Mi jaula dorada 30. Parte 2

Bill ha estado en el harem 10 meses y 1 semana.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

Capítulo 30. Parte 2

Bill cruzó los serpenteantes corredores del harem, los que ahora conocía como la palma de su mano, tratando de calcular cuán ebrio estaba él mismo.

Llegando a su cuarto, pensó que en realidad no estaba tan mal; ya que se las había arreglado para regresar hasta su habitación, sin tambalearse demasiado, además su mano había llegado al pomo de la puerta al primer intento. Aun así, su mente se sentía un poco difusa y lenta. Mientras abría la puerta, le tomó un segundo más de lo normal, darse cuenta de que había alguien en pleno centro de sus aposentos.

Sus ojos se abrieron grandemente, totalmente alarmados. La figura que estaba de pie, se agachó para revisar bajo su cama, estaba completamente vestida de negro y al parecer, aún no había notado a Bill. Los cojines de las sillas, estaban completamente rajados, y sus plumas se hallaban esparcidas por todo el piso. Todos los cajones, de cada uno de los muebles habían sido quitados, y sus contenidos, arrojados al suelo. El piso a la derecha de la entrada, estaba húmedo, junto a los trozos que quedaron de su vasija de limpieza. En esos momentos, el intruso estaba rajando el colchón de su cama.

Sin pensar, Bill soltó un pequeño gemido de angustia al ver el increíble desastre. La figura encapuchada giró ágilmente, cosa que sacó un grito ahogado del pelinegro. En medio segundo, el cuchillo que había sido usado para rasgar su cama, fue llevado hacia atrás y luego arrojado con fuerzas. Sin esperar ver el objetivo de la trayectoria de su arma, el intruso se arrojó por la lona de la ventana, produciendo un sonido fuerte al chocar y atravesar la pantalla de madera.

Bill se quedó quieto, sin moverse por algunos segundos. Finalmente, volteó su cabeza a la derecha, lo más lentamente que pudo. Atascado en la madera del marco de la puerta, a sólo tres pulgadas de su rostro, estaba el cuchillo.

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Bill no supo cuánto tiempo estuvo allí, con su cerebro tratando de asimilar todo lo que había visto en tan sólo unos segundos, pero seguramente fue mucho más largo de lo que se sintió. Dándose cuenta de que había estado conteniendo el aliento, Bill exhaló larga y temblorosamente. Los efectos posteriores de un golpe de adrenalina, le atravesaban el cuerpo, su piel se puso fría y su corazón bombeó fuertemente. Girando, salió de la habitación. Caminó rápidamente hasta convertir sus pasos en una carrera y, de hecho, tuvo que derrapar cuando notó que había pasado al primer guardia a la vista. Giró y por primera vez sintió alivio, al ver que se trataba de Micah. El hombre lo miró y alzó las cejas.

Jadeante por la carrera, Bill dijo—. Había alguien en mi cuarto. Arrojaron un cuchillo.

La expresión divertida, desapareció inmediatamente de su cara. El guardia se alejó del lugar en la pared en el que se estaba apoyando y comenzó a correr por la dirección en la que Bill había venido. El pelinegro se movió para seguirlo, pero cuando el otro hombre se percató de que el esclavo lo seguía, le gritó—. ¡No! ¡Quédate ahí!

Deteniéndose en medio del corredor, Bill observó como casi treinta metros más allá, el guardia se aproximaba a la entrada de su habitación. Había sacado su espada y Bill pensó que el hombre debía cerciorarse por sí mismo. Momentos después, Micah reapareció con la espada envainada y la daga del intruso en su mano. Viendo que Bill estaba de pie allí, caminó apresuradamente hasta él, con el rostro contraído y surcado por líneas de preocupación. Al ver que el hombre tomaba su mano y lo llevaba a su lado, Bill se dio cuenta de que nunca antes había visto a Micah lucir tan serio.

Luchando para mantener el paso veloz del guardia, el pelinegro preguntó—. ¿A dónde vamos?

Micah ni siquiera lo vio, mientras le respondía—. A buscar a Saki.

Encontraron al hombre musculoso, justo fuera del salón donde se había presentado la obra. Micah dejó a Bill, para ir a susurrar al oído del hombre y contarle lo que había sucedido. Saki contestó algo de vuelta, palabras tan quedas, que Bill no alcanzó a oír nada. Asintiendo, Micah regresó hacia la concubina, mientras el otro hombre se alejaba.

¿Qué pasa? —cuestionó el pelinegro, viendo como Saki se iba.

Tomando su mano nuevamente, Micah comenzó a guiar a Bill hacia otro corredor—. No puedes regresar a tu habitación, es muy peligroso. Pasarás la noche con Mahtob —Bill tiró su mano y el guardia se detuvo para mirarlo—. ¿Qué?

Mahtob está desmayada, bebió demasiado.

Micah meditó esta nueva información—. Muy bien —respondió—. Entonces, alguien más.

¿Deena? —Sugirió el menor, pero el otro hombre negó con la cabeza.

Sus aposentos están demasiado cerca del tuyo. Te llevaré a las habitaciones de la princesa Manar.

Micah lo apremió para cruzar los corredores, hasta el otro lado del harem, pasando numerosos pasadizos, doblando algunas esquinas y subiendo unas escaleras. Cuando llegaron a los aposentos de la princesa, el guardia se apresuró a mostrarle a Bill, sin decir nada más que—. Él se quedará aquí. Ninguno de los dos dejará esta habitación —le entregó la daga al chico y se fue, dejando que fuera Bill quien respondiera todas las preguntas de su amiga.

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La mañana siguiente, Bill despertó y salió de puntillas de la habitación donde Manar aún yacía dormida. Después de haber relatado los eventos de la noche anterior a la chica, ella había insistido en que él se quedara allí, aunque Bill quería regresar y averiguar qué había ocurrido.

Caminando de vuelta a su habitación, atravesó un corredor al aire libre, por donde se podía ver hacia abajo, al mismo patio que se apreciaba desde su ventana. Los destrozados pedazos de la pantalla de su ventana, estaban esparcidos por todo el piso de adoquines.

Al acercarse a su cuarto, Bill notó que la puerta estaba abierta. Había cinco personas dentro. Un hombre estaba arreglando la ventana el pelinegro reconoció que era un guardia, pero no sabía su nombre, dos sirvientas se movían por la habitación, tratando de limpiar el desastre; y Saki yacía en el centro, junto a Micah.

Cuando lo vieron, Saki le hizo una señal para que se acercara. Entrando del todo, Bill observó todo a su alrededor, la destrucción que había quedado de lo que fueran sus cosas. Era como si un gigante hubiera tomado su cuarto en las manos y lo hubiera zarandeado. Sus ropas estaban por todas partes, desparramadas por el piso, la alfombra y los muebles. Varios artículos de su tocador, habían sido arrojados hacia un lado con fuerza, para quebrarse y morir en el suelo. Los ojos de Bill captaron el compartimento secreto en el armario y su corazón se detuvo. La línea decorativa de la madera, sobresalía menos de una pulgada. Alguien había abierto el cajón. A Bill le picaban los dedos para ir y revisar si las joyas todavía estaban ahí, pero no se atrevía a hacerlo, con tantas personas en la habitación.

¿Qué pasó aquí? —preguntó Saki, quien miraba al pelinegro con la expresión indescifrable que siempre tenía.

Aún mirando a su alrededor, Bill contestó—. Yo… venía de regreso de la obra, anoche. Había alguien de pie, junto a la cama, rajándola.

¿Pudiste reconocer a la persona?

No. Tenía el rostro cubierto y se movía muy rápido.

¿Qué pasó después de que lo viste?

Corrió —respondió el menor—. Me vio, me arrojó un cuchillo y… saltó por la ventana.

Saki asintió—. Hay sangre en el suelo de adoquines. ¿Lo lastimaste?

Bill sacudió la cabeza—. No.

Micah alzó la mano, para tocar el brazo de la concubina—. ¿Te lastimó a ti?

Encontrando la mirada del guardia, contestó—. No. El cuchillo no me dio.

Micah dijo que te dio la daga.

Sí —Bill sacó el cuchillo, de donde lo tenía en el cinto de rodeaba su cintura y se lo entregó.

Saki giró la daga en sus manos, examinándola. El filo era de siete pulgadas de largo, la empuñadura era de marfil labrado—. ¿Habías visto esto antes? —preguntó. Bill negó con la cabeza. El guardia le entregó la daga a Micah. Haciendo un gesto para mostrar toda la habitación, preguntó al chico—. ¿Puedes decirme si se han llevado algo?

Los ojos de Bill pasaron brevemente por el compartimento secreto, pero se obligó a desviar la mirada. Nadie pareció notar hacia dónde miró. Dando un paso al frente, Bill observó todo el espacio. El lugar era un caos, pero todas sus cosas algunas rotas, algunas no, todas estaban allí.

No tomaron nada —volteó hacia los dos guardias y Bill captó la mirada significativa que Saki le dio a Micah. El guardia principal caminó hasta la puerta, dejando el cuarto.

Viendo como el hombre se iba, el menor preguntó—. ¿Dije algo malo?

No —respondió Micah, arrugando el ceño—. Creo que él sólo está frustrado. Si no se llevaron nada, significa que todo esto es mucho más que un simple robo.

¿Entonces qué?

El guardia alzó los hombros—. No sé. Pero parece que quien haya entrado aquí, estaba buscando algo en especial —Micah captó la mirada de Bill y la sostuvo—. ¿Estás seguro de que no falta nada?

Se vieron el uno al otro por un momento. Finalmente, Bill bajó la mirada y suspiró.

Si todo el mundo se va un momento, podré revisar y entonces lo sabré.

Asintiendo, Micah les pidió a las sirvientas y al otro guardia, que salieran. Luego, él mismo abandonó el cuarto, cerrando detrás suyo. Agradecido de que Micah no hiciera más preguntas, Bill caminó hasta el armario y sacó el cajón que estaba sólo un poco abierto. La caja estaba allí. Tomándola, levantó la tapa para verificar que no faltaba ninguna joya. Hubo un golpeteo en la puerta y pudo oír el sonido amortiguado de la voz de Micah, llamándole.

¿Bill? —El aludido se apresuró a cerrar la tapa y ocultarla en el cajón. Sintiendo el leve “clic” que produjo el compartimento secreto al cerrarse, el chico volteó, diciéndole al otro hombre que ya podía entrar.

¿Y bien? —cuestionó Micah, alzando las cejas.

Todo está aquí —Bill miró nuevamente a su alrededor, las sillas y cama destrozados—. ¿Y qué hay del resto? —preguntó—. ¿Dónde dormiré?

Haciendo una seña a Bill para que lo siguiera, Micah caminó de vuelta al corredor. Una vez fuera, el pelinegro vio que los sirvientes regresaban a terminar su labor—. Ellos reemplazarán todo para esta noche —contestó el guardia—. Y toma —sacó la daga y se la entregó, girándola para que la cogiera por la empuñadura—. Consérvala —se tiene que haber notado la sorpresa en el rostro del joven, porque el hombre agregó—. Pero no le digas a nadie que la tienes.

Bill consideró devolverle la daga. Se suponía que las concubinas no debían tener armas y él no quería ser atrapado portando una. Pero al final, volvió a ocultarla en el cinto de su cintura. Habiendo extraños enmascarados, entrando a sus aposentos y tratando de asesinarlo, no sería tan mala idea tener el cuchillo.

Gracias.

Micah asintió—. Ten cuidado Bill. Te estoy entregando esto, pero si algo vuelve a ocurrir, tú corres a buscar ayuda, no trates de luchar con ellos —Bill abrió su boca para alegar que él podría defenderse, pero el guardia lo cortó antes de que pudiera decir una palabra—. No sabes quién es esta persona. Podrían ser más peligrosos de lo que imaginas.

Mordiéndose el labio, Bill finalmente tuvo que estar de acuerdo—. Está bien.

Bien —posando su mano en el hombro del chico, Micah advirtió—. Aún no sabemos quién hizo esto, pero si un intruso fue capaz de entrar al harem una vez, probablemente lo harán de nuevo. Debes estar en guardia. —Y con eso, se fue.

Bill vio cómo se iba, preguntándose quién pudo entrar en su habitación y por qué. Girando para ver otra vez su puerta, observó como las sirvientas limpiaban el desorden. No se habían llevado nada. La figura enmascarada había revisado todo lo que había en su cuarto; incluso habían encontrado el cajón secreto. Y aun así, no faltaba nada. Todas las joyas estaban tal y como las había dejado. Bill se preguntó ¿Qué clase de ladrón deja atrás tan invaluable tesoro? Micah dijo que el ladrón buscaba algo en específico. Si ese era el caso, ¿qué demonios creían ellos que él tenía, siendo sólo un insignificante esclavo? Bill no podía imaginar una respuesta para esa pregunta, pero estaba seguro de una cosa. Micah estaba en lo correcto. Tendría que ser cuidadoso de ahora en adelante.

& Continuará &

Notas finales de Sarahyellow: ¡Intriga! ¡Comenten!

Notas de MizukyChan: ¡Waaa! Chicas, ¿están respirando? Que escena tan intensa la del final, ¿no creen? Ahora comprendo que Micah es un personaje necesario, y no sólo para subirle el ánimo a Bill, sino también para protegerlo.

Me gustó mucho la ironía de Bill, durante la obra, cuando dice que Deena “reclutó” mucha gente para su actuación jajaja, sabemos que la chica, simplemente obliga a todos a hacer lo que ella manda.

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