10: La cereza en la punta

Le pregunté a MIZU si quería decirles algo a ustedes, en este, el último capítulo y ella envió lo siguiente: “I would love for you to tell them, «Thank you!  I hope you all enjoyed the story, and thank you so much for taking the time to review.  And don’t forget to give Claudia a big fat thank you kiss for taking the time and effort to translate this!  She really deserves it!»

Ella dice: “Me le encantaría decirles ¡Gracias! Espero que disfrutaran la historia y muchas gracias por tomarse el tiempo de dejar un comentario. Y no se olviden de darle a Claudia un enorme beso de agradecimiento por tomarse el tiempo y el esfuerzo por traducir este fic. ¡Ella se lo merece!”

Esta soy yo, otra vez, la verdad es que MIZU es una persona muy dulce, así que todos los créditos para ella. Yo soy feliz solo por haberles hecho sonreír compartiendo esta, SU historia. 

10: La cereza en la punta

Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan

Capítulo 10: La cereza en la punta

Ten lista esa tercera bandeja, Bonnie. ¿La van está aquí? —Bill se movía deprisa por la cocina, esquivando a sus dos empleados—. ¡Debemos llevar esta orden temprano!

Entendido, jefe —gritó Javier, pasando por el costado de Bill con una bandeja con cupcakes—. Este es el último, estamos listos para irnos.

Okey, okey…

¿Jefe, por qué no va a arreglarse? Javier está haciendo los arreglos. Yo me encargaré de limpiar la cocina y dejarla lista para mañana.

Quieto, de pie y con las manos en las caderas, Bill le dio una mirada a la cocina. El catering de las bodas lo habían mantenido tan ocupado, que apenas había tenido tiempo de mantener abierto el frente del negocio para vender cupcakes y pasteles. Aunque esa parte del negocio ya era popular entre los locales, quienes disfrutaban relajándose por las mañanas en el patio techado que estaba al frente.

Está bien, Bonnie. Revisen los suministros para la hora rápida de la mañana. Tal vez necesiten poner unos cupcakes en el horno. Y creo… sí, haz un par de bollos daneses también. Oh, y recuerda preguntarle a Robert si necesita más insumos de café, se olvidó de responderme ayer. —Robert era el barista que había contratado un par de semanas después de haber abierto—. O yo me olvidé de llamarlo por la respuesta. —Pasando la mano por su cabello, suspiró.

Okey, okey, salga de aquí y diviértase. —Bonnie lo sacó de allí—. Yo me encargaré de todo.

Gracias, Bon, eres una muñeca. —Bill le dio un rápido beso en la mejilla—. ¡No te olvides de cerrar con llave!

Sí, como si tú no fueras a pasar a revisar más tarde —murmuró su empleada.

Probablemente ella tenía razón. Trotando hasta su auto, Bill se sonrió a sí mismo. Él amaba a su pequeña y ocupada pastelería, en el año que llevaba desde que abrió, se corrió la voz de boca en boca. Los primeros seis meses, había hecho modificaciones por aquí y por allá. Apostó al café y al té importado y descubrió que los clientes deliraban por esos temas en internet. De inmediato invirtió dinero en el patio, instaló un telón, puso una línea de árboles en maceta y puso unos cables para los parlantes. Hizo que el interior fuera más moderno, pero cómodo y los locales, rápidamente se convirtieron en clientes habituales. Con todos los twitter y comentarios online, no era inusual ver una fila en las mañanas que rodeaba el edificio. La gente no podía parar de pedir sus “jodidamente asombrosos”, “mágicos”, “sabrosamente artísticos” cupcakes, como los llamaban algunos clientes.

Cuando llegó al sexto mes, decidió comenzar a hacer catering para bodas, catapultando la fama de sus cupcakes a los matrimonios. Ahora comenzaba a preguntarse si necesitaría expandirse.

Se estacionó fuera de su casa y apagó el auto—. Expandirme… Nona, ¡de verdad me podría expandir! ¡Lo logramos! —Susurró al aire con una sonrisa. Bajó del coche y caminó, pasando por la casa principal.

¡Hey, Bill! —Llamó Gus, saliendo por la puerta trasera—. Ya recogí tus suplementos. ¿Quieres que los pase a dejar mañana?

Sí, está bien. Gracias Gus. Oh, no tendré nada nuevo por un par de días. He estado muy ocupado como para experimentar.

Está bien. Me estoy acostumbrando a tus atrasos. Supongo que me tendré que poner a la fila, como todo el resto de la ciudad —dijo Gus con una sonrisa, volviendo a entrar a la casa.

Desde que Charlotte quedó embarazada, el cuñado de Bill había cambiado. De hecho se había vuelto más… complaciente. A Bill le había parecido extraño por meses, pero ahora ya estaba habituado. Gus había comenzado a ayudarle con el negocio, haciendo parte de la remodelación de la cocina y también salía cada mes a buscar los productos para su stock.

Bill todavía tenía pequeñas sospechas, preguntándose si quería sacar una tajada de las ganancias. Le envió una mirada desconfiada a la casa principal antes de entrar a la suya.

Ouch. Maldición, Tom. —Pateó un zapato fuera del camino con un gruñido—. Siempre le digo a este hombre que este lugar es muy chico como para que deje sus cosas en cualquier parte… —pateando el otro zapato fuera de su camino, giró en una esquina y chocó de frente con él.

No se trata de decirle “al hombre” todo, ¿no es así?

Oh… ¡Estás aquí! —Bill sonrió ampliamente—. ¿No deberías estar listo? Creo que vamos a llegar tarde.

Tom levantó un abrazo y lo acercó—. Estoy limpio. Huele.

Bill accedió y le dio una olfateada—. Okey, agradable. Ahora es mi turno. —Pasó por el lado de Tom y comenzó a quitarse la ropa—. ¡Tengo tres bodas más el próximo mes! —Gritó.

¡Es genial!

Oh, me estás siguiendo. —Bill le dio un beso rápido.

Siempre.

¡Una va a ser para quinientos invitados! —Exclamó Bill emocionado, mientras se quitaba los pantalones y bóxer, arrojándolos al cesto. Se agachó y recogió las ropas que Tom había dejado en el suelo y también las arrojó al cesto.

Vas a necesitar contratar a una nueva asistente. —Tom observó como el lindo Bill se metía a la ducha.

Lo sé. Yo estaba pensando en lo mismo. ¡Hey, tú ya tomaste una ducha!

Pero no contigo —explicó Tom, contorneándose para quitarse la camiseta y el bóxer, al meterse bajo el agua.

Oh.

Necesito más besos, así que los vengo a recolectar.

No, tú necesitas correrte, puedo sentir tu erección picándome desde atrás.

¿Esto? —Preguntó Tom con inocencia, meneando sus caderas de un lado al otro.

Eso. —Bill deslizó sus brazos por los hombros de Tom y tiró de él, buscando un beso. Un par de manos sujetó su trasero y le dio un apretón.

Mmm… —Tom retrocedió levemente, gruñendo cuando los dientes de Bill empezaron a morder su cuello—. Soy tan gay.

Especialmente por mí —murmuró Bill contra su piel antes de volver a morder.

Solo por ti. Te amo, Bill. —Deslizó sus manos por las nalgas y presionó un dedo contra la entrada—. Y amo tu trasero. —Realmente lo amaba. No solo estaba tratando de fingir, ni auto-convencerse. Él de verdad amaba el trasero de Bill y prácticamente amaba todo lo demás de Bill.

Bien, porque creo que mi culito también te ama. —Bill lo respingó más para probar su punto—. ¿Solo vas a jugar con él o qué?

Deja de decir culito, porque nunca, nunca, has estado en Inglaterra y sí, tienes razón. —Estirando una mano, tomó el acondicionador y puso un poco en su palma—. Me gusta jugar con él.

Oh, mmmmm…. Bie… bien, porque…. Oh, ahí…. Me gusta cuando lo haces —embistió hacia atrás, contra el dedo que entraba.

Había perdido la virginidad con Tom una semana después de que se mudara con él. Cosa que pasó tres días después de la declaración de Tom y su aceptación de ser un hombre gay. Bill supo sin duda en su mente que el momento era el adecuado.

Creo que tengo Síndrome de Nal-perger. No me canso de tus nalgas.

Tarado. Oh, Dios… ugh, ahí… ahí. Ahora bésame y cállate. —Bill gimió en la boca de Tom.

Tom fue más profundo, con su lengua y sus dedos. Él amaba el cuerpo de Bill, había llegado a conocerlo por dentro y por fuera en el curso del último año. Nunca supo que podría ser así de feliz… o así de gay. Una vez que dejó de luchar y lo admitió y lo aceptó, supo que nunca más volvería a tocar a una mujer. Y estaba bastante seguro que sería feliz tocando el cuerpo de Bill por el resto de su vida.

Voltea y dame tu cupcake.

Bill resopló y tosió, porque al voltear tragó un poco de agua—. Eso es tan… tonto… oh, Dios. —Soltó un quejido cuando Tom comenzó a masajear su polla—. Tom… oh, Dios.

Di mi nombre, bebé. Sé que te encanta. —Después de estar con Bill, se dio cuenta de lo frígida que era Tricie, pero para ser sinceros, probablemente él tampoco fue el mejor amante para ella, porque era gay y eso. Era tan sorprendente estar con Bill, que Tom enviaba agradecimientos secretos al cielo, casi todos los días.

Tom, Tom… okey, mi cupcake. —Bill soltó una risita y de cara a la pared dijo—. Es todo tuyo.

Levantando una mano, la dejó caer en una nalga.

Ouch.

¿Quieres otra?

A ja.

Tom lo azotó un par de veces más y luego tomó más acondicionador—. Ya no puedo esperar, Bill, bebé.

No, no —Bill concordó, meciendo su trasero de adelante hacia atrás—. Ponla dentro.

¿Poner dentro, qué, Bill, bebé? —Completamente resbaladizo, Tom puso la cabeza de su polla en la entrada del rubio y comenzó a presionar.

Por favor, ponla dentro, Tom —murmuró, gruñendo al ver que su petición era concedida.

Oh, Dios, esto es tan hermoso. Soy tan jodidamente gay por ti, Bill. —Se deslizó hacia dentro, hundiéndose hasta la base, en un solo y lento movimiento.

Bien, bien… oh, sí. Tom, Tom te amo. Te amo demasiado.

Oh, mierda, Bill. —Tom jadeó para recuperar el aliento, reposicionando sus manos y retrocedió—. Lo voy a hacer ahora. ¿Está bien, bebé?

Sí, muévete.

Marcando un ritmo rápido, Tom observó como su polla se deslizaba de adentro hacia afuera de Bill, su Bill—. Luce tan bien. Oh, mierda, necesitamos un espejo, quiero… —gruñó ante un par de embestidas fuertes—, quiero ver como te tocas.

Con un brazo presionado contra los azulejos de la pared, Bill empujó hacia atrás, al cuerpo de Tom—. Tom, Tom… oh, Dios mío, vas a hacer que me corra.

Sujetando las hermosas y angostas caderas de Bill, Tom buscó un ángulo y empujó más profundo, batiendo las pestañas de éxtasis cuando Bill gritó de placer. Los ruiditos sexuales de Bill eran los sonidos más eróticos del universo. Tom podría correrse, solo escuchando a Bill masturbarse. Aceleró el ritmo solo para oír más.

Tom, oh Tom. Te amo… voy a… —gruñó un pequeño quejido ronco, mientras se tocaba hasta alcanzar el orgasmo.

Sí, bebé, hermoso Bill, oh, mierda… —Mientras Bill se corría, apretó la polla de Tom. Nunca superaría lo sorprendente que era esa sensación. Todo con Bill era sorprendente— Voy a correrme en ti, bebé —jadeó.

Córrete en mi culo, quiero sentirlo.

Tom resopló, pero salió de todas formas y se masajeó más fuerte con su mano, viendo los chorros blancos de su semilla, aterrizar en el culo de Bill—. Mierda, eso es tan lindo —gruñó.

¿Lindo? —Bill lo miró por sobre el hombro con una sonrisita de lado.

Lindo. —Tom asintió con confianza—. Y tú no querías mi semen en tu agujero.

No en la boda. No me gustaría estar todo caliente y viscoso allí abajo. —Bill se enderezó y volteó, para darle un beso suave a Tom.

No me amas —lo acusó Tom.

¿Oh?

Ámame y ama mi semen.

Yo sí amo tu semen —respondió, dándole a Tom otro beso—. Yo amo el semen de Tom Trumper. Amo como sabe, como se siente en mi culo, pero no en mis ojos —como hace un par de meses atrás. Todavía eran un poco torpes los dos juntos—. Tampoco me gusta en mi culo en la boda.

Yo también amo el tuyo —sonrió de lado—. Porque soy gay.

¡Ya basta! —Bill se rió—. Otra vez te estás portando como un retrasado. Tú solo amas mi semen, porque es mío.

Y porque soy gay —insistió Tom. Alcanzó el jabón y comenzó a lavar el torso de Bill.

Estoy comenzando a preguntarme si estás tratando de convencerte a ti mismo. —Bill bajó los brazos y rió cuando Tom lavó sus axilas.

Nop. Solo estoy orgulloso de ser un hombre gay.

Está bien. Pero de verdad creo que el sticker del arcoíris es más que suficiente.

Será suficiente cuando este estado nos permita casarnos.

Mm… pasará, bebé —susurró Bill, dándole un beso suave. Ya habían hablado al respecto. De hecho, Tom le propuso matrimonio tres semanas después de mudarse con él, justo después de probar el cupcake de chocolate blanco de lima que Bill había hecho. Él no se lo había tomado en serio, ya que Gus también le había propuesto matrimonio al probarlo, al igual que varios clientes.

Pero resultó que Tom estaba hablando en serio. Y decidieron que, tan pronto fuera legal, iban a correr ante el juez de paz y se casarían.

Tenemos que salir de la ducha, Tom Trumper. Se supone que eres el padrino, ¿recuerdas?

Ah, Georg, en realidad él no me necesita allí. —Tom puso jabón en el lindo trasero de Bill, planeando pasar varios minutos más, limpiándolo.

Claro que sí. Y yo salí y me compré un traje nuevo. Y… deja eso. —Movió su trasero hacia el otro lado—. Y además, quiero ver qué piensan los invitados de mis cupcakes.

Los van a amar. —Tom enjabonó las preciosas bolas de Bill. De verdad amaba las bolas de Bill.

¿Quieres saber cuáles son?

Nop —mintió.

Tienen chocolate oscuro de cerezas con… oh, oh Dios. Vas a hacer que me ponga duro otra vez.

Mmm… mm —puso abundante jabón en el flácido miembro de Bill, que dio un saltito en sus manos.

Y crema de mantequilla… mante…

Mm, okey.

Crema… de mantequilla… no… crema ácida… crema ácida. Glaseado y… oh, Tom.

¿Y qué más? —Tom frotó su propia polla entre los muslos resbalosos del rubio.

Crema de mantequilla de amaretto.

¿Estás seguro?

A ja… crema de mantequilla de ama… amaretto y… —gimió cuando los dedos de Tom volvieron a entrar en él—. Y pastel de coco… con relleno de almendras.

¿Y qué más? —Susurró Tom.

El… El Andalucía.

Oh, mierda.

A ja.

Amo El Andalucía. ¿Fue Tricie quién te convenció de ello? —Tom giró a Bill y nuevamente entró en él.

No… que… quería hacerla para ellos… oh, es tan… romántico.

Mmm… es mi favorito. —Bill le había contado la historia de cómo se había “corrido” con la idea de esos cupcakes. SU cupcake. No estaba seguro de cómo sentirse de ser el plato principal de la boda de su ex prometida y su mejor amigo.

Sí, Georg había empezado a salir con Tricie, en menos de un año y ya se iban a casar.

No es justo —murmuró Tom.

No empieces Tooooom. ¡Oh, Tom!

Cuando una mano llegó a su espalda y la otra por un costado y uñas se hundieron en su piel, Tom se dio cuenta que no era el momento para enojarse sobre ser equitativos por la boda.

Esperaría hasta estar en el matrimonio, porque sería un tema divertido para iniciar una conversación.

Al volver a correrse, esta vez muy dentro de Bill, supo que llegaría el día en que se casaría con este hombre.

Rodeando sus caderas, Bill suspiró felizmente. Tom salió de su cuerpo, Bill giró y ambos se rodearon en un abrazo.

Te amo, Tom Trumper.

Te amo, Bill y un día serás Trumper. Y vas a tener que inventar un nuevo cupcake para nuestra boda, ¿lo sabes?

Se sonrieron el uno al otro. Tom se inclinó y le dio a Bill un beso tierno, largo y muy gay.

&   FIN   &

Creo que es un fic maravilloso. ¿Qué opinan ustedes? Les agradezco por ser partícipes de esta familia de cupcakes y espero que no les hayan salido caries por tantos pasteles y tanto cliché. Recuerden que la autora original se llama MIZU y le haré llegar sus comentarios.

1 comentario en “10: La cereza en la punta”

  1. me encanto lo lei ayer completo , volvi hoy para dejar un comentario , una historia muy linda , me encanto Bill lo dulce que era , y me daba mucha gracia las explosiones de ira de Tom en el auto , gracias por traducir la historia 😀

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