… por mi distracción —admitió Tom. Aunque no podía admitir la verdadera causa; no pensó que le afectaría tanto; el solo respirar era doloroso y todo parecía inútil. Inhaló, manteniendo una pose firme. No podía dejar que los Maestros lo vieran así. Tenía que ponerse firme y superarlo. Ahora que estaba de pie en su presencia, debía calcular la oportunidad para mostrar su punto sobre el demonio—. Todo este tiempo me he centrado… en estudiar al demonio, tratar de encontrar su debilidad —continuó Tom—, y lamento decir que no he tenido éxito, sin embargo, nuestro último encuentro me dejó pensando. Habría muerto en batalla si él no hubiera intervenido y tal vez, los otros también, si él no nos hubiera ayudado. Señor, he estado pidiendo esta audiencia con ustedes para hacerles una propuesta. Como, al parecer, no podremos destruirlo, quizás podríamos usarlo como un aliado.
Los Maestros comenzaron a murmurar entre ellos, sorprendidos, o tal vez, considerándolo. Tom no podía decirlo.
—¿Qué te hace pensar que lo hará de nuevo? —Preguntó fríamente el General en medio de los murmullos. Los Maestros se callaron y miraron a Tom, esperando su respuesta.
Tom levantó la cabeza. No esperaba que le preguntaran eso, y ahora que lo pensaba, no estaba seguro que William lo volviera a hacer. Él no había matado a todos los demonios para ayudarlos, lo estaba haciendo solo por diversión. Tal vez si hablaba con él, podría convencerlo de volverse un aliado, pero quizás tampoco fuera una buena idea. ¿Qué tal si William no le ayudaba para nada? ¿Solo para fastidiarlo, o para hacerlo quedar mal ante los Maestros? Tom gruñó. Conociendo a William, la última alternativa parecía más acertada. Supuso que debió meditarlo antes de contar su idea a los Maestros.
—No lo sé —respondió—, pero al menos sé que no podemos seguir viéndolo como una amenaza.
—Estás juzgando su carácter, no su naturaleza —dijo el General—. Los demonios siempre constituirán una amenaza para la raza humana y créeme, él no es la excepción. Como cazadores, nuestro compromiso solemne es proteger a los humanos. También eliminaremos esta amenaza, no importa lo que cueste. —Los Maestros murmuraron su aprobación. Tom miró al suelo, derrotado.
Se mantuvo serio y decepcionado cuando dejó la presencia de los Maestros. No podía entender por qué insistían en matar al demonio que no dañaba a nadie. Incluso para William, parecía injusto. No que se las fueran a arreglar para matarlo, Tom ya no se preocupaba por eso, se preocupaba más por los futuros intentos de la Orden para lograrlo.
La sirena de alerta de demonios lo sacó de sus pensamientos. Maldijo, sus hombros decayeron. Se arrastró a sí mismo hacia la armería de su equipo.
Continúa…
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