Notas de MizukyChan: antes de pasar al capítulo, quiero dar las gracias por la cantidad de visitas que tiene esta traducción, aunque me gustaría más que los reviews fueran igual de numerosos. No por mí, sino por la autora original quien nos deleita con la maravillosa historia. Ahora sí, besos para ustedes y vayan a leer.
Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
FOE: Capítulo 5
El líder de la escuadra Felina entró en el Gran Salón que, como siempre, estaba lleno de corredores felinos, todos a disposición de la familia real, aunque no había algarabía entre ellos. Todos estaban de pie, quietos. Los ojos de todos lo seguían mientras se dirigía al estrado, donde el resto de la Familia Real esperaba.
La multitud se fijó en él, además de un par de miembros del escuadrón que se aventuró con él hacia los dominios de los perros. Sin duda, todos estaban más que sorprendidos ante lo que ocurría, sobre cómo un pequeño número de guerreros felinos había atacado frontalmente la flota canina.
El líder del escuadrón se puso de pie frente a la Familia Real. Se quitó el casco. Su largo cabello cayó por sobre sus hombros y se inclinó en una reverencia.
—Su alteza —dijo con una sonrisa engreída en el rostro. El Rey también debía estar impresionado por su actuación. Tendría que admitir su éxito. Ahora tendría que honrarlo.
El Rey achinó los ojos, se levantó del trono y se acercó al líder del escuadrón. Tan pronto estuvieron cara a cara, el Rey levantó la mano y le dio una gran bofetada al otro en pleno rostro. La esposa del Rey se cubrió la boca con la mano, estaba en shock y los ojos del príncipe se abrieron mucho por la impresión. Hubo jadeos y murmullos por todo el Gran Salón. El líder del escuadrón estaba en shock, pero no demasiado como para mostrarlo en sus facciones. Se tocó la mejilla, aún tratando de entender qué había pasado.
El Rey miró a los felinos en todo el Salón—. La próxima vez que alguien se atreva a ignorar mis órdenes o imprudentemente se atreva a desafiar a los caninos, será expulsado de nuestro santuario, o será obligado a morir con esos tiranos bajo el poder de nuestra arma. No habrá ninguna absolución. —Miró al líder del escuadrón y lo señaló con un dedo—. Te pondré en prisión por conducta desleal —dijo con desagrado—. ¡Llévenselo de mi vista! —Rugió.
Los guardias felinos cogieron al líder del escuadrón y lo arrastraron lejos del Gran Salón.
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Pasaron un par de horas antes de tener su primer visitante. El príncipe felino había aparecido y se dirigió hacia el líder del escuadrón, quien yacía recostado sobre el colchón, luciendo francamente desilusionado, justo como el príncipe esperaba encontrarlo.
—¿Por qué sigues haciendo esto? —Preguntó el príncipe, con el rostro lleno de preocupación. Cuando el otro vio quién era, se levantó de inmediato de la cama. Se acercó, tan cerca como pudo, parado detrás de la barrera de energía que lo mantenía confinado.
—Tengo que hacerlo. Mientras más esperamos, menos oportunidades tendremos de matarlos. Tú mismo me lo dijiste. Los perros ya saben que tenemos el arma. Si nunca pasa nada, ¡vamos a quedar en ridículo! ¡Van a pensar que todo fue un fraude!
—Entonces déjalos que estén aterrados por la mera amenaza del fraude —contestó el príncipe—. Los hará lucir a ellos como tontos ingenuos. —El líder del escuadrón se cruzó de brazos—. Por favor, no quiero que hagas esto. Me preocupo por ti.
El otro suspiró—. Escucha, deberías irte y dejarme ahora, tu padre podría venir a buscarte.
—Oh, él no vendrá a buscarme, te lo garantizo. En verdad es muy malo mostrando su amor por mí, ya sabes.
—Y me lo dices a mí —contestó el líder del escuadrón, sobándose la mejilla que había ganado la desaprobación del Rey. Ambos se rieron.
La risa del príncipe murió y se quedó mirando al otro—. No puedo soportar verte encerrado.
—Sí, bueno, podrías hacer algo al respecto.
El príncipe bufó—. Me matarían si te dejo ir.
—Oh, por supuesto que no. Eres el príncipe, solo te encerrarían y, como puedes ver, no es tan malo.
El príncipe soltó una risita—. Está bien, te dejaré salir, mientras no vuelvas a tratar de probar tu valía. Yo ya creo que eres el mejor… quiero decir, todos creemos que eres el mejor. —El príncipe rápidamente desvió la mirada. El líder del escuadrón puso una sonrisita de lado.
—Y yo creo que tú eres el mejor de los amigos, Su alteza. —Sonrió.
El príncipe rodó los ojos.
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—Después del último encuentro con los Felinos, los Lords Caninos decidieron que…
—Tía Janine, espera —dijo Jimmy y la mujer se volvió hacia él, ladeando la cabeza—. ¿Cuáles son los chicos malos de esta historia?
—Oh… ¿tienes dudas sobre los perros? —dijo tía Janine, sonriendo malvadamente.
—No, quiero decir… bueno, pensé que los perros eran los chicos buenos, pero los gatos tampoco suenan tan mal.
—Ya veo. Bueno, yo no puedo responder eso por ti, tú tendrás que juzgar eso por ti mismo, así que ahora sigamos con la historia.
—Espera… entonces dime cómo lucen.
Tía Janine arrugó el ceño—. ¿Quieres decir que los vas a juzgar por cómo se ven?
—Uh, no, no, solo quiero saber cómo se verían. Por lo menos quiero tener una mejor idea.
—Entonces, está bien —respondió la mujer—. Bueno, como dije, ellos son humanoides, se parecen mucho a nosotros, pero también tienen remanentes de sus ancestros. Ya no tienen pelaje o colas, pero tienen mucho más realzados sus sentidos.
—Los humanoides caninos evolucionaron de la tribu Canina, lo que los emparenta con los lobos. Sus cuerpos son atléticos, bien constituidos, robustos y fuertes, con extremidades poderosas. Físicamente, son mucho más fuertes que los felinos. Comparado con los felinos, ellos tienen el rostro más relleno, nariz más ancha y su piel luce bronceada. También son conocidos por tener mucho pelo en sus cabezas. De hecho, muchas razas caninas tienen pelo largo y revuelto. Les crece tanto y tan rápido, que algunas veces ni siquiera se preocupan de peinarlo. Tomek, por ejemplo, tiene tanto cabello, que prefiere hacerse rastas con él y usa una banda alrededor de la cabeza, para mantenerlas atadas. De hecho, sus rasgos físicos, junto con su atrevimiento heroico en batalla, lo hacen ser reconocido como un “buen partido” entre las féminas de su especie.
—Ahora, los humanoides felinos evolucionaron mayormente del gen “Felis” que es la rama de la familia más poderosa de los felinos. Tienen cuerpos tonificados, pero también tienen una complexión mucho menos gruesa que los caninos. Y como por su naturaleza, físicamente no son rivales para los caninos, se volvieron astutos, desarrollaron sus habilidades cognitivas como un medio de fortalecer su desventaja. Usaron su cerebro en lugar de los músculos, aunque los caninos pensaban que eran los maestros del engaño. También eran muy flexibles y tenían uñas largas. Algunas veces tenían marcas, como manchitas o rayas. Sus ojos eran almendrados y la iris tenía un color muy vívido. Y se podría decir que eran muy agradables de mirar.
—Y… ahí tienes. —Tía Janine miró a Jimmy. El niño tenía la cara impasible, tratando de imaginar a estos seres en su cabeza. No era para nada lo que esperaba escuchar, después de estar acostumbrado a las descripciones de los chicos malos y los chicos buenos. Era fácil decir cuál era cuál, porque los malos usualmente eran feos y los buenos, eran los que lucían bonitos—. ¿Ahora estás listo para que continúe?
Jimmy parpadeó—. Um, sí. —Qué demonios, tendría que averiguar quiénes eran los chicos buenos y los chicos malos por sí mismo, justo como dijo la tía Janine.
—Y… por causa de su último y deplorable enfrentamiento, los Lords Caninos decidieron que ya no se sentarían a esperar, sino que pusieron todo lo que estaba en su poder para detener a los Felinos de volver a acercarse a su sistema de estrella.
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El técnico de la flota gruñó tan pronto como escuchó que se elevaba la plataforma, que emergía con los guerreros caninos, quienes no esperaron ni un segundo en correr hasta sus naves de guerra.
—Maldición, aquí vienen.
—No pueden estar hablando en serio —dijo el ingeniero del hangar—. A penas terminamos de arreglar estas jodidas cosas.
—Supongo que no pueden esperar cuando tiene relación con los gatos —murmuró el técnico.
—Sí, bueno, no será culpa nuestra si las naves comienzan a desmoronarse en pleno vuelo.
—Hey, Jagel, ¿cómo está mi bebé? —Bramó Tomek, mientras se aproximaba a la nave en la que estaban trabajando. Un par de robots de reparación estaba reajustando los paneles de la nave de guerra.
—No muy bien —respondió Jagel, el ingeniero de la base—. Te juro que no será capaz de aguantar más golpes, Tomek.
—Deberías tratarla mejor. —Estuvo de acuerdo el técnico.
—Ha aguantado mucho más que eso y siempre regresa sobre sus propios pies. Además, sé que le gusta. —Tomek acarició una gran línea roja de su nave, casi con adoración.
Jagel rodó los ojos y comenzó a bajar la escalera—. De verdad no sé que ve ella en ti. —Bromeó.
—Supongo que le gustan los tipos malos. —Se unió el técnico a las bromas.
—Hey, ustedes saben que soy el mejor perro que ella podría tener, ¿u opinan diferente? —Tomek le dio una mirada a las otras naves de guerra.
El ingeniero y el técnico, también miraron a las otras naves, sabiendo que de verdad estaban mucho peor que la nave de Tomek.
—Ok, te doy crédito en eso. Ella tiene suerte de tenerte.
Tomek soltó una risita. Comenzó a subir la escalera para entrar en la cápsula del piloto—. Y ahora, si nos disculpan, le daré un gran paseo.
Jagel bufó—. Claro, te daremos espacio.
Los puertos fueron asegurados, mientras las puertas del hangar se abrían hacia el espacio exterior. Todos los motores de las naves de guerreras se encendieron y sonaron fuertemente al salir hacia las estrellas.
—Y ahí va… otra vez. —El técnico suspiró—. ¿Crees que volverá esta vez?
—No estoy seguro —respondió Jagel.
—Supongo que no se rendirá hasta que esté muerto.
—Bueno, así es Tomek, el guerrero canino más determinado que conocerás. Te puedo decir que no hay nada en todo el universo que pueda aplacar la severa obsesión de ese joven, por matar gatos.
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Las naves guerreras estaban llegando al límite de sus sistema de estrella y comenzaron a separase en grupos de dos, en diferentes direcciones. Tomek se alineó a la nave de Andraz mientras iban a unos de los muchos perímetros de observación, los cuales eran escaneados para evitar que entraran contrabandistas y ladrones a sus dominios.
—¿Estás con el silenciador? —Preguntó Tomek.
Andraz oprimió el botón que sellaban las comunicaciones—. Ahora estoy disponible. ¿Qué pasa?
—Sé que tú fuiste uno de los cabecillas de esta misión, pero quiero escucharlo de ti. ¿Crees que funcionará?
—Estimamos que bajará sus posibilidades en un 70%
—No es por ofender, pero no creo que poner satélites espías en cada jodido punto, funcionará. Los gatos son demasiado inteligentes para arriesgarse a ser detectados. ¿No fuiste tú mismo el que dijo que no debíamos subestimarlos? Seguramente usarán portales de salto que no son controlados, o algo así.
—No creemos que vayan a arriesgar dañar el arma.
—Dije que hay un 30% de probabilidades de que lo hagan. —Alegó Tomek.
—Bueno, también hemos hecho arreglos para que se aumente la cantidad de redes para naves —dijo Andraz.
Redes para naves, Tomek sonrió, odiaba esas cosas. Eran artefactos inhibidores de hiperespacio, que creaban una gravedad usada para interrumpir el salto de embarcaciones flotantes al hiperespacio y las obligaba a regresar al espacio real. Una vez, Tomek y su flota fueron presa de una red de naves del enemigo. Él tuvo la suerte suficiente de regresar vivo, mientras que parte de las naves de su escuadrón fueron destruidas al impactar con otras naves que también habían sido sacadas del hiperespacio.
Tomek y Andraz llegaron a su primer punto de destino. Tomek desenganchó de su nave, el pequeño satélite espía, mientras que Andraz ponía las instrucciones. Después de casi una hora, estaban listos.
—Okey. Ya tenemos uno —dijo Andraz y suspiró.
—¿Qué? —Preguntó Tomek.
—Tenías razón. Parece inútil ahora que lo veo. Nos van a hacer volar hasta el infinito antes de que terminemos de poner estas cosas.
—No, no seremos destruidos —dijo el otro.
—Si no es por la supernova, será por un ataque. Con toda la flota dispersa no tendríamos muchas oportunidades.
—Relájate, tenemos tiempo. Los gatos no nos volverán a atacar.
—¿Y qué te hace estar tan seguro?
—Oh, verdad, no te he contado. Bueno, intercepté un mensaje en video justo antes de que saltaran. El Rey Felino prácticamente estaba rugiendo que regresaran y que no nos volvieran a atacar.
—¿En serio? ¿Por qué?
—Yo también me pregunto lo mismo. Pero eso fue lo que vi —contestó Tomek—. Oh, a propósito, el príncipe estaba de pie junto a él.
Andraz jadeó—. ¿Viste al príncipe Felino?
—Sí.
—¿Y? —La voz de Andraz se oía ansiosa—. ¿Qué te pareció?
—Que tú de verdad exageraste.
—¿En serio? ¿No crees que es muy guapo?
—¿Por qué debería? Es un gato macho.
—Lo sé, es un gato macho, pero vamos, tú lo viste.
—Eh, todo lo que vi fue a un gato macho.
—¿Quiere decir que no te sentiste un poco raro mirándolo?
—No, pero sí me siento raro hablando sobre esto. O tú te has vuelto loco, o tu sentido de la atracción se ha vuelto contra ti, amigo.
Andraz bufó. Asumió que después de haber mostrado tanto orgullo y odio contra los felinos, Tomek nunca admitiría algo así. Notó que su pantalla parpadeaba con una alerta. Rápidamente restableció la comunicación con el puente de la nave principal y sus ojos se abrieron grandemente cuando el mensaje de advertencia resonó en sus oídos.
—¡Tomek!
—Sí, sí, lo veo —respondió el otro.
—Era demasiado esperar a que no atacaran —dijo Andraz.
—No vienen por nosotros. —Anunció Gustaf—. Parece que están buscando estaciones de recarga.
Tomek gruñó. ¡Por supuesto! ¿Por qué no lo había pensado antes? Con las mayores estaciones de recarga de la galaxia destruidas, las mayoría de las naves no podrían realizar viajes de galaxia a galaxia. Los felinos no dejarían que los caninos tuvieran siquiera la oportunidad de abandonar su condenada galaxia.
—¿Y dónde están, Gustaf?
—De hecho, no están muy lejos de ustedes —respondió el otro—. Detectamos un par de guerreros felinos navegando por el sector de la estación Skylo.
—Iremos por ellos.
Tomek hizo una mueca, simplemente no podía soportar que los gatos tuvieran esas ideas tan crueles. Uno debía pensar las cosas más despreciables si tenían relación con los gatos, porque esa era la única forma de estar un paso delante de sus planes. Incluso cuando había guerra, las estaciones de recarga siempre se dejaban en paz. Después de todo le servían a todos, no solo a la especie canina. Había estaciones en puntos estables a lo largo de toda la galaxia, siempre abiertas a los visitantes y mercaderes, usadas para reparar y recargar los tanques de oxigeno y combustible. Pero obviamente los gatos no tendrían consideración con nadie y pasarían a llevar lo que fuera, mientras ayudara a sus propósitos.
Llegaron pronto y vieron a las dos naves guerreras felinas dentro del puente para desembarcar. Como simples naves de guerra no tenían las municiones suficientes para destruir la estación, y como cada estación de recarga era una instalación de gran espacio, solo una mina lo suficientemente poderosa, que llegara hasta el núcleo de la estación, sería capaz de destruirla.
Los ojos de Andraz se abrieron grandemente y palideció al notar la cola que marcaba una de las naves de guerra felinas—. ¡Santa mierda, Tomek! ¡Conozco esa nave! ¡Es la que me derribó!
Pero Tomek también la había visto y había discernido por sí mismo a quien pertenecía dicha nave. «Esto ciertamente es obra del destino» O al menos eso creyó, porque ahora tendría nuevamente la oportunidad de enfrentarlo.
—Tal vez deberíamos pedir refuerzos —dijo Andraz, sonando demasiado nervioso.
—Tú espera si quieres —respondió Tomek—. Pero yo lo atacaré.
—Hablo en serio, Tomek, no creo que sea una buena idea.
—Será demasiado tarde cuando lleguen los otros. ¿Quieres que los dejemos destruir la estación?
—No, por supuesto que no, pero por lo menos deberíamos planear mejor esto.
Mira, él está en el suelo. Apuesto a que no es la mitad de hábil en el suelo que cuando está volando. Solo relájate, Andraz. Vamos a hacerlo.
Andraz respiró profundamente, tratando de calmarse, mientras aterrizaban en la estación.
& Continuará &
¿Qué creen que pase ahora?
