OMG. Hoy pasa algo increíble, así que no pierdan tiempo aquí y vayan a leer. ¡Ahora!
Letters from Home (By Elvisfan)
Capítulo 11
14 de junio, 2011
Silenciosamente, Bill maldijo al inventor de las incómodas sillas de metal, mientras se removía en su sitio, por lo que parecía ser la centésima vez. Ya era suficientemente malo que tuvieran que aguantar a los estúpidos discursantes invitados, sumada a una nota “motivacional” por parte del director, pero que su apellido comenzara con la letra “T”, hacía que la espera para tener el diploma en sus manos, fuera eterna. Tampoco era que pudiera simplemente irse, después de que lo recibiera, pero por lo menos haría toda esa espera más soportable. Georg era un suertudo, sólo tendría que aguantar hasta la letra “L”.
Bill se fue a las nubes, mordiéndose las uñas mientras trataba, una vez más, de no pensar en el hecho de no haber recibido un mail de Tom. Había recibido su carta un par de días antes y… sí, había saltado de arriba abajo, un poco. No queriendo correr riesgos, le envió un mail de vuelta inmediatamente, felicitándolo y diciéndole que no podía esperar a verlo. Y sin embargo esa mañana, no había nada en su bandeja de entrada.
«Probablemente está realmente ocupado» razonó Bill en su mente «Está allá por trabajo, después de todo. Seguramente está perfectamente a salvo, aprovechando el tiempo para dormir un poco»
Levantó la mirada a los afortunados bastardos que tenían apellidos con “A” y se ponían de pie. Luego sus ojos fueron más allá, hasta el reloj de la pared, al fondo del gimnasio. En esos momentos eran las 4:15, lo que significaba que probablemente eran cerca de las 4:00 am en Afganistán. Donde Tom estaba. Perfectamente bien. Posiblemente dormido.
Buscando y encontrando una nueva y más cómoda posición, Bill cruzó los brazos con la esperanza de salvaguardar sus uñas y tratar de concentrarse en la gente en el escenario.
Treinta tortuosos minutos después, Bill estaba esperando su turno en las escaleras. Estaba pinchando la espalda de Emily, su amiga de la clase de Español, para mantenerse distraído. Emily obtuvo su diploma y estrechó las manos del director, y luego era el turno de Bill. Cogió su propio diploma, brevemente sujetó la mano sudorosa del director y estaba listo. Sonriendo orgullosamente, buscó el rostro de su madre entre la multitud, mientras regresaba bajando los escalones. Se quedó a mitad de camino, cuando se topó con un uniforme familiar, con un parche rojo y amarillo en el brazo.
¡Era Tom! Justo ahí, en la segunda fila. No en Afganistán, no durmiendo. Estaba justo ahí, en el gimnasio de la escuela, respondiendo la mirada de Bill, portando una sonrisa en su rostro.
Alguien susurró su nombre fuertemente, y volteó para ver a otros dos graduados en la escalera, detrás de él. Bill se sacudió de su parálisis temporal y continuó bajando los escalones, mirando otra vez a Tom, durante todo el trayecto hasta su asiento.
Sentándose, se apoyó en la persona que estaba a su lado, hasta que pudo volver a ver a Tom, quien aún estaba sonriéndole, posiblemente muy divertido por lo tonto que estaba actuando. Miró al escenario, el director estaba detrás del pódium. El chico movió sin cesar el pie, esperando a que el hombre insoportable se diera prisa.
Todo terminó un par de minutos después. Unas pocas palabras más de “motivación” de parte del director y luego el aire se llenó de gritos de júbilo y un mar de birretes. ¡Era libre!
Bill se desabrochó la túnica e inmediatamente fue abrazado por la chica a su lado, cuyo nombre no podía recordar en esos momentos. Captó la visión de Tom otra vez y no le quitó los ojos de encima, hasta que lentamente hizo su camino hacia él, esquivando abrazos y palmadas de sus compañeros.
—¡Billy boy!
Hizo una mueca ante el sonido de ese apodo, mientras Georg corría hasta él, preparado para un abrazo “rompe huesos” muy varonil. Bill intentó no lucir muy serio, cuando estiró la palma al frente.
—Geo… sólo, dame un segundo.
Un par de pasos más y vio a Tom ponerse de pie. Luego su madre apareció a su lado y lo envolvió en un abrazo.
—¡Estoy tan orgullosa de ti, cariño! —dijo brillantemente, llena de satisfacción.
—Gracias mamá —Bill sonrió—. Umm, dame… un segundo, ¿ok?
—Oh. Okey, estaré justo aquí.
Un par de pasos más y estaba mirando directamente a los ojos del hombre al que le había estado escribiendo por nueve meses. Tom lo miraba fijamente, con una expresión de dos cosas: felicidad e incredulidad evidentes en su rostro.
A menudo, Bill había pensado en lo primero que le diría cuando tuvieran la oportunidad de encontrarse y al estar ahí, a un pie de distancia, sólo se le ocurrió una cosa.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Tú me invitaste —respondió Tom, su sonrisa nunca vaciló.
—Lo sé, pero… pensé… el 28 ¡Oh, Dios mío! —Dio un paso y cerró la pequeña distancia entre ellos y llevó sus brazos alrededor del cuello del mayor. Su sonrisa creció al sentir los brazos de Tom envolverlo apretadamente—. ¡Estás en casa!
—Estoy en casa.
—¿Por qué no me dijiste que ibas a venir? —preguntó el pelinegro al separarse.
—Pensé que te sorprendería —contestó el mayor—. Descubrí que la verdadera fecha de mi regreso era antes de tu graduación, así que… simplemente tuve que hacerlo —Tom tragó el nudo en su garganta, al ver que su mano parecía pensar por sí misma y se estiraba lo suficiente, para acariciar con sus dedos la línea de la mandíbula de Bill—. Es… realmente muy bueno verte.
—Sí, también es bueno verte —Bill exhaló. Bajó la mirada al suelo, tímidamente, antes de regresar la vista al rostro sonriente de Tom—. Es un poco… difícil de creer.
—Te prometo que soy real —respondió Tom. Observó sobre el hombro del pelinegro, a las miradas curiosas dirigidas en su dirección—. Tienes algunas personas que están esperándote.
Bill miró hacia atrás a su madre, Georg y Natalie, estaban todos de pie y ni siquiera intentaban disimular que estaban espiando a la pareja.
—Okey. Um, no te vayas a ninguna parte, ¿ok?
—No lo haré. Toma tu tiempo.
Bill regresó a los otros, sonriendo avergonzadamente.
—¿Visitante sorpresa? —preguntó Georg.
—¿Es él? —preguntó emocionada Natalie—. ¿Y existe la posibilidad de que tenga un hermano gemelo que no sea gay?
—Sí —Bill asintió—. Y no.
—¿Bill, quién es…? —preguntó su madre.
—Él es Tom. A quien le he estado escribiendo.
—¿El marine? ¿Y vino aquí sólo para verte?
Bill asintió otra vez y los ojos de su madre se ampliaron al darse cuenta de la situación.
—Bueno, esto es interesante.
—Mami. Te prometo que te contaré todo sobre esto. En serio lo haré. Pero ahora, yo sólo…
Su madre lo cortó con un abrazo—. Entiendo, cariño. Estoy sorprendida, pero entiendo.
Bill dio una mirada a su alrededor y finalmente notó a la persona que faltaba.
—¿Mamá, dónde está papá?
—Él… dijo que estaba atrapado con mucho trabajo.
—¿Demasiado para siquiera intentarlo, eh? —contestó el pelinegro, claramente molesto.
—Lo sé. Estarás apurado para cambiarte y arreglarte cuando llegues a casa, pero tú y yo hablaremos de eso mañana. Y también sé, que no tengo que repetirte que no conduzcas a ninguna parte, si vas a beber esta noche.
—Sí, señora —Bill sonrió y le hizo adiós con la mano, después de un último abrazo.
—¡Preséntanos! —Natalie chilló tan pronto como Simone se fue.
—Oh, está bien —Bill suspiró, guiándolos hasta su invitado sorpresa. Se puso de pie junto a Tom y les presentó a Georg y a Natalie.
—He escuchado mucho de ustedes, chicos —Tom sonrió educadamente—. Mucho gusto.
—Igualmente —Natalie sonrió bobamente, claramente impresionada con lo que estaba viendo. Giró la cabeza al oír que alguien decía su nombre y luego rodó los ojos—. Mi mamá me está gritando. Adiós chicos, nos vemos esta noche.
—¿Bill, igual… vas a venir esta noche? —preguntó Georg, mirando entre él y Tom.
—¡Oh! Eso creo —El pelinegro se mordió el labio al toparse con la mirada interrogante de Tom.
—¿Qué hay esta noche?
—Un amigo nuestro va a hacer una gran fiesta —explicó el pelinegro—. Pero no tengo que…
—No cambies tus planes sólo porque estoy aquí —dijo el mayor—. Sé que no me esperabas.
—Tú también puedes venir, si quieres —agregó Georg.
—Bueno —Tom alzó una ceja a Bill—. Estoy libre esta noche… si quieres que vaya contigo.
—¡Seguro! —Bill respondió sonriendo ampliamente.
—Genial. Entonces los veo a la noche. Tom, un gusto en conocerte —Georg le dio la mano al hombre más alto.
—Un gusto, Georg.
—¡Oh! —exclamó Bill después de que el castaño se fue—. ¡Aún tengo que ir a casa a cambiarme! ¡Se supone que me iría con Geo!
—Qué bueno que tenga transporte, ¿eh? —Tom le sonrió.
—¿No te molesta? —indagó Bill, mientras lentamente salían del gimnasio.
—Para nada. Puedo llevarte y luego puedo ir a casa a cambiarme también —Tom se puso la boina tan pronto como salieron—. ¿A qué hora debería recogerte? —Como si fuera algo muy normal, tomó la mano de Bill, mientras caminaban hacia su camioneta.
—Como las ocho, creo —contestó el pelinegro, tratando de no mostrar demasiado, lo feliz que le hacía la otra mano en la suya. Escondió otra sonrisa, al ver que todos los que estaban en el estacionamiento los miraban—. Se supone que todo comienza a las ocho, pero la gente probablemente estará entrando y saliendo toda la noche. No tenemos que quedarnos demasiado, si no quieres.
—Lo que sea que tú quieras, estará bien.
—Entonces, ¿cuándo volviste a casa? —preguntó Bill, cuando el mayor se ubicó en el asiento del conductor.
—De hecho, tres días atrás. Sin embargo, primero quería visitar a la mamá de Gustav, ya sabes, antes de volver a casa. Tenía pavor de hacerlo, pero era algo que tenía que hacer, ¿sabes? —Tom le dio una mirada al menor, al moverse por la calle indicada.
—Oh, definitivamente.
—Luego me vine a mi casa, a ver a la familia…
—Y a Sampson.
—Y a Sampson —Tom le ofreció una sonrisa—. Dios, corrió fuera de la casa y casi me derribó, estaba tan emocionado. Simplemente me senté en la entrada y lo dejé que saltara sobre mí un buen rato. Y luego, prácticamente dormí las 24 horas siguientes, vagué por la casa y hoy… —Señaló la túnica azul y sonrió al chico junto a él—. Me puse esto para venir a ver cómo te graduabas.
—No tenías que usar el uniforme —alegó Bill, regresándole la sonrisa—. Pero me encanta.
—Esa era la idea central —admitió el mayor, girando por la calle de Bill. Se estacionó al frente de la casa de los Trumper y apagó el motor. Miró a Bill y la enorme sonrisa, todavía estaba en su rostro—. ¿Qué?
—Es que no puedo creer que estés aquí.
Bill salió de la camioneta y se juntó con Tom en el parachoques del carro.
—¿Pero… está bien que esté? —Tom volvió a tomar su mano y caminaron así, hasta la entrada.
—¡Por supuesto! ¡Dios, estoy tratando de no parecer un loco, pero no está funcionando!
—¿Por qué te estás enloqueciendo? —Rió el mayor.
—¡Porque eres tú! —Bill sintió como sus mejillas se sonrojaban—. Y estás aquí. Y… ya sabes. Me gustas.
—Bueno, eres “lindo” cuando te enloqueces —aseguró el mayor.
—Mmm… y si tus colegas marines te oyen decir eso…
—Oh, nunca escucharía el fin de esa historia.
Bill prácticamente pudo sentir los ojos de su madre, espiándolos desde la ventana más cercana.
—¿Entonces, te veo como las ocho? —El pelinegro sonrió.
—Estaré aquí.
& Continuará &
Notas finales de la autora: ¡Los comentarios son como el día de pago!
YO: OMG ¿Pueden creerlo? Tom está de regreso y le toma la manito a Bill, y no sólo eso, irán juntos a una fiesta. ¿Qué creen que pase?
No se lo pierdan en el siguiente episodio. Beshoshs y mil gracias por leer.
