Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 9 &
Cuando Bill despertó, lo hizo con un gruñido. ¿Por qué se sentía tan rígido? Se movió para estirarse e inmediatamente deseó no haberlo hecho. El dolor se filtró por su espalda; lento al principio, y luego, repentinamente, su espalda ardía. El dolor era intenso y abrazador. Quejándose, Bill se sentía confuso en cuanto a lo que estaba pasando. ¿Qué rayos estaba mal con él? Y luego, recordó: estaba completamente atado, la mujer loca, ser torturado, ser rescatado… ¿Rescatado?
¡RESCATADO! Los ojos de Bill se abrieron grandemente, su mente trabajando frenéticamente al recordar el último trozo. Había sido rescatado, ya no estaba más en esa habitación, ya no estaba en peligro. Sintió que aquella terrible ansiedad por lo que había pasado, lo abandonaba –aunque el dolor permanecía– y el alivio inundaba su sistema, ya que nunca más sería el objeto de los “juegos” de esa mujer insana.
Bill movió su cabeza para ver dónde estaba, pero este pequeño movimiento causó que el dolor punzara en su espalda nuevamente. Apretando sus dientes, volvió a yacer sobre su estómago, tratando desesperadamente de ignorar la fiera quemazón en su espalda. Bill recordó que había sido azotado, estaba preocupado al pensar en qué condición estaría su espalda para generar tanto dolor.
Cuando llevó toda su atención de vuelta a la habitación en la que se encontraba, se quedó boquiabierto. Él pensaba que los cuartos del harem eran hermosos, pero esta habitación los hacía lucir insignificantes. Era pura opulencia.
Los pisos estaban hechos de mármol cremoso, mientras que grandes columnas, que combinaban, se ubicaban en las esquinas de la habitación. Las murallas estaban cubiertas por completo, con deslumbrantes mosaicos azules. Azulejos con patrones de hojas doradas se extendían entre el azul, enmarcando las puertas y ventanas. En el techo, el azul estaba diseñado para mostrar el cielo nocturno y los azulejos dorados formaban las estrellas. En varios lugares, a lo largo de las paredes, colgaban tapices que ilustraban intricadas escenas de batallas y mitos.
Bill pasó sus dedos por las suaves sábanas bajo su cuerpo. Eran del más fino algodón: suave, fresco y sedoso al tacto. Bajo donde él estaba, podía ver el palisandro labrado de la base de la cama. Toda la habitación estaba decorada con esa rica y oscura madera. En el centro del cuarto había una mesa con sillas, cerca de la ventana había bancas y había pequeñas mesas alineadas a cada lado de la cama. Un gran armario descansaba junto a una pared y hermosas pantallas de redes de madera, seccionaban una esquina de la habitación, como también la puerta directamente frente a la cama.
Cada espacio disponible, parecía haber sido llenado con hermosos objetos: floreros, candelabros y otras cosas decorativas cubrían las mesas y repisas. Y aun así, el cuarto no se veía sobrecargado, sino abierto y agradable. Bill pensó que era hermoso, pero no pudo evitar preguntarse, por el drástico cambio de sus circunstancias, ¿cómo había llegado de un aterrador calabozo a una habitación de palacio, como jamás había visto?
No tuvo que esperar mucho para preguntar, porque al siguiente instante las puertas se abrieron y entró el mismísimo ser que le rescató.
&
Tom no había dormido muy bien la noche anterior. Se lo pasó pensando en el chico al que había rescatado, preguntándose si ya había despertado; si estaría sufriendo. Bill. Y era casi molesto para el príncipe, pensar tanto en él. Pero ahora, razonó, por lo menos había causado que el chico que era de su padre, fuera suyo.
Tom arregló el frente de su túnica (hoy era verde) y se puso de pie. Acababa de terminar su desayuno y pensó que podría ir y ver cómo estaba su nuevo esclavo.
&
Bill trató de sentarse, cuando el príncipe entró en la habitación, pero fue detenido por una mano en la parte trasera de su cabeza.
—No deberías estar moviéndote. Tienes que estar quieto, para que tu cuerpo pueda sanar —Bill volvió a bajar, aguantando las ganas de quejarse por el punzante dolor. El príncipe se sentó en un banco al lado de la cama.
—¿Qué es…? ¡Ay! —Bill siseó cuando una costra se abrió en su espalda.
—Cuidado —el príncipe se apresuró a ayudar al chico—. Aquí, déjame…
—No, no. Estoy bien —aseguró Bill—, pero gracias —agregó, sintiendo que su negativa había sido un poco brusca. Finalmente, se volvió a recostar y se relajó un poco. Mirando de lado al príncipe, lo admiró por un momento.
Bill tenía un pequeño capricho con el príncipe, pensando que era extremadamente guapo. Aún después de su primer encuentro “no muy cordial”, se encontró soñando despierto con él, casi todos los días. Ahora, al mirar al príncipe que estaba sentado tan próximo, no pudo evitar notar los exquisitos detalles de su rostro, el cual nunca antes, había visto de tan cerca: sus ojos ambarinos, con reflejos dorados; su pequeño lunar en la mejilla; la curva de sus labios y la inclinación de sus ojos. Un sonrojo cruzó las mejillas de Bill, al darse cuenta de que le estaba mirando muy fijamente y que el príncipe le miraba de igual forma.
—Umm —Bill no estaba seguro de qué decir—. ¿Por qué está aquí? —Mentalmente hizo una mueca ¡Qué cosa más ruda de su parte! Afortunadamente, el príncipe sólo soltó una risita ahogada.
—Vine a ver cómo te sientes. Fuiste realmente lastimado —el príncipe lo miró con preocupación grabada en su rostro—. ¿Cómo te sientes? —Bill lo pensó. El doctor había regresado en la noche (aunque no estuvo consciente de eso) y le administró más medicamento para el dolor. Un palpitante dolor permanecía en su espalda, pero sólo ardía si se movía.
—No es tan terrible si me quedo quieto. —El príncipe asintió y miró por sobre su espalda lastimada. Bill estaba consternado al ver que el príncipe lucía un gesto lastimoso—. ¿Está… está muy mal? —inquirió con nervios. Los ojos del príncipe volvieron a los suyos.
—¡No! No, quiero decir… bueno. No puedo verlo, exactamente, con todas las vendas. Anoche lucía mal, pero el doctor te limpió bien y dijo que los cortes, no eran tan profundos. Estarás bien —le ofreció a Bill una sonrisa reconfortante, que respondió a medias.
Bostezando, de pronto Bill se dio cuenta de que estaba exhausto. Era gracioso, porque sólo había estado despierto un par de horas. Sintiendo que sus ojos pesaban, dijo.
—Lo siento, um… su alteza, pero estoy terriblemente cansado —articuló, no queriendo correr al príncipe de una de las habitaciones de su propio palacio. Afortunadamente, él comprendió lo que trataba de decir.
—No, por supuesto. Necesitas descansar. —Se puso de pie y giró, preparándose para irse. Y cuando cruzaba las puertas de la habitación, Bill lo llamó desde la cama.
—Gracias, su alteza. Por, ya sabe, salvarme y todo eso. —El príncipe sonrió.
—Me puedes llamar Tom. Y… “de nada” —Empujando las pesadas puertas, pensó en una última cosa importante que debía decirle al chico y regresando, le dijo—. Y Bill…
Bill paró sus orejas, escuchando atentamente, ya que no podía girar el rostro hacia el príncipe—. ¿Sí?
—Ya no tendrás que preocuparte por mi padre. He hablado con él, y tú ahora, has sido traspasado a mí. —Con esto, el príncipe cerró la puerta. Dejando a Bill preguntándose qué quería decir con “traspasado”.
& Continuará &
