
Fic TWC de ladyaradia
Capítulo 5 (P.1)
Las canciones que formarían parte de “Dream Machine” ya estaban escogidas, solo había que darles algunos toques finales antes de presentar el master final. Todas eran canciones que tenían mucho que ver con lo que los Kaulitz, compositores de toda la letra y música —y esta vez Tom mismo había aportado mucha de la letra— habían pasado para llegar hasta ese momento: todas las tristezas, los miedos y las esperanzas renovadas.
Estaban de nuevo en Berlín, compartiendo gran parte de sus días con sus grandes amigos y compañeros de banda Georg y Gustav, los cuales, a pesar de sus vidas privadas —Georg con su novia; Gustav con su esposa e hija— dedicaban mucho de su tiempo a que la máquina de sueños que era Tokio Hotel siguiera adelante, que el sueño de los cuatro se siguiera haciendo realidad a pesar de cualquier obstáculo.
No obstante, también a inicios de año estaba la Berlin Fashion Week, y Bill, metido también en el mundo del diseño de moda aunque aún solo con algún que otro intento, estaba invitado a todos los desfiles. Tom, como productor y director artístico del álbum tenía mucho qué hacer y pocas ganas de un show de modas, así que declinó acompañarlo en los desfiles pero no en las celebraciones posteriores —mucho menos después de ver el efecto que Bill tenía en todas esas (y esos) modelos y diseñadores—. Una de las que más le preocupaba era la tal Shermine, que parecía ser demasiado coqueta para su gusto; aunque lo tenía un poco confundido porque en una cena en la que habían coincidido le agarró la chaqueta, y en otra fiesta estuvo hablando tanto al oído de Bill como al suyo, y sonriéndole melosa tanto a Bill como a él. Bill se burló de su preocupación diciendo que tal vez ella se quería montar un trío con los dos y Tom contestó un poco molesto: “Mejor que no lo intente o va a ver adónde la mando”. El problema para Tom es que él sabía que a Bill ese tipo de mujeres le ponía mucho —y yo no siento ningún interés por ella, se decía a sí mismo—. Aunque Bill le asegurara que jamás volvería a poner en peligro el amor de los dos por un simple gusto, Tom no podía evitar sentirse inseguro: la herida había sido demasiado profunda.
—Míralo desde otro punto de vista, Tomi. Si le sonríes un poco y te ven algunas fans, van a creer que estás de player otra vez, y eso nos conviene; no tendremos que estar haciendo tanto circo de novias…
—No me gusta ninguna de las dos opciones. Yo… solo desearía poder vivir contigo en paz; sin miedo.
—Sí, yo también quiero eso; pero tenemos que proteger a la banda, a nuestra música, igualmente; tenemos que sacrificarnos un poco. Yo solo te prometo que cada vez que pueda estaré mostrándote en el escenario que tú eres a quien amo, y haré que los demás también lo vean, de un modo u otro.
—Eso puede ser peligroso.
—Ya sé, pero el peligro también es excitante —se le acercó y se enredaron en besos apasionados, que terminaron en una de esas entregas sexuales que removían su mundo.
De ese modo, llegó marzo, el álbum salió a la venta el día 3 de marzo y el día 13 darían el primer concierto en Londres. Desafortunadamente, también Tom había atrapado una fuerte gripe y pensaron que era demasiado también tener a sus bebés perros consigo, así que le pidieron ayuda a Simone. Ella vendría al primer concierto, y se llevaría a Pumba y Capper luego, hasta que la salud de Tom mejorara y ellos pudieran dedicarse a algo más que tratar de que eso no perturbara los shows ni la publicidad del álbum.
El hecho de que Simone estaría ahí, a pesar que desde año nuevo las relaciones entre ambos habían mejorado mucho, tenía a Bill más nervioso de lo usual; porque él no pensaba renunciar a sus acercamientos a Tom en el escenario que a ella tanto le habían molestado en otras épocas. Especialmente, habían planeado un momento exclusivo con “Cotton candy sky”, canción que había terminado por ser su nuevo himno de amor y lucha. Cuando llegó el momento, solo lo hicieron sin pensar en nada más: Bill fue enfrente de Tom, hizo algunos movimientos y este cantó en su consola “Sabemos que podríamos terminar solos”, a lo que Bill contestó “pero nos tenemos el uno al otro”, y otra vez Tom, “Sabemos que podríamos no tener un hogar”, y Bill “solamente el uno al otro”. El público enloqueció con eso, y cuando Bill regresó cantando hasta el frente del escenario, pudo ver cómo su madre sonreía, moviéndose al compás de la música. Eso le dio más fuerzas para las frases finales “Estaremos bien, oh, no hay nada que no podamos hacer”, porque sí, después de ver eso, el Universo le había demostrado que realmente juntos eran capaces de todo.
Bill estaba tan feliz que cuando más tarde le preguntaron en el meet and greet qué era lo más hermoso que alguna vez había visto contestó sin dudar que justamente el haber visto a su madre esa noche bailar y cantar con ellos.
Cuando los tres se encontraron más tarde, ninguno rompió la magia de lo ocurrido hablando sobre el tema; ella se limitó a abrazarlos a ambos, contestarles que desde su perspectiva el concierto había sido un éxito, y recomendarle a Tom varios remedios para que se cuidara su gripe.
—Tranquila, mami, ahora yo lo cuido, como él lo hace siempre conmigo cuando me enfermo —dijo Bill y Tom asintió—. Gracias por cuidar a nuestros bebés.
—Ah, no es nada; son mis nietos, ¿no? —bromeó con un sabor agridulce, pensando que posiblemente nunca tendría nietos que no fueran de la raza canina.
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Y ahí estaban, otra vez a bordo de la máquina de sueños; cada día era un éxito, y en cada nueva presentación Bill tomaba el valor para acercarse en otro trozo de canción a Tom, bailarle cerca, observarlo atentamente: “cuando fumábamos marihuana en la parte trasera de tu auto y mirábamos las estrellas”, “y qué si te amara hasta el final, ya nunca más estarías solo”, “yo digo que estoy bien, tú dices que eres feliz, ven y ámame como me amas, una vez más…” y, por supuesto, se había vuelto un ritual cantarse la parte más significativa de “Cotton candy sky”. Luego, Bill adicionó un sentido discurso acerca de “Better”, cuya letra había sido, en su mayor parte, idea de Tom, y un gesto de “Jódete” con el dedo medio a la que aún, en papeles, aparecía como la esposa. Sobre el escenario, ellos no fingían, no guardaban secretos, y ya hasta quienes no creían en ese amor de los dos que ya se hacía imposible de obviar empezaban a aceptar que estaba pasando algo que no era muy fraternal.
La reacción de algunas de esas fans intolerantes no se hizo esperar, y empezaron a buscarles amantes entre cualquiera de las personas que se acercara demasiado a ellos. Y como Tom de veras estaba haciendo su papel de player de nuevo, la fértil imaginación de muchas empezó a crear toda una historia alrededor suyo y de la coqueta Shermine, quien en verdad estaba aprovechando a su favor la popularidad que le daba estar cerca de sus amigos músicos.
Cuando Bill, siempre curioso de lo que pasaba en las redes sociales, leyó algunos de esos comentarios, no pudo evitar reírse incontrolablemente de las suposiciones que ahí se hacían sobre Tom teniendo sexo casual con la chica en todas partes.
—¡Si supieran que el único que puede tenerte así soy yo! —dijo antes de seguir un camino de besos desde los pies de Tom, pasando por su espalda, hasta su cuello, haciéndolo estremecerse de deseos; teniéndolo sometido bajo su cuerpo, lo hizo sentir su erección justo en medio de sus nalgas y Tom jadeó justo antes de que Bill decidiera morder y chupar un lado de su cuello, la cual era una de sus zonas más erógenas.
—Uh, Billy, ah, dejarás marca… —gimió.
—Eso quiero; tú eres mío —se deslizó hasta su oído—, eres solo mío como yo soy tuyo… aunque es posible digan que te lo hizo Shermine… —rió de su propio chiste y Tom medio gruñó.
—Estás jugando conmigo y me tienes… al límite, ya haz lo que vas a hacer porque… no creo poder aguantar mucho más si sigues en esas…
—Hum, mi Tomi está ansioso por esto… —simuló una penetración empujando con sus caderas allí donde su pene duro quería abrirse paso.
—Sí, sí… —gimió Tom una vez más; a él no le gustaba el lenguaje sucio en la cama, ni tampoco a Bill, pero sí gustaba de verbalizar de algún modo las cosas que su amante le hacía sentir.
—¿Quién es el mejor amante, Tomi? ¿Tú o yo? —hacía poco les habían preguntado en una entrevista y Bill no lo pensó para decir que Tom; Tom habría dicho Bill pero se dio cuenta a tiempo de cuán inoportuna sería esa respuesta para su imagen.
—Depende… del punto… de vista… —Bill ya estaba penetrándolo con sus dedos embadurnados de lubricante.
—Explícate —siguió demandando respuesta Bill mientras convertía a Tom en un manojo de sentidos sobreexcitados con sus caricias.
—Ah, Dios mío… Billy… —Tom jadeaba por aire mientras su próstata era alcanzada por los largos dedos de su gemelo.
—Oh, ¿tanto así como que soy tu dios? Creo que estás exagerando, Tomi… —se colocó en posición y lo penetró al fin de una sola embestida; Tom gritó casi en éxtasis.
—Billy… ah, ahora mismo… sí lo eres… mi amante, mi dios… te amo, te amo…
La excitación le cortaba la respiración, y pronto Bill tampoco tenía la capacidad de formar frases completas.
—Eres… el mejor… amante… que he conocido… —le soltó al fin Bill antes de derramarse en su interior, y solo por la maravillosa sensación postorgásmica que estaba teniendo Tom se abstuvo de golpearlo por vanagloriarse de haber tenido muchos amantes más.
Luego, recostados muy juntos, Bill se disculpó por su arrebato de vanidad.
—Lo que importa, Tomi, es que tú eres el único amante que deseo, y el único que hay en mi vida, el único al que amo y he amado…
—Eres un narcisista de mierda, que conste… —lo molestó Tom, ya bastante soñoliento.
—De acuerdo, lo soy. Pero así me amas, ¿no?
—Ya cállate y durmamos, mañana iremos al tourbus de nuevo y se acabará la comodidad…
—Pero…
—Sí, te amo, te amo como eres, maldito manipulador grosero narcisista de mierda…
—Gracias, lo mismo para ti, Tomi —se acomodó junto a él haciéndole cucharita y se durmieron al fin en aquel lujoso hotel de Varsovia.
Continúa…
Gracias por la visita.
