Ten un poco de fe 9

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Capítulo 9

El asiento de Bill estaba vacío la mañana siguiente, cuando empezó la clase. Tom pareció ser la única persona en darse cuenta; a nadie más realmente le importaba. El espacio vacío parecía reverberar inquietantemente, propagándose a través de la sala con cada impacto que golpeaba a Tom como el peso de un yunque. ¿Dónde estaba? Tal vez había hecho algo estúpido cuando llegó a casa y vio…

Tom cerró sus puños en la mesa, apretando los dientes, intentando no inquietarse. Moverse nerviosamente en su asiento sólo aumentaría su creciente sentimiento de aprensión y culpa.

Tom había creído que una vez que él y Dereck empezaron a hablar, y maltrataran a Bill de nuevo, las cosas regresarían poco a poco a la normalidad anterior. Pero algo le estaba molestando en el fondo de su mente, impidiéndole cumplir con su objetivo, y esa inquietud tenía la forma de un decadente chico delgado con delineador, productos para el cabello y ropa impar.

Su pie daba golpecitos en el suelo erráticamente y Tom se removió incómodo. Debería haber mantenido la boca cerrada y no decir nada acerca de la oruga: no había hecho nada malo. Llegar a Bill por medio de la pequeña criatura marrón parecía casi cruel ahora…

Pero Dereck había dicho que quería hacer daño a Bill y la oruga había sido una de las pocas fuentes de vehemente pasión que había demostrado; había llevado esa cosa con ellos a todas partes. Tom se había acostumbrado tanto a su presencia; que casi había olvidado de que todavía se trataba de una tarea escolar.

Entrar a la casa de Bill había sido horrible. Entregarle la preciosa oruga a Dereck había sido mucho peor.

— ¿Esto es lo que Bill más estima? Tienes que estar bromeando… Sigo pensando que deberíamos destrozar su guitarra.

—Créeme, ama esa cosa mucho más que la guitarra —dijo Tom bajito, sin mirar al pequeño ser a quién sentía estaba traicionando fríamente.

Dereck rio ásperamente. —Tío, qué maldito retrasado. Debemos destrozar la guitarra de todos modos, por si acaso. No puedo creer que le guste más este insecto que eso. Quiero decir, míralo. Es condenadamente feo.

—No es feo —Tom soltó de inmediato, por reflejo, sin pensar en lo que estaba diciendo. —Quizás es simplemente una estupidez. —Se detuvo justo a tiempo y calló, dándose cuenta de lo que estaba diciendo.

Dereck lo miró por un instante, y cuando se encontró con que Tom no tenía nada más que decir, sencillamente se encogió de hombros, aunque sus ojos estaban ahora encogidos en rendijas sospechosas.

—Lo que tú digas…

Tom no podía levantar la mirada, se sentía tan avergonzado. Y enojado. Muy enojado. No sabía exactamente por qué, sólo sabía que sentía un fuerte impulso de arrebatar el frasco que contenía el bicho de la palma de Dereck y patear al hijo de puta en la ingle. Pero en cambio, se acercó dónde estaba apoyada la guitarra y pasó los dedos por las familiares curvas, recordando las veces que había estado en esta habitación tocando junto con el sonido de la voz de Bill. Había disfrutado estar allí con Bill, mucho más que estar allí con Dereck.

Pero eso era pasado, eso era antes, esto era ahora.

Y ahora mismo, tenía un estatus que traer de vuelta.

—Tenemos que irnos. Antes, ya sabes… Antes de que su madre vuelva a casa.

Dereck asintió, sus sospechas aparentemente se evaporaron en el acto.

—Sigo pensando que debemos destrozar la guitarra.

— ¡No! —gritó Tom.

Dereck lo miraba como si lo viera por primera vez, mientras Tom respiraba profundamente por la nariz, tratando de controlar su furia.

—Olvídate de la guitarra, sólo vámonos —Tom continuó en voz baja, tratando de recuperar la compostura.

—Sí, vámonos —Dereck estuvo de acuerdo, fingiendo indiferencia a pesar de que estaba observando detenidamente a su cómplice en el crimen.

Más allá de la idea de ser atrapado por la madre de Bill, Tom quería salir de allí lo más pronto posible antes de que su ira ya no pudiera ser controlada por el mero poder de la mente. La tentadora idea de golpear a su otra vez amigo hasta sacarle la mierda se estaba volviendo tangible y Tom no sabía cuánto tiempo más podía frenar sus extremidades de lanzar un puñetazo a la cara burlona de Dereck.

Una vez fuera de la casa, las cosas habían sido más fáciles y la suave brisa fresca ayudó a Tom a calmar su ardido temperamento. Comenzó a relajarse, junto con su comportamiento hacia Dereck y, durante un rato, las cosas volvieron a parecerse a su previa situación.

Hasta que se sentó en su mesa del salón de clases al día siguiente y fue golpeado abrumadoramente por la ausencia de Bill. ¿Cuán difícil podría haber sido la pérdida de su puta oruga? Sí, estaba bien, él amaba a esa cosa, pero seguía siendo sin lugar a dudas una cosa asquerosa de la naturaleza, otorgada a él un tiempo limitado.

Miró a Dereck, quien estaba desplomado en su sitio habitual, aunque una pequeña sonrisa se colaba en sus labios. Tom pudo ver un destello de vidrio que asomaba desde su mesa y sabía que la oruga estaba allí, valientemente, entre las garras del dragón. La vista disgustaba a Tom intensamente y tuvo que apartar la mirada.

¿Por qué demonios era su problema?

Era un maldito bicho.

Simplemente era un maldito bicho.

No tenía sentimientos.

Era sólo que… ¿Dónde estaba Bill?

Como si hubiera oído sus pensamientos, la puerta de la clase se abrió y una figura encorvada entró arrastrando los pies vacilantemente, cerrando la puerta detrás de él. Tom casi no lo reconoció. Tenía el pelo descuidado, sus ojos estaban libres de cualquier producto cosmético y su ropa estaba tan… normal. Llevaba una camiseta gris y sus habituales vaqueros agujereados, aunque parecían apagados por la falta de factores llamativos en el resto de su ocupante.

Bill mantuvo sus ojos mirando tristemente hacia el suelo. Inclusive cuando la maestra le reprendió:

—Bill, llegas tarde. Por favor, toma asiento.

Bill no respondió, sencillamente comenzó a arrastrar los pies lentamente hasta su mesa, haciendo caso omiso de las miradas de sus compañeros de clase. Una mano cayó en su hombro y se detuvo poco entusiasmado.

— ¿Estás bien, Bill? Te ves un poco enfermo hoy. Ten cuidado del frío, ¿de acuerdo?

Nadie se movió ni habló. Era como si el apocalipsis acabara de golpear a la madre tierra. Bill miró a la profesora y se mostraba sorprendido de no ver ni rastro de sarcasmo en sus facciones. Casi parecía imposible, pero… la profesora estaba de buen humor hoy.

Ella miró alrededor de la clase, como diciendo: ¿Qué?, pero todos parecían demasiado aturdidos para pronunciar nada. Nunca en su historia como drogadicta y en su carrera como docente ella había sido agradable con un estudiante, y mucho menos con los más marginados y solitarios de todos ellos. Bill siguió arrastrado los pies hasta su sitio, viéndose un poquito perplejo aunque todavía con los ojos caídos y al contrario de como suele ser Bill.

Tom sólo tuvo un momento para reflexionar sobre el extraño comportamiento de la profesora antes de que sus pensamientos se desviaran nuevamente a Bill y Dereck. Finalmente tomó una decisión y arrancó un pedazo de papel de su libreta, escribiendo furiosamente con su lápiz. Enrollándolo firmemente, lo mandó volando grácilmente al escritorio de Dereck. El chico mayor lo miró fugazmente antes de desplegar lentamente el papel arrugado para leer el mensaje:

¿Entonces, qué vamos a hacer con la oruga de todos modos?

Dereck sonrió y sacó un bolígrafo del bolsillo para rascarse rápidamente y luego enviar una respuesta a Tom:

Tom lo abrió con brusquedad y leyó la respuesta:

Voy a llevarlo al bosque de detrás del colegio y esperar a Bill allí.

Tom dio la vuelta al papel y escribió: ¿Cómo va a saber a dónde ir? Antes de tirarlo de regreso por donde vino y Dereck leyó con aire de suficiencia.

Instantes después, Tom estaba desenrollado el papel nuevamente, aún más desorientado:

Lo sabrá.

Tom miró a Dereck cuyos ojos estaban puestos en él y arqueó una ceja. —Lo sabrá —articuló Dereck y se volvió hacia la profesora.

Tom sólo podía empezar a adivinar lo que Dereck tenía reservado para Bill.

&

El día se prolongó interminablemente como una larga cuerda de nylon negándose a romperse hasta que por fin, sonó el timbre ante los suspiros aliviados de los estudiantes.
Los alumnos se levantaron como uno solo y desfilaron entusiasmados fuera de la clase, Tom entre ellos. Había planeado unirse a Dereck en el parque, curioso y un poco temeroso de lo que iba a suceder. Dereck le había implorado que fuera y Tom había vacilado un poco antes de finalmente ceder; aún tenía problemas para resistirse a los profundos ojos de Dereck y su sonrisa arrogante.

Sin embargo, pronto se detuvo en seco antes de que pudiera cruzar la puerta. Tenía que hacer una doble y luego una toma triple para asegurarse de que no estaba viendo cosas. El objeto que había llamado su atención estaba puesto inocentemente en el escritorio de la profesora, disfrutando con todos los papeles dispersos y la profesora de mierda.

Ubicado firmemente al lado del posa lápices y la grapadora, había un pájaro. Una pequeña grulla hecha de lo que parecía ser un viejo envoltorio de un sándwich. El pájaro de plástico sacudió algo en la memoria de Tom y tuvo que acercarse más para tener una mejor visión.

Y luego lo recordó: era el mismo pájaro que había visto a Bill posar sobre la rama de un árbol el día en que había rodado cuesta abajo. ¿Qué estaba haciendo allí?

— ¿Puedo ayudarte?

Tom volvió la cabeza hacia arriba para darse cuenta, por primera vez, que la profesora estaba mirándolo fijamente detrás de su mesa. Dio un rápido vistazo a su alrededor, lo que le dijo que el resto de la clase se había ido y sólo estaban él y ella.

—Sólo estaba… preguntándome de dónde sacó ese pájaro en su escritorio…

—Lo encontré por ahí. ¿Y desde cuándo tomas interés en los artículos de mi escritorio? —preguntó ella, un poco de su antiguo sarcasmo estaba de vuelta.

— ¡No lo hago! Simplemente… eh… me parece algo raro para tener en su escritorio, eso es todo —Tom se entrometió, preguntándose si podía sonsacarle la verdad mediante sus cutres técnicas de manipulación.

Lo dudaba, pero era fundamental que supiera…

—Bueno, nunca me pregunto acerca de la falta de mierda en tu mesa así que no vamos a entrar en la cantidad extra de mierda en el mía, ¿de acuerdo?

—Eh…

Tom fracasó por poco, buscando algo que decir para poder sacar el tema de nuevo sin parecer impertinente. La profesora se veía cada vez más hostigada a cada minuto, y, por último, Tom optó por la solución que le pareció más sensata, principalmente por su falta de imaginación: la verdad.

—Bueno, bien, vi a Bill poner ese pájaro en un árbol el otro día —dijo él, tropezando con las palabras y diciéndolo todo muy rápido, sabiendo lo estúpido que debía sonar.

La profesora abrió la boca, pero Tom hizo caso omiso, desesperado por decirlo todo de una sola vez para no acobardarse.

—No trate de decirme que no es el mismo, yo sé lo que vi y era eso. ¿Por qué se lo quedó? Es sólo un pedazo de basura que hizo un chico cuando estaba aburrido…

Hubo un breve silencio mientras la profesora lo miraba. Tom se preparó para el golpe físico pero en lugar de eso quedó conmocionado cuando ella empezó a reír.

— ¿Así que fue Bill quién hizo esto, eh? —Ella se acarició el mentón, obviamente, perdida en sus profundos pensamientos. —Es gracioso como las cosas suceden así…

— ¿Gracioso? ¿Qué es gracioso?

Ella entrecerró los ojos ligeramente. — ¿Por qué estás tan interesado en el pájaro? ¿O es en Bill?

— ¡No estoy interesado en Bill! —resopló Tom, sus mejillas estaban ruborizadas furiosamente. —Yo sólo… quiero saber.

Ella le dio a Tom una mirada larga y calculadora, pasando los ojos por su ávido y curioso rostro, tal vez tratando de juzgar si le concedería una respuesta. Tom se sentía como si estuviera siendo una radiografía en el consultorio de un doctor, y trató de no mirar hacia otro lado. Por último, algo desconocido pareció deducirse en su mente y ella suspiró, dándole la respuesta.

—Es posible que te sorprenda oír esto, no es uhm… algo que me gustaría compartir con todos, pero… yo… eh… soy drogadicta.

Las dos últimas palabras fueron pronunciadas alrededor de dos octavas más bajas que el resto de la oración y Tom trató de no rodar los ojos. Era de conocimiento público: se la veía enrollando sus pitillos todos los días durante el descanso y fumarlos durante la hora del almuerzo. Sin embargo, Tom trató de escuchar cortésmente, empezando a preguntarse por qué demonios se había molestado en tener esa charla aparentemente sin sentido.

—Así que yo estaba eh, fuera ya sabes… um… disfrutando de la vista y vi esto… este pájaro posado en el árbol. Era la cosa más extraña porque mi abuela siempre solía hacerlos y me los daba. Creo que tenía toda una colección de ellos… centenares. Y luego ella murió.

La profesora sonrió tristemente y miró directamente a los ojos de Tom. Una vez más, Tom fue golpeado con la súbita comprensión de que detrás del sarcasmo, la irritación y el descontento, allí había una persona real, que podía sentir, reír y llorar. Su atención fue atraída y esperó, mientras ella hablaba, sus ojos ahora un poco brillosos.

—Los quemé todos después de su muerte, hasta el último pájaro. Los vi encogerse en las llamas… pero no me hizo sentir mejor. En realidad, me hizo sentir peor y yo sabía que ella estaba sacudiendo su vieja cabeza allí con Jesús. Mierda. A ella nunca le gustó mi adicción y ella era la única que lo sabía. Y entonces, vi la grulla, posada allí, y era como si ella estuviera… diciéndome que estaba bien, ¿sabes?

De repente ella se detuvo, inhalando y apartándose.

—Maldita sea, ni si quiera sé por qué te cuento todo esto. Esta es la razón por la que tengo un terapeuta… Probablemente deberías irte Tom, tus padres te estarán esperando.

Tom asintió con la cabeza, pero no se movió.

— ¿Cree en el destino? —preguntó él de repente.

— ¿Qué? —dijo ella, con su voz ahora un poco ronca.

—Destino. ¿Cree que el destino hizo que encuentre ese pájaro?

Ella sonrió, una real y genuina sonrisa, y Tom pensó que era una pena que no lo hiciera con más frecuencia.

—Pongámoslo de esta manera, desde que encontré esta cosa en el árbol, no he tocado ningún cigarrillo. Si eso es lo que tú llamas destino, entonces joder, esto lo es.

Por primera vez, Tom le devolvió la sonrisa, comprendiendo finalmente. Era como si el amanecer se alzara en su mente, la luz solar de la comprensión iluminando sus pensamientos y trayendo el sentido a todo un mundo de oscura confusión. Se había sentido tan confuso durante tanto tiempo, y sin embargo, ahora, Bill… el perfecto Bill… había estado en lo cierto.

Bill.

Joder.

— ¡Lo siento, pero me tengo que ir! —soltó Tom, corriendo rápido fuera del aula y dejando a la profesora mirándolo fijamente detrás de él, perpleja y emocionada. La sonrisa descansaba sobre sus labios y ella se rió en voz baja, levantando la grulla delicadamente entre su pulgar y su índice.

—Divertidos niños… —ella murmuró mientras una pequeña lágrima se deslizaba por su mejilla.

Continuará…

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