“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 28
—No sé qué ponerme —se quejó Bill en el teléfono, moviendo un puñado de camisetas de un lado al otro antes de volver a hojearlas. —Sigo pensando que debería vestirme bonito, pero entonces no quiero emperifollarme demasiado porque no quiero parecer que estoy presumiendo, pero al mismo tiempo no quiero vestirme demasiado informal y presentarme en una vieja camiseta de la banda y pantalones vaqueros, y terminar pareciendo alguna víctima de la moda que acaba de conseguir salir de la calle. Entonces creo que tal vez debería llevar puesto algo que has dicho que te gustaba, pero, puf, no sé. —Suspirando, Bill sacó una camisa fuera del armario, examinándola y colgándola de nuevo. —Y luego está lo de mañana, también.
En el otro extremo de la línea, Tom sonrió, sosteniendo el teléfono entre su hombro y su oreja mientras doblaba otro par de jeans para meterlos en su maleta. —Estoy seguro de que lo que sea qué elijas, será fabuloso —dijo él claramente. —Sólo lleva algo con lo que te sientas cómodo. No es la gran cosa.
—No es… —repitió Bill, su mandíbula se abrió ante la sola idea. — ¿No es la gran cosa? ¿Así que me presento en un par de pantalones de cuero con cordones y mostrando un poco de piel con una apretada camisa de malla y eso sólo va a estar totalmente bien?
—Te presentas aquí vestido así y vamos a terminar yendo muy tarde —le respondió Tom.
—Tom… —se quejó Bill. —No estás ayudando nada.
—Bien, bien. ¿Qué hay de ese jersey negro de cuello alto? Es sencillo, no muy llamativo, y creo que te ves muy guapo llevándolo puesto —dijo Tom, armando su kit de aseo en el baño.
—¿Eso crees? —preguntó Bill, rebuscando en su ropa negra y sacando la prenda antes mencionada.
—Sabes que sí. Especialmente cuando lo emparejas con ese par de jeans negros; esos que son un poco brillantes, ¿sabes de los que hablo?
—Brillantes jeans negros. —Bill murmuró para sí mismo, abriéndose paso entre sus pantalones hasta que encontró el par del que Tom estaba hablando.
—Y también el cinturón con todos esos ojales a través de él.
—Ojales —repitió Bill, sacando el cinturón. —¿Qué hay de los zapatos?
—¿Estás seguro de que no quieres que vaya a tu casa y empaque por ti? Nos ahorraría minutos a ambos. —Tom se ofreció.
Bill resopló a la ofensiva. —Puedo empacar por mí mismo. Sólo necesito un poco de ayuda para escoger las cosas, eso es todo. Quiero asegurarme de que hago esto bien. Sería terrible si nos presentamos y tus padres me odian apenas verme. —Deteniéndose, Bill se sentó en el borde de su cama, encorvándose mientras recogía sus cortos bóxers. —¿Qué pasa si no les gusto?
—Aw, amor, ¿cómo no iban a adorarte? Eres un buen chico y yo te amo, por lo que ellos tendrán que hacerlo también. Si no lo hacen, ellos sencillamente tendrán que acostumbrarse al hecho de que tú vas a estar alrededor. Tan simple como eso —dijo Tom. —Pero ellos nunca van a tener la oportunidad de decidir una manera u otra si no terminas de alistarte y traer tu culo flaco hasta aquí para que podamos ir.
Bill sonrió levemente, disfrutando del cálido revoloteo de las mariposas en su vientre que la imprevista declaración de amor de Tom siempre le daba. —Bien, bien. Voy a terminar de alistarme y empacar. Trataré de estar allí dentro de media hora, ¿de acuerdo? Todavía tengo que maquillarme y… —Bill se detuvo, mordiéndose los labios. —¿Debería…?
—Bill. —Tom le interrumpió antes de que Bill pueda divagar otra vez sobre su vestuario. —Sé tú mismo, ¿de acuerdo? Si eso significa mucho maquillaje, adelante. Prefiero que mi familia reciba toda la experiencia del verdadero Bill que una versión modificada porque estás nervioso. Va a salir bien.
—Bien, bien, bueno —dijo Bill con un pequeño suspiro. —Te veré pronto.
—Está bien, nos vemos pronto. Te amo.
Bill sonrió en el teléfono. —Yo también te amo.
Cerrando de golpe su teléfono, Tom lo guardó en uno de sus bolsillos antes de agarrar su maleta y arrastrarla hasta dejarla lista junto a la puerta. Haciendo un recorrido rápido por la casa, se aseguró de que todas las luces que tenía que apagar estuviesen apagadas y que no quedaba nada encendido durante su ausencia. Tom estaba a mitad del recorrido por la segunda planta cuando su teléfono sonó de nuevo. Mirando hacia abajo a la pantalla, Tom negó con la cabeza antes de contestar. —¿Hola?
—¿Se supone que debo llevar regalos? —preguntó Bill, consiguiendo una risita divertida de Tom.
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Bill sopló una larga bocanada de humo por la ventana del coche, el aire helado de afuera se lo llevó en un instante. —¿Estás seguro de que no debería llevar algo? —preguntó de nuevo, echando un vistazo a los regalos de Tom en el asiento trasero. —Podríamos parar en algún lugar y yo podría encontrar algo.
Tom sonrió, extendiendo una mano y acariciando a Bill en la rodilla mientras conducía. —Está bien, ellos estarán lo suficientemente felices sólo por conocerte. De todos modos, Bill, es la víspera de Navidad. ¿Dónde podríamos parar?
—Um… —comenzó Bill, mirando por la ventana y viendo el paisaje en movimiento. —¿Una gasolinera? ¿Podría conseguirle a tu papá unos pocos cigarrillos?
—No fuma.
—¿Whisky escocés?
—¿Whisky escocés de una gasolinera? —Tom preguntó, y Bill se encogió de hombros, apagando el cigarrillo en el cenicero del coche. —No es un gran bebedor, tampoco.
Bill hizo una mueca, encendiendo otro cigarrillo. —¿Una barra de chocolate? Espera, no me digas, es diabético, ¿verdad?
—En realidad no lo es —dijo Tom, mirando por encima como Bill se animaba levemente—, pero de hecho no es un gran fan del chocolate.
Dando un quejido, Bill se dejó caer en su asiento. —¿Qué hay de tu madre? A las mujeres tiende a gustarles el chocolate.
—Cierto. —Tom estuvo de acuerdo. —¿Pero un Snicker de una gasolinera?
—Es mejor que nada. —Bill resopló.
Tom sonrió ligeramente, dándole a Bill otra breve mirada. —Eres en cierto modo lindo cuando estás nervioso, incluso si eso te hace fumar compulsivamente.
—No estoy fumado compulsivamente —argumentó Bill, dando otra calada al cigarrillo antes de observarlo fijamente y apagarlo en el cenicero junto con los cinco anteriores. —No mucho.
—Confía en mí, Bill, estará bien si no te presentas con los brazos cargados de regalos —dijo Tom, extendiendo el brazo para reclamar la mano de Bill y poner un beso en la parte posterior de la misma. —No sabes nada de ellos todavía, así que no sabrías qué regalar de todos modos. Sin embargo, el próximo año, definitivamente tendrás que tener algo para cada uno.
—¿El próximo año? —Bill preguntó con una pequeña sonrisa soñadora.
—No estoy en contra de la idea —dijo Tom, poniendo una mano en el muslo de Bill y dándole un suave apretón.
Bill sonrió de nuevo, apoyando su mano sobre la de Tom y tocando con el dedo la cara del reloj en su muñeca.
—Por supuesto, este año será mejor que tengas algo para mí. Creo que no me importaría tener otro reloj —dijo Tom en voz baja, dando una miradita y una sonrisa en dirección a Bill.
—Me gustaría pensar que puedo hacerlo mejor que un reloj —respondió Bill, apretando la mano de Tom, cálida y reconfortante contra su pierna incluso a través de los guantes que llevaba. Girando la cabeza hacia la ventana, Bill sonrió, su corazón dando otro pequeño pálpito que era en parte por los nervios y en parte por Tom. Con suerte este regalo sería mucho mejor que un reloj.
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—¿Sigue mi maquillaje perfecto? ¿Cómo está mi brillo de labios? No desapareció mientras íbamos en el coche, ¿verdad? —preguntó Bill, inclinando la barbilla hacia Tom para una evaluación mientras estaban en el porche, intercambiando sus maletas de una mano a la otra para extraer su brillo de labios.
—Te ves fabuloso —dijo Tom, llegando a detener los movimientos de Bill. —No tienes nada de qué preocuparte, ¿de acuerdo?
—Está bien. —Bill estuvo de acuerdo. —Simplemente ha pasado mucho tiempo desde que he hecho la cosa de “conocer a los padres”. Dios, creo que yo tenía diecisiete la última vez que tuve que hacer esto, y ellos me odiaron. Suburbanos pedantes. —Bill terminó, mordiéndose el labio mientras miraba hacia atrás al barrio suburbano en el que estaban.
—Bueno, ellos eran unos estúpidos —dijo Tom llanamente, consiguiendo una sonrisita de Bill. —Sólo relájate y todo saldrá bien, ¿de acuerdo? Tú eres genial con la gente. Basta con ser ese maravilloso y encantador Bill, y sé que va a ir bien. —Tom terminó, desplazando una bolsa de regalos de una mano a la otra para poder acariciar la mejilla de Bill. —¿Está bien?
Bill respiró hondo y asintió despacio. Podía hacer esto. Él haría esto, porque Tom era demasiado importante para él como para no hacerlo. —Te amo —dijo Bill, reclinándose contra la mano de Tom.
—Lo sé —dijo Tom con una sonrisa, dándole un besito a Bill y tocando el timbre.
Hubo un ajetreo leve desde muy adentro de la casa, seguido poco después por el distintivo taconeo de los zapatos en el suelo de madera antes de que la puerta se abriera para revelar a una bonita mujer rubia en sus cincuenta. —¡Tomi! —chilló ella, envolviendo a su hijo mayor en un rápido abrazo. —Y tú debes de ser Bill… —Dándole también a Bill un abrazo, ella dio un paso hacia atrás y les hizo señas
para que entraran. —Dios, vas tener un momento divertido manteniendo a Sarah alejado de él.
—Me gustaría verla intentándolo. —Tom respondió con una sonrisa. —Mama, este es Bill, obviamente, Bill, esta es mi madre, Simone. —Tom los presentó.
—Es un placer conocerla —dijo Bill educadamente, con una sonrisa radiante.
—Lindo y bien educado —dijo Simone, alzando una ceja de manera aprobatoria. —Lo apruebo. —Dándole al brazo de Bill un apretón, Simone cogió la bolsa de regalos que Bill y Tom estaban cargando. —Ustedes dos van a estar arriba en la antigua habitación de Tom, si quieres puedes empezar a desempacar. Tom te puede mostrar el camino, eso si todavía lo recuerda ya que no nos visita con la suficiente frecuencia. —Ella amonestó levemente a Tom, regalándole una sonrisa. —Tu padre está en la cocina trabajando en la cena por si quieres entrar y saludar. —Deteniéndose, ella levantó las bolsas que estaba sosteniendo. —Voy a dejar éstos bajo el árbol.
—Sólo quieres ver cuántos son para ti. —Tom dijo con una sonrisa.
—Conoces a tu vieja madre demasiado bien, cariño. —Guiñándoles un ojo, Simone se escabulló del vestíbulo y fuera de la vista, dejando a la pareja a solas con sus maletas.
—Parece agradable —dijo Bill claramente.
—Porque lo es —dijo Tom. Inclinándose, Tom levantó sus maletas, inclinando la cabeza hacia un pasillo. —Vamos, dejemos nuestras cosas para que puedas conocer a mi padre y él pueda darte un trozo de tarta.
—¿Tarta? ¿Antes de la cena? —preguntó Bill, siguiendo a Tom por el pasillo y pasando unas cuantas puertas que conducen a las grandes y bien equipadas habitaciones antes de llegar a una escalera y subir.
—Mi padre es uno de aquellos que piensan que la gente debe tener una cierta cantidad de carne en ellos —dijo Tom con un vago encogimiento de hombros. —Tú eres una cosita bonita y flaca, así que él va estar en todo momento dándote un trozo de tarta. Espero que te guste la pacana, porque vas a estar viendo mucho de eso en los próximos días.
—No soy flaco… —Bill replicó con el ceño fruncido. —Soy…
Llegando a la parte superior de las escaleras, Tom se giró y detuvo las palabras de Bill con un beso. —Perfecto. Así es como eres. —Tom dijo, besando a Bill de nuevo. —Además, ¿a quién le importa si mi papá piensa que eres flaco? Él no es el que tiene que acurrucarse junto a tu trasero huesudo en la noche.
Bill resopló cuando Tom salió corriendo por el pasillo de arriba, empujando una de las puertas abiertas. —Oh, te voy a mostrar lo que es huesudo. —Alcanzando a Tom, Bill lo empujó sobre la cama, subiendo a su regazo y arrinconándolo contra la cama. —Di que te gusta mi trasero huesudo —dijo Bill, meneándose contra el cuerpo de Tom.
—No me gusta tu trasero huesudo. —Tom respondió con una amplia sonrisa, meciéndose contra Bill y consiguiendo otro bufido ofendido. —Me encanta tu trasero huesudo.
Bill sonrió, inclinándose para darle un beso a Tom. —Eres demasiado fácil. Pensé que por lo menos te resistirías un poco.
—¿Por qué? —preguntó Tom, meciéndose de nuevo contra Bill. —No soy lo bastante tonto como para arriesgarme a decir algo por accidente que vaya a molestarte. Además —cambiando su peso, Tom los volteó, atrapando a Bill debajo de él—, todavía soy más fuerte que tú.
—Tramposo. —Bill se quejó levemente, soltando las muñecas de Tom y envolviéndose en torno a su cuerpo. —Supongo que esta debe ser tu antigua habitación. ¿Dónde están los pósteres de las Tortugas Ninjas y de Poison? ¿O el viejo escritorio con palabras grabadas en la parte superior?
Sentándose sobre Bill, Tom negó con la cabeza. —¿Te das cuenta de que no he vivido aquí en por lo menos siete años, verdad? Mamá y papá tenían este lugar desembalado y redecorado antes de que yo siquiera terminara de desempacar en la universidad.
—Eso es un poco triste —dijo Bill con un leve mohín.
—Por lo menos me dejaron un dormitorio. Podría haber vuelto a casa para las vacaciones de invierno y terminar en un viejo catre en una especie de sala de ejercicios abandonada. Y en realidad es mucho más bonito de lo que lo era antes. El mobiliario realmente combina y las paredes ya no son de ese amarillo tan horrible. Además, la cama es agradable —dijo Tom con una amplia sonrisa.
Bill le devolvió la sonrisa, acurrucándose mucho más contra Tom. —Yo no estaría en contra de probarla.
—¿Así que esto es lo que haces en lugar de pasarla con la familia? —dijo una voz desde la puerta, desviando la atención de Bill lejos de Tom y dirigiéndola a la rubia esbelta de pie con los brazos cruzados.
—Ugh, Sarah. ¿Aún no has aprendido a llamar a la puerta? —preguntó Tom, soltándose cuidadosamente de Bill.
—¿No has aprendido tú cómo cerrar una puerta? —Sarah contraatacó, con una sonrisa que le recordó a Bill algunas de las sonrisas de Tom. —¿Qué pasa si mamá hubiera entrado sorprendiéndote todo pervertido con tu novio?
—Ella habría cerrado la puerta, dejándonos un poco de privacidad. —Tom dijo, dando a su hermana pequeña un abrazo. —Sarah, este es Bill. Bill, mi hermana Sarah.
Enderezándose, Bill peinó su cabello hacia atrás en una cierta apariencia de orden. —Hola.
—¿Así que tú eres el Bill del que tanto hemos estado escuchando? —Sarah dijo, caminando en torno a Bill para tener una mejor visión. —Hmm… creo que podrías hacerlo mejor.
Bill parpadeó ante la inesperada declaración tan contundente. —Yo…
Apoyando una mano en su cadera, Sarah asintió. —Definitivamente deberías aspirar a más. Tom es un patán de todas formas —dijo ella, dándole a Bill una sonrisa cuando Tom la cogió por los hombros y la encaminó hacia la puerta.
—Bien, puedes coquetear con mi novio después de la cena. Bajaremos en un minuto. —Tom dijo, empujando a Sarah por la puerta y cerrándola cuando ella le dio un último guiño de despedida a Bill. —No te preocupes por ella, sólo es una gran coqueta. Ella no quiso decir… no del todo, en cualquier caso.
—Mm… —murmuró Bill, poniéndose de pie y envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de Tom. —Sin embargo, ella es linda. Se parece a ti, si tú fueras una chica. Podría ser una interesante compensación.
Alzando una ceja, Tom se inclinó y besó a Bill hasta dejarlo sin aliento. —No me abandones por mi hermana.
—Nunca. —Bill acordó, abalanzándose sobre Tom para reclamar otro beso.
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La cena fue mucho mejor de lo que Bill se había atrevido a esperar. Los padres de Tom se encariñaron rápidamente con Bill, especialmente Simone que parecía pensar que era encantador. Tom lo hizo bien inclinando la conversación lejos del trabajo de Bill las escasas ocasiones que fue mencionado, guiando las cosas hacia aguas menos incómodas y tejiendo juntos una versión más familiar y amigable de cómo se habían conocido que hizo que Bill medio se enamore de él nuevamente. Para el momento en que la comida era toda la preocupación de Bill y la inquietud por el día de la fiesta se había desvanecido en un vago recuerdo, se encontró más feliz de lo que había estado en un largo tiempo, incluso un poco más rellenito por las tres porciones de tarta que el padre de Tom había empujado hacia él.
Después de la cena el grupo se dirigió al salón, bañados en la luz blanca y brillante del árbol de Navidad mientras continuaban con la charla. Sarah se quejó de su trabajo y de sus inútiles novios, de vez en cuando echando una mirada en dirección a Bill, y Tom habló de su nuevo club, abrazando a Bill estrechamente y cálido contra su costado. Casi parecía demasiado pronto cuando el grupo se desintegró para dirigirse a la cama, y Tom le explicó a Bill que era tradición familiar irse a la cama antes de medianoche en la víspera de Navidad porque de lo contrario estarían despertándose a vaciar los calcetines de Navidad bien entrada la mañana.
Bien aseado y vestido con una camiseta sin mangas y pantalones de dormir de franela, Bill se metió en la cama con Tom, acurrucándose contra su costado mientras Tom cambiaba los canales en la televisión que había estado escondida en lo que Bill pensaba que era un armario inicialmente. La tradición familiar puede haber dictado estar en la cama antes de medianoche, pero no había nada sobre irse a dormir en esa regla y, considerando las trasnochadas a las que la pareja estaba acostumbrada, ninguno de los dos estaba muy cansados.
—Me gusta tu familia —dijo Bill en voz baja, viendo a Santa reír en blanco y negro en la televisión.
Tom sonrió, besando a Bill en la frente. —Creo que les gustaste, también. A mi madre en especial. De hecho, ella me dijo que no te dejase ir porque eres una joya.
—¿Soy una joya, eh? —preguntó Bill, descansando su cabeza en el hombro de Tom.
—Yo desde luego creo que lo eres.
Tarareando contento, Bill se acurrucó aún más contra Tom bajo las mantas, escuchando la película de Navidad medio silenciada que estaban pasando, y el ritmo suave y regular de los latidos del corazón de Tom. Él felizmente podía quedarse así para siempre, respirando el olor de Tom mientras que el leve resplandor de la televisión los envolvía. Para Bill, este momento era perfecto.
—¿Tom? —Bill preguntó bajito, la tranquilidad de la casa haciendo que se sienta extraño hablar en susurros. —¿Qué hora es?
Moviéndose un poco, Tom miró el reloj que estaba en la mesita de noche. —12:04, ¿por qué?
—¿Así que es Navidad?
—Para el resto del día, sí.
—Bien. —Bill dijo con una pequeña sonrisa, besando a Tom en la mejilla. —Quiero darte tu regalo.
—¿Oh, en serio? —Tom preguntó con una amplia sonrisa, acercando más a Bill. —¿No puedes dármelo por la mañana?
—No quiero dártelo por la mañana. —Bill dijo, rozando sus labios contra los de Tom antes retorcerse libre. —Quiero dártelo ahora.
Tom observó con curiosidad como Bill salía de la cama, cruzando la habitación y rebuscaba en su maleta que estaba en el suelo. —¿Qué es?
—Es un regalo. —Bill respondió, rodando los ojos mientras sacaba el paquete envuelto en papel plateado. —Se supone que debe ser una sorpresa. —Volviendo a la cama, Bill se sentó con las piernas cruzadas junto a Tom, entregándole el regalo. —Espero que te guste.
Tom levantó una ceja, dándole una vuelta al paquete en sus manos antes de rasgar el papel y tirarlo a un lado de la cama. —Es un libro —dijo Tom, abriéndolo y pasando las páginas. —Es un libro vacío.
Bill pasó una mano por encima de su cabello, tomando el libro negro encuadernado de Tom y lo abrió. —Es una agenda —dijo, acariciando lentamente una página en blanco tras otra antes de devolvérselo de nuevo a Tom—, y todos los días están vacíos.
—¿Bien, y…?
—Cada día es libre —dijo Bill, elevando la mirada hacia Tom. —No hay absolutamente ninguna obligación ahí en absoluto —prosiguió, esperando un momento para que Tom capte la idea, y consiguió que Tom lo mirase confundido a cambio. —Yo no tengo más obligaciones. Renuncié a mi trabajo. Mi última reserva fue hace dos días.
Tom se quedó boquiabierto. —¿Hablas en serio?
—Sí. —Bill dijo, arreglando su pelo con la mano de nuevo. —Quería esperar a decirte una vez que estuviera completamente hecho. Pensé que sería una buena sorpresa de Navidad.
En un instante Tom estaba sobre Bill, recostándolo y besándolo con todo lo que tenía. —¿En serio?
—En serio —respondió Bill con una carcajada mientras que Tom ponía besos por toda su cara. —Nadie más que tú jamás me tendrá de nuevo.
Continuará…

Como se grita son q piensen q estoy loca 😱😱😱😱😱😱😱😱💋💋💋🥰🥰🥰🥰🥰🥰