Ten un poco de fe 8

Ten un poco de fe 8

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Capítulo 8

El resto del fin de semana lo pasó en el refugio de su habitación. Tom pasó largas horas fumando y escuchando ruidoso rap a menudo perdiéndose en sí mismo. Sus manos le picaban por tocar la guitarra que se encontraba a unas pocas calles de distancia en la casa de Bill, pero se sentía demasiado resentido y enojado para abandonar el cómodo nido de mantas que había construido a su alrededor.

Dañar cosas también estaba es su lista de prioridades, pero no había nadie para golpear. Estaba solo en su habitación, huraño y patético, deseando una máquina del tiempo para traerlo de regreso al día, o incluso al mes, antes de que todo este proyecto hubiera comenzado y jodido toda su dinámica.

Antes de que Bill lo fastidiara.

Por desgracia, a los dioses del tiempo difícilmente les importaba un bledo una mota insignificante como Tom, viviendo en uno de los muchos continuos de tiempo, y sin piedad trajeron el lunes por la mañana a lo largo del horizonte, a pesar de la profunda aversión de Tom por ver a la gente que más detestaba en la escuela, salvo su padre.

Después de lanzar su despertador contra la puerta, por fin se levantó. Su padre en realidad renunció a golpear la pared, y se había levantado para dar un par de golpes brutos a la puerta del dormitorio de Tom. No porque fuera un padre preocupado, ansioso de enviar a su hijo al mundo de la educación y la experiencia, sino porque cuanto más pronto pusiera a Tom fuera de la casa, más pronto podría volver a joder a su próxima rubia.

— ¡Por el amor de Dios, ya estoy levantado! —gritó Tom, deseando poder lanzar nuevamente su despertador contra la puerta.

Un gruñido ininteligible le respondió desde el otro lado de la puerta y Tom a regañadientes se deslizó fuera de las cálidas sábanas, y se adentró en la fría mañana.

Le tomó más tiempo de lo normal estar listo, ya que aminoró el ritmo a la mitad de su rapidez normal. Cualquier cosa para retrasar lo inevitable.

Milagrosamente, se las arregló para llegar al colegio justo cuando el timbre llamaba al principio de la clase, y se deslizó a la derecha en su asiento, evitando el contacto visual con cualquier fuente de perturbación.

Pasó las clases de la mañana en un profundo estado de rendido letargo, sin querer hablar o escuchar. La maestra estaba ida en su propia autocompasión y despotricando contra la inútil educación y Tom estaba agradecido mientras disfrutaba de su propia auto-compasión.

Al recordar la noche en la casa de Dereck, sintió cada vez más la vergüenza consumir sus pensamientos. ¿Realmente se había insinuado a Dereck? ¿Tan obvio era? ¿Había sido evidente durante todo este tiempo?

Había querido a Dereck durante tanto tiempo, quizás mucho antes de que él sospechaba, sin embargo, cuando la perfecta ocasión se había presentado, lo había rechazado como un tonto. ¿Qué diablos le pasaba? Dereck prácticamente había estado buscándolo y Tom se apartó… después de todo lo que…

Simplemente no se sentía bien, Tom trató de justificar, aferrándose a cualquier cosa que pudiera ayudarle a navegar por encima de su fase de intensa depresión. Había sido tan repentino, tan intenso, ¿era esto como verdaderamente deberían ser las cosas, con tan poca reflexión y alusión a las emociones? ¿Sólo sencillo comportamiento de bruto animal?

Encadenando sus pensamientos juntos, tratando de reconstruir lo que parecía ser un rompecabezas con la mitad de piezas que faltaban, Tom recordó aquel día en el campo con Bill. No había nada de animal en eso. Había sido sencillo, la conversación civilizada, y sin embargo mucho más. Se había sentido en sintonía, comprendido, incluso… cómodo.

Tom quería reírse de la ironía.

¿Cómo podía sentirse más cómodo en una simple conversación con el friki del colegio, y aun así huir del obvio deseo de Dereck, algo que Tom había buscado sin cesar?

Perdido en la confusión, aunque a estas alturas, a Tom, que se le había vuelto un territorio familiar, no escuchó la campana anunciar el final de las primeras clases. Sólo cuando los cuerpos comenzaron a levantarse y las personas comenzaron a mezclarse, Tom se levantó y se dirigió a la puerta. Le rozó el hombro a Dereck y se sonrojó, avergonzado, cuando Dereck pasó a su lado con Andreas.

—Por lo tanto, ¿vienes al parque después del colegio? Conozco a una chica que parece interesada en ti —Tom le oyó decir.

— ¿Q-Qué? ¿En serio? —preguntó Andreas, sorprendido.

—Sí, le gustan los rubios y le dije a ella que te presentaría. Es mejor que estés allí, ¿de acuerdo?

—Seguro Dereck —contestó Andreas con una sonrisa tonta en la cara mientras Dereck pasaba un brazo alrededor de sus hombros como solía hacerlo con Tom.

Un gruñido de celos vibró de las cuerdas vocales de Tom, aunque pasó algo desapercibido en el alboroto general de la clase.

Así que, ¿Andreas era el nuevo mejor amigo de Dereck? Bueno, a la mierda, podía quedarse con él. Tom no necesitaba a nadie, estaba bien por su cuenta… Todo por su cuenta…

Como siempre había sido…

Salió fuera de la clase y caminó rápidamente por los pasillos, manteniendo una máscara estoica plasmada en su rostro. A pesar de su disputa con Dereck, su popularidad seguía alta y la gente le saludó con la mano mientras caminaba por los pasillos. Todo le era una imagen borrosa e ignoró las muchas caras que decayeron cuando no recibieron su aprobación. Sólo quería salir pitando de allí.

Marchando por las escaleras del colegio, se sumió en un trote corto, corriendo colina abajo a toda velocidad y descansando en el final, exhalando con fuerza. Se agachó en una bola y se sentó en el césped, jadeando y tratando de no llorar por lo mal que había jodido todo.

Siempre jodía todo. Todo era culpa suya.

Tal vez si no hubiera metido la pata, él no le habría apartado…

—Hey.

Tom miró hacia arriba y allí estaba Bill, jadeando un poco, su pelo estaba al natural hoy, aunque su maquillaje seguía tan presente como siempre. Tom quería entrecerrar los ojos antes la camiseta de la calavera amarilla que chocaba débilmente con los pantalones de color naranja brillante. En un día normal, Tom habría reído al ver el dobladillo elevarse por encima de los tobillos de Bill, varios centímetros más pequeños.

Pero hoy, sólo quería desgarrar los pantalones en pedazos, junto con su propietario.

— ¿Qué? —preguntó bruscamente, mirando hoscamente a la cara que lo contemplaba ávidamente.

—Sólo quería ver que estabas haciendo —le respondió Bill, y para empeorarlo, se sentó a su lado en el césped.

—Vete.

Los ojos de Bill se abrieron como platos.

— ¿Qué te pasa?

—Nada.

—Puedes hablar conmigo si quieres…

—Dije que no es nada.

— ¿Es sobre Dereck?

Tom atacó, finalmente herido:

— ¡Dereck no me quiere más! ¡Dijiste que debería ir, me dijiste que estaría bien, que debería intentarlo! Bueno, lo intenté y fracasé, ¡y ahora me odia! Bien hecho Bill, ¿qué crees que debo hacer ahora? ¿Eh? ¡Tú tienes todas las respuestas, siempre lo haces! ¡Vamos, dime!

Los ojos de Bill cayeron y rápidamente a comenzó a parecerse a un cachorro herido. Incluso su pelo ondulado pareció aplanarse un poco de la pena.

—Lo siento… —murmuró suavemente, su labio inferior temblaba.

— ¿Perdón? ¿Lo sientes? ¡Bueno, yo también! Lo lamento, yo fui tan estúpido como para seguir el consejo de un bicho raro como tú. ¡Lo siento, incluso me metí en este tonto proyecto! ¡Debí haberte dejado solo como cualquier otra maldita persona aquí!

La cabeza de Bill se hundió, la mirada de cachorrito se intensificó a medida que los lagrimones detrás de sus párpados se ponían en marcha.

—No quieres decir eso, ¿verdad? —preguntó lastimosamente, agarrándose al césped.

—Joder Bill… no lo sé… —suspiró Tom, lazando sus manos hacia abajo. Dio al suelo un par de golpes y gruñó con frustración, arrancando hierba vigorosamente.

Hubo un minuto de pausa.

—Tal vez… tú no lo piensas… Tom, tal vez se supone que todo esto debió suceder… Tal vez…

— ¡No me digas que vas a empezar con esa mierda del destino otra vez!

— ¡Hay una razón para todo! ¡Lo sé Tom, lo he visto! Puede que no me creas, es posible que no quieras, ¡pero está ahí incluso si lo quieres o no! Sé que es duro, pero sólo tienes que tener un poco de fe…

— ¡No me hables acerca de la fe y de cómo todo es jodidos arcoíris y margaritas todo el tiempo! —gritó Tom, poniéndose de pie con una furia ciega. — ¡Ese no es el mundo real! El mundo real es este: es cruel, y duro, y horrible y si no aprendes a vivir por tu cuenta, ¡estás jodido! Nadie se preocupa por ti, solo se preocupan por sí mismos. ¡Nadie te quiere! ¿Por qué crees que la gente te pega? ¿Por qué crees que nadie te quiere? ¿Cuál es la razón para eso, Bill? ¡Dime!

Bill sólo miró a Tom, incapaz de apartar la mirada de los años de dolor detrás de la máscara de soledad de Tom, que se desmoronaba lentamente delante de él.

—Pienso que hay una… —susurró Bill en voz baja. —Sólo tengo que encontrarla…

— ¡Eres un maldito tonto! —se rió Tom, rozando la histeria. —Está bien, si hay una razón para todo, ¡entonces dime porqué mi padre me odia! ¡Dime porqué mi mamá me dejó! ¿Por qué, Bill? ¿Eh? ¡No puedes responder a eso porque no hay ninguna razón! ¡La verdad es que mi padre es un maldito vago y mi mamá siempre nos odió a ambos! Y si crees en tu jueguecito de la vida y la fe, y de cualquier otra mierda que pienses en esa mente retorcida tuya, deberías estar jodidamente decepcionado, ¡porque no hay nada para mí, Bill, nada!

Bill estaba llorando. Tom no podía entender por qué, pero las lágrimas se deslizaban silenciosamente por su rostro y lloriqueó un poco, aunque nunca miró a otro lado que al rabioso Tom. Tom llevó una mano hasta su mejilla, y sintió sus propias lágrimas manchado su piel y casi se estremeció.

Mierda… Se había dicho a sí mismo que no lloraría otra vez…

—Duele… —dijo Bill, agarrándose el pecho con el puño. —Duele…

Tom rio patéticamente a través de su propio llanto, aun tratando de negar la evidente tristeza que fluía de sus párpados. ¿De qué estaba hablando Bill ahora?

Con su mano libre, Bill cogió la manga de Tom, implorante, pero Tom se apartó bruscamente del agarre, como si estuviera saltando lejos de una antorcha encendida.

—Duele tanto… Me estás haciendo tanto daño… Me duele…

Tom soltó un bufido.

—Como si me importara. ¡Tú y tu perfecto hogar con tu perfecta mamá! ¡Aléjate de mí, friki!

Escupió en los pantalones naranja llamativos de Bill, el color vibrante sólo aumentaba su ira. Sin mirar atrás, se apartó del cuerpo abatido sobre el césped y corrió colina arriba, de vuelta al colegio, aunque no sabía lo que iba a encontrar o hacer una vez que llegara a la cima. Sólo tenía que alejarse de Bill…

Ignoró el chillido detrás de él y la voz que exclamaba su nombre desesperadamente. Poniendo sus manos sobre sus oídos, siguió corriendo, huyendo de su ira, huyendo de su dolor…

Huyendo de Bill…

&

Frotando sus mejillas secas, Tom se detuvo en la puerta, tratando de borrar todas las huellas de su terrible experiencia emocional. Se quedó fuera un par de segundos, sollozando en voz alta y siguió frotando furiosamente sus mejillas hasta que le dolieron. Parpadeó un par de veces… inhaló… exhaló… Estaba listo.

Una respiración más profunda, y se aferró a la manija de la escuela, adentrándose en el colegio. Los pasillos estaban llenos de gente charlando y nadie se dio cuenta de que Tom entró solo, mezclándose con la muchedumbre.

Se sentía como una mierda. Después de que su ira hubiera alcanzado el punto máximo, su estado de ánimo fluctuaba drásticamente en la dirección opuesta, ahogándolo en el agotamiento y la apatía. Difícilmente le importó cuando alguien chocó contra su hombro, casi dislocándole el hueso.

—Uh… lo siento… —murmuró, y se detuvo boquiabierto cuando vio con quién había tropezado.

Dereck estaba mirándolo fijamente, su mirada impenetrable.

—Tom, te he estado buscando…

— ¿En serio?

—Mírame.

Tom apenas se atrevía a levantar la cara, a los ojos del que había idolatrado por tanto tiempo. Aliviado, no distinguió aparentemente disgusto alguno ni calidez impregnada tampoco en la mirada.

—Quería disculparme por lo que pasó —dijo Dereck, causando que la mandíbula de Tom cayera poco antes de alcanzar el suelo.

— ¿Cómo?

—Sí, no quería asustarte ni nada. Era sólo por diversión, pero saliste corriendo tan rápido, realmente no tuve tiempo de decir nada.

—Ah… ok. —Tom maldijo cuando algo atascó el sistema de engranajes de su cerebro. Ojalá pudiera encontrar algo más interesante que decir aparte de “Ah, ok”.

—Por lo tanto, quiero que vuelvas a la pandilla. Además, necesito tu ayuda con algo.

Tom reconoció una familiar mirada en los ojos de Dereck. Un pequeño destello de… travesura. Era la mirada que a menudo tenía que ver con una presa potencial aguardando a lo lejos, es decir, Bill.

— ¿Qué es?

—Quiero hacerle daño a Bill. Algo así como realmente lastimarlo. Has pasado tiempo con él, sé que me puedes ayudar con esto.

Tom apretó los puños. ¿Lastimar a Bill? Sí, podía hacer eso, podía hacer eso bastante. Bill, el cabrón que había arruinado su vida o, para ser justos, la había hecho infinitamente peor. Con sus estúpidas ideas de la fe y lo finales felices y hadas mariconas con cupidos haciendo a todo el mundo feliz, feliz, feliz.

—Yo… sí.

De repente, un flashback a un chico de pelo negro vomitando al final de una colina pasó al frente de su mente, interrumpiendo bruscamente sus furiosos pensamientos. Esto fue seguido por una serie de acontecimientos pasados, perezosamente en una llamativa sala de estar, en una habitación y en un campo en medio de la nada.

No pudo evitar sonreír al ver a Bill cubierto de barro, acurrucando la fea oruga orgullosamente como si fuera la cosa más hermosa del mundo… Habían tenido algunos buenos momentos…

La rabia murió en la mente de Tom, ya que todo volvió a él y suspiró para sus adentros. Bill ya había tenido suficiente.

—Mira Dereck… creo que no soy la persona que estás buscando…

Dereck rodó los ojos, poniéndose en un ostentoso espectáculo de arrepentimiento.

—Es una verdadera pena. Aquí estoy yo, dispuesto a olvidar todos los conflictos del pasado y seguir adelante. Pero es obvio que no quieres hacer eso, Tom. Bien, lo intenté… —Empezó a alejarse, junto con todas las esperanzas de Tom de regresar a una vida normal.

— ¡Espera!

Dereck se dio la vuelta, lento y deliberadamente, esperando, su sonrisa escondida detrás de fingida seriedad.

— ¿Sí?

—Yo…

Tom apretó la mandíbula. Sólo era Bill. No es como si otra ronda de golpes le haría daño. Además, a pesar de todo lo que Tom había descubierto sobre el misterioso chico, seguía estando inexplicablemente enojado. Tal vez esto le mostraría a Bill que él quiso decir lo que dijo… Sólo quería que lo dejaran solo.

Tom deseaba que no fuera tan difícil convencerse de que Bill merecía esto.

¿Por qué se sentía tan culpable?

—Sí, sé exactamente lo que tenemos que hacer. Pero tendremos que saltarnos el tercer período.

&

Bill hizo tintinear las llaves antes de antes de colocarla cuidadosamente en la cerradura y abrir la puerta de su casa. No se molestó en llamar a su madre, sabía que ella se había ido a una importante exposición en una galería. Había estado fuera todo el día y Bill esperaba que estuviera teniendo un buen momento.

Se quitó los zapatos y dejó caer su mochila en el piso, corriendo a su habitación para trabajar en un par de canciones. Las había escrito especialmente para Tom.

Aún tenía la esperanza de que tal vez algún día, Tom y él estarían juntos. Si no, bueno, Bill había tenido al menos la oportunidad de conocer a la persona detrás del chico con fachada de gánster. Pero por una vez, estaba completamente satisfecho con lo que la vida le había lanzado.

Tom sacudió por completo el mundo de Bill fuera de su eje de rotación. Bill siempre había aceptado lo que la vida le había dado sin cuestionar, saber cosas tenía su manera de arreglarse ellas mismas si las dejas… pero Tom…

Tom parecía tan perdido y solo.

Bill entró en la habitación y casi se abalanza sobre su cama, donde su cuaderno estaba ubicado debajo de la almohada, pero se detuvo, inseguro. Algo no estaba bien.

Podía sentirlo: algo estaba definitivamente distinto.

La guitarra aún estaba contra la pared; su póster de Nena también… Sus ojos vagaron sobre su cama, escritorio y armario…

Finalmente, su corazón pareció detenerse y un grito apretó su garganta, listo para ser disparado. Sus pies se detuvieron del shock y el pánico lo consumía.

No podía ser… ellos no podían tener… no eso…

Finalmente, recuperó el uso de sus piernas y saltó sobre la cama, el grito por fin se liberó de su esófago, rasgando el aire con su incredulidad y agonía. Se agachó sobre el taburete junto a la cama, agarrándolo, mientras su respiración empezaba a acelerarse rápidamente y su corazón golpeaba salvajemente en su pecho.

Su más preciada y amada oruga se había ido.

Continuará…

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