Notas de Sarahyellow: No hay mucho que decir, sólo lean y comenten.
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 11 &
Tom pasó otra semana evadiendo el harem. Cuando quería a Mahtob o Deena, enviaba a un sirviente a recogerlas. Las dos mujeres podían afirmar que su amo estaba de mal humor y sospechaban que todo tenía que ver con Bill. Pero ninguna decía nada al estar en presencia del príncipe, porque sabían que sólo provocarían su ira.
Sin embargo, cuando regresaban al harem, le preguntaban a Bill.
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Bill estaba sentado en el pequeño sillón, de una pequeña habitación que había encontrado el otro día. Fuera de la habitación menos usada del tercer piso, él descubrió un pasaje muy angosto, con menos de dos pies de ancho, que se dispersaba en varias direcciones, antes de llegar a una escalera, que daba justo al lugar donde estaba ahora. Y aunque la habitación no debía tener más de ocho metros cuadrados, él no se sentía agobiado. El techo estaba muy alto, y las penumbras estaban salpicadas por etéreos rayos de luz, producidos por las ventanas cubiertas por pantallas de lona.
Ahora Bill sabía, que todas las ventanas tenían pantallas así. Porque había revisado en cada habitación, buscando una forma de escapar: no había ninguna. Cualquier abertura en las paredes del harem, era cubierta por intrincadas esculturas. Eran hermosas, fueron diseñadas para que entrara la luz, pero también para mantenerlos a todos ellos… dentro.
A pesar del hecho de que la ventana era un recordatorio de su prisión, a Bill le gustaba esa habitación. Era silenciosa, tranquila, pero sobretodo… estaba oculta. Esta era su bendición, ya que Bill había estado evitando a Deena y Mahtob los últimos cuatro días. Esas dos, no lo dejaban en paz, incomodándolo con preguntas sobre el príncipe y su aparente mal estado de ánimo. Ellas asumían (con razón) que Bill tenía algo que ver con eso, aunque él no lo quería admitir.
Bill pensaba que las mujeres no sabían que ahora Tom era su dueño, porque no le habían dicho nada al respecto. Pero él sabía que ambas mujeres habían estado con el príncipe la semana pasada, y no podía estar seguro de que él se los hubiera mencionado. En ese caso, Bill estaba muy agradecido de haber encontrado aquella habitación secreta, la que él consideraba su propio escondite.
Bill se acercó más a la ventana, mirando entre los revueltos diseños. Pudo ver la sección de la ciudad que estaba bajo él, pero no la parte que le era familiar. Esta ventana daba al oeste, mientras que el mercado y su casa estaban en el este. Bill suspiró. Recordó cuando solía desear los lujos del palacio.
«Solía soñar despierto sobre vivir a aquí» Pensó mordazmente. Su vida no había sido nada especial, pero había sido suya.
Sintiendo el apretón castigador del hambre, a regañadientes, Bill se levantó de su lugar. Pensó que realmente debió llevar algo de comer con él. Ahora tendría que regresar a su habitación, el suficiente tiempo como para que le prepararan y enviaran una comida, y ese era bastante tiempo para que Mahtob y Deena lo encontraran. Volviendo a ponerse los zapatos, se preparó para irse.
Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso, un ruido emergió de la pared, detrás de él. Girando para ver qué había producido el sonido, Bill no vio nada. La muralla estaba tal como había estado, pintada de crema arriba y cubierta por pesados tapices. Cuando el ruido vino de nuevo, Bill registró en su mente, esta vez, que era una especie de grito. Dio un paso adelante para investigar.
Movió la tela colgante hacia un lado y apenas hizo esto, el sonido se volvió más fuerte. Bill abrió los ojos grandemente, al darse cuenta de que significaba el “grito”. Era una pareja teniendo sexo, probablemente contra la pared. Detrás de los tapices había un corte, con barras de madera cruzándolo, parecía una ventana que había sido sellada desde el otro lado. Bill pensó que lo estaba, ya que los sonidos que procedían del otro lado sólo eran amortiguados “un poco”. La situación habría sido divertida, excepto que al siguiente momento, los amantes dijeron sus nombres. Bill tuvo nauseas. Sin querer seguir escuchando a la pareja, salió de allí.
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Bill había estado en lo cierto. No habían pasado ni diez minutos y cuando lo encontraron. Él habría jurado que ellas hacían rondas para revisar si llegaba. Simuló que saldría nuevamente, cuando aparecieron en su puerta. Pero las chicas eran más fuertes de lo que parecían y lo retuvieron efectivamente, hasta que prometió hablar con ellas.
Así que ahora Bill estaba sentado en su cama con Mahtob, y Deena en una silla plegable en frente de ellos.
—¿Dónde has estado escondiéndote? —preguntó Deena con los ojos achinados. Bill no negó el hecho de que las había estado evitando, sólo negó decirles dónde.
—Es un secreto.
Mahtob gruñó—. No nos podrás evitar por siempre. Nosotras sabemos que Tom está molesto por ti. Sólo queremos saber qué le dijiste —le golpeó el brazo mientras decía esto.
—No hice nada. Y ustedes realmente me están empezando a molestar, así que por favor, dejen de preguntar —dijo Bill cansino, pero con un toque de desesperación en la voz. Sin embargo, su tono suplicante causó un efecto, porque Deena abrió su boca para continuar.
Con la expresión determinada, Mahtob la interrumpió diciendo—. No tratamos de enojarte Bill, sólo queremos respuestas. El príncipe nunca ha actuado en forma tan malhumorada y lo vimos seguirte fuera de los baños el otro día. Ha estado molesto desde entonces —Mahtob pasó su brazos por los hombros de Bill—. Si te molesta tanto, dejaremos de hacerte preguntas.
—¡Pero! —Deena protestó, pero Mahtob alzó la mano.
—Lo hemos fastidiado demasiado. No le creo cuando dice que no sabe nada —le dio a Bill una mirada seria—. Pero si no quiere decirnos qué pasa, bueno… no tiene que hacerlo. No, si le va a molestar tanto —Deena lucía realmente decepcionada.
—No sé por qué no —murmuró entre dientes, pero Mahtob la ignoró.
—Bill, prometemos dejar de preguntarte sobre eso, si vienes y haces algo con nosotras. No hemos pasado tiempo juntos en días —Bill alzó los hombros.
—En realidad, no me siento con muchas ganas de hacer algo —dijo.
—¿Ves? ¡También está de mal humor! —Imploró Deena. La otra chica la retó con la mirada, giró de nuevo hacia Bill y continuó.
—Vamos, juguemos un juego o algo.
—¿No podemos hacerlo acá? —preguntó Bill secamente. Mahtob negó con la cabeza.
—No, no podemos. Has estado en esta habitación y donde quiera que te hayas estado escondiendo, demasiado tiempo. ¡Eres un bulto! —Bill gruñó.
—Me gusta ser un bulto.
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Mahtob persistió hasta que Bill se rindió y la siguió a la sala común principal. Se sentaron en una esquina, donde Deena puso un tablero de ajedrez entre Bill y ella. Bill miró a Mahtob, quien estaba abriendo un libro.
—¡Me irritaste tanto para venir y ni siquiera vas a jugar! —Mahtob sonrió.
—Nop. Tú puedes jugar con Deena, el ajedrez… no es lo mío —Bill resopló, el ajedrez tampoco era lo suyo.
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Después de perder dos veces, aunque no tan mal como lo hacía antes, Bill se arrojó hacia atrás, harto del juego.
—Estoy harto. Ya no más.
Deena se quejó—. Oh, vamos ¿Sólo un juego más? —Bill sacudió la cabeza.
—No. Vine hasta aquí a jugar contigo. Y ya estoy harto —cruzó los brazos, pero no se movió para irse. Mahtob levantó la vista de su libro.
—Entonces… ¿sólo te vas a sentar ahí?
—Sí, yo… —Bill se calló de golpe cuando su mirada pasó más allá de donde Mahtob estaba sentada, sus ojos rastreando la habitación. Las chicas buscaron que distrajo al joven.
El sultán acababa de emerger del pasillo izquierdo y estaba cruzando el lugar a grandes zancadas. Se fue en cosa de segundos, pero Bill seguía congelado, aún con los ojos fijos en el lugar donde el rey había desaparecido. Las chicas compartieron una mirada, ambas tenían una clara idea de lo que le había ocurrido a Bill hace un par de semanas.
—¿Bill? —Le llamó Mahtob—. ¿Estás bien? —Bill parpadeó y regresó a la realidad.
—¿Qué? Oh, sí. Yo sólo… Algo pasó hoy —Deena lo miró confundida.
—¿Algo pasó con el sultán, hoy? —Bill asintió y las miró a ambas.
—Yo estaba en… en ese lugar —Bill parafraseó delicadamente, no queriendo delatar el lugar de su escondite. Las chicas se miraron entre ellas, raramente.
—¿Qué lugar? —Bill movió su mano, para evitar esa respuesta.
—No importa, pero, miren. Escuché un sonido que venía de la muralla, y estaba este tapiz. Cuando lo moví, allí estaba: una ventana en la pared, pero estaba sellada desde el otro lado.
—¿Qué era esa ruido? —preguntó Deena y Bill se sonrojó.
—Una vez que estuve cerca, pude comprender que era, um… bueno una pareja, ya sabes —hizo gestos con su cabeza, alzó las cejas y dijo—. Teniendo sexo.
—Ohh —dijeron las dos chicas, asintiendo.
—Bueno, sí —continuó—. Era la mujer mala, Hessa —Deena se quedó con la boca abierta.
—¡Oh, Dios mío! ¡¿Estaba con un guardia?! —preguntó, sus ojos brillantes de interés. Bill se sentó bien y la miró divertido.
—¿Qué? ¡No! Esa es la peor parte, era ella y el sultán. —Bill tembló cuando lo dijo. Mahtob y Deena lo miraron como diciendo ¿Y qué?
—Bill, el sultán viene al harem para “eso”, todo el tiempo. Toda la familia real lo hace.
—Lo sé —cortó, sonrojado—. Es que fue asqueroso —Mahtob y Deena se rieron.
—Acostúmbrate, lo verás mucho aquí —Bill hizo una mueca.
—¿Bill? —El aludido miró hacia arriba sólo para ver a Anis de pie frente a él, como si esperara algo.
—¿Qué? —preguntó. Anis movió la cabeza en dirección a la puerta.
—Necesitas venir conmigo —el chico lo miró con desconfianza.
—¿Ir a dónde?
—El príncipe Tom te ha llamado. —Bill se puso rígido.
—No. No quiero verlo. —Anis lo miró con dureza.
Acercándose, Mahtob le susurró gentilmente—. Bill, no hagas esto más terrible para ti. Tienes que ir —Bill la miró, siseando furioso.
—¡No! No quiero ir —mirando de vuelta al guardia, repitió obstinadamente—. No voy a ir —la sombra del guardia sobre ellos, se movió pues se acercó, preparándose a obligar a la concubina a ponerse de pie. Bill retrocedió y el eunuco lo arregló con una dura mirada.
—No vas a ganar esta pelea, pequeño. Si tengo que arrastrarte hasta allá gritando, lo haré —Bill vio la verdad en dichas demandas, dándose cuenta que era su trabajo. Soltando un bufido, se puso de pie y partió delante del guardia.
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Tom, finalmente había tenido suficiente con evadir a Bill. Le había dicho a Anis que lo llevara a sus habitaciones. El chico era su esclavo ¡Por Dios santo! No tenía ningún motivo para actuar de la manera en que lo hizo. Tom no podía creer que, de hecho, se sintiera culpable por corregir al chico. Era su trabajo ponerlo en su lugar. Pero aún así, el saber que el chico era infeliz sirviéndole, le hacía sentir incómodo.
Tom levantó la vista, con el golpeteo en la puerta.
—Adelante. —Las puertas se abrieron y Bill entró.
El chico estaba hermoso, como siempre. Su cabello negro estaba suelto sobre sus hombros, cayendo por su espalda, donde quedaba fuera de visión. Como siempre, su atuendo era una mezcla de ambas vestiduras, de hombre y mujer. Vestía una toga naranja a rayas, similar al estilo de las ghawazee femeninas. Bajo la cual llevaba sus pantalones anchos y el top, ambos rojos. Sobre esto llevaba una chaqueta con bordados oscuros, corta y abierta en el frente, la cual dejaba que las largas mangas del ghawazee colgaran hacia abajo.
Tan pronto como Bill entró en la habitación, giró, sólo para ver que las puertas se cerraban en su cara. Lentamente, volvió a girar para enfrentar al príncipe. Bill se dio cuenta que debía estar en la habitación del príncipe, porque (con excepción del sultán) no había visto aún, una habitación tan grande y hermosa.
Tom comenzó a moverse hacia él. Cuando estaba a unos cuantos metros de él, Bill se escabulló hacia un lado, como en las parodias, para llegar a la otra pared. Tom giró, con la mirada seria, fija en él. Al comenzar a moverse otra vez hacia él, Bill también se movía para evitarlo. El príncipe se detuvo y comentó.
—Podemos jugar este juego toda la noche, Bill. Pero eventualmente… perderás —Bill frunció el ceño, pero no se movió cuando el príncipe caminó hacia él. Cuando estuvo a sólo un pie de distancia del chico, Tom se detuvo.
—Estabas bastante enojado la última vez que te vi —Bill no respondió nada—. Me hablaste ásperamente, incluso me gritaste —Bill aún se mantuvo en silencio. Tom cerró la distancia, encarando a su concubina—. He azotado a otros esclavos por eso —Los ojos de Bill se movieron con rapidez para encontrarse con los suyos, interrogante y Tom leyó sus pensamientos—. No, no te castigaré por tu comportamiento. No “esta vez” —su voz tenía un tono de advertencia.
—Pero creo que necesitas darte cuenta de quién eres, dónde estás y quién soy yo. Eres un esclavo, Bill. MI esclavo. Y estás aquí para mí, para cualquier propósito que te necesite. No tienes elección en esto —la mandíbula de Bill se apretó y por primera vez desde que entró en la habitación, él habló.
—Entonces, ¿se supone que acepte el hecho de que tú vas a tener sexo conmigo, lo quiera o no? —dijo furioso. Tom se acercó, poniendo sus brazos a ambos lados de la cabeza de Bill.
—Sí —respondió duramente. Bill achinó los ojos.
—Eso sería violación.
—No, si cooperas.
—No lo haré —el príncipe encogió los hombros, sin darle importancia. Bill se enojó—. ¡¿Así que simplemente vas a VIOLARME?! —dijo con los dientes apretados. El príncipe tomó su barbilla en una mano, sosteniendo su cabeza, para mantenerlo quieto.
—Si continúas negándote.
—Lo hago.
Tom esperó un momento, mirando al chico, y luego sacudió su cabeza—. Que así sea.
& Continuará &
Notas de Sarahyellow: ¿Realmente Tom va a violar a Bill? No lo sé.
Dime qué piensas en un comentario.
Notas de MizukyChan: Nooooo, Tom, tú eres más humano que tu padre, no hagas una maldad así (aunque, pensándolo bien, Tom está rico, ¿cómo no dejar que te meta mano?) Veremos qué piensa Bill jejeje.
Ah, chicas, les cuento que yo no sabía mucho sobre los atuendos árabes, así que busqué la palabra ghawazee para darles una idea. Estos atuendos los usaban las mujeres, principalmente las de origen gitano, pondré una imagen, pero a lo que principalmente se refería Tom, era a las mangas largas en la parte de los codos.

