Demon 22 (P.1)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 22

Otra semana estaba iniciando. Tom miró al cielo brillante y al sol reluciente, a la empalizada interminable de árboles junto al camino, apreciando la vista por primera vez. Todavía no podía comprender la idea de que todo se fuera, de que todo fuera… devastado.

Respiró, amonestando sus propios pensamientos. Las personas siempre eran tan pesimistas, tan débiles en sus creencias, pero él no. Él sabía que solo era una tontería macabra. Si todo estuviera en manos de William, entonces estaba seguro que nada pasaría. De hecho, sería mucho más fácil convencer a William de no causar nunca el fin del mundo, que detener a los cazadores de ir tras él.

Era una pena que William no pudiera ocultarse en ninguna parte. Los cazadores ni siquiera sabrían que él estaba en el mundo humano, si el jodido idiota no se hubiera aburrido lo suficiente como para volar su propia cubierta cuando comenzó a lastimar a Bill para entretenerse él mismo.

Estás demasiado silencioso —dijo Georg de pronto—. ¿En qué estás pensando? —Tom y sus amigos estaban una vez más en el carro que los llevaba a la escuela. Tom suspiró. El General le había recomendado no decir una palabra de lo que le había revelado, pero Tom se sentía obligado a no decir nada, ni siquiera a sus amigos más cercanos. A diferencia de él, no creía que la fe de sus amigos permanecería inmutable y no quería asustarlos con la charla del fin del mundo que le había dado el general. Cerró los ojos.

El General quiere que le lleve al demonio para sellarlo en la trampa que construyeron para él —respondió.

Y no quieres hacerlo —supuso Gustav. Tom sacudió la cabeza en forma negativa.

Él es mi amigo —dijo—, es como si entregara a uno de ustedes.

¿Pero él no es malo, cierto? —Preguntó Georg—. Quiero decir, sí es raro, con todos esos súper poderes, pero no es malo, creo, solo es loco.

Cierto —contestó Tom—. El lado demoniaco es un bastardo maligno, pero aun así, inofensivo. Pero a ellos no les importa.

¿Entonces, qué vas a hacer? —Preguntó Gustav.

Hablar con él —respondió Tom—, convencerlo de irse lejos.

¿Irse lejos, dónde? —Preguntó Georg.

Al lugar de donde vino.

¿Al mundo demoniaco? —Preguntó Gustav—. ¿Quieres decir que puede regresar?

Eso creo. Con todos esos súper poderes podría ser capaz, si lo intenta —contestó Tom con sarcasmo.

Bien, mierda —murmuró Georg sorprendido—. ¿Entonces por qué rayos no ha vuelto todavía?

¡No quiero regresar! Quiero quedarme aquí, contigo. Las palabras de William volvieron a la mente de Tom.

Porque es un tonto —murmuró Tom.

&

Parecía que Bill no estaba en ninguna parte de la escuela. Aunque Tom estaba bastante seguro que el pelinegro vendría a la escuela, así que lo buscó un rato hasta que lo encontró. Parecía que ni la escuela le ofrecía a Bill el confort de no ser constantemente acosado.

¡Sal de ahí, marica! —Un grupo de jóvenes estaba pateando la puerta del closet del conserje.

¡Queremos verte!

Tom suspiró e instantáneamente les gritó.

¡Hey, idiotas! —Los chicos se sorprendieron.

Viniste a rescatar a tu novio rarito, ¿no es así? —Se burló uno de ellos. Tom estaba muy consciente de que los alumnos hablaban a sus espaldas. Igual que en la Orden, la gente murmuraba cosas sobre él, excepto que los rumores de la escuela no tenían que ver con su relación con el demonio, sino con Bill. Habían comenzado desde que él empezó a seguir y observar a Bill todo el tiempo. No le importaba una mierda, puesto que era su asignación y ahora, tampoco le importaba una mierda, pero por una razón completamente diferente.

Tengo que proteger lo que es mío —concordó—. Sigan mi consejo y no dejen que los vuelva a ver cerca de él otra vez… —Sacó su Asesina.

¡Whoa! ¿Qué estás haciendo? —Los jóvenes comenzaron a retroceder—. ¡No puedes usar eso aquí!

—… porque no puedo controlar mis ataques de celos —terminó Tom.

¡Mierda! —Los chicos jadearon, giraron en sus talones y corrieron, sus zapatillas chillaron al llegar al final del corredor. Tom escondió su arma y llamó a la puerta.

¿Bill? —Llamó. La puerta se abrió levemente. Tom tuvo que encogerse para entrar. La habitación olía por completo a artículos de aseo—. ¿Por qué te estás escondiendo? —Preguntó, sus ojos se abrieron mucho—. Umm…

Desperté aquí en la escuela, vistiendo esto —respondió el pelinegro. El conjunto que Bill lucía, parecía sacado de una boutique sexual. Tom se quedó sin palabras. El corsé de cuero negro era realmente fascinante, así como los broches brillantes que decoraban su miembro y esas botas horrorosas. William las había escogido y en realidad, no lucían ni la mitad de mal. Instantáneamente sintió que la sangre se dirigía a su polla—. No sé qué hacer —dijo Bill con ansiedad.

Uh… tengo ropa extra en mi casillero del gimnasio —ofreció Tom.

Oh, ¡pero no puedo salir así! —Dijo Bill, aferrándose a la playera de Tom—. Tienes que… —Jadeó al tambalearse en las botas altas. Sus cuerpos se tocaron. Tom se tensó cuando la mano del pelinegro lo rozó. Los ojos de Bill se abrieron grandemente, su mirada descendió por un segundo hacia abajo. Su cara se sonrojó furiosamente.

Lo siento —dijo Tom, sabiendo que Bill había notado su erección—. No esperaba verte con ese atuendo. Honestamente no puedo evitarlo, Bill. Eres muy hermoso.

Bill permaneció evitando su mirada. Le dio una sonrisa tímida al pasar una mecha de su cabello detrás de su oreja— Gracias —dijo, tal vez porque se sintió obligado, pensó Tom, pero por lo menos estaba aliviado de que el pelinegro no se aterrara con estas situaciones— Yo también… creo que eres atractivo —agregó Bill de pronto. Tom levantó la cabeza. Su sonrisa casi se volvió de oreja a oreja.

Fue más rápido que un parpadeo. Ni siquiera se dio cuenta del cambio en los ojos de Bill antes de ser empujado contra el lavabo.

Ouch —Se quejó Tom.

Como se atreve —bufó William, cruzándose de brazos—, descarado debilucho.

¿En serio, William? Solo estaba contestando un cumplido, se le conoce como buenos modales.

¡No me importa! No debería estar encendiéndote. Es un mojigato.

Sí, y tú eres un jodido provocador. ¿Qué rayos intentabas hacer, vistiendo ese traje indecente en la escuela?

Quería sorprenderte —respondió William.

No, no querías. Querías avergonzar a Bill, ¿cierto?

William rompió a reír—. ¡Que mal que te perdieras como trataba de correr con estas botas! Tropezó y besó el suelo. ¡Dos veces!

Maldita sea, William, ya córtala. Se supone que él te protege, no es tu juguete.

William bufó—. Jugaré con él si quiero. —Se presionó contra Tom, frotándose contra su erección—. ¿Quieres que haga algo sobre esto?

El rostro de Tom se volvió serio. Cogió la muñeca de William y lo separó—. ¿Por qué viniste al mundo humano, William?

El pelinegro miró directamente a los ojos de Tom y sonrió de lado—. Por ti. Porque tenía que estar contigo. Porque somos almas gemelas. —Se inclinó para besar a Tom en los labios, pero este giró la cabeza.

¡Detente! ¡Dime la verdad!

William retrocedió—. ¡Lo estoy haciendo!

Tom lo miró con el ceño fruncido—. Acabo de hablar con el General y él dice que estás aquí para destruirnos, que tú causarás el fin del mundo.

William parpadeó por la sorpresa y luego hizo una mueca—. Él es un idiota. No me importa el mundo de los humanos. ¿Por qué haría eso?

Él dice que es tu propósito, tu maldad, yo qué sé. Tú dime.

No sé de lo que está hablando. ¡Ni siquiera sé si puedo hacer algo así!

Él también dijo eso. Él dijo que tú no sabías lo que eras, porque todavía no habías despertado. Él dice que tu momento de “iluminación” no ha llegado. Creo que él quiere decir que pasará algo que hará que nos destruyas a todos.

¿Y tú le crees? ¡En verdad no puedes creerle! —Dijo William, su voz aumentó de volumen por el enojo.

Piensa en ello. Tal vez no haya sido un error y hay una razón por la que terminaste aquí. ¿Por qué eres inmortal, por qué posees todos esos poderes si no los necesitas? —Respondió Tom con seriedad. William alzó las cejas, perplejo, como si por primera vez considerara ese hecho—. Hasta las sanguijuelas saben sobre ti —insistió el cazador—. Ellas han visto a través de ti. Esa es la razón por la que siempre vienen a ti. Quieren matarte, William, antes de que tengas la oportunidad de matarlas a ellas… junto con todos nosotros.

William se mantuvo en silencio. Era la primera vez que Tom veía algo parecido a la duda en sus facciones, pero luego sus ojos se achinaron y mostró su indignación a través de su voz.

Yo nunca destruiría el mundo —dijo el pelinegro con voz firme—. Nunca destruiría el mundo en el que vives, si eso significa que tú morirás también. ¿No sabes lo mucho que te amo?

Tom lo observó, considerando sus palabras—. ¿Entonces es verdad? ¿No lo harás, sin importar qué? —Preguntó, como para calmar a William.

Quizás, si no te hubiera conocido, lo habría hecho. —William sonrió—. Ese General tuyo, no tiene idea, ¿cierto? Tú haces que este lugar valga la pena para mí, así que supongo, que eso lo cambia todo.

Tom sonrió, sintiéndose un poco aliviado. William tenía razón, el General no tenía idea de que lo amaba. Fue algo que sucedió de forma inesperada y por lo tanto no se podía predecir. Seguramente esa era razón suficiente para anular aquella predicción—. Entonces, supongo que tuvimos suerte en conocernos.

No fue suerte. Fue el destino —enfatizó el pelinegro.

Tom sonrió de lado—. ¿Sabes? Te has convertido en todo un sentimental.

Dice el tonto enamorado. —William sonrió y Tom soltó una risita. William se inclinó una vez más para besarlo y ahora, Tom respondió con ganas. William comenzó a desabrochar los pantalones del otro. El miembro erecto de Tom salió con entusiasmo de su ropa interior.

¿Te gusta mi atuendo, hm? —Dijo William mientras lo acariciaba.

Repetitivo —gimió Tom. William sonrió de lado, se lamió los labios mientras descendía hasta ponerse de rodillas. Tom arqueó su cuello y cerró los ojos, siseando mientras William atendía su erección con su cálida boca.

William lo provocó primero con su lengua y luego lo tomó profundamente en su boca, arrastrando sus dientes por la longitud. El aliento de Tom se estaba entrecortando y sus ojos rodaron dentro de sus órbitas. Apretó los dientes, sofocando sus gemidos, no queriendo que los oyeran fuera, en los pasillos. Casi perdió el balance cuando la pasión llegó a su cerebro. Trató de sostenerse de algo por reflejo, tambaleando botellas y contenedores de los estantes. William lo ayudó velozmente, sosteniéndolo con firmeza por el trasero.

Tom gruñó, agarrándose del cabello de William, mientras lo llevaba al límite con su ritmo delicioso.

William retrocedió—. ¿Quieres entrar en mí ahora? —Preguntó, antes de dar una chupada a la cabeza resbalosa.

Yo… ughn… no quiero… jugar… ¡mierda! No quiero jugar con Bill.

William lo miró—. Ya sabes que me puedo encargar de eso. Además, de verdad quiero probar el cierre de mi trasero.

Tom hizo una mueca, tirando un puñado de cabello de William. Se corrió repentinamente sobre la cara del pelinegro. William parpadeó, anonadado, su boca abierta grandemente por la sorpresa.

El aliento de Tom estaba entrecortado—. Lo siento, la sola imagen fue demasiado —se disculpó. William gruñó, decepcionado. Tom sacó un cuadrado de papel higiénico del papel del estante y limpió el rostro de William a conciencia. El pelinegro se puso de pie, sus manos apretaron el miembro de Tom.

Yo digo que lo volvamos a intentar. —Sonrió de lado. Tom sonrió. Ambos saltaron cuando oyeron un golpe en la puerta.

Mierda, creo que es el conserje —susurró Tom.

¿Hay alguien ahí? —Llamó un hombre. Tom jadeó, era el director.

Continúa…

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