3: El lado oscuro del chocolate

3: El lado oscuro del chocolate

Fic de Chocoholic. Traducido por MizukyChan

Capítulo 3: “El lado oscuro del chocolate”

—Te he visto.

Tom giró en ese mismo instante. Sabía que esas palabras iban dirigidas hacia él—. ¿A mí?

—A ti y a ese chico rico. —Un hombre mayor apareció por una esquina—. ¿Qué obtienes a cambio?

Tom arrugó el ceño—. ¿Qué obtengo por qué?

El hombre mayor caminó más cerca de Tom y este retrocedió. Tenía un muy mal presentimiento de esto y no le gustó para nada. Ni un poco.

—Por follarlo, por supuesto. Aunque no debes ser tan bueno, porque no te deja quedarte a pasar la noche. Pero estoy seguro que te busca por algo a cambio. ¿Qué es? ¿Comida? ¿Dinero? —El hombre sonrió y Tom sintió que su corazón dejaba de latir cuando su espalda tocó la muralla. Ahora estaba atrapado.

—Yo no… —chilló. Quería decir que él no había hecho nada, pero las palabras no podían salir de su boca. Estaba demasiado asustado.

—¿Y bien? —Ahora su cara estaba muy cerca de la del joven—. ¿Sabes qué? ¿Por qué no me das algo a mí?

El más joven le dio una mirada a la barra de chocolate en su mano y luego se la ofreció al otro, temblando.

—Dame todo.

—Esto es todo.

El hombre bufó—. No me mientas. —Cerró la mano en la garganta de Tom, en un movimiento tan rápido que el otro no lo vio venir. Jadeó para poder respirar, pero en realidad no estaba funcionando.

—No estoy mintiendo —dijo tosiendo—. Déjame ir.

El mayor lo hizo, lo cual dejó caer a Tom al suelo, en shock, pero por supuesto no había terminado.

—¿Esto es todo? —siseó—. Inútil pedazo de mierda —gruñó, mientras pateaba a Tom en el estómago. El chico fue lo suficientemente inteligente para no hacer nada, no dijo nada y tampoco golpeó de vuelta. Todo podría empeorar, él ya lo había experimentado antes.

Afortunadamente, el hombre pensó que Tom no valía la pena y lo dejó tirado en el suelo, sin nada que comer. Sin embargo, el chico no quería levantarse. La felicidad que había sentido se esfumó rápidamente.

Le dolía el estómago y también la cabeza. Apoyó la cabeza en la muralla y cerró los ojos. Quería dormir, aunque en realidad ese no era el lugar para hacerlo, no un lugar tan abierto como ese. Pero en esos precisos momentos no le importaba nada.

Soñó con Bill.

Y hablando de Bill; él estaba en casa, discutiendo con su papá—. Él es agradable y quiero conocerlo mejor.

—Es un vagabundo, probablemente use drogas. No puedes confiar en él —dijo su padre tranquilamente. Y ese tono tan calmado, hizo que Bill se enojara más.

—¡Él no consume drogas! ¡Y si quiero hablar con él, no podrás detenerme!

—Pero no en mi casa.

—Muy bien, entonces saldré ahora mismo a hablar con él.

Su padre no se veía feliz, pero sabía que no podría detener a su hijo de hacerlo. Suspiró y observó a Bill dejar la habitación preguntándose por qué quería relacionarse con un indigente. Como todos los padres, él le había enseñado a no hacer esa clase de cosas.

Por supuesto que a Bill no le importó. Ya iba caminando por las calles, dando grandes zancadas, preguntándose dónde podría encontrar a Tom. De verdad le gustaba el chico y odiaba que su padre hubiese dicho todas esas cosas. Normalmente, él entendía, pero ahora no. No con Tom.

Y no quería pensar qué podría significar eso.

—¿Tom? —llamó cuando vio al chico que buscaba, apoyando en la pared. Como Tom no reaccionaba, se arrodilló junto a él y tocó su hombro—. ¿Tom? ¿Hola?

—¿Mhm? —murmuró el chico, sin abrir los ojos.

—Abre tus ojos, ¿por favor? Soy yo, Bill. —Volvió a tocar su hombro y el otro, finalmente abrió los ojos—. Hey, hola.

—Bill, pensé que estaba soñando. —Tom sonrió suavemente—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Bill quería sentarse junto a él, pero Tom ya se había levantado del suelo.

—No, espera. Aquí no. —Tom se mordió el labio, sin saber cómo decirle a Bill se fuera, sin sonar muy mal educado—. Bill, creo que es mejor que vuelvas a tu casa.

—¿Por qué?

—Es mejor para los dos. Créeme. —El joven vagabundo trató de convencerlo. Pero de algún modo sabía que eso no sería suficiente para convencer a Bill.

—¿Te has metido en problemas? —La voz de Bill sonó preocupada y el otro rodó los ojos. No iba a contestar esa pregunta. Si decía que sí, Bill se preocuparía mucho más. Y si decía que no, Bill no le creería. En otras palabras, responder no le ayudaría en nada.

Pero no responder, tampoco lo haría.

—Sí es eso, ¿no es así? ¿No es mi culpa o sí? Apuesto a que lo es. Lo siento.

—Bill cállate. Solo vete.

El chico rico se quedó mirándolo, derrotado—. En verdad no quieres que me vaya, ¿verdad?

—Sí —No.

—Entonces me iré. Adiós Tom.

—Adiós Bill. —Las palabras le dolieron y Tom se aseguró que el otro no viera su expresión. Solo continuó caminando tan rápido como pudo sin correr. Él tampoco quería ver la cara del otro. Eso solo le dolería más. Así que siguió caminando, tratando de no pensar sobre lo que acababa de hacer… o por qué dolía tanto.

Mientras lo hacía, Bill lo observó. Él solo se quedó ahí, viendo como el otro se alejaba caminando. Lágrimas quemaban en sus ojos. No quería admitirlo, pero le dolía. No entendía por qué y tampoco quería saberlo. Lo único que sabía era que no podía dejar que eso pasara.

Pero lo hizo.

Porque no podía ofrecerle al vagabundo un lugar dónde quedarse. Y si él era la razón por la que Tom se metió en problemas, debería dejar de juntarse con él, mientras no pudiera mantenerlo a salvo.

Mordiéndose el labio, para aguantar las lágrimas, Bill giró y regresó a casa. Su padre se mostró sorprendido al verlo entrar nuevamente—. Esa fue una conversación bastante corta —dijo para averiguar más.

—Sí. Tenías razón.

—¿Qué te convenció de eso?

—Se metió en problemas.

Gordon asintió—. ¿Por drogas?

—¡No papá! ¡Por mi culpa! —Exclamó el pelinegro—. Él no está a salvo si me habla, ¿entiendes? Y no puedo ofrecerle un lugar a salvo donde quedarse, por tu…

—Cuida tus palabras —advirtió su padre en un regaño, logrando que su hijo rodara los ojos—. Lo siento mucho por él.

—Pero aun así no lo dejas quedarse.

—No, no lo dejaré. Lo siento.

Bill no respondió. Giró y se dirigió hacia las escaleras dando grandes y fuertes pisotones. Y se aseguró de cerrar la puerta de un portazo lo más fuerte posible. Él solo quería ayudar a ese chico. Era tan joven como el mismo Bill y eso realmente había hecho la diferencia.

Esa era la única razón. En verdad. Eso era.

& Continuará &

¿Creen ustedes que esa sea la única razón? ¿Por qué tanto Tom como Bill sienten tanto dolor al despedirse? Es natural por el lado de Tom sentirse más unido a Bill, porque ha recibido su ayuda. Pero con Bill no pasa lo mismo. ¿Qué creen ustedes que hace que Bill sienta cariño por el chico sin hogar? ¿Será solo lástima?

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