Demon 22 (P.2)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 22

Bill parpadeó cuando despertó de su inconsciencia. Se miró a sí mismo y se relajó cuando vio que estaba vistiendo las ropas extras de Tom, pero de inmediato se sintió incómodo, al darse cuenta que no tenía idea de cómo había terminado usando esas ropas. La conclusión más obvia era que el demonio se desvistió y luego se volvió a vestir en frente de Tom. Bill suspiró, olvidándolo, esa noción parecía trivial, junto a la felicidad de haberse deshecho del otro perturbador atuendo.

Gracias —dijo. Tom sonrió débilmente. Se sentía raro ahora que ya no tenía que darle explicaciones a Bill, especialmente porque la culpa todavía lo carcomía. Pero era mucho mejor que la angustia de inventar una buena excusa para cubrir como el demonio se había encargado del director al controlar su mente y que luego, decidió meterse en las ropas extras de Tom y finalmente, decidió entregar el control de vuelta a Bill. Pero solo después de que Tom arrasara su pequeño y apretado agujero mientras todavía usaba esos brillantes pantalones de cuero.

Se dirigieron a sus clases. Como era de esperarse, una vez que los estudiantes los vieron entrar caminando uno junto al otro, empezaron los murmullos. Las chicas fueron más reservadas y empezaron a soltar risitas mientras ellos pasaban, pero algunos de los chicos fueron más propensos a soltar lo que pensaban en comentarios provocadores, que eran más que nada una máscara de sus propias inseguridades.

¿Cuándo le vas a proponer matrimonio, Kaulitz?

Quién iba a decir que te gustaban las pollas.

El pasillo se llenó de risas. Bill se detuvo. Tom miró al pelinegro, esperando verlo incómodo y sonrojado, pero no fue el caso. Bill estaba serio con las manos apretadas. Y luego, de la nada, cogió la mano de Tom. Su reacción no solo sorprendió a los chicos, sino también a Tom. Las risas acabaron abruptamente, Bill se volteó hacia los chicos y les mostró el dedo.

Ahora el pasillo se quedó completamente tranquilo, mientras Bill y Tom pasaban caminando, ya que todavía nadie se recuperaba del shock.

Tom miró todo el camino, sus manos fuertemente unidas y se desilusionó, cuando finalmente Bill exhaló y lo soltó.

¿Estás bien? —Preguntó Tom. El pelinegro lo miró y sonrió.

Sí. No sé qué me pasó. Yo solo… creo que quería que todos supieran que ya no me importa lo que piensan de mí. ¿Sabes? No me importa si ellos creen que somos pareja o incluso si creen que soy raro. Me siento a salvo contigo. Tengo más confianza cuando estoy contigo. No sé, siento que mientras estemos juntos, nada más importa.

Tom estaba aturdido. Su corazón se aceleró de pura alegría. ¿Podía ser que Bill había empezado a sentir algo por él? ¿Podría ser que no fuera solo un envase? Tal vez William estaba equivocado, tal vez la habilidad de amar no estaba completamente restringida a él. Tom inhaló, mirando a Bill con ojos llenos de esperanza. Solo había una forma de averiguarlo. Se inclinó a besarlo. Bill se sonrojó y retrocedió. El corazón de Tom dejó de latir y tragó el nudo de su garganta.

¿Me amas, Bill? —Preguntó temeroso. Bill lo miró, un poco temeroso y confesó.

Te amo como si fueras mi hermano.

Tom casi pudo escuchar el sonido de su corazón rompiéndose—. Oh. —El amor viene en muchas formas, pensó. Pero aun así, no estaba seguro si Bill había entendido realmente. Él podía estar describiendo solamente la creciente dependencia y unión que sentía hacia Tom como un amor platónico entre hermanos. Tom suspiró. Como desearía tener todos los tipos de amor en uno. Miró a Bill y sonrió—. Entonces, siempre estaré ahí para ti, como un hermano —dijo.

Bill sonrió y le dio un buen abrazo a Tom. Tom correspondió su abrazo. Podía aceptarlo, podía vivir con ello, aunque doliera. Como dijo Bill, nada importaba, mientras estuvieran juntos.

&

Las horas de la escuela pasaron igual que siempre, como cualquier otro día normal de escuela. Tom vio que todavía estaba perfectamente claro una vez que salieron afuera, al terminar sus clases. Era imposible pensar que un futuro funesto pudiera ocurrir. Él suspiró. Si tan solo su estado de ánimo estuviera en concordancia con ese bello día de sol.

Aunque estaba más asustado que triste. Dio una mirada hacia atrás a Georg y Gustav quienes, rutinariamente, resguardaban la espalda de su capitán mientras él y Bill caminaban a la casa del pelinegro. No estaba asustado de las sanguijuelas que rondaban cerca, era más bien su propia raza y sus compañeros los que lo asustaban y su obstinación al querer capturar al demonio inmortal.

Desearía que me dejaran tranquilo —murmuró Bill. Tom se dio cuenta de que estaba hablando de las sanguijuelas—. Odio estar asustado todo el tempo.

Yo también —respondió Tom sombríamente.

&

Tom rápidamente se alejó de la entrada de la casa de Bill, tan pronto como este entró. Sus amigos, que lo esperaban en la vereda, empezaron a llenarlo con preguntas sobre el demonio. Georg arrugó el ceño cuando Tom les mencionó que el demonio se había negado a regresar a su mundo.

¿Pero no estás preocupado de que la Orden nos mande a todos nosotros a ir por él, si tú no lo llevas? —Preguntó el castaño.

De hecho, no puedo dejar de pensar en eso —respondió Tom.

Espero que ellos no nos ordenen llevarlo —murmuró Georg. Los labios de Tom se tensaron. Estaba contento de ver que sus amigos también vieran la bondad en William—, porque no quiero morir intentándolo —agregó. Tom resopló y rodó los ojos.

Claro. Bueno, los veré más tarde. —Se apresuró a alejarse de sus amigos.

¿A dónde vas? —Preguntó Gustav.

A ver a un sacerdote. Creo que mi fe de verdad necesita una buena asesoría ahora.

Georg se encogió y Gustav se rascó la cabeza.

&

Tom se encontró con el ex General Hanes en el jardín detrás de la iglesia. Una vez que Tom explicó los motivos de su visita, el cura pensó que lo mejor era discutir el tema en un lugar apartado, lejos de oídos entrometidos.

Tom volvió a relatar todo lo que había hablado con el General, sobre descubrir la información secreta y no omitió detalles de su dilema.

Por supuesto que no tienes que entregarles al demonio —dijo seriamente el sacerdote— Sé que lo que te dijo el General Agnus parece lo correcto, pero tú no debes ir contra tu intuición.

Quiere decir como cuando usted dejó la Orden —mencionó Tom. El cura Hanes sonrió.

Sí —respondió—. Me encontré a mí mismo cuestionando las acciones de la Orden todo el tiempo, hasta que ya no pude soportar ser parte de ella. Yo creía que todos, no solo los Generales debían saber, pero no me fui solo porque estuviera en desacuerdo con ocultar la profecía como señaló Agnus. Sino porque tampoco podía aprobar algunas de los métodos que utilizaba la Orden para evitar ser expuesta.

Verás, aun cuando la información era eficazmente guardada en secreto de los humanos inconscientes, todavía había un problema con los clarividentes, los psíquicos y los autoproclamados profetas; aquellos que profesaban la habilidad de ver el futuro. Como la mayoría de ellos eran puramente charlatanes, siempre prediciendo el inminente fin del mundo, no fueron considerados un problema. Fueron los videntes raros, pero genuinos, quienes comenzaron a hacer predicciones con casi las mismas similitudes a la información secreta, los que les preocupaban. Aunque toda la población se mantuvo escéptica, fueron inmediatamente amenazados para cesar sus predicciones o de lo contrario sentenciados a asilos psiquiátricos.

Tom contuvo el aliento, recordando al fanático religioso que atacó a Bill con tanta vehemencia en algunas ocasiones. Probablemente él era uno de esos videntes genuinos y él había enviado al pobre bastardo a una casa para locos.

Tengo miedo de pensar que algunos han perdido sus vidas por esa causa —continuó el sacerdote con solemnidad—. Así que mi tiempo como General terminó inesperadamente cuando renuncié. Por supuesto, una vez que dejé la Orden, supe que no podía revelar lo que sabía, o de otra forma, enfrentaría las mismas consecuencias de los videntes.

¿Entonces, usted cree que pasará? —Preguntó Tom al cura.

Realmente no puedo decirlo. Yo solo soy alguien que cree que todo debe pasar por una razón —respondió el sacerdote—. Creo que todos encontraremos nuestro destino un día.

Tom sonrió. Apostaba que William amaría escuchar al cura Hanes hablar sobre el destino.

Haz lo que se sienta bien para ti, Tom —le aconsejó finalmente el sacerdote—, esa es la única orden que deberías seguir.

Gracias, lo haré —dijo Tom, sonriendo.

&

Georg arrugó el ceño ante la extraña pregunta que venía del comunicador de Gustav.

¿Qué?

¿A qué manicomio llevaron al viejo loco que me atacó el otro día? —Tom repitió la pregunta.

El que está junto a la penitenciaria del condado, por supuesto —contestó Gustav.

Gracias —dijo Tom—. Como siempre, si alguien pregunta, no saben dónde estoy.

Sí, señor —respondieron Georg y Gustav.

No deberías ir para allá, podrían querer encerrarte también —murmuró Georg.

Te preocupas demasiado, Listing —respondió Tom, comprendiendo fácilmente el verdadero significado detrás de la burla de Georg. Ten cuidado. Georg suspiró. Gustav le dio una palmada de apoyo en la espalda.

La gente del manicomio no tuvo problema en dar con la persona a la que Tom se refería, aunque no supiera su nombre, simplemente por la descripción del viejo.

El hombre estaba recluido en una unidad sin seguridad, aparentemente lo habían analizado y no representaba mayor riesgo. Tom bufó y habría dicho justo lo opuesto. Encontró al viejo vistiendo la usual bata blanca de hospital, vagando sin rumbo fijo por el patio. Se puso delante del camino del hombre. El hombre retrocedió un paso, jadeando.

Está bien. Solo quiero hablar contigo —dijo Tom.

Tú eres el que estaba con el demonio. —El viejo lo reconoció. Se agitó de inmediato y perdió la compostura—. ¡El que viene a destruirnos a todos!

¿Cuándo? —Preguntó Tom con urgencia. El viejo parpadeó por el asombro, porque no esperaba que Tom le preguntara eso.

¡Tú sabes cuándo! ¡Tú harás que lo haga! —Gimoteó.

¡¿Qué?! —Tom contuvo el aliento. No se esperaba para nada eso. El viejo le lanzó un puñetazo a Tom. El cazador cogió la muñeca del hombre. Nuevamente, el hombre se atrevió a atacarlo. Ahora entendía por qué lo había atacado en la otra ocasión, pero eso solo lo volvía más loco—. Es por que él no destruirá el mundo, viejo loco —soltó como respuesta, a la defensiva.

Estaba tan enojado que no le importó que la conmoción estuviera atrayendo la atención. Por el rabillo del ojo pudo ver que los guardias corrían directo a la escena. Tom alejó al viejo de un empujón. Los enfermeros agarraron al viejo, quien parecía estar teniendo un ataque maniaco.

¡No! ¡Deténganlo! —Gritó el viejo, señalando a Tom—. ¡Detengan al cazador! ¡Él es el que traerá el fin del mundo!

Tom hizo una mueca de disgusto. Demasiado por intentar encontrar respuestas en un viejo loco. Vidente o no, el viejo estaba loco hasta la médula.

¡Destruyan a la clave! —Rugió desesperadamente el hombre. Tom se congeló, conteniendo el aliento. Había escuchado que el hombre había dicho esas palabras antes cuando eran producto de su locura religiosa. Experimentó una sensación de déjà vu mientras el tipo seguía señalándolo. Ahora se daba cuenta que el viejo no estaba señalando al demonio. Lo apuntaba a él cuando estaba junto a Bill. El corazón de Tom se aceleró con adrenalina, mientras el hombre era arrastrado de vuelta al manicomio, seguramente directo a la unidad de alto riesgo.

Continúa…

Así que Tom es la clave para el fin del mundo y no Bill. ¿Qué quiere decir esto? Cuéntenme sus teorías. Y gracias por seguir leyendo la traducción.

1 comentario en “Demon 22 (P.2)”

  1. yo creo que si William se volvió loco por el collar que le regaló Tom creo que algo le harán a Tom para que William saque su poder solo eso se me ocurre William querrá acabar con todo si a Tom le pasará algo

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