
«Soy caro»
(Traducción de Elle R)
Los ojos oscuros siguieron la silueta al otro lado de la habitación, profundas orbes de color marrón capturaban cada ligera curva, desde la delgada cintura al pequeño pero voluptuoso trasero. Sus ásperos dedos dolían con el impulso de agarrarlo y apretarlo fuertemente; estaba casi seguro de que encajaría perfectamente en sus manos.
Le encantaba como los finos pantalones de cuero abrazaban las caderas y la entrepierna, y arrastró sus ojos lujuriosos por las largas piernas, llegando a las botas negras y altas a la mitad de la rodilla. Mirando un poco más arriba, el hombre no pudo evitar sentirse un poco decepcionado… pero bueno, ese culo valía la pena a pesar de la ausencia de un buen par de tetas.
Después de unos pocos minutos, el hombre se levantó de su asiento y se dirigió hacia la belleza apenas vestida, poniendo una mano en la parte baja de su espalda él se inclinó, colocando un mechón oscuro de pelo detrás de la bonita oreja y cautivándose con el indicio de un dulce perfume.
—¿Cuánto? —susurró en la oreja del otro, sonriendo cuando la piel bajo sus dedos se estremeció. Los labios brillantes se acercaron para responder, haciéndole resoplar. —Eso es mucho.
—Soy caro. —la criatura sonrió levemente, sus astutos ojos brillando.
—Hoy es mi cumpleaños. —el más mayor mintió sin problemas.
—Bueno entonces, podemos hacer algo al respecto. —Los ojos marrones se volvieron hacia él, el intenso maquillaje haciéndolo lucir feroz, travieso y felino.
Una mano delgada y suave lo agarró y empezó a guiarlo fuera del cuarto oscuro, hacia el ascensor y presionar el botón para entrar tan pronto como las puertas metálicas se abrieron; cuando se abrieron nuevamente unos instantes después, un pasillo largo y un poco oscuro estaba esperándolos. El hombre caminó tras el pelinegro, deteniéndose frente a una puerta con números dorados que no llegó a leer porque fue jalado hacia adentro.
Había una gran cama de matrimonio en medio de la habitación, cubierta con unas mantas blancas de aspecto sedoso y varias almohadas mullidas. Sus ojos regresaron al chico; el muchacho no parecía mayor de 19 años. Apenas legal. Se sentía como un viejo verde.
Los largos dedos quitaron su chaqueta, apoyándose en los firmes músculos de su brazos más de lo necesario, pero no dijo nada, con una ligera sonrisa en sus labios al ver esas caderas meciéndose suavemente mientras el moreno caminaba para dejar el abrigo en una silla. Los ojos más viejos fijos en el meneo de ese trasero hasta que una suave voz lo llamó, señalando la cama y ordenándole que se sentara, lo hizo de inmediato sin apartar su mirada del joven, curioso de lo que iba a hacer.
—Sabes, para ser un hombre mayor, no estás tan mal. —una sonrisa arrogante pegada en sus carnosos labios, haciendo una mueca al rapero.
—No me pongas a prueba, nene, podría destrozarte en un segundo si quiero. —pero no quería.
—Oh, me gustaría verte destrozándome.
Decir esas cosas con esa voz de zorra iba a meterlo en problemas un día, Bushido estaba seguro.
—Con mucho gusto. —con un tranquilo movimiento, el hombre agarró al chico por las caderas y lo atrajo más cerca, haciéndole tropezar un poco; pensó que estaba sorprendido cuando el hombre más joven golpeó sus manos con fuerza alejándolas. —Qué…
—¿No te lo dijeron? No tocar a las chicas, eso es un pago extra. —el hombre soltó un bufido.
—Estamos estableciendo las reglas ahora. —el chico asintió. —Está bien, ¿qué más?
—No besar. —estableció sonriendo. Listillo.
—¿Qué? ¿Lo dices en serio? —Gruñó el hombre, frunciendo el ceño.
—No besar. —la belleza repitió con firmeza, recibiendo un suspiro del rapero.
—Bien, ¿algo más, gatito? —A pesar de que entendió la primera regla, le dio al trasero del muchacho un buen apretón, sonriendo ante el leve gemido que salió de la pecaminosa boca.
—¡Nada de nombre cursis y no tocar! ¿Qué es lo que acabo de decir? —Golpeó con fuerza las manos del hombre. —¿Vas a jugar según las reglas o voy a tener que llamar a seguridad? —el más joven frunció el ceño cuando la sonrisa del otro se hizo más amplia.
—¿Tienes seguridad ahora?
—Sí, la tengo, compórtate o vete. —cuando el hombre se quedó en la cama él continuó. —Nada de hablar y algo más… —el moreno caminó hacia la mesita de noche y mostró al hombre una sedosa venda negra. —Rompe cualquier regla más de tres veces y no llegarás a ver nada. —esa mirada arrogante en sus ojos otra vez. —Y si rompes la primera regla dos veces ya te lo advertiré.
—Muy bien, lo que tú digas… ¿cuál era tu nombre?
—Nunca lo digo y tú no necesitas saberlo.
Los ojos del rapero recorrían todo el pequeño cuerpo y los pantalones ajustados de cuero que parecían una segunda piel en esas largas piernas, la belleza de pelo oscuro se acercó a él, moviendo sus caderas con una sensualidad natural. El hombre quería tanto morder esos sensuales labios.
—Primero… Ya sabes el pago, 1500 euros por todo el asunto. —La suave voz ligeramente ronca.
—1500. —se rió. —¿No crees que es demasiado?
—Soy caro. —Él repitió.
—Puede ver eso pero la pregunta es… ¿vales la pena? —Bushido arqueó una de sus gruesas cejas.
—Podrás descubrirlo después de que acabemos. —El muchacho le tendió su mano al hombre.
—Tienes bolas, señorita. —El rapero sacó su billetera, entregándole el dinero.
—Sí, ¿quieres verlas? —Dijo inexpresivo, tomando el dinero que puso en un lugar seguro. —Gracias, no te arrepentirás.
—Mejor que no. —Bushido advirtió, esperando.
El moreno se dirigió hacia el hombre, inclinándose hacia adelante hasta que la bonita nariz casi tocaba la del mayor mientras que una pálida mano se movió desde su camiseta un poco holgada hasta su entrepierna.
—Cuidado con las uñas, gatito.
El muchacho no dijo nada mientras sus dedos tocaban la grande longitud del cliente.
—Mhhh… —un ronroneo salió de su boca. —Puede ser demasiado para mí de manejar. —Grandes e inocentes ojos miraron a Bushido cuando el voluminoso labio inferior quedó atrapado entre los blancos dientes.
—Voy a hacer que encaje, no te preocupes. —Él sonrió.
—Eso espero… ahora cállate. —Colocó un delicado beso en los labios tunecinos, sonriendo dulcemente.
Bushido vio al chico alemán ponerse de pie y darse la vuelta, inclinándose hacia atrás para que su trasero se frote contra su pene semiduro aún cubierto; casi podía sentir las firmes nalgas a través de la delgada tela de su pantalón, mientras que el otro se balanceaba sobre sus caderas una vez, dos veces… El rapero sintió su pene cada vez más duro con cada movimiento de ese cuerpo esbelto y él sólo quería follarlo contra el colchón, de modo que cuando el otro se dio la vuelta, no pudo evitar manosearlo, estrujándolo con fuerza.
—Conoces las reglas: no tocar. —el chico empujó las bronceadas manos lejos. —Una vez más y no verás nada. —Esas palabras hicieron que el otro gruñera.
—Una regla muy estúpida si me preguntas.
—Pero una regla no obstante y tienes que seguirla.
—Está bien, está bien. —Suspiró, limitándose simplemente a ver y sentir el roce ocasional de ese trasero contra su erección.
El chico le sonrió y se acercó más, su suave boca apenas rozando la de Bushido cuando el moreno mordió su labio inferior, jalándolo suavemente mientras soltaba un ronroneo que sonó más como un gemido. Música para los oídos del rapero, pero casi suspiró con frustración cuando el joven se alejó, retomando la tare de restregarse contra él.
La paciencia de Bushido se desvanecía con cada minuto que pasaba, y la pequeña porción de pálida piel con el pequeño tatuaje de la estrella era demasiado tentador cuando la oscura camisa del chico se alzó; deseaba poner sus manos sobre ese cuerpo y así lo hizo, agarrando su parte trasera y escuchó un leve gemido.
—¿Qué te dije? No tocar a las…
—Tú no eres una chica, no eres más que un maldito calientapollas y estoy cansado de simplemente ver. —El chico dio un paso hacia atrás, pero él lo agarró por el brazo.
—Detente o llamo a seguridad.
—Llámalos. —Él desafió, apretando su agarre en la extremidad del otro.
—Las reglas…
—Algunas reglas están hechas para romperse, nene.
—Bu. —Bill se quejó. —¡El juego no se supone que sea así!
—Me cansé, has estado provocándome sin parar y ahora tendrás lo que te mereces. —El rapero tiró de él hacia la cama, la delgada figura cayó sobre el colchón con un chillido no muy varonil.
—Ya no quiero jugar más. —Le puso mala cara e intentó incorporarse, pero el robusto cuerpo lo empujó hacia abajo, una gran mano le cogió por las muñecas y las sujetó por encima de su cabeza. —No es justo. —Dijo, tratando de liberarse.
—Tampoco lo eran tus reglas. —Bushido trató de mantenerlo quieto. —¿Y quién dijo que yo estaba jugando? Por no hablar de jugar limpio. —Una sonrisa malvada envió escalofríos de ligero temor y excitación a través del cuerpo del chico, amando la forma en que esos ojos oscuros y lujuriosos parecían desnudarlo y hacer arder su piel. —Voy a follarte tan duro que vas a estar llorando por la mañana. —La voz profunda susurró en el oído del cantante, haciéndolo temblar.
—Anis… —el gemelo más joven murmuró, sonrojándose fuertemente mientras miraba al hombre.
—¿Te he dicho lo mucho que me encanta la forma en que dices mi nombre? —El moreno negó con la cabeza. —Es mejor cuando gimes. —Bushido se inclinó para morder la invitante y suave piel del largo cuello, hundiendo sus dientes con fuerza pero no lo suficiente como para sacar sangre.
—N-no —.Bill tartamudeó y forcejeó, sintiéndose pequeño y vulnerable, pero al mismo tiempo extrañamente protegido. —Por favor, no dejes marcas.
—¿Por qué, no quieres que los demás sepan que tú estás tomado? —preguntó con un bufido. —O tal vez quieres que piensen que pueden coquetear contigo lo que quieran. —Deslizó su ruda mano debajo de la camisa, la piel suave y cálida contra sus dedos cuando apretó el cuerpo tatuado.
—No los quiero a ellos. —dijo el cantante, y miró al hombre mayor con sus ojos oscurecidos por el deseo. —Yo sólo te quiero a ti. —sus mejillas sonrojadas con un color melocotón suave.
—Camisa fuera.
Bushido vio como el cantante obedeció y reveló la parte superior de ese esbelto cuerpo; Bill se veía más joven de lo que ya era, y un poco más femenino de lo normal, pero seguía siendo tan hermoso, todo él de una manera suave y delicada, y tal vez demasiado etéreo para ser humano a pesar de esos pequeños defectos… pero ese lunar en el labio inferior y aquellos en la piel sedosa de su espalda sólo lo hacían más bonito a los ojos de Bushido. El mencionado se inclinó para tomar esa tentadora boca, besándolo profundamente y casi sonriendo contento ante el pequeño gemido que llegó a sus oídos.
El moreno dejó que sus manos recorrieran los fuertes hombros del hombre y lo atrajo hacia su torso, bajando para deslizar sus dedos debajo de la tela de color amarillo brillante de la camiseta, hundiendo suavemente sus largas uñas en la piel canela, obteniendo un gemido ahogado.
Las manos varoniles se movían entre la cama y el cantante, tomó el pequeño trasero del menor gimiendo dentro del beso, y en contra de su voluntad, rompió el beso y se levantó, llevando al chico con él.
—Desnúdate —, ordenó. —pero déjate las botas puestas. —El tunecino sonrió.
—Pero tengo que sacarlas para poder quitarme los pantalones. —El rapero pareció pensar unos segundos.
—Espero que no te gusten demasiado esos pantalones.
Bushido le dio una sonrisa extraña y el cantante tuvo una mala sensación, se quedó sin aliento cuando el sonido de la fina tela siendo rasgada llenó la habitación.
—¡Anis! —Bill gritó y trató de detenerlo, pero el hombre moreno cogió ambas muñecas con una mano mientras que rasgaba los pantalones del chico, revelando un par de delicados muslos. —Éstos me gustaban. ¿Por qué lo hiciste? —El cantante le dio al hombre una mirada sorprendida y furiosa.
—Has tardado demasiado tiempo, yo sólo he simplificado todo. —besó una de las rodillas del pelinegro. —Ahora, voy a arrancarlos o puedes quitártelos por tu cuenta. —Señaló a los diminutos bóxers negros y el chico negó con la cabeza.
—¿Me ayudas? —El suave susurro tuvo al rapero al borde de rasgar la fina pieza de ropa, pero eligió no hacerlo, en cambio, metió sus dedos en la ropa interior oscura y los bajó lentamente, acariciando tanta piel como pudo hasta que finalmente tuvo al joven hombre totalmente desnudo, a excepción de las botas negras de cuero, que añadían un sutil toque de perversión.
—¿Quieres devolver el favor? —preguntó Bushido, y en cuestión de minutos Bill le sacó su camiseta y en lugar de una pálida piel como la suya encontró una piel bronceada, pasando sus dedos desde los anchos hombros hasta el firme estómago. —¿Te gusta lo que ves? —Anis bromeó ante la vista del cantante mirándolo fijamente.
—Te deseo. —Bill susurró en la oreja del hombre, y mordió suavemente el tatuaje del cuello, estremeciéndose cuando las cálidas manos tocaron su piel ardiente, bajando a su trasero. —Bu… No quiero jugar más. —Dijo con una voz desesperada.
—Tus deseos son mis órdenes, princesa. —El mayor sonrió, levantándose y empujando con suavidad al otro a que se acueste en la cama mientras se quitaba su ropa, dejándola en algún lugar del piso de la habitación.
Bushido se inclinó y cubrió el pálido cuerpo expuesto del chico que, al igual que él, estaba desnudo. Los ojos oscuros recorrieron toda la piel de marfil, desde el largo cuello hasta la cintura delgada y las piernas sedosas, todo lo concerniente a ese chico gritaba pecado, esos cálidos ojos color chocolate suplicaban para que alguien tome su cuerpo, para domarlo y hacer que se sienta amado, así como protegido. El rapero bajó una mano para tocar al muchacho como si fuera la más hermosa y frágil muñeca de porcelana, y como si se fuera a romper con las más mínima rudeza. Los morenos dedos acariciaron su mejilla sonrosada y el cantante se apoyó contra el cálido toque de amor, cerrando los ojos y casi ronroneando como un gato satisfecho; el gatito de Bushido.
El moreno abrió los ojos para mirar al hombre y separó su boca ligeramente cuando los bronceados dedos alcanzaron su labio inferior, Bill lamió la yema del pulgar del otro con la punta de su lengua antes morderlo suavemente, sus ojos siempre en su amante.
¿Quién habría pensado que Bushido era tan tierno? Parecía el tipo de persona que inspira respeto y temor en otros, sin embargo trataba al cantante como una princesa, como él lo llamaba; tocaba al gemelo más joven con tanta devoción en sus ojos y pensó que tal vez eso era lo que la gente llamaba «amor», le gustaba profundamente el chico, tanto que se preocupaba por él, el rapero quería verlo feliz y hacerlo feliz y lo haría, siempre y cuando Bill se lo permita.
Y Bushido estaba seguro de que Bill quería que lo jodiera. Él lo permitiría de inmediato; por lo que procedió, agachándose para capturar los labios ahora ligeramente hinchados del cantante y tomarse su tiempo en besarlo, sonriendo cuando un gemido murió contra su boca.
El rapero tomó el mentón de Bill con sus dedos, tirando hacia abajo con suavidad, haciendo que abra la boca y dándole al chico un beso francés mientras que sus manos recorrían todo el pálido cuerpo, el beso terminó cuando Bill empujó al hombre lejos para poder respirar, mirando a Bushido con los ojos entrecerrados, sus largas pestañas ligeramente manchadas de maquillaje.
—Date la vuelta, nene. —dijo el rapero contra los labios del cantante después de morder con suavidad su labio inferior; después de un puchero y una risa ronca el cantante accedió, y se dio la vuelta dejándose caer sobre su vientre, mirando hacia atrás al otro hombre. Estuvo a punto de gemir cuando Bushido se levantó y caminó hasta la mesita de noche, regresando con una botella de lubricante el mano que lanzó a la cama.
El chico de cabello negro prácticamente ronroneó cuando sintió las calientes manos recorrer sus hombros hasta su espalda y, eventualmente, su trasero. Bushido miró ese culo con los ojos brillantes de hambre, acarició la delicada piel con ambas manos, ahuecando las mejillas para estrujarlas mientras sonreía burlonamente con los leves sonidos que Bill hacía.
El rapero dejó una largo camino de besos hasta la parte baja de su espalda, dando a una de las nalgas del chico una mordida juguetona y ganando un chillido ahogado; riendo, Bushido se arrodilló detrás y entre las piernas de Bill, cogiendo el lubricante antes descartado, abrió la tapa y vertió una pequeña cantidad del líquido incoloro en sus dedos, separando las firmes mejillas con su mano libre; miró la pequeña entrada, a veces preguntándose cómo se las arreglaría para encajar su pene allí dentro.
Dejando a un lado sus pensamientos, frotó la yema de su pulgar con cuidado, manchando de lubricante el alrededor antes de hacer una ligera presión, oyendo al chico respirar superficialmente; mantuvo la ligeras caricias hasta que comenzó a empujar con su dedo índice en el interior, lenta y cuidadosamente.
—A-Anis. —Bill susurró, tratando de relajarse, pero todavía sentía la familiar e incómoda sensación; había pasado un tiempo desde la última vez. Dios, malditas giras.
—Shhh, simplemente relájate y levanta tu culo, nene. —Él pasó una mano por los suaves muslos. El cantante soltó un bufido. —¿Qué?
—Esto es completamente repugnante. —Un débil gemido salió de sus labios cuando un segundo dedo se abrió camino dentro de su cuerpo. —Me haces sentir como una groupie siendo jodida por un estúpido rapero americano. —dijo con la voz entrecortada cuando Bushido movió sus dedos bruscamente. —Tonto, podrías haberme advertido.
—No quiero que pienses en cualquier rapero que no sea yo mientras te follo. —Seguía moviendo sus dedos, acariciando las paredes aterciopeladas y estirando al chico lentamente y con delicadeza, apenas rozando su próstata y haciendo gemir a Bill con los ojos cerrados y agarrando en un puño las sábanas.
—¿Celoso? —Bill se burló con la voz ligeramente ronca. —Me gusta eso, te ves sexy cuando estás enojado. —Apretó su labio inferior entre sus dientes cuando un tercer dedo entró.
—Si quieres salir de aquí caminando mejor no tientes tu suerte, princesa. —Bushido gruñó profundamente en su garganta y sacó sus dedos, levantándose, tomó al muchacho por los tobillos y tiró de él con fuerza hasta que sus rodillas estaban en el borde de la cama y su pecho plano contra el colchón.
Bushido se lamió los labios antes la vista de la parte trasera de Bill; se apresuró a coger la pequeña botella en la cama, lubricando ahora su duro pene y frotándolo contra el pliegue, obteniendo un jadeo del chico.
—Si alguna vez te cansas de cantar deberías intentar en la industria para adultos, las personas pagarían mucho dinero sólo por verte en ropa interior.
—Tú te pones celoso incluso cuando los ojos de un tipo se centran en mí por más de un minuto —. Bill cerró los ojos y descansó su frente en sus brazos.
—Tienes razón, no me gustaría tantos ojos mirándote lujuriosamente. —guió su miembro con su mano hasta que la punta estaba justo encima del agujero de Bill. —Tú y tú culo son sólo… míos. —Se empujó con una única y lenta estocada, mientras que el cantante debajo suyo apretaba sus ojos cerrados y agarró las sábanas entre sus manos, lanzando un grito ahogado.
—Ow… espera. —Bill se quejó del dolor, su voz quedó atrapada en su garganta y respiraba irregularmente, la sensación de ardor era totalmente incómoda. El rapero se quedó quieto.
—Estás tan estrecho, nene. —Bushido agarró las delgadas caderas con una mano, manteniéndolo inmóvil mientras lo tranquilizaba con tiernas caricias en su espalda y pelo. Tuvo que morderse la lengua y no cogerse al moreno sin importar lo mucho que lo deseara; el chico le estaba apretando muy bien.
Bill intentó respirar y permitir que su cuerpo se relaje y acepte la intrusión, sintiendo a Bushido tan profundo dentro de él. Oh, Dios, esperaba que las paredes estuvieran insonorizadas.
—Muévete, por favor. —Se estremeció ante lo desesperada que sonaba su voz pero él no tenía la culpa, había pasado más de un mes sin ver al hombre. —Por favor, Anis.
Bushido no demoró demasiado en cumplir y tiró de su cuerpo hacia él, la piel lechosa del trasero del cantante contra su pelvis para asegurarse que su pene estaba completamente dentro, espero unos segundos antes de sacarlo del todo y empujar de nuevo, Bill jadeó ante el repentino movimiento pero no se quejó, en cambio se echó hacia atrás en una súplica silenciosa.
El rapero tomó eso como el permiso que necesitaba, y así lo hizo; tomando al muchacho por las caderas con sus rudas manos – sabía que habría ligeras contusiones al día siguiente pero se encargaría de eso más tarde – Bushido empezó a penetrarlo fuertemente y la habitación se llenó de los gemidos del hombre, los gemidos del chico y el sonido de la piel contra la piel.
Pronto la piel de Bill estuvo ligeramente húmeda y se sentía caliente por todas partes como el calor abrasador que empezó a acumularse dentro de su vientre. Gemía el nombre de Bushido una y otra vez, y se quejó cuando el hombre lo agarró por el pelo, lo habría maldecido por eso pero estaba demasiado ocupado tratando de no caer en la cama debido a sus piernas temblorosas, mientras trataba de sostenerse en sus manos y rodillas.
Bushido agarró su pelo más fuerte, obligando a Bill a elevar sus rodillas, su pecho contra su espalda ligeramente sudorosa; el mayor pasó su mano tatuada por el delgado cuello, pasando por el torso y llegando al pene del chico que reclamaba atención, sacudiéndolo un par de veces mientras los gemidos del dueño se hacían más intensos. Bill sentía sus párpados muy pesados y su respiración acelerada por la creciente rudeza en las estocadas del hombre y el placer que las seguía. Él sujetó las muñecas de Bushido.
—Para, para. —El hombre le lanzó una mirada dudosa pero él le dio una sonrisa seductora. —Quiero montarte.
Bushido no se atrevió a decir que no.
Él se retiró y se colocó en la cama mientras que el gemelo más joven se acomodaba sobre él, sentándose en sus caderas; Bill tomó el lubricante y aplicó un poco en el tieso pene y procedió a sentarse en él lentamente, cerró los ojos fuertemente por el leve dolor pero gimió cuando sintió al hombre profundamente dentro de él una vez más. El cantante se tomó unos instantes antes de empezar a moverse en suaves círculos al principio para después aumentar el ritmo y cuando el miembro de Bushido comenzó a dar en su próstata con cada movimiento, supo que no iba a durar mucho más.
La espalda de Bill se arqueó mientras ponía sus manos en el pecho de Bushido para apoyar su propio peso y moverse libremente, rasguñó la morena piel con sus uñas negras y blancas; sus ojos casi siempre cerrados por el intenso placer azotándolo en olas potentes, y suaves gemidos y quejidos cada vez más ruidosos, murmurando el nombre de Anis como una mantra.
—Tócate a ti mismo. —dijo Bushido y tomó al cantante por las caderas para ayudarle a moverse más y más rápido sabiendo que Bill estaba cerca porque sus paredes interiores se contraían esporádicamente alrededor de su miembro. El hombre más joven movió su miembro, agarrando su propio pene y masturbándose rápidamente.
Un grito se abrió camino a través de su garganta y fuera de su boca cuando se vino, arqueando su espalda, se corrió por toda su mano; trató de no detener sus movimientos mientras Bushido seguía empujando y buscando su liberación, sus ojos no se apartaban del rostro del chico: quería ver cada gesto y cómo las delicadas facciones se distorsionaban pecaminosamente, los labios carnosos entreabiertos y soltando esos sensuales sonidos. Por lo que continuó follándose a Bill, hasta que él se quejó.
—Anis, por favor… no más, no más… —Apenas balbuceó, su mente estaba demasiado nublada para pensar y su cuerpo demasiado sensible para seguir adelante.
Después de unas cuantas embestidas Bushido finalmente se vino, llenando al chico con su semilla cuando se empujó profundamente, Bill se estremeció encima suyo y cayó sobre el pecho de su amante, subiendo hacia él mientras el hombre inspiraba y expiraba. Bill cerró sus ojos y se acurrucó más cerca, escuchando los latidos del rapero en su oído.
Una gruesa voz susurró unas palabras en una lengua extranjera contra su cuello, y una sonrisa floreció en los labios de color ciruela.
—Yo también te amo. —Bill murmuró de regreso pero hizo una mueca cuando el pene del hombre se deslizó fuera de él, y unos fuertes brazos trasladaron su cuerpo, colocándolo a un lado; Bushido se arrodilló en la cama y le quitó las botas negras, presionando un pequeño beso en uno de sus muslos, dejó que las botas de cuero cayeran en el suelo para tomar una de las sábanas, tendiéndola en el colchón y llevando al chico con él.
Bill sonrió levemente, sintiéndose todo exhausto y flojo, sus piernas adoloridas y estaba seguro de que su trasero también estaba muy adolorido, confiaba en que un baño lo repondría ya que necesitaría analgésicos por la mañana.
—Bill.
—¿Mh? —Bill no se molestó en abrir los ojos.
—¿Me vas a devolver mi dinero, verdad?
—No, tienes que pagar por estos pantalones, que valen más que tu polla. —Bushido sintió los labios de Bill moviéndose contra su cuello.
—Más que mi polla, ¿estás seguro? —Él sonrió.
—El apego sentimental no tiene nada que ver con el dinero. —El cantante rió. —Además, ¿no te parece que el dinero que gastaste conmigo valió la pena?
—Joder, yo te habría dado el doble como mucho. —Bushido rió cuando Bill retiró su mano en él. Alejándose. —Como desees.
F I N
Si deseas leer más Billshido, pincha «aquí«.
