“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 4
—¿Está segura? —Preguntó Tom tamborileando el bolígrafo sobre la mesa enfrente de él a la vez que sostenía el teléfono en la oreja.
—Muy segura señor, Bill está reservado por seis meses completos y nosotros no podemos reservar nuestros trabajadores sino es con seis meses de antelación. —la mujer al otro lado de la línea le dijo en tono de disculpa y Tom escuchó los golpecitos en el teclado que debería estar enfrente de ella. —¿Podría intentar mirar si hay alguna cancelación? O tenemos otro joven aquí que quizás le podría gustar, él tiene una vacante el día 24.
Tom suspiró. —No, está bien. Tal vez lo intente de nuevo el próximo mes.
—Lamento no poder haber hecho nada por usted, señor.
—Sí, estoy seguro. —Tom respondió, cerró el teléfono y lo dejó caer en el mesón.
Sabía muy bien por el tono de voz de la recepcionista que le estaban dando largas, que era algo con lo que había tratado mucho durante estos últimos años.
Sin embargo, él se preguntaba el porqué. Por lo que sabía, no había hecho nada malo. El pago se había hecho correctamente; el nuevo cargo en su tarjeta de crédito lo atestiguaba. Estaba bastante seguro de que no había herido a Bill, tenía la certeza de que él también lo había disfrutado. Sin embargo, cada vez que intentaba hacer otra reserva, siempre obtenía la misma respuesta: Bill no estaba tomando reservas en ese momento. De repente se suponía que debería creer que todo el mundo quería estar con el chico delgado, hasta llenar su calendario hasta después de Año Nuevo, cuando apenas hace dos semanas había logrado reservar una fecha para sólo tres semanas después de su llamada. Para este momento Tom no podía evitar la sensación de estar siendo evitado intencionalmente, pero no tenía ninguna idea de porqué.
Siendo racional sabía que no debía darle importancia al asunto y olvidarse. No era una gran problema, no debería estar tan molesto, pero allí estaba, tamborileado con los dedos en el teléfono y fastidiado intentando averiguar que había salido mal con Bill la última noche. Bill había sido tan receptivo, la forma en que su respiración quedaba atrapada en su garganta cada vez que Tom lo tocaba y el movimiento de sus caderas sin duda hacía parecer que lo deseaba tanto como Tom lo hacía, pero ahora, mirando hacia atrás, Tom pensó que probablemente con todos actuaba de la misma manera. Bill estaba haciendo un trabajo, montando un espectáculo y Tom había comprado cada segundo de ello.
Eso por sí solo era suficiente para hacerle creer algunas de las historias que había escuchado los últimos meses. Antes de su primera cita con Bill, un bizarro regalo de felicitación de sus amigos por haber abierto su tercer club en el área metropolitana, nunca había conocido nada respecto a la agencia o los servicios que prestaba. Había estado un poco horrorizado cuando sus amigos le habían dado la tarjeta con la fecha y hora escrita en el interior y le explicaron que era. Se horrorizó aún más cuando todos coincidieron en que tenía que ir a follar y tomarse una noche fuera del trabajo. No fue hasta que Benjamin lo había llevado aparte y le habló de Bill para que estuviera lo suficientemente intrigado y aceptara el pequeño plan de conocer al otro hombre en el hotel. Desde entonces es como si se hubiera comprometido a estar en una sociedad secreta y todos sus ocupantes tenían una historia que contar.
Tom había oído historias de cómo hombres habían hipotecado sus casas para pagar una noche más con Bill, hombres con posiciones poderosas gastando por una velada con el joven, mujeres ejecutivas saliendo de su hotel con una gran sonrisa. Bill atendían a los ricos y a los poderosos pero en realidad todos eran sus esclavos, y sin embargo, Tom no había encontrado ni una sola persona que realmente conociera algo de él. Nadie si quiera había oído su apellido. Nadie sabía si vivía cerca de la ciudad o tenía que viajar por su trabajo. Nadie sabía donde pasaba su tiempo libre, o si incluso lo tenía. Algunas personas creían que vivía en el hotel, otros creían que la agencia tenía un acuerdo con el hotel para organizar sus reservas y hacer la vista gorda ante cualquier tipo de ilegalidad en todo el asunto. Tom ni siquiera había escuchado si alguien tenía idea de la edad de Bill, todos más o menos coincidían en que debería tener entre 19 a 25 años.
Por su parte había encontrado el misterio un tanto intrigante, tratando de encajar la leyenda con delicado y dulce hombre con el que había estado. Sí, la mamada había sido impresionante. Sí, el joven era hermoso más allá de la razón. Sí, parecía saber muy bien lo que estaba haciendo. Pero en ese momento no había habido besos, Tom tenía su cuota justa de besos artificiales en el pasado, por desgracia, pero Bill no se había sentido falso u obligado. Sus besos habían estado bien, aparentemente genuinos y eso era lo que Tom no podía sacar de su cabeza. Los besos de Bill era lo que había hecho que Tom pidiera otra reserva, y ellos habían estado mejor la segunda vez. El sexo había sido una ventaja agradable pero la relajación post-coital de después le hizo entender porqué la gente quería gastar más allá de sus posibilidades por él, Tom estaba en una encrucijada.
Ya no estaba tan seguro de esta situación, sentado sólo en la cocina, girando ociosamente su teléfono móvil sobre la mesa mientras pensaba al respecto. Odiaba la idea de que Bill era así de bueno en su trabajo y la pequeña mordida que había sentido cuando Bill se aferró a él solo había hecho más integrante todo el acto. Odiaba pensar que él no era la primera persona en su posición, sentado junto al teléfono queriendo más que nada sentir los labios de Bill de nuevo. Odiaba aún más poder ver el rostro de Bill cuando cerró los ojos, la suave curva de sus labios mientras su boca se abría con cada gemido y las espesas pestañas rozaban su mejilla.
Por encima de todo, Tom odiaba lo mucho que le encantaría ser sólo capaz de sentarse con el chico y hablar en alguna parte. En algún lugar bien iluminado, sin una cama para tentarlo a poner a Bill en su espalda. Él simplemente quería sentarse, tal vez tomar un café, escuchar la risa de Bill, y aprender todo lo posible sobre él. Tom quería que fueran amigos, quería ser más, quería serlo todo. Más de una vez había considerado la posibilidad de ver la cara de Bill por la mañana, su rostro limpio y el pelo parado en extraños ángulos, una débil sombra de la incipiente barba en sus mejillas, y cómo, de alguna manera, sería mil veces más bello que la perfecta criatura que había abierto la puerta de la habitación para él.
Tal vez si hubiera conocido a Bill en diferentes circunstancias, las cosas podían haber acabado de una forma diferente, pero no lo había hecho y no podía cambiar eso ahora. Tom solo deseaba haber sabido que la última vez iba a ser la última de verdad para por lo menos haber podido despedirse, pero ya era demasiado tarde.
Suspirando para sí mismo, Tom miró el reloj del microondas. Tenía que ir a trabajar y dejar de pensar en la incómoda situación.
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Bill suspiró cuando el teléfono sonó, vibrando el familiar tono que había puesto para las llamadas del trabajo. —Ya me estoy arreglando —dijo al responder, quitando un mechón de pelo húmedo de su cara —, espera, él no canceló al último minuto, ¿verdad?
—Hola a ti también, Bill. —La mujer al otro lado de la línea le dijo amablemente, tan amablemente que estaba claro que estaba siendo sarcástica. —No hay cancelaciones el día de hoy, sólo llamaba para asegurarme de que recodabas tu cita.
—Lo hago, y voy a llegar tarde si me quedo en el teléfono toda la noche.
—También quería hacerte saber que Tom llamó de nuevo. ¿Está seguro de que no quieres que él te reserve de nuevo? Repetir con los clientes es bueno para el negocio, ya sabes.
Bill suspiró de nuevo, cogiendo un cigarrillo del paquete en el mostrador de la cocina y lo encendió, dándole una larga cala. Todo en él deseaba aceptar sólo una vez más, darle un apropiado y último adiós al hombre que hizo que sus rodillas se conviertan en agua. —Estoy seguro —dijo, soplando un largo camino de humo y colgó el teléfono.
Continuará…

Pero que haces Bill 😏😏es Tom