Escort 7

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 7

Al salir del aeropuerto, Bill se estremeció cuando se vio envuelto en el aire caliente y húmedo. Era tan húmedo, lo suficiente como para sentirse pegajoso y la calor formó pequeñas gotas de sudor que aparecieron en su frente a los primeros minutos de estar lejos del aire acondicionado. No había manera de que su maquillaje se mantuviera en pie ante la intemperie o que su cabello se echara hacia atrás elegante e impecable, y se alegró por ello. Él tenía ganas de no ser Bill por un tiempo, en su lugar solo quería ser otro veinteañero holgazaneando un tiempo por la playa.

Incluso podría considerar tener un bronceado.

Arrastrando su maleta detrás de él, que le había tomado un gran de esfuerzo lograr reducirla a una sola, Bill llamó a un taxi caro que lo llevara a la pequeña localidad pintoresca donde había reservado para su estancia de dos semanas. Había considerado obtener algo lujoso, algo grande con demasiadas habitaciones y una vista que se llevaría el aliento de una persona muy lejos, pero Bill había visto más que suficientes hoteles de cinco estrellas y amplias viviendas en su vida, y eso era exactamente de lo que estaba intentando escapar. Su habitación era agradablemente acogedora, sólo tenía tres habitaciones y un baño, y si él se inclinaba lo suficiente sobre la barandilla de su terraza personal, podía ver el mar más allá de un grupo de árboles. En lo que a él concernía, era perfecto.

Lo mejor de todo era que sus posibilidades de tropezar con algunos de sus ex clientes en un lugar como éste era poco probables o ninguna, por lo que era improbable que tuviera que preocuparse de participar en cualquier tipo de pequeña y horrible conversación con alguien con quien realmente no quería estar en su tiempo libre, que era durante todo el tiempo.

Bueno, por supuesto, él estaba mentalmente modificado para negar con la cabeza y alejarse de ellos. Todos y cada uno, sin excepción alguna.

Volcando su maleta sobre la cama, Bill buscó entre la maraña de ropa y los artículos de higiene personal para encontrar su traje de baño, uno elegante y bastante básico de color negro que le llegaba casi hasta las rodillas. Él estaba aquí por una razón, y tenía la intención de lograrlo lo más rápido posible. Bill pensó que, en realidad, Angela no era la persona más idónea para ir nunca, nunca, en busca de consejos sobre las relaciones, pero él había escuchado un refrán de ella una y otra vez que podría parecer serle válido.

La mejor manera de olvidarse de alguien es empezar con otra persona.

Normalmente Bill rodaría sus ojos ante la idea, pero ahora casi podía ver la lógica en aquello. Hacía siglos, más de los que le gustaría descubrir, que había tenido relaciones sexuales con alguien quien realmente deseaba, alguien quien él personalmente escogiera. Siempre había estado con cualquiera que estuviera dispuesto a pagar el precio por su tiempo, al menos hasta que Tom llegó y agitó las cosas. Así que, ya que al parecer deseaba tanto acostarse con alguien de su propia elección, eso era lo que iba a hacer. Iba a follar en su camino hacia la isla y viceversa, y para cuando volviera a casa, ya no traería consigo esa molesta picazón en su sistema y todo podría volver a como estaba antes. Era el plan perfecto, o al menos era lo que realmente esperaba.

Bill miró a los fiesteros de la playa detrás de sus gafas de sol, el vidrio oscuro mantenía a cualquier persona alejada de notar sus ojos errantes. Hasta ahora estaba observando a unas pocas personas, midiendo su nivel de interés en él, comprobando para asegurarse de que no estaban ya con alguien y, en el caso de los hombres, tratando de averiguar si se balanceaban hacia el lado correcto para ser dignos de su tiempo. Dar mamadas a hombres heterosexuales y no conseguir nada a cambio había llegado a ser aburrido en el instituto y no estaba exactamente en busca de una decepción en sus vacaciones.

Tomando un sorbo de su bebida, algo con sabor a fruta, ron y servido en una espinosa imitación de media piña, Bill volvió su atención a su más probable candidato de la tarde. Su bebida estaba igual de adornada que la de Bill, que no determinaba ninguna señal de alerta, pero al menos le daba a Bill un poco de esperanza, y su traje de baño a juego con sus chanclas estaba bastante bien que no parecía ser intencional. Bill sabía que estaba estereotipando espantosamente, pero él no tenía mucho más que ir hacia donde el otro estaba sentado, pero le parecía un tanto grosero acercarse y solo preguntar. Definitivamente era esperanzador, sin embargo, le gustaba la idea de que el amplio pecho bronceado del otro hombre se cerniera sobre él, sus labios bajando descendientes sobre su piel. La sola idea hizo a Bill retorcerse un poco en su tumbona.

Bill se ajustó las gafas, empujándolas hacia su nariz adecuadamente, y se levantó, decidiendo que no había mejor momento que el presente para follar con alguien. Manteniendo su cabeza mirando hacia adelante, Bill mantuvo los ojos en su objetivo, esperando a ver si él siquiera le miraba cuando pasó por su lado, en dirección a la barra. Estuvo a punto de aplaudir cuando consiguió una mirada de la cabeza a los pies, el hombre elevó una ceja apreciativamente que no creyó que Bill pudiera ver.

Habiendo conseguido una bebida refrescante, Bill ser acercó hasta el moreno bronceado, dándole una brillante sonrisa a la vez que empujaba sus gafas en la parte superior de su cabeza. —Hola —dijo, tomando un sorbo de su bebida, lamiendo al final de la pajita por un breve instante—,soy Bill.

—Ricky —dijo el hombre, devolviéndole la sonrisa.

Veinte minutos más tarde de una incómoda charla, Bill se encontró tropezando en dirección a la habitación de Ricky, empujándolo siendo el primero en separar sus labios desde que salieron del ascensor, y sólo por un momento. La boca de Ricky sabía a ron de coco mientras profundizaba con su lengua en la boca de Bill, sus besos húmedos, sucios y torpes, dejaron a Bill haciendo su mejor esfuerzo para mantener el ritmo. Su piel se sentía un poco aceitosa cuando Bill pasó sus manos por encima de él, el olor del aceite de bronceado venía de él en oleadas mientras dirigía a Bill al otro lado de la habitación, dejándolo caer sobre la cama súbitamente haciéndolo rebotar. Teniendo sus manos capturadas sobre el cubrecama, Bill miró al otro hombre con ojos oscuros, sin ver nada más que una ciega lujuria devolviéndole la mirada.

Bien.

Arqueando las caderas, Bill dejó que Ricky le sacara el bañador, poniéndose de rodillas entre sus piernas, dándole un atisbo de esperanza de que pudiera ser él el que obtuviera una mamada por una vez.

—Maldita sea, estás caliente. —Ricky murmuró, acariciando con sus manos el pecho de Bill, había un marcado contraste de color marrón sobre el fondo blanco. —No puedo esperar a estar en ti.

Bill suspiró para sus adentros mientras Ricky se movía, buscando debajo de la cama lejos de la línea de visión de Bill antes de sentarse de nuevo, embardunando sus dedos del lubricante que se roció en los dedos un segundo después.

Bill dio un ligero brinco cuando Ricky empujó dentro de él sin previo aviso, el dedo presionaba contra la instintiva resistencia hasta que Bill pudo recordar relajarse y dejarse llevar. Quería esto. Él había elegido a Ricky y todo lo demás. Esto iba a ser increíble.

Por suerte para Bill, además de la carencia de ser el líder, Ricky parecía saber lo que estaba haciendo cuando se trata de conseguir que otro chico estuviera listo, y el flash inicial de cautela no tardó mucho tiempo en ser olvidado mientras él gemía y se enroscaba en los dedos de Ricky, desesperadamente ansioso de más. —Sí, te gusta esto, ¿verdad? —Ricky le preguntó con un susurro ronco, frotando el interior de Bill y consiguiendo una cadena inatendible de palabras que básicamente significaban sí. —Apuesto a que tengo algo que te gustará aún más.

Bill dejó escapar un maullido cuando Ricky se alejó, gimiendo agradecidamente cuando los dedos fueron sustituidos por la piel caliente y lubricada.

¿Piel?

En un parpadeo, Bill se apartó, alejándose de la cama y sacudiendo con la cabeza. —Yo no lo hago a pelo —dijo, cerrando sus rodillas para demostrar su propósito.

Por un momento, Ricky pareció decepcionado, finalmente se encogió de hombros indiferente. —Eso está bien —dijo con sencillez, cogiendo un condón del mismo lugar en el que había conseguido el lubricante, lo rompió y lo deslizo en él. —¿Mejor?

—Mucho. —Bill aceptó con una sensual sonrisa, regresando de nuevo al borde de la cama y envolviendo sus piernas alrededor de las caderas del otro hombre mientras él estaba arrodillado en el suelo. —Vamos a ver lo que tienes para mí.

Bill contuvo un jadeo cuando Ricky se empujó contra él, asentándose completamente, poniendo las rodillas de Bill en sus hombros.

Agarrando a la cama debajo de él, Bill en su mayoría quedó colgando, dejando escapar los gemidos de sus labios cada vez que lo necesitaba. Se sentía bien, mejor que mucho otros con los que Bill estaba normalmente, y ansiaba que lo tocaran, restregándose contra el abdomen de Ricky por más fricción. Gimiendo profundamente en su garganta, Bill movió las caderas hacia arriba, gimiendo mientras se encontraba siendo ignorado.

Tomándose a sí mismo en una mano, Bill se sacudió fuerte y rápido, compensado el tiempo perdido que Ricky jadeaba sobre él, brusco, encajando duramente sus caderas en Bill diciéndole que se estaba acercando. Bill apenas tuvo tiempo de terminar, todo su cuerpo se sacudía cuando se corrió, Ricky apenas siguió dando estocadas. Sonriendo débilmente, se dejó caer sin fuerzas en la cama cuando se retiró de él, dejando que sus piernas cayeran hacia abajo mientras él también lo hacía. —Eso estuvo bien.

Ricky asintió, quitándose el látex usado y tirándolo en la papelera al lado de la cama. —Eres condenadamente bueno en la cama.

Bill sonrió, encogiendo de hombros. —No hice mucho.

—Bastante bueno, sin embargo. —Dejándose caer en la cama junto a Bill, Ricky le dio un beso en la frente, no fue más que un breve besito que hizo que frunciera el ceño por un segundo.

—Entonces —Bill comenzó, poniéndose encima y cruzando los brazos en el pecho de Ricky—, ¿y ahora qué?

—Um… —Ricky dijo, frotando una mano en su cabeza. —Tengo algunos planes para esta noche, por lo que debería tomar una ducha antes de eso, ¿sabes?

—De acuerdo.

—Pero, fue realmente un placer conocerte y, ya sabes, todo lo demás.

Bill parpadeó. —Oh, está bien, está bien —dijo, sentándose y alejando el pelo de sus ojos. —Eso está bien, yo probablemente…. tengo cosas que hacer y todo eso. —Asintió, más para sí mismo que para Ricky, Bill se deslizó a una lado de la cama, limpiándose las manos a su paso, y encontró su bañador. —Pero sí, fue un placer conocerte. Quién sabe, quizás nos encontremos de nuevo más tarde.

—Hey, tal vez. —Ricky estuvo de acuerdo con una sonrisa.

—Así que…. nos vemos —dijo Bill, asintiendo otra vez, dirigiéndose hacia la puerta y retirándose del sofocante calor. No se sentía mucho mejor después de su cita. Sin nada más que un poco de dolor ahora, y en cierto modo añorando los abrazos y los besos que él esperaba que hubieran venido después. Ricky ni siquiera lo había besado ni una sola vez después de dejarlo caer en la cama, el pequeño besito no contaba en lo absoluto en su mente. Debería haber habido besos hasta el final, besitos dulces que harían que su corazón doliera un poco.

Bill suspiró, deseando haber tomado por lo menos un poco de tiempo para limpiarse antes de salir. Él solo se sentía vulgar ahora mismo, resbaladizo, pegajoso, sudoroso y extrañamente vacío al mismo tiempo. Se encogió de hombros y pensó que debería de acordarse de tener ese minuto o dos para sí mismo la próxima vez.

Continuará…

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