Demon 13 (P.1)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 13

Notas de MizukyChan: Pongan mucha atención de la conversación de Tom con el cura Hanes. Y nuevamente gracias a dirtymind por escribir el fic original y por betear traducción. Y también muchas gracias a ustedes, por leer y apoyar.

&

Tom se reunió con Georg y Gustav en las puertas de la entrada cuando la escuela terminó. Observaron como el demonio pelinegro se dirigía a paso casual de vuelta a su casa.

¿No lo seguirás? —Preguntó Georg.

No —respondió sombríamente—. He aprendido todo lo que puedo de él. Además, estoy esperando que los Maestros revisen la situación en relación al demonio.

Sí, también había pensado en eso —dijo Georg—, especialmente porque no tiene escrúpulos en matar a los de su propia raza.

O ayudarnos… matando a los de su propia raza —agregó Gustav.

Cuando la figura de Bill desapareció en la distancia, Tom miró el suelo. Todavía tenía la urgencia de seguirlo, pero no como cazador. Gruñó inquieto. Acercarse al demonio le había salido completamente al revés. Tanto, que ahora le dolía cuando no estaba cerca de él.

¿Es ese el Ex General Hanes? —Preguntó Georg de pronto. Tom alzó la vista. De hecho era el sacerdote, dejando su vehículo y dirigiéndose directamente hacia los soldados.

Buenas tardes, chicos —dijo el cura. Gustav y Georg saludaron formalmente—. Oh, ya no tienen que hacer eso conmigo —el sacerdote sonrió. Miró a Tom—. Me preguntaba si el capitán Kaulitz podría darme un minuto de su tiempo para que podamos hablar.

Tenemos que regresar a la Orden —respondió Tom—, pero supongo que usted podría llevarme allí.

Por supuesto —contestó el cura—. Espero que no les importe —dijo, dirigiéndose a Georg y Gustav.

Para nada —respondió el rubio—. Entonces, nos encontraremos ahí —le dijo a Tom. Georg estuvo a punto de saludar formalmente, pero se detuvo cuando el hombre extendió su mano. Sonrió y le dio un apretón. Los dos soldados dejaron al sacerdote y a su capitán.

Tom caminó con el cura Hanes hasta su coche.

Supongo que sabes de qué quiero hablar contigo —mencionó el sacerdote.

Tengo una idea —respondió Tom.

Me llegaron comentarios sobre tu confrontación. Tom hizo una mueca, su rostro era una mezcla de asco y vergüenza. No podía mirar al cura, ahora que sabía lo que estaban diciendo en la Orden con respecto a eso—. ¿Cómo van las cosas con el demonio? ¿Le contaste sobre la doble personalidad?

Sí, pero no todo. Quiero decir, que no le conté a su personalidad humana que es la que fue creada.

Ya veo —dijo el cura—. Probablemente fue para mejor. —Tom sonrió. Entraron al vehículo y tomaron la calle hacia la Orden—. ¿Dirías que el demonio salvó tu vida? —Preguntó de pronto. Tom apretó el ceño.

¿Qué quiere decir?

Déjame parafrasear eso. ¿Crees que lo hizo porque quería que vivieras?

Uh… bueno… —Tom fue tomado por sorpresa. No estaba seguro por qué el sacerdote le preguntaba eso.

Sé que te has hecho amigo del demonio y solo me pregunto si lo hizo por un propósito alusivo a ello.

No creo entenderlo —dijo Tom lentamente, o más bien, no le gustaba a lo que estaba llegando el cura.

Ya sabes, que tuviera una buena razón para hacerlo.

Oh —dijo Tom y se movió nervioso—. Una vez me dijo que yo le divertía. De hecho, estoy bastante seguro que soy una especie de bufón para él —murmuró con amargura—. Sí, no le gustaría perder eso.

Eso te molesta, me doy cuenta —afirmó el cura—. ¿Estamos hablando de la personalidad del huésped?

Sí. Es tan molesto que te vuelve loco. Desearía que pudiera permanecer humano todo el tiempo —admitió.

Eso en verdad suena conveniente y para nada imposible. —Tom miró al sacerdote y este lo miró de vuelta, sonriendo astutamente—. Algunas veces la personalidad alterna puede dominar al huésped. Se vuelven más fuertes, mientras más tiempo existan, incluso pueden oscurecer a la otra. —La mandíbula de Tom se abrió. ¿De verdad podía pasar eso? ¿Podría Bill derrocar a William? De pronto, el día lucía más brillante.

Pero… ¿todavía permanecería en su cuerpo inmortal? —Preguntó intrigado.

Sí, esta pequeña falla permanecería, pero estoy seguro que podría pasar inadvertida.

Los Maestros no permitirán que una falla así pase inadvertida.

Bueno, ¿quién sabe? —dijo el padre Hanes—. Yo mismo solía ser inexorable como cazador y luego me di cuenta que no era tan riguroso siguiendo las leyes de la Orden como pensé que era. Me encontré a mí mismo no siempre estando de acuerdo con los otros y cuando ya no pude ir más en contra de mí mismo, decidí que era tiempo de irme. Yo, por mi parte, pienso que si es humano, merece una oportunidad.

Tom miró al sacerdote. Ahora entendía por qué el Ex General Hanes había dejado la Orden para convertirse en cura. Sentía que podía entender el estar en desacuerdo con los Maestros. Él ya estaba en desacuerdo con sus órdenes, al querer ayudar a Bill. No sabía por qué el cura también quería ayudar a Bill, pero le hacía creer que tal vez también quería ver que lo que había dicho era posible y, si los Maestros, de verdad le daban una oportunidad a Bill.

Tom estaba sonriendo. Si solo pudiera arreglárselas para que pasara—. ¿Cómo funciona? ¿Cómo podría hacerlo Bill?

No sé mucho, pero lo que he averiguado es que necesita resistir, convencerse a sí mismo de que es el más fuerte. Tú le podrías ayudar con eso.

Tom suspiró. Ahora sí sonaba como una tarea imposible. Antes que todo, no podía decirle a Bill, nada que sugiriera, ni remotamente, que él no era real. Y segundo, ¿dejaría William que eso pasara?

Bueno, aquí estamos —dijo el padre Hanes cuando llegaron a las puertas de la Orden. Tom bajó del coche y le agradeció—. Asegúrate de informarme sobre cualquier cosa. Me gustaría saber cómo van tus esfuerzos sobre lo que hablamos ahora —dijo el cura y Tom sonrió tenso.

Claro —respondió y cerró la puerta.

&

Tom sabía que su presencia en la Orden ya era del conocimiento de los Maestros y aun así, lo desconcertaba que no hubiese sido llamado a ninguna reunión con ellos, aunque era claro que se habían vuelto a reunir en otro de sus interminables encuentros.

Pensó que lo llamarían de inmediato, lo había estado esperando, incluso estaba ansioso por saber si los Maestros habían cambiado de opinión con respecto al demonio. Rayos, estaba preparado para debatir la posibilidad de verlo como un aliado. Okey, tal vez eso fuera presionar mucho, pero al menos tenían que admitir que la idea no era tan disparatada. Si no lo podían matar, entonces podrían usarlo para su beneficio.

La reunión con los Maestros se aplazó. Tom los observó caminar por los pasillos, sin darle ni siquiera una mirada. Arrugó el ceño. ¿Quizás debería solicitar un encuentro privado con el General?

El ruido y el eco de disparos proveniente de los pasillos hicieron que todos se arrojaran al piso en el acto. Tom suspiró con cansancio, sacó su Asesina y se apoyó contra la pared. Los Maestros permanecieron en el piso, solo dignándose a mirar. El sonido de pisadas corriendo se oía cada vez más cerca, hasta que finalmente quien corría apareció ante su vista. Tom buscó un ángulo de tiro. Las paredes se salpicaron con carne de demonio.

Los Maestros se levantaron y el General carraspeó—. Buen trabajo, capitán Kaulitz. Ahora llame a mantenimiento y haga que limpien esa mugre de las paredes.

Sí, señor —respondió Tom, limpiando la suciedad de su arma en su ropa. Los Maestros continuaron por los pasillos, sin ninguna emoción—. Uh… General Agnus, señor —llamó Tom. El hombre se volteó—. Me preguntaba si podría tener una audiencia privada con usted.

Ah, sí. Era de esperarse que tengamos esa reunión —contestó el General—, pero ahora tengo otros asuntos más importantes que atender. Nos reuniremos en alguna otra ocasión, capitán.

Sí, señor —dijo Tom. Algo le decía que el General estaba evitando tal audiencia, como si él supiera que Tom iba a hablar sobre la proeza del demonio y lo que eso significaba. Inexorable, esa era una buena palabra para el General, reflexionó Tom, justo como padre Hanes se había referido a sí mismo.

Varios soldados, incluyendo a Georg y Gustav, aparecieron en el pasillo de Tom, persiguiendo al demonio.

Oh, tú te encargaste —dijo el castaño, después de notar el nuevo decorado de las paredes.

¿Qué pasó esta vez? —Murmuró Tom. Giró su Asesina y después le dio unos golpecitos

Una cosa parecida a una bomba —contestó Gustav—. Aplastó a la sanguijuela junto a la pared detrás de ella. Pero nos arreglamos para contener a los otros que se escaparon, y los metimos de vuelta a los calabozos.

Bien. —Tom oprimió el gatillo un par de veces, pero no pasó nada—. Maldición, no funciona. El martillo está atascado o algo así.

¿Quieres la mía? —Ofreció Georg.

No, gracias. Estoy unido a esta. De todas formas no está rota, solo… —Tom gruñó y le dio un golpe con su palma, incapaz de aflojarla—. Mierda. Iré a ver si la pueden arreglar.

Tom dejó a sus amigos y se dirigió al edificio de entrenamiento. Una vez ahí, descendió por las escaleras hacia la armería y luego, hacia la sala de mantenimiento de armas. Había mucho ruido, sonidos metálicos y estallidos, que provenían de los talleres, pero no era para nada inusual, excepto por las ventanas de paneles de la habitación donde el ruido parecía ser más fuerte, que habían sido cubiertas por una cortina negra y cuando trató de empujar la puerta, vio que estaba bloqueada desde adentro. Tom arrugó el ceño, intentado dar una mirada por el hueco entre las cortinas. Solo alcanzó a ver las espaldas de unos trabajadores enfrascados en su labor, que tenía que ver con crear y ensamblar armas. Retrocedió y continuó su camino hacia el hombre de las reparaciones.

El hombre de las reparaciones, disparó la Asesina, la golpeó un par de veces y luego miró por el cañón—. Sí, definitivamente está atascada. ¿Cómo pasó?

Supongo que algo de la basura demoniaca se filtró en el cañón —respondió Tom—. ¿Puedes arreglarla?

Por supuesto. Pero tengo que desarmarla y limpiarla cuidadosamente, podría tomar tiempo.

Está bien —contestó Tom—, volveré después. —Se dispuso a marchar, pero regresó—. ¿Sabes qué está pasando en la habitación con cortinas?

Parece ser una nueva arma —respondió el hombre—. Pero no estoy muy seguro de por qué es tan secreto.

Tom supuso que el hombre de las reparaciones sabía tanto como él—. Gracias —dijo y se fue.

Encontrar secretos siempre lo entusiasmaba, pero este, lo atormentaba. ¿Por qué era un secreto? La Orden insistía en desarrollar nuevo armamento, pero eso nunca había sido un secreto. Tom bufó, chasqueando la lengua. De todas formas, no importaba que tan genial o mortífera fuera, estaba seguro que no había nada que pudiera matar a William. Solo rogaba que Bill nunca tuviera que experimentar los efectos de aquello, fuera lo que fuera, y esa era la razón por la que tenía que hablar con el General y ver si podría convencerlo de desistir en sus intentos por matar al demonio.

Continúa…

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