“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 8
Bill se tendió en la cama, dejando que la brisa helada del aire acondicionado lo inundara y le pusiera la piel de gallina. Acababa de darle un beso de despedida a su última compañera de cama, dejó que se fuera por su camino y ahora estaba solo de nuevo. Mirando fijamente al techo, pensó en la última semana y lo único que sintió fue cansancio. Fue muy interesante acostarse con personas de su propia elección, era un buen cambio de la rutina, pero no lo hacía sentir mejor. Cada día que salía, se encontraba con alguien guapo, alguien interesado, y se dirigían a su cama o a la suya propia que estaba más cerca. A veces se trataba de un jugueteo rápido, todo pasión y luego cada uno se podía ir por caminos separados. Otras ocasiones le permitían quedarse, poco a poco se desnudaban hasta que él podía sentir la pura necesidad, consumiéndolo y desesperándolo. Aun así, una vez que todo estaba dicho y hecho, después de irse sentía el lento vacío invadiéndolo, que aparecía solo para entristecerlo.
Por mucho que no quisiera admitirlo, su ingenioso plan no funcionaba en absoluto. Estaba adolorido, de arriba a abajo, su cuerpo no podía ni andar muy lejos del uso que le había dado en tantas actividades y eso era solo una manera de decirlo, ya que él no había obtenido nada a cambio. Se había sorprendido cuando empezó a tener sueños placenteros con sabor a menta desde que había llegado a la isla, algo que lo había enviado directamente a la puerta de la habitación apenas se despertaba y se dedicó a tener un largo día con una bonita pelirroja llamada Emmaline. Ella había sido muy divertida, y agotadora, pero hizo un buen trabajo manteniendo la mente de Bill en otras cosas hasta que pasó una pareja de ancianos en su camino de regreso a sus habitaciones. Así que rápidamente su ensoñación regresó y Bill pasó el resto de la tarde en la bañera con la música lo suficientemente alta como para ahogar sus pensamientos. Ahora aquí estaba otra vez, medio desnudo, sudoroso después de haberse acostado con otra persona, y todavía tenía ese picor frustrante que le molestaba en la parte posterior de su cabeza, haciéndole anhelar el tacto de una persona contra su piel, pasando los dedos por su pelo y permaneciendo con él el tiempo suficiente como para dejar que se duerma entre sus brazos. Bill empezó severamente a odiar ese picor y todo lo que venía con él.
Levantándose de la húmeda cama con las sabanas desarregladas, Bill se dirigió al cuarto de baño y el confort de la gran bañera acudió al él. Tenían que lavar el sudor, el suyo propio y el de otra persona, de lo contrario no sería capaz de dormir, aunque no estaba seguro de si quería hacerlo. Mañana sería otro día e intentaría sacarle el máximo provecho. Quizás sería mejor que los últimos siete. Sería muy difícil que fuera peor que los anteriores.
Hundiéndose en la fresca agua de la bañera, Bill dejó escapar un suspiro. Este era, sin dudas, su lugar favorito de la isla, acostado en la burbujeante y agradable agua perfumada, ya que absorbía todas las tensiones del día aunque el olor a coco del aceite de bronceado estaba provocando una fuerte aversión en él. Estaba deseando dejar ese aroma muy lejos una vez que estuviera de nuevo en casa.
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Bill salió del avión y fue directo a los brazos tanto de Angela como de Kat, las chicas se habían tomado un tiempo libre para ir a buscarlo al aeropuerto en el instante en que regresaba a casa y lo arrastraron a almorzar con ellas.
—¡Mírate Bill! — chilló Kat, sosteniendo su rostros entre sus manos. —¡Estás tan moreno! ¡No creo que te haya visto nunca tan bronceado! ¡Te ves muy bien!
—Bueno, estaba en una isla. No podías esperar a que pasara todas las vacaciones en mi habitación, ¿verdad? —Bill le dijo, dejándose adular mientras mostraba su bolso más nuevo, una adquisición de último minuto antes de marcharse. —Es no habría sido muy interesante.
—No lo sé —dijo Angela dándole una pequeña sonrisa. —Depende de con quién gastaras tu tiempo.
Bill dejó una sonrisa que esperaba que sonara auténtica, no estaba especialmente interesado en confesar esa parte de su viaje, y le dio un suave codazo en el brazo a Kat.
—Oh, Bill, a veces puedes ser tan mojigato —ella le dijo, negando con la cabeza y capturando su mano. —Ahora vámonos, tenemos una reserva en media hora y nunca vamos a llegar si estamos aquí perdiendo el tiempo y mirando lo guapo que te ves con ese tono de piel.
—¿Guapo? —preguntó con una sonrisita mientras se alejaban del aeropuerto, con Angela pisándole los talones. —Pero yo ni siquiera estoy maquillado en este momento. Y mi pelo…
—Cállate —le dijo Angela, pinchándole un costado. —Acabas de llegar de un vuelo de muchas horas y aun así te ves mejor que yo después de tomarme la molestia de maquillarme. No puedes ponerte quejumbroso.
—Pero…
—No —le respondió sonriendo mientras tomaba su maleta y empujó a Bill en el asiento trasero del coche que les esperaba.
Poniendo rápidamente a maleta en el maletero, Angela tomó el asiento del pasajero por lo que Kat se puso como conductora, dejando a Bill medio acurrucado en sí mismo para que sus piernas pudieran ajustarse en la parte de atrás.
—Por lo tanto, Angela jura que vamos a amar este lugar —dijo Kat, fundiéndose con el concurrido tráfico fuera del aeropuerto —, lo que significa que la comida va a ser horrible pero las bebidas van a ser fenomenales. Desde que estoy atrapa como conductora designada, vas a tener que beber el doble por mí mientras estemos fuera, ¿está bien Bill?
Bill rodó los ojos. —Pero si apenas es pasado el mediodía.
—¿Conclusión? —Angela preguntó, mirándolo por el espejo retrovisor.
Riendo, Bill negó con la cabeza, recostándose en su asiento y esperando a ver dónde terminaban.
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Resultó que Kat tenía toda la razón en su resumen sobre el restaurante. La comida era un poco mejor que la comida que Bill obtuvo en el avión, pero las bebidas no eran solo deliciosas, también enormes. A diferencia de Kat, Bill pronto se encontró bastante risueño y borracho, riéndose de todo lo que la chica decía ya fuera gracioso o no, y honestamente casi disfrutando de toda la gastronomía que a duras penas habían comido hasta ese momento.
Apoyándose pesadamente contra Bill, Angela se quejaba de Jarret, la pareja aparentemente había roto de nuevo, mientras Bill estaba de viaje, y le tomó mucho más esfuerzo al borracho cerebro de Bill contener la risa sobre todo el previsible asunto, recordando de nuevo que no tenía por qué molestarse con todo ese lío.
Bill estaba empezando a reflexionar sobre por qué no salían juntos todos los días, sugiriendo algún tipo de fecha habitual para almorzar, aunque tal vez una con un poco menos de alcohol, cuando Kat decidió que era hora de irse antes de que uno de ellos tuviera que ayudar a Angela a llegar hasta el coche. Angela dio un quejido de consternación ante la idea, insistiendo en que ella estaba bien y consiguió una mirada escéptica de Kat y Bill.
—Vamos princesa —dijo Bill, tirando de Angela para ponerla de pie y ayudándola a mantener el equilibrio—, vamos a ir a casa y conseguirte una siesta, te sentirás mucho mejor una vez que despiertes de nuevo.
Angela sonrió, tambaleándose y se estabilizó con una mano en el brazo de Bill. — ¿Vas a dormir de nuevo en mi sofá, Billy?
—Intenta detenerme —le respondió, inclinándose para juntar su frente con la pelirroja. —Alguien tiene que quedarse para cerciorarse de que estás bien.
—Mm… —Angela canturreó, dándole a Bill un abrazo. —Eres un santo, muchacho.
—Y es mejor que no vomites en mi coche —Kat intervino, entregándole a Bill su bolso y retirándolos de la puerta.
Bill sonrió. No podría haber planeado un mejor regreso a casa si lo hubiera intentado, y sinceramente se preguntaba por qué no hacia un mayor esfuerzo para que pasaran más tiempo juntos como lo hacían antes. Era muy divertido como para no hacerlo más.
Cruzando a través del bar, Bill escucho un brillante y risueño reír seguido de un murmullo de palabras con una voz que captó su atención, girándose para encontrarse con el origen de todo antes de que tuviera tiempo de pensar en ello. Por un segundo los ojos de Bill se encontraron con los de Tom y los mantuvo, el corazón le latía acelerado en el pecho, antes de notar a la rubia medio vestida que estaba sentada en las rodillas de Tom y tenía una mano en torno en él. En ese momento, al descubierto, el humor de Bill se rompió en mil pedazos, su sonrisa desapareció por completo mientras le miraba con espanto, finalmente salió apresuradamente mientras Kat le llamaba de nuevo para que viniera.
Continuará…

WtF QUIEN ES ESA ☝️☝️☝️😱😱😱LA ODIOS DESDE YAAAA😡😡😡