Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 5 &
El repentino brillo en la cara de Mahtob y el que cambiara la dirección de su mirada, le indicó que alguien había entrado en la habitación.
—¿Cómo está esta tarde, mi señor?
Bill giró en su asiento, para ver al hombre del patio, de pie sólo a unos metros de distancia. El corazón del pelinegro dio un salto «El príncipe Tom» Pensó, ahora llevaba una toga azul marino con lo que parecía ser un brocado de seda. Las rastas, que previamente habían sido atadas en un ridículo nudo, ahora yacían detrás de sus anchos hombros, sostenidas por ganchos enlaminados de oro.
El reconocimiento de Bill de la figura de Tom, culminó abruptamente en su rostro, ya que sus facciones estaban cambiando rápidamente a un claro enojo.
—No está permitido que los hombres estén en el harem ¿Quién eres tú? —Tom demandó fuertemente.
Bill se hundió en su asiento, sin saber si debía disculparse, por la aparente ofensa que causaba su presencia, aunque era forzada. Y simplemente ofreció un…
—Soy Bill —esta observación pareció no satisfacer al hombre. Quien cogiendo al chico rudamente por el brazo, lo tiró hasta ponerlo de pie.
—¿Y qué crees que haces en estas habitaciones? ¿Cómo es que llegaste aquí?
Bill miró asustado hacia arriba, al hombre que lo sacudía y soltaba preguntas que no sabía cómo contestar.
—¡Respóndeme! —Bill gimoteó ante la ruda exclamación, tirando su brazo.
—¡No he hecho nada malo! —Retrocedió unos pasos, poniendo distancia entre él y el molesto príncipe. Mahtob vino desde atrás y lo sentó a su lado en el sofá. Mirando de nuevo a Tom, le explicó.
—Él vive aquí, su alteza. Es un esclavo del sultán —Tom la miró incrédulamente y alzó las cejas. Señaló al pequeño chico vestido de seda.
—¿Me estás diciendo que ÉL es un guardia? —preguntó con tono incrédulo. Mahtob rodó los ojos.
—Por supuesto que no. Él está aquí para el placer del sultán, concubina varón. —Las cejas de Tom se alzaron mucho más y notó que el pelinegro se encorvaba en sí mismo ¿Una concubina varón? Los labios de Tom se crisparon ¿Qué clase de placer estaba buscando su padre?
—Mira hacia acá —Bill levantó los ojos para encontrarse con su, ahora, divertida mirada. Tom ladeó la cabeza, examinando al chico—. Bueno, eres hermoso, creo —Bill miró hacia otro lado avergonzado—. Es sólo que no puedo creer que mi padre traiga a vivir al harem a sus intereses masculinos o incluso que los tenga.
Tom soltó una risita. Se quedó mirando al chico por largo tiempo, deleitándose más en su apariencia. Realmente era una cosa exquisita, pensó Tom. Cada uno de sus delicados rasgos te atraía. Esos labios… Tom se preguntó dónde habría podido su padre, encontrar un rostro así.
La seda sonó cuando Bill se movió en su asiento, incómodo ante tal escrutinio. Tom se dio cuenta de que nunca había visto ropas como las que el chico vestía. Parecían ser ropajes de hombre, pero el estilo cambiaba en varias formas. La bata amarilla estaba cortada en forma suelta, para cubrir los hombros del chico y caía en cascada hasta el suelo. Usaba muchas más yardas de tela, que cualquier cosa, que incluso el príncipe hubiera vestido. Debajo de esto, el chico vestía una larga túnica roja, que se ajustaba a su cuerpo y que terminaba bajo sus rodillas. Y también parecía haber un par de pantalones sueltos que calzaban bien. Sus pies estaban envueltos en unas pantuflas de suela blanda, que apenas se curvaban en el dedo.
Tom se preguntó si esto iba a ser “lo nuevo” ahora: mantener concubinas varones en el harem y vestiros como muñecas exóticas. Apartando la mirada del abochornado chico, se dirigió a su propia esclava.
—Ven, Mahtob, vamos a mi habitación.
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Tom se apoyó en su espalda, con la respiración agitada. Estiró su brazo, para que Mahtob se pudiera acurrucar a su lado, como le gustaba hacer después del sexo. Cuando pasaron unos momentos y ella no se movió para estar junto a él, giró su cabeza para ver qué estaba haciendo.
La chica estaba sobre su estómago, descansando la barbilla en sus brazos cruzados, con una sonrisa sigilosa adornando sus labios. Tom giró para estar de lado, enfrentando su sonrisa.
—¿Qué te tiene sonriendo, pequeña? —Los ojos de ella brillaron.
—Estaba pensando en la nueva concubina del emperador; Bill —dijo su nombre como tentándolo a él. Tom canturreó…
—¿Qué hay con él?
—Oh, nada. Sólo estaba recordando como lo mirabas hace un rato. —Los ojos de Tom se abrieron y luego se achinaron.
—¿Y cómo lo hice exactamente? —Mahtob se acercó susurrando.
—Como si lamentaras que tu padre lo hubiera encontrado primero. —A Tom no le gustó hacia dónde estaba llevando eso—. Es comprensible —continuó ella—, y creo que él también estaba interesado en t…
—Es suficiente, Mahtob —la voz de Tom fue suave, pero dura.
Mahtob instantáneamente se quedó en silencio, luciendo tímida. Su señor era amable, pero sabía reconocer una amenaza cuando la oía y también sabía que él no dudaría en castigarla, si se pasaba de la raya.
—Discúlpeme, mi señor —Tom la miró por un momento, luego rodó sobre su espalda suspirando. No se podía enojar seriamente con la chica por un par de palabras de más.
—Regresa a tus habitaciones.
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Cuando Mahtob regresó, Bill estaba sentado con Deena, tratando de entender las reglas del juego que estaban jugando en esos momentos, el cual él ciertamente sabía que estaba perdiendo. Levantando la mirada cuando la otra mujer pasó, recibió una sonrisa suya. Él retornó la sonrisa, pero de inmediato desvió la mirada. Aún se sentía incómodo, cuando se hacía evidente la razón por la que estaban allí.
—¡Jaque mate! —Mirando de nuevo el tablero, Bill suspiró. Estaba seguro que recordaba que esa palabra era mala.
Deena miró a Bill, mientras regresaba las piezas al pequeño cajón al lado del tablero. Y notando su triste expresión, le comentó.
—No te enojes sólo porque perdiste un juego. De hecho, jugaste bastante bien, para ser tu primera vez —Bill alzó las cejas—. Bueno, ok, tal vez no tan bien, pero aún tienes que aprenderte las reglas. Toma práctica —insistió. Bill asintió.
—Lo sé. No estoy enojado por el juego —dobló la bata con sus dedos—. Es sólo que no quiero estar aquí. No quiero que mi vida se convierta en esto. Esperando por ahí, hasta que algún… hombre, venga y me posea cada vez que le dé la gana. —Bajó la mirada hasta sus piernas y luego levantó la cabeza con los ojos grandes, dándose cuenta de que pudo haber insultado a una de las pocas mujeres en el harem que se había molestado en ser su amiga—. Quiero decir… no quise. Yo, no quise decir eso.
—Bill, está bien. Sé lo que quisiste decir —Bill aún lucía preocupado, temeroso de haber causado alguna ofensa, pero se calmó un poco, al ver que no había señal de enojo en el rostro de Deena. Ella lo contempló y le dio una amable sonrisa.
—Mi vida no se trata de esperar a que el príncipe me llame a sus habitaciones —Bill se movió para interrumpir y decir que no necesitaba explicarlo, pero ella levantó la mano, silenciándolo—. Tengo mi propia vida aquí. Tengo amigos, intereses. Cada día de mi vida tiene un propósito y ese no es su alteza. Despierto para hacer las cosas que quiero hacer y me divierto —con esto, ella giró su cabeza un poco y asintió levemente—. Es cierto, a veces el príncipe requiere que vaya con él, pero esa es sólo una de las cosas que hago en mi vida. No es el centro de ella.
Al ver que el pelinegro no estaba convencido, se acercó a él.
—¿Sabes lo que hice ayer, Bill? —Él sacudió la cabeza para indicar que, no, no lo sabía—. Fui a la colección de animales y le pedí al adiestrador que sacara las aves grandes. Pasé toda la tarde, pintándolas en el jardín —notando el interés en el rostro de Bill, ella ofreció—. Hay una habitación completa con mis pinturas ¿Te gustaría verlas? —Los ojos del chico brillaron.
—Sí, por favor
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El día siguiente, encontró a Bill en los jardines. Después de haber visto todos los animales que eran los temas de las pinturas de Deena, Bill rogó que le permitieran ver de cerca, a los animales de la colección. Y así, muchas horas después, los jardines amurallados del harem, albergaban casi dos docenas de risueñas concubinas, mientras se entretenían con los cachorros de tigre y de león, y con los muchos monos, y el panda rojo, incluso con el bebé elefante, al que estaban animando dos chicas, a arrojar agua de la fuente con su trompa.
Bill pensó que no había dejado de sonreír desde que llevaron a las pequeñas criaturas. Él estaba sentado con Mahtob y Nephthys bajo un árbol, sobre una manta en el pasto. La luz del sol atravesaba los doseles de arriba, dibujando un brillo verdoso a través de la niebla de la tarde.
El tro tenía toda su atención en el regazo de Bill, donde estaba un rizado orangután rojo. El bebé mono tenía largos y delgados brazos y piernas, un estómago pequeño y gordo y dos pequeños ojos negros, traviesos. La criatura estaba sobre su espalda, con sus brazos agarrando uno de sus pies, el cual pensaba comer.
—Hey. ¡No hagas eso! —Bill se rió y trató de quitar el pie de la boca del tonto animal. El mono rápidamente abandonó su propia extremidad, decidiendo que la mano pálida que le ofrecían, era algo mucho más sabroso que chupar. Bill sonrió, pero pronto chilló y exclamó con ligero dolor. Una vez que Nephthys, le hubo quitado la bola de pelo, le soltaron la mano y Bill acarició su miembro herido.
—¡No sabía que el pequeño demonio tuviera dientes! —Hizo un puchero. Nephthys y Mahtob estaba muertas de la risa. Bill las miró molesto—. ¡Hey! ¡Me duele! —Les acercó la mano, para mostrarles sus heridas. El mono de los ojitos negros, luchaba en los brazos de la sirvienta, para agarrar de nuevo la mano. Bill la levantó, con un gritito de alarma. Esto hizo reír aún más fuerte a las dos mujeres. Bill se enderezó, resoplando ante la indignante burla de sus compañeras.
—No es gracioso —protestó, pero las orillas de sus labios se curvaban ante lo gracioso de la situación. La risa de sus compañeras se apagó por un breve segundo, antes de que las risotadas regresaran, con muchas más fuerzas y ya los tres reían abiertamente.
La visión de los tres amigos riendo, sentados a la sombra, saludó a Jorg, cuando entró a los jardines.
& Continuará &
Notas de MizukyChan:
OMG Jorg vio a Bill feliz en el jardín. ¿Qué pasará ahora? Si Tom vio que Billito se ve precioso en el harem, es obvio que Jorg ahora querrá ponerle las garras encima al pelinegro. Waaa no se pierdan la continuación.
