Demon 1 (P.1)

«¿Qué es el Amor, sino el Demonio interior?»

(Extracto de John A)

Demon 1 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 1

El equipo encubierto tomó sus posiciones. El área estaba ahora rodeada, las cargas firmemente ubicadas. Esta vez se harían cargo de un grupo grande, el más grande que habían visto reunido. Era raro encontrarse con un cónclave de sanguijuelas, las criaturas sabían que era más seguro para ellas si se mantenían separadas, para continuar con su especie. Para ellas era una regla primordial no agruparse mientras eran cazadas.

—Esa era la última —anunció el joven capitán del equipo—. Todos aseguren sus posiciones y sujétense los pantalones.

Las tropas ajustaron sus lentes de visión nocturna y prepararon sus armas.

El capitán digitó los números del código en su detonador y luego presionó el botón rojo. El área rodeada explotó con un gran sonido y llamas brillantes resplandecieron en todas direcciones, destruyendo todas las ventanas. La luz disminuyó y el equipo se mantuvo estático hasta que el polvo bajó. El silencio era expectante, el sonido de la muerte.

—Vamos —gesticuló el capitán. El equipo lo siguió dentro de la habitación para revisarla. Había incontables cadáveres en el suelo y de sus ropas emanaban columnas de humo. El equipo se movió entre los cuerpos sin vida—. ¿Cuántos creen que hay? —Preguntó el capitán.

—Más de cien —respondió uno de la tropa.

—¿Por qué demonios se habrán reunido en un número tan ridículamente grande? —Preguntó el capitán, perplejo.

—Suicidio en masa —comentó otro de los soldados. Hubo risitas entre los demás.

—Nos hicieron las cosas muy fáciles —dijo el capitán—, no tiene sentido.

—¿A quién le importa? El punto es que nos deshicimos de todos —dijo un tercero. Se oyó un gruñido en el fondo. Todos los miembros del equipo se volvieron de inmediato hacia la fuente, con las armas listas para disparar. Uno de los cuerpos se estaba moviendo, tratando de ponerse de pie. Los del equipo se quedaron congelados.

—¿Qué demo… no está muerto? —dijo uno en total shock.

—¿Es una sanguijuela? —Indagó enseguida el capitán, todavía apuntando con su arma a la figura que gruñía.

Uno de los miembros de la tropa tomó un revolver con monitor y apuntó al ser. El espíritu en el monitor era completamente rojo.

—Sí, definitivamente un demonio —respondió. Ante la mención de esa palabra, el ser se volvió hacia el grupo. Sus ropas desgarradas eran de hombre y tenía el cabello largo hasta los hombros. Levantó las manos.

—¡No me disparen! —Chilló de terror el ser—. ¡Por favor! —Los miembros del equipo se sorprendieron mucho, se miraron el uno al otro, jamás esperando oír una súplica. El capitán bajó el arma, asombrado y lo apuntó con su linterna. El ser se tensó y cubrió su cara de la luz. Sus ropas estaban desgarradas, quemadas, pero su piel estaba intacta.

—¿Quién eres…? —El capitán se quedó en medio de la pregunta cuando el ser echó a correr. Rápidamente alzó su arma y disparó. El ser cayó de golpe al suelo. El capitán arrugó el ceño y se acercó a él, con el arma en las manos. Se sorprendió cuando el ser gruñó y se recuperó—. ¿Qué demonios? —Jadeó. El ser se volteó, hizo una barrida con sus botas y derribó al capitán. El disparo dio en pared. El equipo instantáneamente descargó sus armas. El ser gritó, se agachó y corrió en un frenesí lleno de pánico. Los demás lo siguieron.

Una vez fuera del edificio, el ser se detuvo y giró. Los miembros de la tropa pararon y le dispararon muchas veces, pero quedaron en shock al ver que el ser seguía levantándose. Enfurecido, con los ojos teñidos de rojo, el ser se lanzó contra ellos, arrancándole las armas de las manos, antes de golpearlos con puños y patadas.

El capitán finalmente se las arregló para salir del edificio, solo para presenciar como los de su equipo eran golpeados hasta quedar inconscientes. Todos estaban en el suelo. El ser se volteó directo al capitán, quien alzó las cejas por la sorpresa. Sin importar qué demonio del infierno era, tenía una belleza indescifrable. Y si ya no estaba completamente aturdido por sentirse atraído a la sanguijuela, lo estaba por su inmortalidad única.

El capitán apuntó con su arma al ser. La criatura solo sonrió de lado y se volteó, saltando para trepar por las paredes con movimientos borrosos y llegó con facilidad al techo, para luego desaparecer de su vista.

&

El reporte del capitán había sido corto y directo. Su equipo había tenido éxito y fracaso en su misión. Excepto por sí mismo, todos los miembros del equipo se estaban recuperando en el ala del hospital. El grupo de Maestros, no estaba tan sorprendido por la reunión, inusualmente grande, de sanguijuelas, sino más bien, por la que escapó.

—¿Dijiste que sobrevivió? —Inquirió el General.

—Varias veces —respondió el capitán del equipo.

—¡Nunca habíamos oído de algo así! —Dijo uno de los Maestros, gruñendo incrédulo—. En nuestros miles de años de cacería, nunca habíamos documentado a una sanguijuela inmortal.

—Todos los miembros de mi equipo son testigos, señor —mencionó el capitán con firmeza. Los Maestros murmuraron entre ellos. Había duda en sus gestos y miraban de reojo al capitán.

—¿Y hay alguna posibilidad de que puedas volver a encontrar a este… ser particular? —Preguntó el General, despectivamente.

—No lo sé —respondió con honestidad.

—Entonces esa será su nueva asignación —dijo el General—, encontrarlo y destruirlo.

—¿Y si no puede ser destruido? —Preguntó el capitán.

—¡Falacia! —Proclamó un Maestro.

—Puede y lo será —afirmó el General con seriedad—. Solo tenemos conocimiento de un inmortal, y ese es Dios.

&

El sonido de la bocina se volvió más fuerte. Tom puso la mochila sobre su hombro, bajó su vaso de jugo y cogió el último trozo de tostada de la mesa.

Subió al auto, donde sus amigos lo esperaban.

—No me toques la bocina a mí. —Bufó Tom al sentarse.

—No lo haría si estuvieras listo a tiempo —agregó su amigo, Georg.

—Es una orden —dijo Tom.

—No estamos en misión, así que ahora no puedes darnos órdenes.

—¿Quieres apostar? —Preguntó Tom y Georg gruñó.

—Este es un caso claro de abuso de poder —murmuró el castaño.

—Sí —dijo el rubio del asiento trasero, Gustav—. Este es un vecindario pacífico y tocar la bocina no está permitido. Si no estuviéramos en misión, deberían arrestarte por alterar la paz. —Tom rió y Georg gruñó.

—Sí, te pones del lado del capitán, ¿verdad? —murmuró y Gustav rió.

Tom y sus amigos emprendieron el camino hacia su salón de clases, saludaron a todos en los pasillos y recibieron saludos también.

—Parece que va a ser un buen semestre —dijo Gustav, mientras caminaba por los corredores. Notó que algunos alumnos evitaban sus miradas, como si no tuvieran permiso para verlos y cuando se encontraron con un grupo de jugadores de futbol y cheerleaders, fueron desdeñados de inmediato—. Oh, supongo que hablé demasiado pronto

—Idiotas malagradecidos —gruñó Tom.

—Creo que estará bien —comentó Georg—, si no la cagamos, otra vez.

De pronto un brazo bloqueó su camino. Tom rodó los ojos. Un hombre calvo y grande, vestido con un traje oscuro, giró por una de las esquinas del corredor y se puso frente a ellos.

—Buenos días, señor —saludó Tom—, que bueno volver a verlo. —El ceño apretado del hombre se pronunció aún más, parecía no compartir la frase de Tom, no estaba para nada contento de tenerlos de vuelta en su escuela.

—Solo un consejo, antes de que tú y tus amigos vayan a clases —gruñó el director—. Si hay una situación inevitable e inesperada en la que ustedes estén obligados a verse envueltos, estaré agradecido de que lleven el asunto fuera de los terrenos de esta escuela.

—Ciertamente —respondió Tom como si nada, haciendo una mueca, como si no supiera de qué estaba hablando el director, pero estaba bastante consciente de las reglas pactadas con la escuela, y no harían tonto al director.

—¿Recuérdeme por qué dejo que usted y sus aliados realicen su educación aquí, señor Kaulitz? —Preguntó furioso—. No me importa ni su fundamento, ni su rango, así que no podrán ejercerlos aquí. Y tampoco tendrán privilegios. Aquí estará al mismo nivel del resto de los alumnos, lo que significa que serán castigados de la misma forma.

—Por supuesto, señor —respondió Tom con la misma facilidad. El director exhaló, cansado.

—Solo manténgase alejado de los problemas, por favor —insistió—. Si solo escucho de un revuelo, aunque sea el más leve, no solo serán expulsados, sino que se les prohibirá el regreso —advirtió. El timbre de clases sonó.

—Ups, tengo que ir a clases —dijo Tom. Giró sobre sus talones y corrió hacia sus amigos, en el salón de clases. El director dejó caer la cabeza, malhumoradamente.

No es como si Tom quisiera ir a la escuela. Si él pudiera, la dejaría, porque ahora no le traía ningún beneficio. Pero no era algo que la Orden permitiera y tampoco lo dejaba exento por el compromiso que había hecho de proteger la seguridad de la gente. Después de un largo período, Tom había vuelto a la escuela, tenía que terminar sus cursos y graduarse como cualquier otro humano, porque al igual que el resto de los Cazadores de Demonios, él tenía una doble vida. Tenía que agregar también a los cargos de a la llamada ancestral, soportar las responsabilidades y problemas de vivir la vida de adolescente normal.

Georg se detuvo ante la puerta de su salón, justo frente a la puerta de la sala de Tom—. ¿Sabes? Creo que esta vez habla en serio —dijo—. De verdad creo que no deberíamos comportarnos como para lo que hemos sido entrenados.

—Por lo menos no cuando estemos en la escuela —agregó Gustav—. El director tiene razón, podemos encargarnos de lo demás afuera. —Estaban hablando en plural, porque no se atrevían a ser directos, después de todo, Tom era su capitán.

—Sí, no hay necesidad de asustar a todos —dijo Georg.

—O de presumir —murmuró Gustav.

—O de ser rudo —continuó Georg.

—¡Está bien, es suficiente! —Bufó Tom, sabiendo cuando le lanzaban una indirecta—. No soy estúpido. Hay una razón para haber sido nombrado el capitán más joven de la Orden. Sé lo que se supone que tengo que hacer y cuándo tengo que hacerlo. ¡Y casi siempre sé cuando contenerme! —Tom les mostró el dedo a ambos, antes de entrar a su salón y cerrar la puerta.

La gente de la sala se quedó en silencio. El profesor carraspeó ante la distracción que causó Tom con su tardanza.

—Mal comienzo, señor Kaulitz —advirtió. Tom suspiró y mantuvo la mirada baja, mientras se dirigía hacia su escritorio, sabiendo que las miradas críticas de todos los estudiantes estaban puestas en él. Una vez que se sentó, todos los demás volvieron su atención al frente. El profesor comenzó a escribir algo en el pizarrón.

—Todo el mundo tome nota de sus responsabilidades para este curso —dijo el maestro. Los alumnos sacaron sus cuadernos y empezaron a escribir. Tom levantó la mirada a la pizarra y copió todas las asignaciones. Sus ojos se fijaron en el brillo de una cabellera negra de un estudiante que estaba sentado al frente de la fila de escritorios junto a él. ¿Dónde había visto ese pelo tan brillante? Ladeó la cabeza, tratando de recordar. La cabeza del estudiante pelinegro giró y sus ojos oscuros brillaron cuando vio hacia atrás, a Tom.

Tom jadeó y se levantó por impulso, casi derribando su escritorio.

—¡Tú! —Gritó.

& Continuará &

Chan, chan, chan (Botón de drama) Está recién empezando y hubo un encuentro entre Tom, el cazador de demonios y el ser de cabello negro, alias: el inmortal. Y no solo eso, se han vuelto a ver en la escuela. ¿Qué pasará ahora? Para saberlo, tendrán que seguir con la lectura *-* me brillan los ojos por la emoción.

2 comentarios en “Demon 1 (P.1)”

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