The spirit of Love 3

The spirit of Love 3

«The Spirit of Love»

Capítulo 3

El primer pensamiento en la mente de Tom cuando despertó el sábado, no fue el terrible dolor de cabeza. Primero, no podía creer su buena suerte de finalmente encontrarse con Bill en persona. Luego, inmediatamente se sintió mal por sujetar al chico, quien seguramente lo creía un completo extraño.

Por primera vez se sintió incómodo cuando se sentó en la silla junto a la ventana esa noche. Había estado pensando mucho en una forma de acercarse a Bill y no podía evitar sentir que había arruinado la primera impresión. También se preguntó si Bill había reconocido su voz durante su corto encuentro.

¿Hola? ¿Gran espíritu, Tom? ¿Estás ahí?

¡Sí! Sí estoy. —Tom deslizó su silla más cerca de la ventana cuando escuchó la llamada de Bill—. ¿Cómo estás esta noche, Bill?

Bien —vino la suave respuesta.

No suenas bien —dijo Tom después de un largo silencio.

Bill suspiró—. Es solo que me siento muy estúpido sobre algo.

Tom se mordió el labio, esperando que Bill lo llamara farsante y lo reconociera. En lugar de eso, Bill dijo—. Soy tan torpe. Hice el ridículo frente al chico más guapo de la ciudad anoche y ahora él piensa que soy un idiota.

Inmediatamente, Tom se preguntó a dónde había ido Bill cuando dejó el edificio y cuándo pudo haberse encontrado con otro chico guapo que pudiera compararse a él.

¿Tienes el poder de retroceder el tiempo, para volver a anoche y arreglar todo y no quedar como un idiota?

Lo siento, Bill. Desearía tener esa clase de poder. —Si lo tuviera, pensó Tom, había muchas cosas que habría hecho de forma diferente, empezando por presentarse a sí mismo con el joven apuesto del piso de abajo mucho antes.

Oh, que mal.

Como Bill se quedó en silencio, Tom se obligó a sí mismo a sonar amistoso—. Bueno, cuéntame sobre este chico. ¿Qué tiene de especial que crees que es tan genial?

¿Por qué? ¿Puedes hacer hechizos de amor o ponerle alguna maldición? —Bill sonó mucho más animado.

Tom arrugó la frente. No le importaría ponerle una maldición a quien no quisiera a un chico como Bill—. No. No puedo hacer eso. Pero no necesitas hechizos de amor, Bill. Solo necesitas encontrar a alguien que te corresponda.

El suspiro de Bill subió con la brisa—. No soy lo suficientemente bueno como para gustarle a un chico como él. Cuando veo a un hombre que me interesa, se me enreda la lengua. No puedo decir nada a menos que sea algo estúpido. Luego me veo como un tonto. Y él es tan estupendo y probablemente solo está interesado en las chicas. —Bill volvió a suspirar.

Ese pequeño sonido de amor frustrado empezó a impacientar a Tom. Por lo que podía ver, Bill era un hombre muy atractivo, sí, pero también era un chico muy agradable. Un poco ingenuo y torpe, quizás, pero Tom había hecho cosas mucho más estúpidas entre los 18 y 19 que tratar de invocar la amistad de un espíritu. Tom se recordó a sí mismo que había ido al otro extremo, haciéndose ver bien para hacer amigos. Bill solo necesitaba a alguien que lo hiciera hacer sentir cómodo consigo mismo, que se sintiera apreciado y amado. Tom dejó esa idea antes de poder admitir que estaba desarrollando un enamoramiento y luchó por enfocarse en lo que Bill estaba diciendo ahora.

¿Tom?

¿Sí, Bill?

¿Alguna vez te sientes solo, allá donde estás?

Um, sí, algunas veces —admitió el otro.

¿Tienes amigos? —La voz de Bill sonó pequeña, o eso pensó Tom.

Unos pocos. Son personas con las que trabajo. —Se dio cuenta de lo que había dicho, así que rápidamente agregó—. Pero mi amigo más cercano, Georg, es verdaderamente lo que tú considerarías un demonio. Mala influencia, espíritu maligno y esas cosas.

Fue suficiente para hacer reír a Bill. Tom pensó que podría escuchar esa risa toda la noche, si tuviera la oportunidad. Hablaron más, Tom dejando que Bill guiara la conversación, hablando sobre su pasado y su familia en Iowa. Sus años de crecimiento, sin amigos en la escuela porque le gustaba lucir diferente.

No había muchos chicos hombres y adolescentes que les gustara usar delineador y cabello con visos en Waterloo —dijo Bill—. Solo quería ser yo mismo, lucir como yo quería, ser lo que yo quería, pero en realidad nadie apreció eso, incluida mi familia. Tan pronto como me gradué la primavera pasada, me largué de allí.

¿Y por qué te mudaste aquí a Florida?

El programa de fotografía de la Universidad aquí, es muy bueno y amo tomar fotos. Además, ¡yo de verdad, amo las frutas frescas! —Bill se rió—. Pero no tenía idea lo caro que todo sería aquí. Fue simplemente demasiado entre la escuela y los materiales, la renta y la comida.

¿Y tu familia no te ayudó en absoluto?

Bill bufó—. Yo creo que ellos se pusieron bien felices por deshacerse de la oveja negra.

El corazón de Tom dolió al escuchar el relato del joven —el chico inteligente, ingenioso que parecía no poder tomarse un descanso.

Bueno, Tom, odio tener que irme, pero tengo que partir pronto esta noche.

¿En serio? ¿Tan pronto? Son solo las 11.30.

Sí, pero prometí que volvería temprano al trabajo para cubrir a una chica. —Tom escuchó el ruido de movimiento y luego la voz de Bill se escuchó más fuerte porque al parecer se había acercado a la ventana de su habitación—. Gracias por volver a hablar conmigo, Tom. Tú de verdad me haces sentir mejor.

Tal vez ese es mi poder sobrenatural. —Bromeó Tom y escuchó a Bill reír.

Tal vez —una pausa—. ¿Podrás hablar conmigo otra vez?

Claro. ¿Mañana en la noche a la misma hora?

Tom no tuvo que esperar nada para escuchar la feliz respuesta de Bill—. ¡Sí! ¡Será genial! ¡Nos hablamos entonces!

Buenas noches, Bill. —Tom escuchó como la ventana de Bill se deslizó hasta cerrarse y luego se estiró por la ventana tanto como pudo. No pudo ver nada abajo, excepto el cuadro de luz que parpadeó hasta apagarse mientras observaba. Parecía tan fácil complacer a Bill. Y ahora tenía sentido haber descubierto que Bill tenía un turno de noche en algún lugar. Por esa razón Tom no lo había visto, ya que él estaba despierto temprano por las mañanas y tardes, mientras Bill dormía o estaba en la escuela, antes de que renunciara.

Todavía no estaba listo para dormir. Había algo sobre Bill que hacía que Tom deseara llegar a él. Pero pensándolo bien, por la reacción de Bill la noche anterior en su encuentro físico, tal vez Bill no estaba listo. En lugar de eso, Tom tuvo una idea brillante. Tomó las llaves de su auto, se puso un par de pantalones y se dispuso a hacer algunas compras de medianoche.

Él no sabía a qué hora iba a regresar Bill a su casa del trabajo y no quería arriesgarse a toparse con él, pero tampoco quería que le robaran el regalo. Se comprometió consigo mismo de bajar a las 8 am, meditando en que nunca se había topado con Bill cuando se iba al trabajo a esa hora. Solo tenía que dejarlo frente a la puerta de Bill y retroceder, pero la puerta del frente se abrió.

¿Qué estás haciendo aquí? —El señor Miller le habló. Tom hizo un ruido para callarlo, antes de darse cuenta que al hombre no le importaba.

Solo estoy dejando algo para mi amigo. —Tom siguió tratando de susurrar, rogando que Bill todavía no estuviera en casa y que el señor Miller no fuera tan sordo como decía.

¿Qué dijiste?

Aparentemente una de las esperanzas de Tom se desvanecía—. Dije que estoy dejando algo para mi amigo, Bill. Él vive aquí, ¿cierto?

El señor Miller hizo una mueca ante lo que dijo—. ¡Ese chico no es más que problemas! No sé por qué un hombre agradable como tú podría ser amigo de ese, de ese… lo que quiera que sea.

Bill es un hombre muy agradable —alegó Tom—. Él es tan tranquilo y dulce. ¿Cómo no le cae bien?

Claro que no lo parece, usando maquillaje y todas esas joyas. Y luego que se puso a prender todas esas mierdas que nos dieron falsas alarmas, deberían haber sacado su huesudo trasero de aquí.

Tom resopló y ni siquiera intentó mantener la compostura con el viejo—. Diga lo que quiera por como se viste, pero Bill es un buen chico y es una lástima que usted no pueda ver eso.

El señor Miller lo miró enojado por encima de sus lentes—. Y yo siempre pensé que tú eras mucho mejor que eso. Y de todas formas, ¿qué es lo que le traes ahí? ¿Es algo que causará más problemas?

No. Es un regalo. Quería que fuera una sorpresa —dijo con los dientes apretados.

Bueno, por lo que sé, él no está ahí. Puedes dejarlo e irte.

Eso es lo que estaba tratando de hacer —respondió Tom, por lo menos aliviado de que Bill no estuviera dentro, escuchando la discusión.

Entonces déjalo. Por lo menos este edificio no ha caído en el crimen y no se roban un paquete que ha sido puesto directamente en nuestras puertas.

Está bien, señor Miller. Que tenga un buen día. —Tom se volteó y volvió a mirar al anciano, que todavía estaba mirando lo que había dejado—. Y de verdad quiero que sea una sorpresa para Bill, así que por favor, le agradecería que no le dijera quién lo dejó ahí.

El señor Miller bufó y negó con la cabeza—. No tienes que preocuparte por eso. Yo no hablo con ese mierdecilla. Desde que Dorothy se asustó cuando él trató de hablar con ella, lo ignoramos.

Tom se dio cuenta que esta conversación solo lo estaba enojando más, así que moviendo la mano, se despidió del señor Miller y regresó a su departamento. Si eso era lo que Bill debía soportar cada día, con razón no tenía nada de autoestima. Tom siempre creyó que él sobresalía en el edificio por su edad, por su elección de usar trenzas y ropas grandes, pero los otros vecinos lo habían aceptado en forma bastante amigable. Él sostenía la puerta para ellos, los ayudaba con las bolsas de las compras, y hacía cosas para ser amigable con María y su familia y era recíproco. Pero al pobre Bill ni siquiera le daban la oportunidad de serlo.

Tom estuvo pensando en eso todo el día y se encontró todavía enojado cuando la voz emocionada de Bill se escuchó por la ventana.

Sí, Bill, aquí estoy —respondió colapsando en la silla.

¡Tom, nunca me vas a creer! ¡Hoy recibí un regalo!

El trenzado sonrió—. ¿En serio? Es genial, Bill. ¿Te gustó?

Oh, Dios mío, sí. ¡Una enorme canasta de fruta fresca! ¡Y todas son mis favoritas! No lo podía creer, cuando llegué a casa del trabajo y allí estaba. Comí tantas cuando desperté.

Estoy muy feliz por ti, Bill.

¡Gracias! No tengo idea quién pudo haberlas dejado. No tenía nota ni nada. Hace que me pregunte…

Que te preguntes ¿qué?

La voz de Bill volvió a sonar tímida y suave—. Bueno, mi primer pensamiento es que era tuyo, Tom. Quiero decir, tú eres mi único amigo.

Tom cerró los ojos y soltó una risita silenciosa—. Supones bien, Bill. Era mío, pero no iba a decirte.

¿Y por qué no?

Porque era una sorpresa.

¿Son frutas demoniacas? —Bill preguntó de pronto. Tom estalló en risotadas antes de poder controlarse a sí mismo—. ¿Qué? ¡No es gracioso! A menos que… ¿me convertiré en demonio o algo así?

Tom se estaba riendo tanto, que no tuvo aliento para responder de inmediato a Bill.

No, Bill —finalmente contestó entre risas—. Te prometo que son 100% las mejores frutas de Florida.

¿Entonces, cómo lo hiciste? Pensé que no podías tomar forma física aquí. —Ahora la voz de Bill sonó definitivamente sospechosa.

Ese es mi secreto. Podrías decir que es uno de mis súper poderes. —Tom volvió a reír—. Pero te garantizo que no te causarán ningún daño, a menos que trates de comértelas todas en un día, entonces sufrirás de misterios nunca revelados.

Se escuchó claramente como Bill jadeó—. ¡Oh, no! ¡He comido muchas hoy! ¿Qué clase de misterios nunca…? Espera un minuto, ¿estás hablando de… —la voz de Bill bajó y Tom apenas le escuchó decir—, problemas en el baño?

Tom volvió a estallar en risotadas.

¡Cállate, Tom! —Gritó Bill, pero Tom no pudo evitar seguir riendo ante la indignación en la voz del otro—. Ugh, eres tan… grosero.

Pero honesto —corrigió el trenzado, pero pudo oír la sonrisa en la voz de Bill cuando respondió.

Sí, lo eres y me gusta mucho eso de ti.

A mí también me gustan muchas cosas de ti, Bill —contestó Tom.

Hubo un silencio y Tom comenzó a preocuparse—. ¿Bill? ¿Bill, estás bien?

Sí —llegó por fin la respuesta, pero Bill sonaba sospechosamente amortiguado. Tom se rompió la cabeza para inventar un nuevo tema de conversación que volviera a elevarle el estado de ánimo.

Hey, ¿te acuerdas que me dijiste que estabas buscando fama y fortuna como músico? ¿Qué instrumento tocas?

Tom tuvo que esperar hasta que Bill se controlara—. Bueno, de hecho no puedo tocar ningún instrumento, pero adoro cantar. Es lo único que amo tanto como la fotografía. Siempre estuve en los coros de la escuela y, aunque todos me odiaran, tenían que admitir que tenía una linda voz.

Wow, es genial, Bill. Me encantaría escucharte cantar algún día.

Bill se rió—. Claro, tal vez algún día. Pero necesito tener acompañamiento.

¿Sabes? Yo solía tocar bastante la guitarra. Me encantaba —dijo Tom.

Genial. No sabía que un espíritu podía tocar la guitarra.

Tom cerró los ojos fuertemente, nuevamente se le olvidó el asunto del espíritu. Al menos su error no pareció afectar demasiado a Bill, quien siguió llenándolo de preguntas sobre música. Pronto, Tom se enteró de todos los músicos favoritos de Bill —se sorprendió de tener algunos en común— y sus películas favoritas, ambas de ciencia ficción y acción. No fue hasta que bostezó abiertamente que se dio cuenta que eran las 1 am y debía ir a dormir.

Al despedirse de Bill, quien había recuperado su buen humor, Tom se preguntó, cómo exactamente iba a terminar con esta pequeña mentira.

& Continuará &

¿Qué harían ustedes en esa situación? ¿Si fueran Tom, cómo terminarían la mentira del espíritu para presentarse en forma real? ¿Y si fueran Bill, perdonarían a Tom por la mentira del espíritu del más allá? Lo veremos en los dos capis finales. Besos y gracias por leer.

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