The spirit of Love 4

Notas de MizukyChan: Muchas gracias por el apoyo a esta traducción. Este es el penúltimo capítulo, disfrútenlo mucho y no se pierdan el final.

The spirit of Love 4

«The Spirit of Love»

Capítulo 4

Georg no fue de ayuda, estalló en risotadas y Tom tuvo que continuar con la actuación, hasta le compró un regalo a Bill. Tom estaba complacido de haberle contado a Bill que Georg era un demonio y le informó lo mismo al castaño, lo que no lo detuvo ni un poco.

Esa noche, durante su charla, Bill habló más sobre sus sueños por el futuro, que aparentemente incluía un tour mundial como un famoso cantante, mientras fotografiaba todas las ciudades que veía. Entonces se retiraría, y se dedicaría a tiempo completo a su hobby: la fotografía y expondría todo su arte, en su propia galería. Tom pensó que era un sueño hermoso y se lo dijo. Le ofreció como consejo que volviera a la Universidad y retomara sus estudios en las clases de verano, para que le ayudaran a ir más adelantado.

La noche siguiente, Tom pensó que Bill había salido de su burbuja al contarle chistes sucios o bromas que Georg y él habían hecho por años. Se recordó a sí mismo contar las historias en forma sencilla y cambió algunos detalles, pero Bill pareció disfrutarlo. Se rieron y disfrutaron hasta pasada la medianoche.

A la noche siguiente, Tom tenía una sorpresa. Había pasado toda la tarde buscando su vieja Gibson, desde los rincones más profundos del closet, y la afinó. Sus dedos todavía recordaban los acordes de sus viejos estándares, aun cuando sus toques sonaron un poco más dudosos de lo que hubiera deseado.

Funcionó, para deleite de Bill, quien estaba encantado con este espíritu de la música. Tom tocó algunas canciones, mientras Bill tarareaba junto a él, luego Bill se unió con su voz, que era tan hermosa y clara, que Tom tuvo que detenerse solo para escucharlo cantar.

Eso fue increíble —dijo Tom cuando la última nota de Bill llegó a su fin.

Sí, da igual —respondió el otro.

No, Bill. Estoy hablando totalmente en serio. De verdad tienes una voz asombrosa. Tienes que estar afuera, compartiendo tu voz con el mundo.

Claro, Tom. Saldré y grabaré un disco mañana mismo. —Por primera vez, la voz de Bill sonó llena de sarcasmo y Tom se sintió un poco impresionado.

Bien, okey, tienes que empezar con un poco menos que eso. ¿Qué tal si cantas en el festival del próximo mes, ese que celebran en la playa? Cualquiera puede entrar.

De ninguna manera —respondió rápidamente el otro—. No puedo.

¿Por qué?

Tom escuchó como Bill respiraba profundamente—. Me da demasiado miedo estar solo en el escenario —admitió al final.

¿Qué? Bill, pensé que siempre cantabas en la escuela.

Sí, lo hacía, pero siempre estaba con el coro, nos presentábamos en coro. Incluso si me daban el solo, había mucha gente junto a mí. No puedo… me asusto mucho cuando tengo que estar en el escenario yo solo —dijo Bill—. Es como si todo el mundo me mirara y me juzgara. Si hay otros alrededor, ellos se acaparan la atención y está bien, porque de otra forma, me da pánico.

Eso rompió un poco más el corazón de Tom—. Bien, ¿y qué tal si tienes compañía contigo en el escenario? ¿Como un guitarrista, sentado ahí junto a ti?

Bill soltó una risa corta y sarcástica—. Claro, Tom. ¿Y dónde voy a encontrar a alguien? No tengo amigos, mucho menos amigos que quisieran practicar y presentarse con un amateur como yo.

Bill, solo estaba tratando…

Lo sé, Tom, lo sé, solo estás tratando de ayudar y lo apreció, pero a menos que puedas invocar un verdadero guitarrista para que me aguante, entonces olvidémoslo, ¿okey?

Okey. —Tom estuvo de acuerdo de inmediato.

Ahora me voy. Tengo un turno extraño esta noche y tengo que llegar temprano. Adiós, Tom.

Con un golpe, la ventana de Bill se cerró y dejó a Tom sintiéndose como que había enojado a su nuevo amigo y se sentía inseguro sobre qué hacer luego.

Tom no durmió bien, estaba preocupado por Bill y trató de inventar algo para resolver su mal entendido. Y, por supuesto, estaba atrasado para el trabajo al día siguiente, así que corrió por el lobby, pero fue suficiente para ver a Bill claramente con la luz del día, justo cuando cruzó las puertas.

Era tan alto como Tom recordaba, y muy delgado. Vestía jeans ajustados, botas toscas, una chaqueta corta de cuero negro con muchos cierres, con las mangas arremangadas, para mostrar el tatuaje de su antebrazo izquierdo. Bill tenía el cabello negro levantado en un mohicano, suave maquillaje sobre los ojos, y piercings en los oídos, nariz y ceja. Tom pensó que lucía encantador, aunque un poco cansado.

Bill alzó la vista y vio a Tom cuando se aproximaba lentamente hasta las puertas con los ojos fijos en él. Igual que la vez anterior, Bill bajó la mirada y comenzó a tratar de escapar, pero Tom habló—. Hola, buenos días. ¿Cómo estás?

Bill le dio una mirada sin poder evitarlo, pero todo lo que pudo decir fue—. Bien.

Tom le sonrió, una sonrisa tonta y genuina—. Que bueno. Espero que tengas un lindo día.

¿Tú también? —Fue todo lo que Bill dijo antes de girar sobre sus talones y dirigirse a las escaleras. Tom se quedó un momento viéndolo ir, también disfrutando de esa vista, así que vio la pequeña mirada que le dio Bill por sobre el hombro. Cuando vio que Tom todavía lo estaba mirando, sus ojos se abrieron y salió casi corriendo.

Tom suspiró mientras dejaba el edificio. El primer paso para conocer a Bill tampoco había marchado muy bien.

Bill todavía parecía cansado esa tarde cuando hablaron. Tom no tocó la guitarra, porque le dolían las manos por la práctica del día anterior. Bill habló un poco de la deliciosa fruta que Tom le dio antes y luego Tom le preguntó sobre más cosas que le gustaba hacer en su tiempo libre.

Finalmente, Tom no aguantó mantener la conversación con respuestas de una sola sílaba, así que le preguntó directamente a Bill—. ¿Te pasa algo malo? No pareces tú mismo.

¿Sí? ¿Y cómo podrías saber cuándo soy yo mismo?

Tom se sorprendió por la rabia en la voz del chico—. Bill, yo…

Ahórralo, Tom. Lo siento, pero ahora mismo estoy de muy mal humor. No creo querer hablar esta noche.

No, Bill, ahora es cuando necesitas de un amigo —respondió Tom—. Dime qué pasó que te puso de tan mal humor. —Cuando volvió a caer el silencio, agregó—. ¿Por favor?

Otra vez fui un estúpido —respondió Bill suavemente—. Hoy vi a este hombre realmente sexy y nuevamente me porté como un idiota.

El corazón de Tom latió más rápido y se preguntó si Bill quería decir lo que estaba pensando—. Dime qué pasó —insistió.

Bill suspiró, sonando triste—. No fue nada. Él solo… me habló, me dijo hola y yo no pude responder. Solo me quedé ahí, aturdido y luego corrí. Él probablemente piensa que soy la persona más estúpida del mundo.

La voz de Bill siguió, pero sonó amortiguada—. Saca tu cara de la almohada, Bill. —Mandó Tom y se alegró al haber acertado, porque Bill dijo.

¿Y cómo supiste?

Sé muchas cosas, Bill —respondió Tom. Respiró profundamente—. Sé que eres un tipo genial, muy inteligente y divertido. Tienes grandes sueños, y trabajas muy duro, y tienes la pasión suficiente para alcanzarlos. Eres simpático y dulce y no conozco a nadie que pudiera creer que eres estúpido.

Tom creyó oír un sollozo y le rompió el corazón—. Bill, cualquier hombre sería afortunado de tener tu atención y mucho más afortunado de poder mantenerla.

Ahora definitivamente estaba llorando. Tom no sabía qué hacer hasta que escuchó a Bill tartamudear—. Gracias, Tom. No sabes lo mucho que significa para mí. Eres de verdad… sorprendente. Gracias…

Bill, decía en serio cada palabra. De verdad yo…

Me tengo que ir —cortó Bill y Tom escuchó como la ventana se cerraba con un golpe. Se inclinó por su ventana lo más que pudo y llamó el nombre del otro con fuerza, pero Bill no respondió.

Tom se quedó despierto un largo rato, pensando en cómo todo habría podido salir mucho mejor. Se las arregló para sobrevivir el viernes y se escapó de Georg y los chicos, que lo invitaron a salir a cenar y beber. Y, aunque Georg lo picoteó con el asunto de su “amigo nuevo”, Tom no pudo dejar de pensar en Bill. Es que no parecía correcto que un chico tan maravilloso se alejara y se escondiera solo. Llevó una pizza para cenar en casa y no quería admitirse a sí mismo que había pasado toda la tarde preparándose para su charla con Bill.

Se sentó junto a la ventana con la guitarra, diez minutos antes de la hora y esperó a que Bill llamara su nombre. Pero no hubo llamada. Tom esperó un rato más y gritó, llamando al pelinegro. Volvió a tomar su bate para pegarle al suelo, pero no hubo respuesta. Prácticamente casi se cae de la ventana tratando de ver hacia abajo, pero todo lo que pudo ver fue oscuridad.

Finalmente se rindió y se arrojó a la cama a la medianoche, preocupado de haber arruinado de algún modo las cosas con Bill. Despertó de un salto una hora más tarde, confundido por lo que lo había despertado, hasta que los ruidos en su puerta se repitieron. Se aseguro de estar usando pantalones antes de abrir la puerta.

María estaba de pie ahí y lucía a punto de llorar—. ¿Qué pasa? —Preguntó de inmediato, preocupado.

Los dos niños están enfermos y Matt está trabajando doble turno. Se terminó el Tylenol infantil y la fiebre de Bryce sigue subiendo —dijo ella con rapidez.

Oh, Dios. ¿Quieres que los lleve a la emergencia?

No, no, el doctor dijo que solo era un resfrío. Los dos niños necesitan Tylenol y no quiero esperar hasta que Matt llegue a casa —respondió.

Claro, no hay problema. Yo iré a comprar lo que quiera que necesites. —Tom se pasó la mano por la cara, para despertarse mejor.

¡Oh, Tom, muchas gracias! No sabía a quien más recurrir, los padres de Matt viven al otro lado de la ciudad y no puedo llevar a los niños conmigo a la farmacia, estando así de enfermos.

De verdad, está bien. —Tom empezó a buscar por el rededor, su chaleco, zapatillas y llaves—. Solo dame una lista de lo que necesitas.

María hizo algo mejor, le pasó el envase vacío del Tylenol infantil, una botella vacía de jarabe y algo de efectivo. Tom estaba agradecido ya que nunca había comprado cosas para niños, pero la sonrisa aliviada de María fue suficiente para él—. Puedes encontrarlo todo en la tienda que tiene abierto las 24 horas.

Pero será más costoso —alegó Tom.

Ahora mismo no importa. Necesito esto lo más pronto posible, porque mis dos niños no se tomaron la última dosis.

Okey, volveré lo antes posible. —Tom terminó de ponerse las zapatillas y salió rápido por la puerta.

Como María sugirió que fuera a la tienda que estaba a un par de cuadras de distancia, Tom no se molestó en llevar las llaves de su auto, simplemente corrió hasta allá. Se concentró en encontrar el pasillo con suplementos médicos y sacó las dos botellas que necesitaba. Cogió un par de botellas extra y se dirigió hasta el mostrador. Menos mal que puso todo en el mostrador antes de que el cajero se diera vuelta.

Los ojos de Bill estaban tan abiertos, que Tom pudo ver el blanco de alrededor. Sus hermosos labios que lucían brillantes y suaves, quedaron abiertos un momento por el shock.

¡Hola! —dijo Tom y no pudo evitar darle a Bill una sonrisa amplia y boba.

Bill tartamudeó algo, antes de sostener la mirada de Tom por primera vez.

¿Cómo estás esta noche? —Preguntó Tom.

Bi,bi, bien —logró decir Bill antes de salir de su estado y comenzó a escanear los artículos que el otro había dejado en el mostrador.

¿Así que aquí trabajas, eh? ¿En el turno de noche?

La mirada de Bill se elevó y otra vez lo miraba como cervatillo pillado por las luces.

Está bien, Bill, es solo que estoy feliz de verte —dijo Tom—. ¿Estás teniendo una buena noche? ¿No demasiado ocupado?

Bill negó con la cabeza y miró la pantalla de su máquina registradora y leyó a Tom el total. Mientras el trenzado contaba el dinero, Bill puso los productos en una bolsa y se los pasó al otro.

Fue bueno volver a verte. ¡Espero que tengas una buena noche! —Tom no pudo evitar sonar alegre, aun a esas terribles horas de la madrugada, solo porque estaba mirando los ojos de Bill.

Bill solo asintió y se volvió hacia la registradora, pero Tom estaba seguro que sus mejillas se estaban poniendo rojas. Volvió a sonreír—. ¡Adiós, Bill! —dijo y se fue. Apenas escuchó el “gracias, venga de nuevo” que susurró el pelinegro.

Tom entregó las medicinas a María y trató de mantenerse alejado de los gérmenes de los niños y luego volvió a meterse en su cama, esta vez estaba feliz porque había logrado ver a Bill y hablar con él cara a cara.

Fue solo cuando estaba cayendo en los sueños cuando tuvo la pequeña preocupación de que Bill hubiera visto el nombre que estaba bordado en su chaqueta del uniforme de trabajo.

& Continuará &

Ups, Tom, al parecer te has descubierto sin darte cuenta >_< Creo que esta vez, Bill sí se dará cuenta de que el gran espíritu del más allá, no está más allá de un piso de distancia.

En fin, hay muchas de ustedes que perdonarían a Tom si fueran Bill, pero realmente pasará eso. Nos queda sólo un capítulo y ahí tendremos la gran respuesta. No olviden leerlo y muchas gracias por pasar por aquí.

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