Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 2
Aunque sus ojos estuvieron pegados al demonio todo el tiempo, Tom permaneció a distancia hasta que las clases terminaron. Se reunió con sus amigos en el pasillo y juntos siguieron al demonio, dándole buena distancia.
Sin sospechar, el demonio se sentó en una banca y esperó. Tom y los otros lo observaron detrás de un gran árbol. La criatura miró alrededor, con el ceño apretado, dando miradas a su reloj.
—¿Está esperando a alguien? —Preguntó Gustav.
—Si es eso, parece que lo dejaron plantado —dijo Georg. Después de una larga espera, el demonio suspiró y se levantó. Comenzó a caminar y los cazadores reanudaron su labor, siguiendo con precisión cada uno de sus movimientos. El demonio giró en un par de ocasiones, como si sintiera que lo seguían.
Tom se detuvo e hizo una seña para que sus amigos también lo hicieran y luego señaló un punto. Notaron una figura entre las sombras, que se aproximaba hacia el demonio, sus movimientos eran demasiado agudos y ágiles para ser humano.
—Sanguijuela —dijo Gustav comprendiendo. Los soldados cogieron sus armas.
—No se muevan —ordenó Tom. Achinó los ojos, observando el comportamiento del nuevo demonio mientras se dirigía hacia el demonio de cabello negro. Se iba ocultando de una forma obviamente depredadora.
—Esperen… luce como si… —pronunció Georg.
—¿Lo fuera a atacar? —Terminó Gustav, quien también se había dado cuenta—. Pero también es un demonio. ¿Por qué atacaría a uno de su propia especie?
El demonio víctima notó la proximidad del otro demonio y de inmediato se puso a correr. El nuevo demonio lo atrapó rápidamente y luego le sujetó la cabeza. El demonio víctima pateó a su atacante, gruñendo y arañando su cara. El nuevo demonio sostuvo su cara e hizo un movimiento para besar al demonio víctima.
—Pero… —Georg arrugó el ceño—, ¿qué es lo que le va a chupar?
Las bocas de los dos demonios se unieron. El demonio víctima gruñó y luchó, mientras algo como el humo de una luz roja, emergió de su boca y se deslizó hacia la boca del otro demonio.
—¿Qué es eso? —Gustav frunció el ceño, confundido—. ¿Qué le está succionando?
—No lo sé —respondió Tom—, pero no es un espíritu.
—No lo entiendo, ¿por qué no contra-ataca? —Dijo Georg. Tom detectó la misma frustración que él sentía, en la voz de su amigo, mientras presenciaba que el demonio víctima no se defendía.
El nuevo demonio se presionó contra el demonio víctima, volviéndose voraz mientras succionaba, como si quisiera más y lo quisiera rápido.
Tom no podía dejar de mirar, sin tener idea de lo que estaba pasando, sin saber cómo reaccionar. Nunca, en sus años de entrenamiento, le habían enseñado a enfrentar una situación como esta, tal vez porque nunca antes había sucedido, ni siquiera a los Maestros. El demonio víctima luchaba, exactamente igual como hacían los humanos cuando eran atacados, y sintió por instinto la urgencia de ayudarlo, de protegerlo, excepto que él no era humano. Por primera vez, aun como uno de los cazadores más astutos y eficientes, no sabía qué hacer.
Se las arregló para dejar de mirar, pero porque captó movimiento por el rabillo del ojo y notó que otro demonio se aproximaba a ellos. El segundo demonio levantó al demonio del demonio víctima e hizo un movimiento para besar al demonio víctima también. El primer demonio gruñó, lanzándose contra el segundo demonio y ambos empezaron a pelear.
Tom vio que el demonio víctima veía la pelea de los dos demonios con una expresión de shock en el rostro y aun así, no mostraba ninguna señal de estar afectado por lo que sea que le hubieran succionado. El demonio víctima, rápidamente comenzó a gatear para alejarse de ellos. Los demonios que peleaban se dieron cuenta y, juntos, cogieron a la víctima por el cuello de su ropa.
—Suéltame —gritó el demonio pelinegro.
Tom salió de su lugar oculto sin poder evitarlo. Los dos demonios soltaron al demonio víctima cuando vieron a los cazadores. El demonio víctima no perdió el tiempo y escapó. Los otros dos demonios, solo miraron a los cazadores un par de segundos antes de huir por caminos separados.
—Atrápenlos —mandó Tom. Georg y Gustav salieron velozmente tras los demonios que escapaban.
El demonio pelinegro corrió y corrió. Continuaba dando miradas hacia atrás, sin duda paranoico de ser atacado otra vez. Cuando pensó que estaba a salvo, dejó de correr. Trató de recuperar el aliento y luego se puso a llorar. Tom se quedó atrás, oculto y escuchó los sollozos desesperados. El demonio estaba solo y no había necesidad de actuar. Tom se dio cuenta que no estaba actuando, que de verdad estaba llorando. Su rostro se transformó de pura confusión. Todo sobre este demonio era demasiado inesperado y solo seguía agregando cosas a la confusión. ¿Había estado diciendo la verdad cuando dijo que no era un demonio?
El demonio dejó de llorar. Se limpió las lágrimas con la manga, luego reajustó el tirante de su mochila en el hombro y comenzó a caminar. Caminó un par de cuadras más y se detuvo frente a una casa, donde entró. Tom rápidamente se acercó a la casa y espió por la ventana.
—Hola, cariño —dijo una mujer. Tom observó a la mujer. Tenía el maquillaje sobrecargado y su cabello estaba demasiado perfecto. Tenía un delantal sobre su vestido floreado y sus ojos estaban demasiado hundidos, como si no hubiera tenido una buena noche de sueño en mucho tiempo.
—Hola, hijo —dijo un hombre que estaba sentado en un sillón de la sala, leyendo el periódico. El bigote del hombre era muy rígido y la barba de su cara estaba un poco dispareja.
¿Así que el demonio también tenía padres? Tom exhaló pesadamente. Esto era demasiada información para digerir en un día.
—¿Cómo estuvo tu día? —Preguntó la madre, contenta.
—¿Por qué no fueron a recogerme? —Preguntó el demonio con resentimiento.
—Oh, lo siento mucho, hijo. El auto volvió a descomponerse, tendrá que quedarse en el taller un par de días más —dijo el padre como si no fuera nada—. ¿Y cómo está mi niño bueno? ¿Tuviste una buena nota hoy? —Tom hizo una mueca.
—Sí —respondió sombríamente el pelinegro.
—¿Qué pasa, cariño? —Preguntó la mamá.
—¡Me atacaron de nuevo! —Soltó enojado. Las caras felices de los padres cambiaron a preocupación, se volvieron el uno al otro, pero luego miraron al demonio con grandes sonrisas y ojos bizcos.
—Oh, Dios —dijo la madre y se llevó una mano a la boca—. Debes haber olvidado tomar tus pastillas.
—No, no lo hice —respondió el demonio.
—Tal vez necesitas unas más fuertes —dijo el padre—. Te traeré unas en un momento —dejó el sillón y se fue a las escaleras.
—¿Adivina qué, cariño? —Preguntó la mamá—. Te preparé algo delicioso.
—No tengo hambre —respondió el demonio. La mujer fue hasta él y lo empujó hacia la cocina. Tom se apresuró hasta el otro lado de la casa y espió por la ventana de la cocina.
—Te hará sentir mejor —dijo la mamá, sonriendo—. Vamos, sé que te encanta.
El demonio suspiró. Se sentó en la mesa de la cocina, mientras su madre sacaba algo del refrigerador.
—¡Ta dah! —Exclamó, dejando una torta fresca y redonda frente a él—. Solo para mi niño muy especial. Tiene jalea de frutillas adentro, tu favorita.
—Gracias —respondió el demonio, casi con cansancio. El papá bajó las escaleras con un frasco sin etiqueta y lo dejó frente al demonio.
—Ahí tienes, hijo —dijo—. Debes tomar dos de estas ahora y te sentirás mejor. —Los dos padres se abrazaron amorosamente, mientras miraban con orgullo a su hijo, ladearon la cabeza el uno al otro.
Tom siguió haciendo muecas. La interacción familiar era tan cursi, que llegaba a ser cómica, incluso falsa.
—¿Cómo es que nadie más tiene lo que yo tengo? —Preguntó de pronto el demonio. Los padres parecieron pillados por sorpresa—. Me refiero a esta enfermedad.
—Tú eres especial —dijo la madre, como si fuera algo bueno.
—¿Y qué pasaría si no estuviera realmente enfermo? Tengo la sensación de que soy así por una razón. ¿Y si se supone que tengo hacer algo? —Ambos padres suspiraron cansados.
—Vamos, hijo, no empecemos con esto otra vez —dijo el padre—. Tú no estás bien y necesitas tomar esas píldoras, o vas a empezar a tener esos ataques, más a menudo.
La madre le pasó a su hijo un vaso de leche. El demonio tragó las dos píldoras y bajó la cabeza con expresión sombría.
—Sonríe, cariño. Vamos, ¿por qué no pruebas tu pastel? —La mamá cortó un trozo exageradamente grande y lo empujó hacia el demonio.
El pelinegro suspiró. Tomó el tenedor y comenzó a comer. Tragó y tomó otro bocado.
Para esas alturas, Tom tenía una duda mucho más grande de que el chico fuera un demonio, porque los demonios no podían comer. Ellos robaban el espíritu de los humanos para mantenerse con vida.
—Está bueno —dijo el demonio. La madre sonrió—. ¿Quieren un poco?
—Oh, no, cariño. Es para ti.
—Pueden comer un poco —dijo el demonio—. Tú también, papá.
—Está bien, hijo. Tu madre y yo ya comimos un poco hace un rato. Sírvete.
—Solo prueben un pedacito —insistió el demonio.
—Oh, es que, soy alérgico a las frutillas.
—Oh, sí, yo también —agregó la mamá.
—Tienen suerte que no sea de frutillas —respondió el demonio. La madre se quedó helada.
—¿Disculpa?
—Es durazno. Es jalea de durazno —dijo el demonio.
—Oh, cierto —dijo la mamá con una risita nerviosa—. Que tonta soy, pensé que había usado jalea de frutillas.
—Sírvete un trozo —pidió el demonio. Los padres se miraron el uno al otro—. ¿Por favor? ¿Me acompañan con un trozo?
—Oh, sí… por supuesto —contestó el papá. Los padres se sentaron, cada uno cogió un trozo de torta. Tom notó que sus manos temblaban, mientras llevaban una cucharada de pastel a su boca.
—Mhm —murmuró la mamá y apretó los ojos. El papá masticó y se frotó el estómago, levantando el dedo pulgar. Por un largo instante pareció que no podrían terminar ni su primer bocado. La cara del padre se estaba poniendo de un color violeta.
El demonio terminó su pastel rápidamente, bebió el resto de su leche y se levantó de la mesa—. Bien, ahora me iré a hacer las tareas —dijo brillantemente—. Gracias por el pastel, mamá, estaba realmente delicioso.
—Mm… mmm… mmh —murmuró la madre. El demonio se fue por las escaleras. Cuando estuvo fuera de vista, sus padres tosieron y escupieron la comida de su boca. Tom de inmediato bajó su mochila, la abrió y sacó una pequeña arma con un monitor “la pistola de cribado”, que podía detectar la verdadera naturaleza de un demonio. Cuando apuntó a los padres, el espíritu de ambos era rojo, almas de demonio, justo como sospechaba.
La madre hizo tantas arcadas que su cabello se movió. Era una peluca.
—¡Oh! —Exclamó ella y la volvió a poner en su lugar.
—Si vuelves a traer ese horrible postre otra vez, te mataré —dijo furioso el padre demonio y se ajustó el bigote falso.
—¡Tengo que traerle pasteles, idiota! ¡A él le gustan! —Contra-atacó la madre demonio—. Estas cosas dulces son las únicas cosas que lo distraen de pensar en quién es. El azúcar lo hace feliz.
—Entonces, por lo menos trae el correcto —la regañó el padre demonio—. Casi nos descubrió. Ya sabes lo que pasará si él se da cuenta.
—¡Pensé que era de frutilla! ¿Cómo se supone que voy a saber la diferencia? —Murmuró la madre demonio. El padre demonio suspiró.
—¿Cuánto más tendremos que seguir con esto? —Se quejó.
Así que todo era una actuación, pensó Tom divertido, con razón se veía tan artificial. Los dos demonios adultos estaban actuando como si fueran los padres ideales y, sin duda, tomaron notas de alguna teleserie cursi. ¿Pero por qué fingían ser los padres del demonio pelinegro?
Tom guardó la “pistola de cribado” y sacó su arma. Golpeó la ventana y se escondió. La mamá demonio fue hasta la ventana y miró hacia afuera. Contuvo el aliento cuando notó el arma suprema, la asesina de demonios, apuntándole. Se quedó quieta, congelada.
—Abre la ventana —ordenó Tom. La mamá demonio la abrió con torpeza, sobrecogida por el miedo. Tom subió por la ventana y entró a la cocina. Hizo una seña para que los dos demonios se movieran juntos.
—Siéntense —mandó. Los dos demonios hicieron una mueca. El padre demonio puso un dedo en sus labios, para silenciar a Tom y nerviosamente miró al techo, mientras se sentaba. Tom achinó los ojos—. ¿Quién es él, su hijo? —Se burló.
Los dos demonios se mantuvieron en silencio. Tom levantó la asesina a sus caras.
—Si hablamos, también estaremos muertos —bufó la madre demonio.
—Y si nos matas, morirás —afirmó el padre demonio. Tom los miró con desconfianza.
—¿Por qué no muere? —Preguntó, pero los demonios no dijeron nada—. ¿Por qué fingen ser sus padres?
—Estás perdiendo el tiempo con nosotros —dijo la madre demonio—. La única forma de que sepas algo, es que él mismo te lo diga.
—Pero yo no me acercaría a él si fuera tú —agregó el padre demonio—, algunas veces, no es él mismo. —Ambos demonios sonrieron de lado. Tom miró a la caja de pastillas que el demonio pelinegro dejó sobre la mesa.
—¿Qué son esas? —Preguntó.
—Vitaminas —respondió el padre demonio.
—¿Qué? —Tom bufó, incrédulo—. ¿Ustedes le dan vitaminas?
—Está enfermo, así que tiene que tomar su medicina —dijo irónicamente la madre demonio.
—Quieren decir que ustedes le hacen creer que es humano, pero que está enfermo —relató Tom—, y le dan medicina para que se sienta mejor —la madre demonio hizo un gesto orgulloso de aceptación—. ¿Por qué le hacen creer que está enfermo?
—Para que deje de estar melancólico —respondió la madre con amargura—, y acepte que es así.
Tom se quedó mirándolos, tratando de entender sus respuestas vagas—. ¿Y cómo es eso? —Preguntó ahora. Hubo ruidos que venían del piso superior. Los padres del demonio miraron hacia arriba.
—Oh, no. Va a salir —gimió la madre demonio. Todos contuvieron el aliento cuando una sombra atravesó la ventana de la cocina. Tom reaccionó, intentando seguirlo, pero se detuvo abruptamente recordando a los padres del demonio. Cargó su arma y volvió a apuntarla a los demonios.
—Hazlo. —El padre suspiró—. De todas formas no se pondrá nada mejor, más bien podrías estar haciéndonos un favor. —Los padres demonios esperaron a que Tom disparara. Tom bajó su arma.
—En ese caso, les daré más tiempo para que sigan disfrutando los pasteles —respondió. Los padres demonio gruñeron y Tom se dirigió a la puerta.
Apenas vio al demonio cuando giraba por la esquina de la calle y rápidamente corrió tras él. El demonio mantuvo un paso veloz, girando de vez en cuando por las calles. Las calles se convirtieron en oscuros y desiertos callejones, altamente peligrosos. Tom estaba seguro que habría demonios viviendo por ahí. Presionó un sensor oculto en el cuello de su ropa.
El demonio pelinegro se detuvo de repente. Tom rápidamente se escondió en uno de los rincones del callejón. El demonio miró alrededor, se volvió a todas partes, con expresión ansiosa, como si estuviera perdido. Sus rasgos cambiaron a miedo y empezó a soltar quejidos, como si fuera a llorar. El contorno de dos figuras apareció entre las sombras, parecieron deslizarse desde dentro del edificio y caer justo frente al demonio. El demonio pelinegro contuvo el aliento. Se volteó para correr, pero otro par de sombras apareció a sus espaldas, deteniéndolo.
—No, por favor. —Gritó el demonio. Tom se mantuvo escondido, observando como un puñado de demonios encerraba al pelinegro y más y más demonios se manifestaron y rodearon al atemorizado pelinegro. Las sanguijuelas nunca se agrupaban, nunca cazaban en grupo. Esta era la segunda vez que Tom presenciaba una congregación tan inusual y ahora se daba cuenta que era el demonio pelinegro quien lo causaba.
Dos demonios arrojaron al pelinegro al suelo y otro par intentó besarlo. El demonio pelinegro lloraba mientras la boca de uno de ellos descendía sobre la suya.
Hubo un gruñido. Dejaron libre al demonio pelinegro. Los otros demonios lucían espantados y el demonio pelinegro miraba horrorizado como el otro demonio empezaba a convulsionar. Jadeó y se cubrió la cara cuando el demonio estalló en pedazos.
—Lo siento, pero ese es mi demonio —anunció Tom. El demonio pelinegro miró a Tom, quien apuntaba el arma en su dirección, una leve columna de humo salía del cañón. Muchos demonios se enfurecieron con el cazador y se abalanzaron sobre él. Tom bajó su arma y solo los observó aproximarse.
Los demonios atacantes estaban a solo pulgadas de distancia de Tom, cuando todos fueron atacados, tomados por sorpresa. Tom sonrió de lado mientras empezaron a convulsionar y explotar en pedazos. Solo un trozo de carne desgarrada aterrizó en su hombro y él se la quitó con el movimiento de un dedo.
Los demonios restantes comenzaron a dispersarse del equipo de cazadores, que descendía por cuerdas desde el edificio. Georg, Gustav y el resto del equipo miraron a su capitán. Tom asintió como agradecimiento e hizo una seña para que el grupo fuera tras los demonios.
Los soldados saludaron y rápidamente abandonaron el callejón. Tom miró al demonio pelinegro, quien se había escondido detrás de un tarro de basura, caminó hasta donde se encontraba y pateó el tarro fuera de su camino. El demonio jadeó y dio un salto, pero continuó hecho un ovillo.
—Quiero respuestas —soltó Tom. El demonio tembló, pero no dijo nada—. ¿Acaso tu enfermedad incluye estupidez? —Se burló—. ¿Por qué mierda viniste aquí si sabías que serías atacado? —El demonio sorbió los mocos, pero todavía no se atrevía a mirar a Tom. Tom se enfureció y lo cogió de un brazo—. ¡¿Por qué, maldita sea?!
Los ojos del demonio se encendieron de rojo y los contornos se pintaron de negro, y gruñó. Golpeó a Tom en la mandíbula. Tom voló hacia atrás y rebotó en el suelo.
—¡Te dije que te ocuparas de tus propios asuntos! —El demonio estaba furioso. Agarró a Tom por la playera y lo volvió a golpear en el pecho. Tom gruñó, sintiendo que su pecho se rompía y el aire le picaba la cara mientras salía disparado. El demonio se elevó por sobre el cuerpo tirado de Tom. Lo levantó con facilidad, balanceándolo por sobre su cabeza—. ¡Mantente lejos de mí! —Gruñó, arrojándolo contra la pared. Tom escuchó el estallido del impacto. Se quedó desparramado en el suelo, inmóvil, más por el shock que por dolor. El demonio miró a Tom con el rostro enfurecido mientras se acercaba a él una vez más.
—¡Oh, mierda! —Gimió Tom, cubriéndose. El demonio se detuvo y miró en otra dirección, como si hubiera escuchado algo. Volvió a mirar a Tom y le pateó polvo en la cara antes de desaparecer en una ráfaga.
& Continuará &
Waaa, capítulo largo, lleno de acción y preguntas. Apuesto a que están igual de sorprendidas y confundidas que Tom. Pues para averiguar qué pasa con el demonio, los invito a continuar leyendo la traducción de este interesante fic de blame_my_dirty_mind.

Uffffff 🔥🔥🔥🔥🔥 qué capitulo me intriga todo