Algo nuevo 15 (P.2)

Algo nuevo 15 (P.2)

Fic TWC de ladyaradia

Capítulo 15 (P.2)

Para los premios About you a los que habían sido invitados, Bill y Tom viajaron a Munich, solos al fin.

Recostados uno junto al otro en la cama king size del hotel Vier Jahrenzeiten Kempinski, comían perezosamente algunas fresas.

—Por suerte Heidi no insistió en imponer su presencia en los premios mañana, como hace en L.A.

—Acá no puede hacer eso tan fácilmente. Pero, además, si insiste en quedarse cerca en nuestro día, la mando bien lejos sin que me importe nada…

—Ja, Billy, ¿qué sabe ella de nuestro día? Y lo mejor es que nunca se entere…

Bill hizo un gesto de «qué más da» con los hombros y soltó una carcajada.

—Imagínate que supiera todo lo que hacemos cada 2 de mayo para recordar el día en que te decidiste a aceptar que eres mío…

—No lo recuerdo así. Recuerdo que me seducías, me insistías, me cercabas; tú querías «ser mío»…

—Ya lo era, siempre lo fui —le acercó una fresa a los labios a Tom y él la tomó con gusto, mientras miraba a Bill significativamente.

La próxima fresa fue exprimida sobre el pecho musculoso de Tom, quien gimió sabiendo lo que venía: la lengua de Bill recorriéndolo lentamente, con lascivia, yendo hacia abajo, hasta tomar su erección en esa boca que siempre le hacía ver estrellas. Luego Bill colocó las piernas de Tom sobre cada uno de sus hombros de forma que pudiera recorrer cómodamente todo lo que asomaba ante su vista. Tom se removía inquieto, gimiendo, hasta que terminó por echarse hacia delante, empujando sus caderas hacia la erección que adivinaba. Bill se aproximó más, y entró al fin en su cuerpo.

&

De regreso a Los Ángeles, Heidi invitó a ambos Kaulitz a su casa, para que sus hijos les conocieran y se acostumbraran a ellos, especialmente a Tom, por supuesto. No obstante, ella hizo asado de pollo, ignorando olímpicamente que sus invitados eran vegetarianos.

Bill bebió mucho, así que le pareció una buena idea hacerse un selfie recostado en la cama de la suite master de la casa, adonde ella los llevó para que reconocieran el espacio en que Tom «actuaría» su «amor» por la ex Ángel de Victoria Secret. Su hazaña le valió una reprimenda de su contratadora, quien le aseguró no lo invitaría más por un buen tiempo y empezó a quejarse con voz chillona de que no sabía cómo comportarse. Bill solo le respondió con una frase y un guiño:

—Si no me quieres ver cerca, verás poco a Tom; ya sabes, los gemelos Kaulitz siempre están juntos.

Eso hizo la magia de calmar el torrente verbal de Heidi, pero también encendió una chispa de perversidad en ella que más le habría valido no despertar.

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Tom tuvo que hacer un nuevo viaje a solas con Heidi, esta vez a Cannes, mientras Bill se quedaba con los perros en L.A., pero no hubo nada más difícil que lo ya Tom había hecho en México, excepto porque ella quiso tocar su pene ante los paparazzi, lo cual le pareció de muy poca clase.

En la gala a la que asistieron, ella usó un vestido demasiado elegante, prácticamente de boda, y cuando Tom se lo vio puesto no pudo evitar decir lo que opinaba.

—Dirán que planeamos casarnos…

—¿Y qué si lo dicen?

—Que esto solo durará hasta febrero, crearás expectativas que no podemos satisfacer.

—Eso aún lo veremos, Tom —se le acercó sinuosa y le acarició el rostro, pero Tom la separó de él.

—Estamos a solas, no tienes por qué estarme tocando. Y… esto durará hasta febrero, así que no planees nada más.

—De acuerdo —dijo ella mientras sonreía maliciosamente, y se decía a sí misma en silencio: «como dije, eso aún lo veremos».

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Bill finalmente también voló a Alemania y, tras que hicieran una aparición en la final de GNTM, en Alemania, a fines de mayo, solo como público, y para que la prensa pudiera hablar del encuentro de los padres de Heidi con su «novio» y la madre de ellos, los días transcurrieron con cierta tranquilidad.

Le celebraron los 45 años a Heidi en su casa de Los Ángeles, después de una cena la noche anterior con los hijos de ella, y su madre; un poco incómodo todo, porque los niños no conocían bien a Tom y mucho menos a Bill, y Edna Klum aún no sabía si ese chico tan joven y algo hipster le convenía de veras a su hija.

Para la fiesta en casa tuvieron de invitados especiales a los co-jueces de Heidi en GNTM, Michalsky y Hayo; observando a esos dos, Bill constató su sospecha de que Michalsky estaba ajeno a que lo de Heidi con Tom era una farsa: lo que no se esperaba era notar que Hayo, quien más había insistido en que hicieran el negocio con Heidi, miraba con cierto atisbo de celos a la «pareja». «¡Qué interesante!, me puede servir en el futuro», se dijo.

Durante la noche, Pumba, quien parecía bastante recuperado de sus recientes problemas de salud, se dejó acariciar por todos; pero cuando fue Heidi la que lo recostó sobre ella, Bill no pudo reprimir un escalofrío y una muy mala sensación.

Tres días después, su amado bebé de cuatro patas estaba desganado, triste, y debió llevarlo a su veterinario, quien le dio muy malas noticias.

—Su corazón está fallando, sin remedio. Podrías hacerlo descansar ahora o esperar a que se apague lentamente…

—No, no —Tom apretó la mano de Bill para confortarlo—, ¿por qué él? Es tan dulce y cariñoso…

—Lo siento —dijo el veterinario, empático—. ¿Qué decide?

—Nos lo llevamos a casa —habló Tom por Bill, utilizando esa conexión que en momentos como ese se agudizaba más—, que su último tiempo en este mundo sea rodeado de toda su familia, nuestro Capper necesita despedirse de su hermanito también.

Cuando Pumba pasó del sueño al más allá en dos días más, Bill no pudo evitar, en medio de su dolor, recordar el mal presentimiento que tuvo cuando Heidi le acariciaba, y tuvo miedo: ¿es que esa mujer tenía tan mala energía en ella? ¿Estaría Tom corriendo peligro?

Tom propuso que hicieran un viaje en moto al Joshua Tree Park, para que Bill se despejara, pero Heidi decidió que era una buena oportunidad para que la vieran con su «novio» en la moto: ayudaría a levantar su imagen juvenil. Bill se resignó entonces, pero allí mismo concluyó que necesitaba irse de la ciudad, solo, ni siquiera Tom y Capper podían ayudarle con la angustia que la pérdida de Pumba significaba; y como había sido invitado a varios eventos de moda que empezarían en Europa, tomó la oportunidad y la justificación para viajar.

No obstante, la preocupación de Tom lo siguió, como siempre que viajaba solo.

—¿Estás bien? Ya… ya, sé que no, pero al menos… ¿te sientes algo mejor? Si no, regresa, intentaré consolarte. Duele que no sea capaz de consolarte…

—No te sientas mal por eso, Tomi. Yo… necesito tiempo conmigo mismo, alguna que otra vez, pero tú siempre puedes consolarme, ya lo haces con esta llamada, y con tu amor tan generoso cuando yo… te he fallado tanto…

—No; no, Bibi, no te empieces a cargar de culpas ahora…

—¿No es justo? Tengo muchas culpas, hasta con… mi Pumba, siento que lo expuse al daño, y que ahora tú y Capper…

—¿Qué dices? ¿Te refieres a Heidi? ¿Crees que le hizo algo malo a Pumba? No entiendo cómo…

—Yo tampoco entiendo. Ni yo me entiendo, Tomi; por eso necesito estar un poco solo, a ver si me aclaro. Pero mantente alerta con ella, por si acaso…

—Lo haré. Te amo, Billy…

—Yo también te amo, Tomi, mucho…

Tras que terminara la llamada, Tom quedó muy inquieto, y llamó a su madre.

—Mami, por favor, ¿puedes llamar a Bill? Dile que quieres verle y… haz que regrese a casa…

—Claro. E intentaré ir también con él, mi niño; creo que tú también me necesitas.

—Gracias, mami.

Continuaron la conversación, ya más calmados.

&

Cuando Bill regresó, el abrazo entre él y Tom, ya desde el aeropuerto, parecía interminable, sin importar quien mirara, o que su madre estuviera allí, a un lado, esperando también el abrazo de Tom.

Ya en casa, los tres se sentaron a conversar, y Simone les dio la noticia de que definitivamente se separaría de Gordon, a quien ellos veían como un padre: el matrimonio llevaba un buen tiempo con problemas y estos ya parecían irreconciliables. Tom y Bill le aseguraron que apoyaban su decisión, pero que Gordon siempre sería familia para ellos, y su madre estuvo de acuerdo.

Una llamada de Heidi los devolvió a sus circunstancias particulares de vida: lo «invitaba» a un paseo en Disneyworld, con los hijos de ella.

—Está bien —aceptó Tom—. Bill irá con nosotros.

—¿Es necesario? Ya bastante dicen que somos un trío, y quiero que nos vean como una familia: tú, yo y mis hijos…

—Y mi mamá está aquí también, no podemos dejarla —Tom continuó como si no hubiese oído la protesta de ella.

—Está bien, entonces que sea una gran familia en Disneyworld. Pero quiero que te portes particularmente cariñoso…

—¿No lo hago siempre? No creo tengas quejas…

Heidi se rio y Tom colgó la llamada; Simone lo miró algo extrañada.

—¿Todo bien con tu novia, Tom?

—Todo bien, saldremos de paseo; espero disfrutes Disneyworld… —le hizo un guiño a Bill, y este sonrió como respuesta.

&

Entraron apurados al baño y fue Tom quien arrinconó a Bill contra una pared y lo besó.

—Tom, pueden vernos… —exclamó Bill cuando pudo hablar—… ven —lo arrastró a uno de los cubículos y siguieron besándose y acariciándose hasta calmar las ansias.

Luego, más calmados, se refrescaron un poco.

—Esos niños son estupendos, ¿no? —comentó Tom mientras se lavaba las manos.

—Podría decirse eso —Bill levantó los hombros—, no los conozco tanto. Pero se portan muy bien con otras personas… que no son de la familia.

—Es feo engañarlos, hacerlos querer a alguien que… pronto ya no estará en sus vidas.

—¿Crees que ya te quieren?

—Sí, un poco.

—Ay, Tomi —lo abrazó contra él—, siempre pensando en los demás…

—Pues es que seguimos usando a las personas para nuestro beneficio, y ahora son niños… También lo sentí por Dahlia cuando hacíamos todo ese circo con Shermine…

—¡Ni la menciones! Si no se hubiera vuelto tan obsesiva no habríamos tenido que involucrarnos con Heidi…

—Sí, lo hubiéramos hecho, Billy. Por la banda, por publicidad, por… mejoría económica… Siempre lo hacemos…

Bill bajó la cabeza: Tom tenía razón, siempre lo hacían, siempre usaban a los demás para protegerse, para obtener beneficios, y «¿no soy yo la mente maestra detrás de todo eso?, ¿soy tan mala persona?». Tom adivinó, o solo «escuchó» lo que atormentaba a su gemelo, así que tomó su mano y la apretó, lo hizo mirarlo a los ojos.

—Yo soy tan responsable como tú, somos un «paquete», ¿recuerdas? Nadie me obliga a hacer nada de lo que hago, ni siquiera tú…

El sonido del teléfono móvil de Tom lo interrumpió; por supuesto, era Heidi.

—¿Dónde se metieron, Kaulitzses? Ya va a empezar el desfile…

—Ya vamos…

Colgó y cuando miró hacia Bill vio que este utilizaba el espejo para hacer una foto de los dos.

—Vamos entonces —dijo después de programar la foto para ser posteada en su cuenta de Instagram.

—Una foto de los dos juntos en el baño… Sigues buscando provocar comentarios…

—Nuestros fans del «Toll» también necesitan ser complacidos, ¿no?

Ambos rieron mientras salían, olvidando lo serio de su anterior conversación: ya estaban metidos en el lío, ¿de qué valía estarse culpando?, solo tenían que seguir adelante y ver cómo resultaba todo.

¿FIN?

Gracias por la visita. Esta historia no puede tener un final, porque ellos nunca van a separarse.

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