Demon 10 (P.2)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 10

De verdad eres muy predecible. ¿Son celos los que detecto?

La mandíbula de Tom se tensó y sus puños se apretaron. El demonio se puso de lado y llevó una mano a su cadera, sus ojos no dejaron a Tom.

Debo decir que lo que hiciste hoy fue bastante conmovedor —respiró—, como te esfuerzas por hacerlo feliz. Lo aprecio, pero por supuesto, no lo haces por mí… ¿o sí? —El demonio se lamió los labios lascivamente, deslizando sus manos por su cuerpo, provocativamente.

Tom sintió que sus sentidos se estaban encendiendo, sus pensamientos luchaban con él, negándose a seguir razones. Nunca antes había encontrado al demonio tan intimidante. El pelinegro soltó una risita, adoptando otra pose sugerente, poniéndose en sus manos y rodillas. La garganta de Tom se apretó, impidiéndole hablar.

¿No puedes estar lejos de mí, cierto? —Provocó el demonio—. No es realmente tu responsabilidad la que te trae aquí y tú lo sabes. ¿Por qué no pierdes tu orgullo y lo aceptas? —Solo recibió silencio. Suspiró—. Tanta terquedad inútil. —El demonio se levantó y se sentó en el respaldo del sofá, con la espalda contra la pared cubierta de tela.

Entonces yo anunciaré tus pensamientos —comenzó a acariciar su torso—. No hay una sola curva en mi cuerpo y aun así, estás hirviendo como nunca antes por tocarlo. —Puso los dedos sobre su entrepierna y sonrió de lado—. Sabes lo que hay aquí, tienes tantas dudas, pero aun así lo deseas con ganas. Puedo ver como irradias lujuria por todos tus poros.

Tom se estaba perdiendo. Sentía que cada palabra le clavaba, lo debilitaba. La humedad de su boca estaba a rebosar y ahora su pulso se había concentrado entre sus muslos.

Me siento sumiso esta noche —confesó el demonio—, podría recompensarte por toda la atención que le has dado a mi lado llorón. —Las cejas de Tom se juntaron—. Sabes que él nunca te pagaría como yo podría hacerlo. —El demonio lo miró lascivamente. Extendió las piernas y frotó el interior de sus muslos—. Te dejaré hacer lo que te plazca. —Estiró el cuello, exponiendo su piel de alabastro y cerró los ojos—. Dejaré que me devores.

Sucedió en un instante, el momento cuando la emoción arrasó con la razón. La defensa de Tom finalmente se desmoronó y, en un parpadeo, estaba pegado al cuerpo del demonio. Comenzó estrellando sus labios, sin vergüenza, contra la exquisita piel que ofrecía de su cuello. Gemidos de alivio acompañaron a los de necesidad en cada aliento agitado.

El demonio sonrió victorioso. Tom estaba abrazándolo, explorándolo con su lengua y sus labios. Sus besos demandantes eran tan impacientes que bordeaban la agresividad.

Hambriento, ¿verdad? —Exhaló el pelinegro—. Entonces devórame. Haz lo que quieras conmigo. —Tom abrió de golpe la playera del demonio y comenzó a cubrir su pecho con besos deseosos y chupetones—. Si quieres, puedes fingir que estás con él —dijo burlón.

Maldito —dijo Tom furioso, sus labios curvándose en un gruñido. Miró al demonio con el ceño apretado—. Si solo pudiera matarte. —Pegó su boca contra la del demonio con un entusiasmo voraz, empujando su lengua dentro de la otra boca. Lo odiaba por desenmascararlo, por obligarlo a admitir la verdad que no se atrevía a reconocer. El demonio lo había cautivado desde su primer encuentro, pero ahora veía que cada encuentro posterior solo había contribuido para hundirlo cada vez más, hasta que perdió toda esperanza de salvación. En su interior, se daba cuenta que al rendirse, estaba traicionando todo lo que sabía de sí mismo, estaba renunciando a la herencia de su sangre. Excepto que ahora, no significaba nada.

Tom gimió. Sus hombros se relajaron y su mente empezó a flotar. El demonio pasó sus brazos alrededor de Tom, acunando su cabeza, mientras prolongaban el beso.

Después de un rato, el demonio quiso separase, pero Tom se inclinó y lo volvió a besar. No podía dejar de besarlo, pensó que nunca se cansaría de que sus lenguas se frotaran. El pelinegro volvió a separase, sosteniendo a Tom por los hombros. El cazador protestó.

Los besos son adorables —dijo el demonio—, pero ¿no quieres saber lo que se siente estar dentro de mí?

A Tom le tomó menos de un instante empezar a quitar los pantalones del demonio. Le bajó la cremallera y los quitó. El pelinegro no estaba usando ropa interior. Su masculinidad estaba suave, hermosa y perfecta, pero Tom sintió una punzada de decepción al verla flácida. El demonio sonrió ante el shock de Tom.

No te desanimes —dijo—, en este mundo estoy entumecido. ¿Ahora entiendes a lo que me refería? ¿No querrías matarte tú también?

Tom miró al demonio y sintió un poco de lástima por él. Tocó el órgano insensible y lo cubrió con su mano y luego volvió a mirar al pelinegro.

Eres tan hermoso B… —Tom parpadeó, parándose para no llamarlo por el nombre de la personalidad humana.

Puedes llamarme Bill —el demonio sonrió.

No, no puedo —respondió Tom, arrugando el ceño—. Tú no eres él.

Todavía quieres pensar en él como otra persona, pero soy yo. Yo soy Bill.

Tom negó con la cabeza—. No te voy a llamar Bill. ¿Cómo te llaman en tu mundo?

Ellos me llaman por lo que soy —el demonio se alzó de hombros—. No usamos nombres como lo hacen los humanos. Además, no hay nadie a quien le interese nombrarme —explicó como si no importara—. Llámame Bill —insistió con una sonrisa de suficiencia.

¡No! —Dijo Tom con firmeza.

El pelinegro bufó—. Si lo quiero, me llamaré a mí mismo Bill.

No —dijo Tom—. Solo… no Bill, ¿está bien? ¿Qué tal William? Bill es la forma corta de William.

El demonio rodó los ojos descaradamente.

Está bien, llámame William si quieres. —Tiró a Tom del borde de sus pantalones—. Ahora, déjame ver qué tenemos aquí. —Desabrochó los pantalones de Tom y los dejó caer, luego bajó los bóxers del cazador. El miembro de Tom estaba firme y erguido, punzando visiblemente y caliente. El demonio sonrió—. Diría que es proporcional a tu apariencia. —Tom achinó los ojos. El pelinegro soltó una risita—. Tal vez, debería agregar… que creo que eres muy guapo.

El demonio estiró un brazo y cogió la lámpara de aceite decorativa que estaba en una esquina de la mesa. Apagó la llama y puso el aceite sobre la polla de Tom. Tom jadeó por la sorpresa. El aceite estaba tibio, pero no lo suficiente para quemarle. El pelinegro acarició a Tom mientras lo esparcía. Tom se sintió completamente aturdido. Se inclinó por otro beso. El demonio correspondió el beso amablemente. Levantó las piernas y las abrió ampliamente, envolviéndolas alrededor de Tom y luego guió el miembro de Tom hacia su agujero.

Tom gruñó cuando se deslizó hasta el fondo con una sola embestida. La falta de sensación del demonio le permitió aceptarlo por completo, sin ninguna espera, y él gritó con el dramático aumento de placer. Se quedó quieto, gimiendo de felicidad hasta que se ajustó.

Ahora fóllame como si quisieras matarme en el proceso —siseó el demonio. Tom no tuvo problema en obedecer aquello. Tiró del cabello del demonio, llevando con fuerza su cabeza hacia atrás y lo embistió con toda la fuerza que pudo reunir.

El demonio estuvo en silencio todo el tiempo, haciendo que los gemidos y gruñidos de Tom fueran mucho más evidentes. Tom estaba embistiendo el cuerpo del demonio con la intensidad que necesitaba para saciar sus deseos reprimidos.

Que lata —el demonio suspiró—. Obviamente eres bueno para esto. Y me doy pena yo mismo por no poder disfrutarlo.

Los movimientos de Tom eran imparables, algunas veces más fuertes por el impulso. Su respiración se volvió entrecortada y su rostro continuaba cambiando por el éxtasis. Miró el flácido miembro del demonio y desvió la mirada frustrado.

No dejes que lastime tu orgullo —mencionó el demonio—. Eres bueno. Sé que has estado golpeando mi punto por un rato. —Tom entendió, pero aun así cerró los ojos, en lugar de dejar que le afectara.

Puedo arreglarlo, ¿sabes? —Dijo el demonio—. ¿Quieres ver lo bueno que eres? —Tom alzó la vista. Su boca se abrió en shock, cuando vio los ojos del pelinegro brillando de maldad. El demonio apretó sus músculos, atrapando a Tom dentro de él y cerrando las piernas alrededor de su cintura.

¡Oh, Dios mío! ¡No! ¡William, no!

El demonio sonrió malvadamente.

¡No! ¡No lo hagas! —Tom jadeó—. ¡Te juro que no me importa! ¡Oh, mierda! —Tom chilló cuando los ojos del demonio perdieron la sombra oscura.

Continúa…

¡OH! William HDP ¡¿Cómo le haces eso a Tom en medio de la acción?! ¡Que cabronazo! ¿Y ustedes qué opinan? ¿Cómo reaccionará Bill al verse penetrado por Tom? ¿Qué cara pondrá? ¡Comenten!

2 comentarios en “Demon 10 (P.2)”

  1. Una de mis historias favoritas sin duda alguna con ganas de volver a leer.
    Continúa por favor no tardes en actualizar el próximo capítulo.

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