Algo nuevo 3 (P.2)

Algo nuevo 3 (P.2)

Fic TWC de ladyaradia

Capítulo 3 (P.2)

Por el contrario de lo que la mayoría de sus fans creían, Devon tenía con Tom aún mejor relación que con Bill. Ambos tenían muchos temas de conversación, amaban la producción musical y se hacían bromas que solo ellos encontraban hilarantes. Justamente por ello, siempre le sirvió de confidente; tanto como Shay lo hacía para Bill.
—Ya sabes, serán largos meses en Europa, amigo; aún no sabemos si volveremos a vivir en Los Ángeles.
—Yo espero que sí, porque… si no los extrañaré mucho.
—Eres muy buen hombre, Devon; no todo el mundo apoya buenas causas sin ningún interés ulterior.
—Bah, nada del otro mundo; pero sí me enorgullece apoyarlos a ustedes. Y te digo algo, Tom, lo que ustedes tienen merece ser defendido; merece que se luche por protegerlo.
—Ya lo sé; estoy intentando arreglar todo.
—Al menos te libraste de esa Ria; la mujer es toda una víbora.
—Por un tiempo creí que era mi amiga, no creas; a veces puedo ser demasiado confiado.
—Lo sé; tú y Bill, a veces confían demasiado en personas que no lo merecen.
—Sí, es cierto. Por eso creo que será bueno alejarnos por un tiempo, aunque los extrañaremos a ti, a Shay…
—Así es la vida. Cuando vinieron para acá dejaron a los Gs y a Andreas en Alemania, sus mejores amigos de toda la vida, ¿o no?
—Y lo siguen siendo.
—Ese es mi punto; nosotros también seguiremos siendo sus amigos, aunque estemos lejos y nos veamos mucho menos.
—Y seguiremos trabajando juntos —sonrió Tom poniendo esa cara de niño travieso que seducía a todo el que la mirara, empezando por Bill, quien se acercó enseguida.
—No creo que estés intentando seducir a Devon, Tomi…
—¡Nooo!, ¿cómo crees?
—Le estás echando tu sonrisa de seductor, la vi desde allá a lo lejos…
—Es verdad —Shay entró también a la conversación—, yo también lo vi.
—No fue mi intención, de veras—se sonrojó Tom; los otros tres rieron.

Cuando ya se marchaban a sus respectivos autos y después de los abrazos de despedida, Bill se sentó en el asiento de copiloto junto a Tom y palmeó su muslo.
—Devon es muy guapo, Tomi, y tú eres gay…
—Ah, Bill…
—Lo sabes; y no pasa nada, yo también me pongo seductor con las chicas aunque no las quiera llevar a la cama; es normal, es el instinto de cacería.
—No quiero cazar a Devon, Bill. Tal vez, la amistad conlleva también su algo de seducción, como el amor entre hermanos.
—Sí, tal vez —Bill volteó su sonriente rostro hacia la noche de la ciudad, pensando en que ellos mismos estaban practicando en ese momento uno de sus muchos juegos de seducción, que culminaría con los dos jadeando tras sus orgasmos y uno haciéndole repetir al otro “Solo soy tuyo”.
 

&

La venta de la casa ya estaba pactada; aún no tenían comprador pero sí un agente inmobiliario que se encargaría de promoverla en cuanto la desalojaran. Mientras, ellos trabajaban bastante en la nueva música, dejando todo a punto para los detalles finales cuando encontraran a la otra mitad de la banda, Georg y Gustav, en Alemania. No obstante, a menos de una semana de la partida, no se resistieron a darse la oportunidad de un hasta luego de las noches de clubes nocturnos de Los Ángeles.

Escogieron uno de los clubs gays que otras veces ya habían visitado con varios amigos, pero esta vez fueron solos; esperando tener más privacidad para disfrutar la noche, la sensación de que sí podían ser libres a pesar de todo. Y sí, indudablemente fue una buena noche, a la que un poco de marihuana le adicionó más desinhibición. Afortunadamente fue cuando ya casi se marchaban que unos fans, hombres, se les acercaron con charla casual y pidiendo hacerse selfies.

—Estamos teniendo más fama acá; ya nos reconocen mucho más en los clubes —comentó Tom cuando ya se acurrucaban juntos en la cama compartida.
—Ajá; menos mal que estos no nos hallaron mientras nos besábamos pasándonos tragos de whisky —se carcajeó Bill antes de que el sueño los venciera, envueltos en la placentera sensación de estar unidos en cuerpo y alma.

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Dejar L.A. con tantas incertidumbres sobre si volverían o no a la ciudad fue difícil para ambos, pero especialmente para Bill. La terminación del álbum y los ensayos del tour serían en Alemania, y casi enseguida comenzarían a viajar por toda Europa: no habría mucho tiempo para las nostalgias, y, todo lo que había encontrado allí, la libertad, los nuevos amigos, palidecía ante la importancia de Tokio Hotel, y aún más, de Tom; por Tom, rompería cualquier barrera e iría hasta el fin del mundo si fuera preciso, solo si lo tuviera a su lado. Justamente por eso estaba en la casa de sus abuelos, sentado a la misma mesa con su madre.

Desde que Simone llegara y saludara a todos, ella y su hijo menor se habían aplicado la ley del silencio; ninguno de los dos se dirigía directamente al otro. Antes de que llegara la hora de felicitarse por Navidad, Tom se llevó a su madre a una habitación aparte: estaba decidido a aclararlo todo de una vez. Simone se acercó a él y le acarició la mejilla sobre la suave barba.
—Mi hijito, ¿qué está pasando? Mamá estuvo hablando conmigo, pidiéndome bajar la guardia con Bill, pero… no puedo; no puedo porque él… me irrita, me decepciona, y no puedo aceptar lo que ha hecho contigo…
—¿Qué ha hecho, eh, mami? ¿De qué lo acusas exactamente?
—¡No creo que… me estés preguntando esto! ¡No creo que me hagas decir cosas que me asquean y me duelen tanto! —las lágrimas asomaron a los ojos de Simone y Tom se acercó a ella; la abrazó.
—Mami, lo único que nunca he querido es que tú salgas herida pero… hay cosas que no se pueden evitar y lo que siento por Bill es de esas cosas…
—¿Lo que sientes…? Él es tu hermano gemelo; tú y él…
—Él y yo nos amamos en todas las formas posibles, mami. ¿Será posible que aún no entiendas eso?
—Lo que yo veo, es que Bill te ha seducido desde pequeño; yo lo veía desde entonces y odiaba la forma en que siempre manipuló tus sentimientos, en que siempre… te apartó de mí.
—¡Yo te quiero tanto, mami! Bill no me ha apartado de ti, has sido tú cuando has intentado que él y yo nos separemos. Tienes que desistir, o nos perderás a ambos; ¡y los dos te amamos!
—Tomi, tú, siempre fuiste dulce, dócil, sensible; y Bill… él es un monstruo de egoísmo, no se detiene ante nada por lograr lo que quiere…
—Yo le llamo a eso energía, ardor, voluntad… para lograr lo que quiere; quizás a mí me haya faltado un poco de eso pero él me complementa… como siempre.
—Como siempre… ¿Te escuchas? Sigues oyéndote como alguien dominado…
—Ay, mami, tal vez no logre que te convenzas de lo que digo, tal vez sigas creyendo lo que quieres creer, pero tengo que al menos dejar claro mi punto de vista. Discúlpame, porque sé que te dolerá, pero tengo que decirte cómo me siento yo. Y mira, si, como tú dices, Bill me sedujo, yo adoré ser seducido, como mismo lo adoro hoy en día. Las veces que él ha intentado alejarse un poco de mí, he sido yo siempre quien no soporté la idea y le pedí, una y otra vez, que volviera conmigo. Cada vez que nuestra relación se ha roto, he sentido que mi vida entera era arrastrada hacia un abismo del que solo las manos de Bill, el calor de su cuerpo, podían sacarme.
—Pero…
—Déjame terminar lo que quiero decir, por favor…
—Está bien —la voz de Simone se oía rota y las lágrimas rodaban por su rostro.
—Mami, no eres la mejor madre del mundo, pero te amamos como eres; solo queremos ese mismo amor a cambio, que seas capaz de entender que solo somos felices juntos. Y te aseguro que si algún día de verdad nos separamos, sería la muerte para los dos. ¿Tú querrías eso para nosotros?
—¡No, claro que no!
—Pues entonces, date cuenta de una vez de que el día que logres que ya no estemos juntos de ese modo que tanto te disgusta, será porque hayamos muerto.
—¡Por Dios, no; eso no! —se lanzó hacia él y lo abrazó.
—No queremos que apruebes lo que hacemos, mami, solo que nos aceptes —ella comenzó a llorar más fuerte y Tom la apretó contra sí.

Simone no dijo nada más sobre el asunto. Fue calmando sus sollozos, limpió su rostro, acarició el rostro de su hijo y lo besó en la mejilla, para luego guiarlo al brindis familiar. Bill los miró a ambos, ansioso; Simone fue hasta él y le brindó su mano, Bill la tomó y se quedó mirándola a los ojos, desafiante pero, a la vez, con anhelo de que aquello fuera una buena señal.
—Es Navidad, Billy, es tiempo para perdonar; si tú perdonas todo lo que te he ofendido, yo… haré lo mismo.
—Yo… —las palabras se ahogaron en su boca y solo pudo apretar la mano de su madre contra sus labios y besarla repetidamente; sintió sobre sí la mirada de Tom, quien los observaba emocionado y reprimió el impulso de saltar sobre él y besarlo una y otra vez para agradecerle la alegría de esa noche. Cerca los miraban también sus abuelos y su padrastro; fue la abuela quien tomó la palabra.
—Estoy feliz de que al fin estamos todos en paz; brindemos ahora porque continuemos así, porque nuestra familia esté unida y todos intenten entenderse a pesar de sus diferencias de opiniones.
—Sí, abuelita —al fin pudo articular Bill—; ¿te he dicho ya que te adoro y que eres la abuelita más sabia del mundo?
—Ja, adulón.
—Es cierto, abuelita —Tom se acercó a Bill hasta que ambos estuvieron muy pegados—; Billy tiene la razón.
—Gracias, mamá, por unirnos en tu casa —añadió Simone y Gordon asintió con la cabeza, puesto que aunque él era parte de la familia sentía que lo que estaba pasando allí era algo más íntimo que lo dejaba fuera, tanto como al abuelo que también se acercaba con su copa.
—Tenemos una linda familia, ¿no? —dijo el mayor de los presentes—. Miren nada más que muchachos tan apuestos se han vuelto mis nietos, por eso tienen locas a todas las chicas.
—Jaja, sí, es cierto que ustedes son nuestros mayores fans —bromeó Tom y todos rieron, mientras el ambiente se distendía más y más, y las almas de todos alcanzaban sosiego.

Continúa…

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