Demon 9 (P.2)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 9

Caminaron por el centro, paseando por el lado de los cafés. No importaba que Tom cambiara el tema a cada rato, Bill insistía en hablar sobre el trastorno de doble personalidad, tratando de entender exactamente qué aspectos habían contribuido para que lo padeciera.

Entiendo que la doble personalidad es una forma de escape —estaba diciendo Bill—, por algo que te atormenta y también por restricciones sociales. ¿Qué demonios significa eso? ¿Que inconscientemente quiero ser un demonio?

Todos tenemos un lado oscuro —dijo Tom de forma sarcástica. De verdad sentía pena por Bill en esos momentos, porque no tenía idea que él era la personalidad inventada. Tom no se atrevió a sugerirlo, o confesar que todo lo que le pasaba a Bill era provocado intencionalmente por el demonio. Supuso que por eso el demonio no había salido a matarlo cuando le contó al pelinegro sobre la doble personalidad. Pero ahora desearía no haberlo hecho. Temía que si Bill continuaba preguntándose sobre el tema, podría descubrir por sí mismo que él era la personalidad alterna y probablemente eso causaría una reacción peor que si el cura le hubiera dicho que él era un demonio y no un humano—. Pero por lo menos no has matado a nadie —agregó.

Oh, Dios, ni siquiera quiero pensar en eso. —Bill se estremeció—. Hablemos sobre otra cosa, por favor.

Tom finalmente se relajó. Podría aprovecharse de la sugerencia de Bill, porque de verdad estaba muy interesado en saber más cosas sobre él, como sus gustos, hobbies, o cualquier cosa relacionada con él. Estaba listo para hacer la primera pregunta cuando lo interrumpió un grito.

¡Demonio!

Ambos se voltearon a ver a un viejo desaliñado, con ropas manchadas y zapatos en mal estado que apuntaba a Bill. Los peatones alrededor se congelaron, girando con rostros alarmados para ver a quién apuntaba el viejo. Bill estaba paralizado de miedo, mirando las caras de las personas con ansiedad, como si en cualquier minuto empezarían a gritar histéricamente.

¡Demonio! —Insistió el viejo. La gente a los costados rodó los ojos y continuó caminando como si no hubiera pasado nada.

Contrólate, viejo —le gritó alguien que pasaba por ahí.

¡Vuelve al manicomio! —Agregó otra mujer.

El viejo ignoró los comentarios de las personas y avanzó hacia Bill y Tom. Su dedo índice apuntaba al pelinegro, incriminándolo—. ¡Sé lo que eres! —Exclamó—. ¡Eres un demonio que viene a condenarnos a todos!

Bill negó con la cabeza furiosamente, cubriéndose la cara con las manos—. ¡No, cállate!

Tom dio un paso delante de Bill, impidiendo que el hombre se acercara más.

¿No puedes verlo? ¡Él es un demonio! —El viejo advirtió a Tom—. De la peor clase. El Tentador. El que no tiene género. No dejes que te engañe. ¡No caigas en sus redes! —El viejo comenzó a murmurar una oración, alzando las manos al cielo, mientras rogaba por la misericordia de Dios.

Tom rodó los ojos de rabia. De verdad odiaba a la gente fanática religiosa, siempre querían demostrar su fe en Dios, juzgando a todos los que no compartían sus mismas creencias o puntos de vista sobre lo que estaba bien o mal. El viejo había llamado demonio al otro sin saber, Tom estaba seguro de que no tenía idea. Los locos religiosos eran los responsables de la mayoría de las llamadas falsas sobre alertas demoniacas, porque tenían la tendencia de atribuirle una naturaleza demoniaca a todo aquello que presumían, era atroz a los ojos de Dios. El viejo seguía mirando fijamente a Bill, molesto y apaleado por su rostro andrógino, cosa que esta gente loca no podía tolerar ni soportar.

Si no te callas, voy a sacarte hasta el último de tus sucios dientes, viejo —espetó Tom, cogiéndolo por el cuello de la ropa. El viejo trastrabilló junto a Tom, tratando de mirar a Bill por sobre los hombros del cazador. Sus ojos se abrieron cuando sus manos sintieron el arma en los pantalones de Tom.

Tú… eres un cazador —dijo con la voz rasposa—. ¿Por qué lo dejas ser? —Tom siguió arrastrando al viejo, lejos de Bill. El hombre luchó, tratando de que Tom volviera a sus sentidos—. Escúchame, chico, así como tú has sido dotado por un don, existe el don de la videncia. Yo puedo ver cosas, puedo predecir cosas que pasarán en el futuro cercano. Debes creerme.

Si todos creyeran en las babosadas que gente como tú dice, serías más peligroso que los mismos demonios, así que también deberíamos deshacernos de tontos como tú. —Tom le dio una sacudida brusca. El viejo cayó en la vereda y Tom giró sobre sus talones para volver con Bill.

¡No confíes en él! —Gritó el hombre—. Te va a joder al final. ¡Recuerda mis palabras!

Tom vio como Bill bajaba la mirada. Se puso a llorar—. No lo escuches, Bill. Es solo un rabino tonto. —El pelinegro se limpió la cara, pero más lágrimas continuaron cayendo.

Si algo así pasa en la escuela, si fuera expuesto de esta forma, todo el mundo creería que soy un demonio y no sé qué haría.

Nadie lo creería —respondió Tom—. Yo traté de exponerte más de una vez y casi me expulsan de la escuela.

Pese a la broma de Tom, Bill siguió generando lágrimas. Tom sintió la urgencia, la necesidad de hacer algo, de confortarlo y hacerlo sonreír. Miró alrededor y sonrió cuando se le ocurrió una idea.

Espera aquí —dijo—, volveré enseguida. —Bill observó como Tom entraba a un café y volvía cargando dos conos de helado—. Frutilla —dijo Tom, ofreciendo un cono al pelinegro. Bill sorbió los mocos y lo aceptó. Con la primera lamida, las lágrimas desaparecieron.

Gracias —sonrió—, en verdad me gusta este sabor.

Lo sé —contestó Tom. Bill lo miró curiosamente—. Quiero decir, lo adiviné —se corrigió con una sonrisa y le dio una lamida a su cono con sabor a nuez. El pelinegro sonrió y le dio una gran mordida con los labios a su helado.

Disfrutaron de sus helados, mientras seguían paseando un rato más por las veredas. Bill se puso a masticar tan rápido el cono de galleta que sorprendió a Tom. Para cuando terminó, estaba contento, sus lágrimas estaban secas desde hace mucho.

Estaba muy rico —dijo Bill.

¿Te sientes mejor ahora? —Preguntó Tom.

Sí, mucho mejor. Siento que en este momento, no me importa nada en el mundo.

Tom sonrió. De hecho el helado era especialmente dulce.

¡Oh! —Exclamó de pronto el pelinegro, mirando un lugar—. ¡Ya sé qué! Ahora, espera tú aquí. —Tom se volteó para ver a dónde iba Bill. Su mandíbula cayó. La bola de su helado tambaleó y cayó a la vereda. Bill iba directamente a un “sex shop”.

¡Oh, mierda! —Tom jadeó. ¡No puede haber estado tan dulce!

Bill salió poco después, cargando una bolsa y sonriendo. Tom tragó pesado. Sabía que había perdido toda compostura. Sus ojos empezaron a mirar a todos lados con timidez y odiaba no poder controlar sus nervios. Se había sentido más relajado en su primera reunión con los Maestros.

No sé por qué no compré uno de estos antes —dijo Bill, abriendo la bolsa para mostrar su contenido—. Realmente me podría relajar, especialmente cuando me vaya a la cama.

El rostro de Tom se sonrojó. Sus ojos estaban muy abiertos, sin parpadear, sus pupilas estaban fijas dentro de la bolsa de Bill.

Continúa…

¿Qué es? ¿Qué compró Bill en el sex shop? ¿Alguna idea? ¿Qué pasará en el siguiente capítulo? ¿Tendremos por fin un lemon, o al menos un lime? Solo hay una forma de averiguarlo, seguir leyendo. Gracias por su visita y no olviden comentar.

1 comentario en “Demon 9 (P.2)”

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