
Fic de The_poltergeist. Traducción de MizukyChan
Capítulo 3
Un año después.
Tom estaba nervioso, caminaba de allá para acá en su departamento, mientras trataba de decidir qué vestir. ¿Debería usar un traje? ¿O tal vez solo algo casual? No estaba totalmente seguro de qué sería lo apropiado porque no era una cita, pero aun así… no era una cena normal entre dos amigos. Era algo más, pero ninguno de los dos podía definir lo que quiera que fuera.
El año anterior había sido un torbellino para Tom. Había sido emocionalmente desgastador, por decir lo menos. Aproximadamente un año atrás, Bill había confesado a Tom todo lo que realmente sentía por el día de San Valentín y por qué había fingido odiarlo tanto como Tom. Y la razón por la que había sido tan terriblemente difícil, era porque ahora, Tom estaba más confundido que nunca. Él no tenía idea si tenía sentimientos por Bill o no, no tenía idea de lo que quería. Estaba tan inseguro, tan perdido. Y, por sobre todo, se sentía inútil.
Había estado saliendo mucho con Bill y se habían vuelto incluso más cercanos –si es que eso era posible– desde el último Día-V y había sido increíble, por decir lo menos. De verdad disfrutaba mucho salir con Bill, pero aun así, Bill le hacía sentir muy confuso. Bill le hacía sentir completo, perfecto, cálido y amado, pero al mismo tiempo, hacía sentir a Tom inseguro, enojado, irritado y mareado.
Tom siempre pensó que había algo increíblemente encantador e irresistible acerca de Bill, pero siempre había sido jodidamente bueno para esconderlo, para ocultarlo de sí mismo. Pero después de que Bill se confesara, Tom luchaba por pensar en Bill solo como un buen amigo. A menudo se encontraba imaginando cómo sería su vida si diera un nuevo paso con Bill, si simplemente se dejara llevar, si dejara que esas emociones dentro de él explotaran y tomaran el control sobre todo. ¿Sería feliz? Ya sabía que era feliz con Bill. Bill lo hacía mucho más feliz que cualquier otro amigo. Bill lo completaba, Bill lo entendía y lo respetaba. Ellos se habían visto el uno al otro en los mejores y peores momentos. Se ayudaban mutuamente en los malos tiempos y simplemente eran un buen par juntos.
Sí, no había duda en la mente de Tom, que terminaría siendo feliz si alguna vez tomaba su oportunidad con Bill.
¿Pero de verdad quería hacerlo?
Ese era el problema, Tom no estaba seguro.
Por supuesto que Bill era maravilloso y sorprendente y cualquier persona del mundo sería el más afortunado de tenerlo, pero Tom no sabía si se realmente se sentía de esa forma o si era su cabeza la que le jugaba trucos. Sus sentimientos nunca habían sido tan intensos, no hasta que se enteró de lo que Bill sentía, así que tal vez esta solo era una forma extraña de reaccionar. Tal vez solo estaba imaginando cosas porque su cabeza no funcionaba de la forma en que debería.
Ya había escuchado antes sobre eso. Escuchaba a la gente decir que tenía sentimientos por alguien, porque simplemente estaban enamorados de la idea de estar enamorados. ¿Así que tal vez era eso, que le gustara la idea de que los dos terminaran juntos? De verdad sonaba como una buena idea, pero ¿era práctico? Y, por el amor de Dios, ¿de verdad lo quería?
Tom nunca había tenido problemas con la homosexualidad, en absoluto. Había crecido con mucha gente gay y todos eran buenos, decentes y algunas veces, gente muy divertida. Así que sí, eso estaba suficientemente arreglado. ¿Pero qué pasaba con su propia sexualidad? ¿Era gay? ¿Bi? Nunca había estado seguro y tampoco nunca antes le había importado lo suficiente. Ocasionalmente podría salir con alguna chica, darse cuenta que ella era aburrida, y terminar pateándola. Nunca se preocupó de esforzarse mucho en sus relaciones, hasta ahora, por supuesto…
Suspiró para sí mismo, mientras volvía a mirarse en el espejo, bufándose a sí mismo. Debería dejar de pensar demasiado las cosas y decidir qué vestir, y simplemente tratar de disfrutar su primer día de San Valentín que no involucraría ninguna clase de película sangrienta. Tom estaba bastante seguro de que lo disfrutaría, considerando que siempre disfrutaba lo que él y Bill hacían juntos. Sin embargo, esta sería la primera vez que se suponía que él disfrutaría de ese jodido día, que la gente aclamaba amar tanto.
Decidió usar algo casual. Se puso una camisa blanca abotonada y jeans negros, para acompañar. Dejó su cabello suelto y no se molestó en ponerse una bandana. Una vez que estuvo satisfecho con su apariencia, cepilló sus dientes y asintió frenéticamente para sí mismo. Sí, ahora estaba listo.
Encendió un cigarrillo, cogió su abrigo y se dirigió a la puerta. Trataba de actuar normalmente, pero mientras más se acercaba a su auto, se volvía más difícil. Se detuvo frente al coche y se quedó mirando a la noche. Tomó una respiración profunda y se dijo a sí mismo que le echara huevos y se reuniera con Bill en el restaurante.
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Una vez que estacionó el vehículo fuera del restaurante, encendió otro cigarrillo. Tenía que calmar un poco sus nervios. No tenía idea de por qué estaba tan nervioso, estaba actuando demasiado extraño. Solo se iba a encontrar con Bill, pero parecía que iría a su propia ejecución. No tenía idea de cómo actuar esta noche. ¿Acaso Bill esperaría algo especial de su parte esta noche? ¿Acaso Bill querría que pagara su cuenta? ¿Qué pasaría si Bill, secretamente pensaba que esto era una cita?
No, se dijo a sí mismo que eso era muy improbable. Solo estaba exagerando. De hecho, estaba siendo bastante ridículo. Él era un adulto por el amor de Dios. Él ya había salido antes a cenar con otras personas y hasta el momento había sobrevivido. Estaba seguro que podría sobrevivir a la noche sin caerse a pedazos. Solo tenía que calmarse y dejar de pensar que era una reina del drama de diecisiete años.
Se las arregló para componerse lo más que pudo y entró al restaurante.
Tan pronto entró, sintió que estaba en un universo diferente. Nunca antes había visto el restaurante lucir así. Por supuesto que le había dado una mirada el año anterior –recordaba el rosado por doquier, los globos con forma de corazón. Pero nunca, ni en un millón de años se habría imaginado que miraría dentro del trasero de un unicornio.
Había globos rosados con forma de corazón por todas partes a donde girara la cabeza. Música romántica sonaba de fondo. El piso estaba cubierto de pétalos de rosas rojas, púrpuras y rosadas. Tom apenas podía ver las mesas y estaban llenas de velas y rosas. ¿Quién demonios había decorado este lugar? Podía entender perfectamente que querían que la gente sintiera el amor alrededor de ellos, y que la gente pasara un bueno rato allí, pero ¿en serio? Lucía horrible. Lo único que faltaba era el unicornio bailando en el escenario, o recitando los peores versos de amor de la historia.
Tom suspiró, frotó las palmas de sus manos, mientras trataba de ver a Bill entre la multitud. Normalmente, Bill no era difícil de encontrar en un grupo de personas, porque tenía un estilo único, su cabello era tan rubio, que casi lastimaba los ojos de Tom cuando lo miraba. Sus atuendos siempre estaban adornados con los más mínimos detalles. Y aunque Tom pensara que la mayoría de ellos eran un poco ridículos, no podía negar que Bill siempre lucía de pies a cabeza, listo para una pasarela. Y también jodidamente alto. Era más alto que la mayoría de las personas que Tom había conocido, así que no debería ser muy difícil de encontrar.
Sin embargo esta noche, la mayoría de las personas lucía el mismo atuendo, así que era un poco difícil. La gran parte de los hombres vestía trajes negros y brillantes, ya fuera con corbatas normales o con humitas. Todas las mujeres llevaban vestido rojos –que increíblemente cliché. Claro que los vestidos no lucían igual, algunos eran vestidos de fiesta, algunos normales, otros como trajes de graduación y otros cortos, a los que Bill usualmente se refería como “vestidos para casi putitas”. Sí, el tener a Bill de amigo todos esos años, le había enseñado a Tom un poco sobre moda femenina y masculina. Por otra parte, eso no significaba que él la entendiera.
Para entonces, Tom se las había arreglado para chocar con lo que parecían un millón de personas mientras buscaba a Bill. Se detuvo y sacó el teléfono del bolsillo, encontró el número de Bill y presionó llamar.
El otro inmediatamente respondió el teléfono. Sonaba estresado y emocionado. En un minuto, Tom lo encontró. Estaba sentado al final del restaurant. De hecho se las había arreglado para conseguirles un lugar escondido en un rincón. Tom no sabía qué pensar por ello. ¿Por qué había reservado ese lugar? Ese lugar usualmente lo tomaba gente que no quería que los demás los notaran. De hecho una vez Tom pilló a un amigo –un amigo casado– con otra mujer.
Por qué habría conseguido esa ubicación era algo con lo que Tom tendría que vivir, pero a medida que se aproximaba a Bill y fue recibido con una brillante sonrisa en el rostro de su amigo, Tom se deshizo de sus ridículos e insignificantes pensamientos y regresó a la mirada feliz de su amigo.
—Hola. —Sonrió y movió la silla para sentarse—. Siento haberte hecho esperar.
—Está bien. —Bill sonrió de vuelta, arreglando levemente su cabello—. Debimos haber planeado esto un poco mejor —agregó.
—Es extraño que no lo hiciéramos —señaló divertido Tom—. Quiero decir, hemos planeado esto por un año y este pequeño detalle simplemente se nos escapó de la mente. Supongo que los dos estamos un poco…
—¿Rubios? —Bill sonrió de lado, obviamente refiriéndose a todas esas bromas de rubios que Tom constantemente le dedicaba a él.
—Hey, tú eres el rubio aquí. —Tom soltó una pequeña risita, afirmando lo obvio—. Usualmente, yo soy perfecto. Esta es la primera vez que se me pasa algo. —Bromeó, finalmente relajándose. Se preguntó a sí mismo por qué demonios había estado actuando tan nervioso antes. Esto era solo una cena normal con Bill. Excepto que era el día de San Valentín y por fin lograron entrar al restaurant, y había flores por todas partes, y la gente probablemente asumía que ellos eran una pareja. Sin embargo, aparte de eso, era perfectamente normal.
—Sí, sí. —Bill soltó una risita, rodando los ojos—. Lo que sea que te deje dormir tranquilo en las noches.
—¿Ves? Ni siquiera intentas pelear —contra-atacó Tom, y su sonrisa de lado creció más.
—Eso es porque no hay nada por qué pelear —respondió Bill, cogiendo el menú—. Entonces, ¿asumo que vas a pedir lo mismo de siempre?
—No estoy seguro —contestó Tom, cogiendo su propio menú—. Es decir, he pedido la misma cena aquí los últimos cuatro años, así que ¿por qué no probar algo nuevo? Lo digo porque ya estoy rompiendo una de mis reglas principales para este día.
—Como quieras —dijo Bill contento, enfocando los ojos en el menú. Podía no decir nada, pero Tom sabía que a Bill le gustaba a donde estaba llegando todo esto. Siempre se había elogiado por sus habilidades de leer a Bill como un libro abierto.
—Dios, de verdad han inflado los precios —Tom jadeó.
—¿Y te acabas de dar cuenta? —Preguntó Bill, sin quitar sus ojos del menú—. Hemos comido aquí por años.
—Bueno, tal vez debería pedir lo de siempre. —Tom suspiró, buscando algo barato y comestible—. Es una cena sencilla, pero al menos no cuesta más que mi renta.
—Quiero un bistec con papas fritas y ensaladas —dijo Bill, más que nada para sí mismo— Sí, eso suena bien.
—Acuérdate de ordenar papas extra —murmuró Tom—. Si no, solo te servirán tres… y eso es muy poco en mi opinión.
—Estoy de acuerdo. —Bill asintió, alejó el menú para, ahora, enfocarse en Tom. El otro fingió no darse cuenta, pero los ojos de Bill sobre él le hacían sentir la piel caliente y sonrojada, ¿o solo era la temperatura del restaurant? Podría ser –el lugar estaba repleto, de no ser por Bill, Tom habría huido de la escena inmediatamente. Algunas veces, se podía poner claustrofóbico.
Él quería que Bill dejara de mirarlo para poder concentrarse, pero se encontró a sí mismo disfrutando esto –lo que quiera que fuera. A Tom le llevó un poco acostumbrase a gustarle a Bill más que un amigo… al principio, era un poco incómodo para él saber que cada vez que Bill lo miraba, significaba algo. Luego, después de un tiempo, se acostumbró y trató de no pensar mucho en ello. Pero durante las últimas semanas, Tom empezó a sentirse un poco tímido con ese asunto. Tímido, sonrojado y algunas veces, sentía una extraña sensación en su vientre. Algo que no había sentido en muchos años. Algo que lo asustaba un poco.
Cuando Bill finalmente dejó de mirarlo, y en lugar de eso, le prestó más atención a su teléfono, Tom se dio la oportunidad de mirarlo también. Dejó que sus ojos vagaran, se dio el tiempo de ver a Bill. Bill tenía una cara linda, una linda estructura facial. Con pómulos altos, perfectamente formados y también muy pálidos. Su piel lucía tan suave y tersa. Claramente se notaba que no se molestó en aplicarse mucho maquillaje esta noche. Por lo que Tom podía ver, solo tenía un poco de máscara para resaltar sus pestañas, pero aparte de eso, estaba libre de maquillaje. Y, aunque Tom siempre pensó que Bill estaba cerca de la perfección, siempre creyó que Bill lucía mejor sin demasiado maquillaje.
Su cabello estaba liso y descansaba perfectamente sobre sus hombros. Su cabello rubio platinado brillaba haciendo lucir la piel de Bill, más pálida, no mortalmente pálida, como otras personas que Tom había conocido. La piel pálida no siempre era una buena señal, pero la de Bill era muy agradable.
Sí, la verdad es que Bill era alguien a quien contemplar y Tom amaba la forma en que se había vestido para esa noche, tan detallado y a la vez casual. Llevaba una camisa de botones, con una chaqueta negra, sin accesorios. A Tom le gustaba –le gustaba mucho.
—¿Ya tomaste una decisión? —Preguntó Bill suavemente, sacando a Tom por completo de sus pensamientos.
—Pediré lo mismo que tú, con papas extra. —Tom sonrió con simpleza. No encontró nada más que fuera tentador y para esos momentos, su estómago estaba gruñendo tanto, que probablemente no le importaría qué comer.
Un rato después, una mesera vino a tomar sus órdenes. Ambos ordenaron lo mismo, más una botella de vino, la palabra novios salió a relucir. Para ahora, Tom ya se había olvidado del contexto y temporalmente, se congeló… Bill no negó cuando ella se refirió a ellos como novios. Bueno, ninguno lo hizo, pero fue más que nada porque se quedaron sin saber qué decir.
Tom miró a Bill con ojos achinados y Bill solo sonrió feliz, dando un sorbo a su vino. Así que obviamente no era algo de gran importancia, era solo la mente de Tom exagerando las cosas, otra vez.
Se alzó de hombros y dio un gran trago a su vino, lo cual lamentó de inmediato. Sabía que no debía beber alcohol con el estómago vacío, porque siempre hacía que su cabeza girara.
La comida llegó después de un rato y Tom se sorprendió. En realidad había pensado esperar mucho más, considerando la fecha que era. Pero no, el servicio era excelente. Feliz, empezó a comer. En el segundo en que probó el bistec, quedó satisfecho de haber pedido lo mismo que Bill. Estaba absolutamente delicioso.
—En verdad esto está muy bueno —afirmó Tom con la boca llena de carne, probablemente la grasa rodaba por su barbilla, pero no le importó, estaba delicioso y no podía parar de comer.
—Tom, no hables con la boca llena —respondió Bill, pero Tom apenas lo escuchó, porque Bill, también tenía la boca llena de comida, tan llena, que casi se cayó cuando la abrió para hablar.
—Como si tú estuvieras mejor. —Tom de hecho tuvo que levantar un poco la cabeza, para poder hablar, sin que se cayera la comida de su boca.
—Lo estoy, ahora no tengo comida en la boca —dijo Bill y tragó audiblemente—. ¿Ves? —Se rió y abrió bien grande la boca y le permitió a Tom una mirada al piercing de la lengua.
—Claro Bill, eres totalmente inocente. —Tom rió y les sirvió a ambos más vino.
—¿Sabes? Esto es muy agradable —dijo otra vez, esperando que se notara su idea—. No había salido así en un rato y estuve teniendo estas terribles pesadillas… donde la gente nos molestaba, o gente cantando temas de amor y que todo sería realmente incómodo.
—Pero no lo es. —Bill negó con la cabeza y resplandecía—. La última vez que comí afuera con alguien, en una ocasión como esta, fue tan… raro. No teníamos absolutamente nada de qué hablar, solo discutimos sobre la comida y cuando los platos llegaron, comimos. Y básicamente eso fue todo. Es mucho mejor hacer esta clase de cosas con gente que ya conoces.
—Lo sé, tienes razón. —Tom estuvo de acuerdo y lo decía con todo su corazón. Sabía precisamente lo que Bill quería decir. Ellos siempre tenían algo de qué hablar. Siempre hablaban tanto que apenas tenían tiempo de tragar su comida y a Tom le encantaba. Esto de verdad se estaba volviendo una velada muy agradable. Asumiendo que su cabeza no comenzaría a entrar en pánico.
—Tenemos que comprar más de este vino cuando no vamos —anunció Bill, sirviendo más a los vasos.
—¿Quieres que me ponga borracho y fácil? —Tom le dio a Bill una sonrisa, mirando profundamente en sus ojos, sabiendo lo que esa mirada le hacía a las personas, claro, la gente que le gustaba.
Y de cierto, tenía razón. Bill casi deja caer la botella de vino, tragando fuerte y evitando totalmente el contacto visual.
—Por supuesto que no —murmuró, su cara, usualmente pálida, se puso totalmente roja— Es solo que está delicioso.
—Sí, claro, sigue diciéndote eso. —Tom alzó ambas cejas y Bill trató de no sentirse afectado por el comentario coqueto de Tom.
Continuaron sonriendo, soltando risitas y hablando un buen rato. Una vez que terminaron su comida, Bill pidió a mesera que regresara con dos botellas más de vino, para disfrutar más tarde.
—¿Te das cuenta que no podemos llevar las botellas al cine? —Señaló Tom al levantarse para partir, Bill guardó las dos botellas en su enorme bolso.
—Lo sé. —Bill rió y comenzó a caminar para salir del restaurant—. Pero podemos guardarlas para más tarde, ¿verdad? ¿Porque vamos a ir a tu casa, verdad?
—Por supuesto. —Tom sonrió—. Esa es parte de la tradición que nosotros, sin lugar a dudas, tenemos que mantener.
—Estoy completamente de acuerdo, pero no películas sangrientas, ¿está bien? —Pidió Bill, con un pequeño y adorable puchero, al que Tom sabía que no era capaz de negarse.
Tom no entendía muy bien por qué tenían que ir al cine, si iban a regresar a su casa a ver más películas. Quería pasar tiempo con Bill, claro… solo que no entendía por qué Bill quería hacerlo de esa forma. Pero recordando, ya le había dado su palabra de que haría cualquier cosa que quisiera, así que todo lo que debía hacer era sonreír y seguirle la corriente.
Fueron al cine y pronto se dieron cuenta que Bill había visto todas las películas que estaban dando. Ambos sacaron un cigarrillo, tomaron un descanso antes de decidir si ver una de esas películas o regresar a la casa de Tom.
—¿Pero, no son buenas? —Preguntó Tom, tomando una larga y profunda calada de su cigarrillo—. Pensé que te gustaban.
—Me gustan, pero no quiero pagar para verlas otra vez —respondió Bill, encendiendo su propio cigarrillo.
—Pensé que eso es lo que hacía la gente el Día-V —murmuró Tom. Oh, bueno, no era ningún experto en ese campo, así que de todas formas no debería estar diciendo nada.
—Lo sé, es solo que no estoy de humor para ninguna de ellas.
—¿Estás de mal humor? —Preguntó Tom, sintiéndose de inmediato alarmado. Quería que fuese un día genial para Bill. Un día que pudiera recordar con una sonrisa en la cara, pensando que no lamentaba ningún minuto.
—No. —Bill sonrió y Tom le dio una mirada profunda, como si buscara la verdadera respuesta en sus ojos. Y Bill no parecía mentir, así que Tom se quedó con la respuesta de que no estaba de humor para esas películas en particular.
—¿Entonces nos vamos a mi casa? —Preguntó Tom, arrojando el cigarrillo—. Tú podrás escoger todas las películas que veamos esta noche.
—Lo sé. —Bill soltó una risita, saltando de arriba abajo, mientras caminaban hasta el auto de Tom. Llevaron de vuelta el auto de Bill, antes de ir al cine—. ¡No puedo esperar!
Bill brilló como el sol durante todo el camino a casa. Y la hermosa sonrisa de Bill era verdaderamente contagiosa, porque Tom no pudo evitar sonreír también.
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Tom estaba muy contento de que Bill hubiera llevado dos botellas de vino –infinitamente agradecido por ello.
Estaban viendo la película más cliché de la historia. Tom ni siquiera sabía el nombre de ella, aunque Bill ya se lo hubiera repetido cientos de veces. Intentó lo más que pudo poner atención, intentó buscar cosas que le llamaran la atención, pero nada. No había armas, no había acción, no había chicos malos… solo una boda, un montón de pastel de bodas y risitas felices de personas saltando en cada una de las escenas.
Se comió todas las palomitas sin siquiera notarlo. Tuvieron que pausar la película para que Tom fuera a la cocina a hacer más para Bill, quien se mostró como un niño con el corazón roto, al darse cuenta que Tom se las había comido todas.
Mientras el rubio se perdía por completo en la película, Tom le ponía atención a Bill. Estaba mirando fijamente a Bill, disfrutando y riendo al ver cómo el otro respondía a la película. No estaba solo viendo, estaba viviéndola. Reía, cuando el personaje principal reía, saltó cuando ella saltó, lloró cuando ella lloró. Era más entretenido que la película.
Nuevamente, Tom comenzó a pensar en sus sentimientos. ¿Le gustaba Bill? ¿Le podría gustar más que un amigo? Justo ahora, sabía que no había nada que le hiciera quitar la vista de él. Bill era la persona… más fascinante de la que había sido amigo. Él no era complicado, no era difícil, él simplemente era él mismo y estaba tan cómodo siendo él mismo, que siempre ponía una sonrisa en la cara de Tom.
Desesperadamente quería saber si era su cabeza la que estaba jugando con él o si había algo más. Sabía que tenían química. Tenían tanto en común. Terminaban las frases el uno del otro. Ellos eran simplemente perfectos, juntos. Nadie sabía tanto de Tom como Bill– y a Tom le fascinaba hasta la médula, que Bill permaneciera a su lado, incluso conociendo su… lado malo.
¿Por qué Bill no había hecho un movimiento con él esta noche? Tom, de hecho lo había anticipado. En verdad había esperado que Bill hiciera algo, sobre todo desde que Bill le confesara sus sentimientos el año pasado. Desde ese día, había esperado algo… una pista subliminal, un movimiento, ¡algo! Pero nada.
Por tanto Bill estaba pensando en su amistad. No quería arruinarla. Y claro, Tom podía comprender eso fácilmente. Pero si estaba empeñado en conservar su amistad, ¿por qué le contó la verdad en primer lugar? Porque Tom no podía dejar de pensar en ello. Había acosado su mente por todo un año, le había dado vueltas y vueltas, y su cabeza ya estaba cansada y desesperada. Desesperada por respuestas. Desesperada por ver si había algo que pudiera hacer, si había algo que deseara.
¿Debería hacer un movimiento?
Por un minuto, Tom sopesó los pros y los contras sobre acercarse y besar a Bill. Podría hacerlo, al menos creyó que podría. ¿Pero qué pasaría si no le gustaba? ¿Qué pasaría si no le gustaba, pero a Bill sí y terminaba lastimando sus sentimientos?
De pronto, Bill estalló en risotadas y Tom regresó la cara a la pantalla. Al parecer se había perdido una escena hilarante. Oh, bueno, ya estaba demasiado perdido como para tratar de entenderla ahora. Continuó mirando a Bill, mirando su regazo y luego de vuelta a Bill. Y antes de que pudiera pensarlo más, se inclinó y lo besó.
Bill jadeó, por el beso tan repentino e inesperado. Cuando Tom se alejó, sus ojos estaban muy abiertos, estaba mirando a Tom en shock. Tom correspondió su mirada, con muchas emociones diferentes pasando por su cabeza.
Sus ojos descendieron a los labios, ligeramente húmedos, de Bill. Se había sentido… bastante bien, pero no había sido suficiente. Bill permaneció sentado allí, completamente quieto mientras Tom se volvía a acercar, por otro beso experimental.
Sus labios se quedaron en los del otro un rato y Tom apenas pudo respirar, su cabeza estaba girando. Acunó la parte trasera de la cabeza de Bill y cuidadosa y lentamente, empezó a mover sus labios sobre los de Bill.
Bill soltó una respiración pequeña y temblorosa –¿o fue un gemido?–, antes de que él también, lenta pero firmemente, respondiera el pequeño beso de forma intensa.
Tom no tenía idea por qué no había hecho esto antes. Besar a Bill se sentía como el cielo. Era la cosa más dulce que hubiera experimentado. Su corazón estaba saltando en su pecho, haciendo que doliera un poco, pero no le podía importar menos, no cuando lo llevaba tan alto, al mismo tiempo.
El beso se iba calentando con cada minuto, y antes de que Tom se diera cuenta, habían cambiado sus posiciones y ahora yacía sobre el cuerpo de Bill. Sus dos manos acunaban el rostro de Bill, mientras sus lenguas salían a jugar. La lengua de Bill era suave y delicada en su boca. Él acarició juguetonamente a Tom con el piercing de su lengua y Tom gruñó, besando a Bill más fuerte.
Las manos de Bill bajaron y se quedaron en la espalda baja de Tom, con un poco de fuerza, como si quisiera tenerlo más cerca y a Tom no le importó para nada. Eventualmente, tuvo que retroceder un poco para respirar. Miró a Bill hacia abajo, con la respiración agitada, los ojos de Bill estaban brillando, su cara estaba roja, sus deliciosos labios rosados, estaban inflamados por las actividades recientes, y la boca de Tom se hizo agua ante tal visión. Volvió a agacharse y mordió un poco el labio inferior de Bill y vio aquellos ojos que había llegado a admirar tanto.
Bill sonrió dulcemente y se levantó un poco, para presionar otro dulce piquito en los labios de Tom, antes de sujetar el cuello de Tom, obligándolo a bajar.
No había nada que Tom pudiera hacer, ya no le quedaba nada más de fuerza de voluntad para detener el beso apasionado. Ahora ya estaban frenéticos, fieros y casi desesperados, como si fueran amantes que no se hubieran visto en mucho tiempo.
Cada duda y pensamiento negativo que Tom hubiera tenido sobre Bill y su posible relación, voló por la ventana al perderse en el suave cielo que ofrecían los dulces y deliciosos labios de Bill. Su corazón estaba latiendo tan fuerte, que estaba seguro que dañaría sus costillas, pero no le importaba nada. No le importaba nada, excepto esa belleza y lo que estaban haciendo.
Guiado puramente por instinto, Tom cogió la pierna de Bill y la llevó hacia un lado, buscando más espacio para su propio cuerpo tembloroso. Sus figuras se apretaron y Bill respondió, envolviendo con la otra pierna, la cintura de Tom. Tom gruñó y se alejó un poco de la boca de Bill, solo para dejar besos con la boca abierta sobre toda su húmeda y dulce piel, generando gemidos sonoros del desastre tembloroso bajo su cuerpo.
Ahora que Tom lo había probado, ya no era suficiente. El sabor de Bill era tan adictivo e intoxicante. No quería parar nunca. Y al parecer, no tenía intensiones de parar. Y a juzgar por los sonidos que soltaba Bill, a él no le importaba que estuvieran haciendo esto.
Bill soltó un sonoro gemido cuando Tom mordió parte de su cuello, mientras experimentando, juntaba sus caderas. Los ojos de Bill se abrieron. Tom lo observaba desde su cuello, sin romper el contacto visual, volvió a juntar sus caderas, con un poquito más de fuerza esta vez. Bill alzó su pelvis para encontrar la de Tom y este no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás y dejó salir un fuerte gemido.
Jadeó sorprendido cuando Bill lo tomó por la nuca para pegar sus labios con fuerza, mordiendo su labio inferior, forzando su lengua en su boca, sin dejar de mover fervientemente sus caderas contra las de Tom.
La sorprendente fricción que ocasionaba y la sensación de ambas erecciones rozándose, lograron que Tom perdiera por completo la razón. Sabía que debía detenerse ahora. No estaba seguro si estaba listo para más, de verdad tenía que parar y pensar en sobre esto. No debería… pero desesperadamente quería. Su cuerpo, corazón y alma necesitaban esto. La chispa había estado ahí todo ese tiempo y ahora el fuego, finalmente había comenzado, tan intenso que Tom no sabía si tendría la fuerza para pararlo.
Pero su cuerpo no estaba de acuerdo con su cabeza y una pequeña parte de Tom estaba agradecida por eso. Ya estaba listo para explotar. Sintió el placer pulsando en su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies.
Bill envolvió sus piernas en su cintura, apretadamente y continuó sus fricciones. Mientras más rápido se movían, más fuertes se volvían los gemidos de Bill y Tom sintió que se correría justo ahí y ahora.
No tomó demasiado. Otro beso apasionado, más toques desesperados, un par más de embestidas y ambos quedaron sin aliento, jadeando en la boca contraria, mientras alcanzaban su orgasmo.
Se quedaron en la misma posición, solo esperando calmarse. Esperando bajar de las alturas. Cuando volvieron a estar funcionales, se quedaron mirando el uno al otro y compartieron otro beso –sin embargo este, fue mucho más gentil, más calmado y relajado.
—Bueno, eso no me lo esperaba —dijo Bill, todavía acalorado y sonrojado.
—Dímelo a mí —murmuró Tom, de pronto no estaba seguro de cómo actuar—. Mira Bill…
—No, no tienes que explicarlo. —Bill asintió, pero Tom sabía que quería una explicación.
—Estoy muy confundido —confesó Tom, mirando a Bill con ojos suplicantes—. Me, me gustas, Bill. Y sí creo que te quiero tanto como tú me quieres a mí… pero estamos yendo un poquito rápido. Sé que he tenido un año para pensar sobre esto, pero aun así tengo muchas cosas que entender y eso no tiene nada que ver contigo, lo juro.
—¿Estás seguro? —Preguntó Bill, sonando pequeño y vulnerable.
—Nada que ver contigo —confirmó Tom y se acercó para besar su mejilla—. Soy yo. Estoy confundido. Una parte de mí quiere estar contigo, mientras que la otra parte quiere comprender las cosas.
—Yo podría ayudarte —murmuró Bill, acercándose a Tom, acunando sus mejillas—. Podría ayudarte a entender las cosas —repitió, sonando dulce y cariñoso.
—Creo que eso me gustaría mucho… —Tom sonrió y se inclinó para besar a Bill con dulzura en los labios. Todo su cuerpo se estremeció de gusto cuando Bill correspondió el beso.
Sí, eso le gustaría mucho.
& FIN &
Aaaww suspiren conmigo. Este Tom miedoso aceptó que le gusta Bill y aceptó descubrir, junto a él, este amor. Bien, empezaron anti San Valentín y terminaron celebrándolo de la mejor forma: juntos. ¿Les gustó?

awn que lindo y tierno final
el tenia miedo….pero que bueno
que logro ganar del miedo y llegar en bill
bill lo espero todo ese tiempo
que bien que espera a valido la pena
ame mucho la fic :3 <3