Dos Condiciones 8

& Capítulo 8 &

Andreas esperaba impaciente en la cocina. Estaba tan nervioso que se puso a preparar comida como para cuatro personas, e incluso hizo un pie de manzanas para el postre.

Luke llegó a casa, estaba tan cansado que lo único que deseaba era irse a la cama.

¿Luke? —llamó Andreas, al oír que su hermano llegaba—. Luke, ya tengo la cena lista. Ven aquí.

El menor caminó hasta allá—. ¿Y cuál es la ocasión?

Solo fue simple nerviosismo. —Andreas dejó salir una risita nerviosa.

¿Y por qué razón? —preguntó el menor.

Por lo que pasó en la escuela… Tú me llamaste, no pude evitar preocuparme —respondió su hermano.

Oh, sí. Los profesores no me creen, porque toda la clase los respalda. Estuve a punto de meterme en problemas, pero el mismo Bill abogó por mí, me pregunto por qué. —Gruñó.

Tal vez le gustas —comentó Andreas, sin estar seguro de sentirse feliz o deprimido.

Lo besé.

El mayor estalló en risotadas—. ¿Tú, qué?

Lo besé… luego, cuando iba caminando hacia mi siguiente clase, vi a Bill salir llorando y… a Tom ignorándolo.

Buen chico. —Andreas desordenó el cabello del menor y luego besó su cabeza.

¿Está mal…? —La verdad es que Luke, nunca antes había pensado estar con un chico… pero ahora quería otro beso… y tampoco de una niña.

¿Qué cosa está mal? —preguntó el mayor.

Que me guste un chico… que quiera besar a un chico. —Estaba tan confundido.

No. ¿Por qué sería malo? —Andreas acarició la espalda de su hermano levemente, con una sonrisa perversa formándose en sus labios.

Luke bajó la mirada—. Es solo que… todo el día he estado pensando en cómo sería… besar a un chico que quiere besarte… y eso me ha hecho pensar mucho sobre mi sexualidad.

Oh, pero ya sabes que yo te voy a amar igual, así que no te preocupes por eso. —Andreas usó cierta palabra por un propósito.

Pero Luke no se dio cuenta del verdadero significado de la oración—. Lo sé, Andi… es solo que no entiendo por qué me siento así… quiero decir… que a mí siempre me han gustado las chicas.

¿Quizás te gustan ambos?

Tal vez, aunque dudo que algún día lo sepa… después de lo que le he hecho al Señor Kaulitz, dudo que alguien venga y me diga “Hey, Luke, ¿nos besamos?”

Andreas se arrodilló en frente de su hermano, para que sus rostros estuvieran al mismo nivel—. ¿Por qué no?

¿Por qué querrían hacerlo? He tratado de seducir a un profesor… y tampoco soy guapo… Gah… no he tenido una novia, desde que tú obligaste a esa chica a salir conmigo, hace tres años.

Tú eres guapo. Si no fuera tu hermano, yo saldría contigo. —Bromeó el mayor.

Ja, ja, muy gracioso. —Luka rodó los ojos y se levantó para irse.

Hey, no te vayas, todavía no hemos comido.

Ya no tengo hambre. —Suspiró, tomó sus cosas y se dirigió a su habitación.

Luke —llamó Andreas, siguiendo a su hermano—. ¿Luke, qué pasa? Lo dices como si fuera algo malo, como si yo estuviera burlándome.

Sí, eso es lo que soy para todos, ¡un chiste! —Era cierto… su clase lo había humillado, su hermano lo estaba obligando a separar a su profesor de su marido.

Hey, hey, cálmate, sabes que eso no es cierto. Para mí tú no eres un chiste. —Abrazó al menor.

Luke sintió como si quisiera gritar “Sí claro, Andreas”, pero no lo dijo.

Andreas besó el cuello de su hermano, esperando a que el pequeño se quebrara antes de hacer muchas más cosas. Un Luke dependiente era mucho más fácil de manipular que uno irritable.

El menor soltó una respiración temblorosa—. ¿A… Andi?

¿Sí? —murmuró en el cuello del pequeño, haciendo cosquillas en la piel con su aliento.

¿Qué estás haciendo? —preguntó con la voz bajita, que sonó como si un gemido se hubiera ahogado en las palabras.

¿Qué case de pregunta es esa? Sabes lo que estoy haciendo. —Y para probar a su hermano, lo hizo de nuevo. Besó el cuello del otro.

¿Pero por qué? —En la mente de Luke, estaba luchando para no rendirse ante Andreas, pero su cuerpo le decía otra historia… Volteó el rostro hacia un lado, dándole al mayor mejor acceso a su cuello.

¿Necesito una razón?

Sí… estás besando mi cuello. —Su miembro había comenzado a endurecerse.

¿Qué razón necesito? Tú eres mi hermano y puedo besarte cuando estás triste —respondió el mayor, sin embargo, mantuvo cierto tono juguetón en su voz.

Parece que estás haciendo más que eso. —Estaba a punto de derrumbarse ahora.

¿Qué quieres decir, Luke? —preguntó el rubio, cuando “accidentalmente” tocó la erección del menor con su rodilla.

Luke siseó, eso se sintió demasiado bien.

¿Luke, qué es eso? —cuestionó Andi, pero él lo sabía demasiado bien. El mayor tenía una sonrisa perversa en la cara.

—… no es nada. —Mintió descaradamente, aunque él sabía que Andreas sabía lo que era.

Luke… —Para esos momentos, Andreas sabía que el menor era pudín en sus manos.

¿S-sí Andreas?

No me mientas.

Creo que ya lo sabes. —Luke desvió la mirada.

Andreas arrugó la nariz de asco, pero lo hizo imperceptiblemente, luego, volvió a poner la sonrisa de lado—. Sí, yo también lo creo.

El menor miró lejos—. ¿Por qué…? —Fue todo lo que quería saber. No sabía qué más hacer.

¿Por qué, qué?

¿Por qué me está pasando esto a mí?

¿Por qué crees tú? —Andreas se estaba cansando de tener la sonrisa en su rostro, pero un hombre tenía que hacer lo que le tocaba hacer.

No lo sé. —Se dio la vuelta, ya no estaba tan seguro de Andreas, pensaba que el mayor estaba jodiéndolo.

No había pasado ni un segundo de que le diera la espada a su hermano, quien lo miraba con un brillo extraño en los ojos y este dijo—. Te hice una pregunta y tú sabes la respuesta.

¡No lo sé! —Luke se quebró. Y estaba listo para llorar si tenía que hacerlo… No tenía idea qué le estaba pasando a él, o a su cuerpo.

¿Qué lo causó? —preguntó Andreas, dando palmaditas cariñosas en la cabeza de su hermano, dejando que sus dedos se enredaran en los mechones rubios.

El menor alzó la mirada y se mordió el labio, no sabía qué hacer; no estaba enamorado de su hermano… ¿cierto?—. Cuando estabas besando mi cuello.

¿Qué hay con eso?

Eso me excitó. —No podía mentir.

Andreas continuó acariciando el cabello del pequeño—. Sabes que yo no te juzgaré. Te amo sin importar que. —Afirmó.

Me tengo que ir… —Retrocedió y se escapó.

Andreas hizo una mueca, sabiendo lo que su hermano haría en el baño. Hace un tiempo se había enterado que su hermano reaccionaría así. Desde que lo vio teniendo ese sueño, aun así, nada lo había preparado para ese momento. Notando que su hermano no había cerrado con llave la puerta del baño, se obligó a poner una sonrisa perversa en la cara y, luchando contra las ganas de vomitar, abrió.

Luke estaba completamente sonrojado, mientras lentamente envolvía su erección con la mano. Se estaba portando tímidamente y no sabía por qué.

Luke… —Andreas murmuró desde el umbral.

El menor volteó el rostro rápidamente hacia la puerta, mientras sus manos trataron de volver a esconder su pene—. Ah… ¿qué?

Dije que no te juzgaría. No trates de esconderte.

Con mucha rapidez, Luke se subió el cierre de los pantalones.

El mayor suspiró y se movió hasta su hermano, volviendo a bajar el cierre y luego, miró al adolescente.

¿A-Andi? —preguntó dudosamente. Su cara se calentaba cada vez más. Luke estaba muy confundido con lo que su hermano estaba haciendo.

Hazlo. Ambos sabemos que quieres hacerlo.

El menor lo miró, no podía hacerlo si Andi estaba mirando—. Yo… no puedo. —Se sonrojó furiosamente al ver su erección fuera de los pantalones.

¿Por qué? —Andreas se lamió los labios.

¡Porque me estás viendo!

¿Y? —«Tal vez quiere que se lo toque, jodido pervertido» Pensó Andreas.

El menor sabía que no se podía discutir con su hermano, así que estiró la mano y envolvió su miembro.

Andreas sonrió—. Eres tan lindo. —Luego se acercó más y otra vez besó el cuello del menor.

Luke se sintió enfermo. No podía hacerlo mientras Andi estuviera viéndolo.

El mayor, al darse cuenta de la incomodidad del pequeño, de un manotazo alejó la mano de Luke y la reemplazó con su propia mano, tragándose el orgullo. Su objetivo final valía el esfuerzo.

El menor lucía confundido, ni siquiera sabía lo que estaba pasando… hasta que Andreas comenzó a moverse. Y tuvo que morderse los labios.

No te reprimas.

Luke estaba preocupado y se veía en su cara, así que Andreas hizo todo lo que pudo para borrar esa expresión. Y lo que hizo fue exactamente acelerar la mano.

El menor gimió, no pudo evitarlo.

Andreas sintió que algo malo tiraba en su estómago, pero no le hizo caso y continuó dándole placer a su hermano. Podría lidiar con sus dolores estomacales luego.

Luke posó su cabeza en el cuello del mayor—. Andi…

¿Qué?

Se siente bien —dijo en un gemido.

¿Oh, sí? ¿Qué tan bien? —Lo provocó.

Muy bien. —Luke arqueó la espalda.

Hazlo. —El mayor alentó a su hermano a correrse en su mano.

Luke aguantó unos cuantos tirones más antes de correrse—. Andi —susurró con la voz ronca.

Andreas evitó poner una mirada de asco, mientras se limpiaba la mano en la cadera de su hermano—. ¿Te gustó?

¿Por, por qué hiciste eso?

Porque tú lo quería —respondió, alzándose de hombros.

No tenías que tocarlo… —dijo sonrojándose.

Andreas se mordió el labio. Ahora era el momento de actuar en forma inocente—. Lo siento… yo… —Cerró los ojos muy apretados, como si se escondiera de la mirada de Luke.

¿Tú?

El mayor suspiró—. Pensé que querías… lo siento.

Me las habría arreglado, Andi. —Ahora se sentía mal. No había querido obligar a Andreas a hacer algo que no quería hacer.

Sí, lo sé, pero… —El mayor se sonrojó y mentalmente se estaba golpeando por ello. ¡Nunca quiso sonrojarse, por el amor de Dios!

¿Pero?

Da igual —murmuró Andreas y dejó el baño. Se sentía avergonzado y su vientre estaba sintiendo cosas raras. No quería vomitar frente a su hermano.

Luke suspiró—. ¿Qué acaba de suceder?

&

Hey, vamos a casa, bebé. —Tom sostuvo a Bill por la cintura y lo guió al coche—. Haré la cena para los dos, ¿está bien?

¿Pollo? —Pidió el pelinegro, caminando delante del otro.

Claro, cielo. —De pronto Tom lo volteó y lo abrazó apretadamente—. Nunca más te vayas así. Nunca antes había estado más asustado en la vida.

No me fui… tú me dejaste, si recuerdo correctamente —intentó decir Bill, sin ponerse a llorar.

Pero te dejé en un lugar en que sabía que estarías a salvo. —Tom tragó visiblemente—No te iba a dejar, solo iba a donde mi mamá, para hablar con ella, estaba tan asustado de que te hubieras aburrido de mí.

Pufff, ¿aburrirme de ti…? ¿No has visto el sexo que hemos tenido últimamente? No he visto nada como eso en ninguna parte. —Rió, presionando un beso en la mejilla del otro. Aunque por dentro, todavía estaba herido.

Tampoco es que estuvieras buscando algo así en algún otro lugar —dijo Tom, tratando de mostrarle con sus palabras a Bill, que confiaba en él.

En los canales porno, tío… todavía ando buscando algo creativo para nuestra próxima ronda. —El pelinegro se rió—. Vamos… compré un nuevo vibrador para nosotros y quiero que lo usemos. —Se sonrojó.

¿Cuándo lo compraste? —preguntó el trenzado, sonrojándose un poco también.

Un par de días atrás —respondió con una sonrisa.

Quiero hacer algo por ti, Bill. No sabes lo mucho que lo siento.

¿Oh, en serio? ¿Y qué tienes en mente?

Lo que quieras hacerme —respondió el menor.

Tomi, no tienes que hacer nada por mí. —Agregó Bill.

Pero quiero hacerlo. —Aseguró. Le habría mostrado a Bill cuanto quería hacerlo, pero en esos instantes estaba conduciendo.

Entonces muéstrame. —Bill sonrió.

Estoy manejando, Bill. Todavía no quiero estrellar el auto, es muy lindo.

El pelinegro se rió levemente—. No me digas que va a ser tu nuevo amor… te recuperas pronto Señor Kaulitz-Trümper… Oh, más vale que llame a papá… —susurró la última parte.

¿Llamar a papá? Nah, él puede esperar hasta que te folle tan rico que se te apaguen las luces. —Bromeó Tom.

Mhmh, si es una promesa. —Gimió el otro.

Es una promesa. ¿Pero por qué tienes que llamar a tu papá? ¿Pasó algo?

Bueno… puede que le haya dicho que me iba a cambiar de casa.

¿Tú, qué? —Tom detuvo el coche abruptamente, sin importarle que el que venía detrás de él, tocara el claxon como loco.

¡Pensé que me habías dejado! —Bill estaba a punto de ponerse a llorar otra vez.

¡Nunca te dejaría! Solo necesitaba tiempo para pensar. Dios, ni siquiera ibas a esperar a ver si podíamos arreglar las cosas. —Tom afirmó. Volvió a encender el vehículo, pero estaba mucho más deprimido esta vez.

Con lo que escuché hablar a Gustav y Georg… tienes suerte, Tom. ¡Tú puedes ir con mamá! ¡Mis padres viven ahora en Inglaterra!

¿Qué fue lo que dijeron Geo y Gus? —preguntó el trenzado. Él sabía que tenía suerte de tener la casa de su madre cerca y fue por eso que dejó a Bill con sus mejores amigos.

¡Dijeron que tú habías dicho que yo huiría con algún otro chiquillo! ¿Cómo crees que me sentí? ¡Que tú no confiabas en mí! —Los ojos de Bill nuevamente habían empezado a gotear—. Detén el auto…

Bill, no voy a papar el coche hasta que lleguemos a casa. Vine por ti. Y ya dije que lo sentía. Ya te expliqué cuales eran mis temores y que confío en ti. ¿Qué más quieres? —dijo Tom, apenas conteniendo sus nervios.

Que de verdad lo creas… miro en tus ojos y ellos me dicen algo diferente, Tom.

Entonces mira otra vez o cómprate lentes, Bill, porque estás leyendo mal lo que dicen mis ojos. Solo quiero irme a casa y estar contigo.

El pelinegro suspiró, sabía que el otro estaba herido, pero él también lo estaba… Porque sabía que Luke no iba a detenerse, por lo menos no todavía.

Solo confía en mí, Bill. He cometido errores, pero estoy tratando de repararlos —dijo Tom, estacionando el auto, fuera de su casa.

Algunas veces olvido que aún no eres un adulto. —Le tiró las trenzas al menor.

¡Pero soy un adulto! —Gritó Tom. Sí, demasiado para mostrar su madurez.

Punto probado. —Bill rió.

Da igual. Tú ve a disfrutar tu nuevo juguete, mientras yo alimento a los gatos —dijo el trenzado bajando del coche, fingiendo indignación.

Bill extrañaba a los gatitos—. Pero lo compré para ti…

¿Qué cosa es? —Preguntó Tom, girando, con una gran sonrisa en el rostro.

Bueno, te pones el vibrador en… pero antes de encenderlo… te pones estas cosas que parecen cuerdas en los testículos… y cuando lo prendes… bueno, vibra y también masajea tus bolas, de esa forma te atrapa completamente en el placer.

¿Y qué hay de ti? —Tom estuvo a punto de gemir cuando sus bóxers rozaron su miembro, que ya se estaba endureciendo.

Es que, yo soy tu esclavo, mi amo.

¿Crees que pueda tomar ambas posiciones? —Tener algo dentro de él, mientras follaba a su esposo… probablemente se correría más rápido que nunca.

Si eso es lo que quieres, eso es lo que tendrás. —Bill sonrió—. Sin embargo, me prometiste follarme bien rico, hasta que viera luces.

Más bien era, follarte hasta que se te apagaran las luces. —Tom citó sus propias palabras—. Quizás te pueda hacer el amor muchas veces y así podrías ver la luz —dijo y le dio un guiño.

Yo no me quejo. —El pelinegro sonrió.

Tom abrazó a Bill mientras buscaba las llaves en sus pantalones—. No sé qué habría hecho si te hubieras ido a Inglaterra. Te amo demasiado, Bill —dijo y luego, elevó la mano en el aire con las llaves, en forma victoriosa.

El moreno se rió, pero luego soltó un suspiro—. Lo sé y lo siento. Es que pensé que me habías abandonado…

Bueno. —Agregó el menor, abriendo la puerta—. Olvidémonos de eso, ¿está bien? Nunca te abandonaría, Bill. Te amo y tú me amas, todo va a estar bien.

El pelinegro asintió, pero en su mente sabía que todavía no había terminado.

Tom soltó una risita—. No solo muevas la cabeza, ¡créelo! —Empujó a Bill dentro de la casa, besándolo.

El mayor correspondió el beso, extrañaba la lengua de Tom en su boca—. Mi niño fetichista. —Bromeó, queriendo que el trenzado de verdad quisiera castigarlo.

Tom gruñó en el beso, besando más fuerte, casi dolorosamente. Él NO era un niño.

Bill gimió, presionándose contra la puerta.

¿Lo quieres duro? —preguntó Tom tras alejarse un poco, para frotarse contra su esposo. Estaba duro y quería que el otro lo notara.

Ohh, sí. —gimió el pelinegro, de hecho, él también estaba duro.

Tom los llevó a tirones hacia la cocina—. Quítate la ropa. —Ordenó.

Bill se quitó la playera y se sacó el cinturón igual de rápido.

Entre tanto, el trenzado buscaba algo que pudiera usar como lubricante. Abriendo el refrigerador, sonrió. La mantequilla les serviría. Y luego vio la mermelada de frutilla.

¿Ya te desnudaste? —cuestionó, escondiendo los dos artículos detrás de su cuerpo.

Bill asintió—. Sí. —Estaba sentado en la mesa, con sus piernas bien abiertas, masajeando su erección.

Joder, Bill. —Gruñó Tom. Abrió el frasco de mermelada detrás de su espalda y luego, dejó caer un poco sobre Bill—. Oh, parece que te ensuciaste —dijo juguetonamente a su esposo.

Parece que sí. —La voz del pelinegro era oscura. Ahora definitivamente estaba cachondo.

Tom le echó un poco más, pero esta vez, sobre la polla—. ¿Quieres que lo limpie?

Oh, sí, por favor —dijo Bill, soltando una linda risita.

El trenzado bajó la cabeza, dando lamidas a la piel endulzada, gimiendo de gusto mientras lo hacía.

Bill llevó sus piernas alrededor de Tom—. Yo… no creo que esta mesa me vaya a aguantar.

El menor comprendió y levantó a su esposo en brazos, llevándolo hasta el mueble de junto—. Aquí. —Y con eso resumió su limpieza.

El moreno gimió, su miembro estaba rojo y no sabía cuánto tiempo duraría.

Mhm. —Gimoteó Tom—. Ahora estás limpio, voltea.

Bill se apoyó en sus rodillas, quedando en cuatro.

No, solo dóblate sobre el mueble. —Mandó su marido.

El pelinegro se deslizó para bajar del mueble, haciendo chocar su pene con un cajón—. ¡Ouch!

No te preocupes, bebé. Yo me encargaré de eso —dijo el trenzado, acariciando el miembro lastimado.

Bill gimió—. Tommm… Creo que hay gente… mirándonos… en el jardín. —Gimió otra vez.

¿Qué? —El menor dio una mirada por la ventana. Sip. Había gente que no pudo identificar, mirándolos en el jardín. Enojado, corrió las cortinas y salió de la casa—. ¡SALGAN DE MI JODIDO JARDÍN! —Gritó.

Bill se rió, pues reconoció algunos chicos de la escuela, especialmente al que se sentaba al final del salón, para masturbarse.

Dije ¡SALGAN! —Nuevamente Tom le gritó a los jóvenes. Pero su intensa erección, que formaba una gran carpa en sus pantalones, le quitó seriedad a sus palabras.

Uno de los chicos se negó a irse.

Joder, escúchame, o te vas, o vienes y te unes a nosotros… ¡en una orgía sádica, llena de sangre, gusanos y necrofilia! —Lo amenazó Tom.

El chico sonrió y caminó en dirección al trenzado—. Seguro.

¿Qué? —pregunto Tom, sin podérselo creer—. ¡Se supone que te mearías en los pantalones, gritarías llamando tu mamá y saldrías corriendo!

Nah, me gusta el gore. —El joven sonrió.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Se viene el “sexo de reconciliación” y con el juguete nuevo que compró Bill para su esposo. Estos golosos se lo pasan haciendo lemonada para nosotros. ¿Y qué opinan de Andreas? Está tratando de seducir a Luke, para que siga con sus estúpidos planes. ¿Alguien quiere golpearlo? Aparte de psicópata, ahora es un incestuoso.

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