Demon 2 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 2

Unos ojos café se agrandaron de miedo. La cabeza del demonio volvió a girar al frente muy rápidamente, escondiéndose entre sus hombros.

—¡Señor Kaulitz, tiene que levantar la mano si quiere hablar! —Lo regañó el profesor.

Tom miró al profesor y volvió a dónde estaba. Estaba en la escuela, donde no podía actuar como un cazador. Donde le habían advertido que no hiciera nada, si quería permanecer allí. Volvió a mirar al demonio, quien parecía acobardado ahora que Tom lo había descubierto. ¡¿Pero qué rayos estaba haciendo un demonio en su escuela?! ¡¿Y por qué no había nadie perdiendo su mierda?! Tom apretó los puños, recordando que su equipo había sido apaleado y que luego observó al demonio desaparecer, sin un rasguño. Y ahora… joder, ¡estaba tan cerca! Su última asignación y la más importante, estaba allí, ¡sentada a solo tres escritorios de distancia! El demonio que había estado buscando incansablemente y sin éxito, por dos meses completos. ¡Qué inútil le había parecido! Y lo mal que lo había hecho ver ante los Maestros. Perder su estima no era algo que quisiera.

Tom tensó la mandíbula y presionó la palma en sus pantalones, sintiendo el contorno de su arma, solapada bajo la ropa. Tenía que hacerlo ahora, era la oportunidad perfecta. Creo que esta vez habla en serio, la voz de Georg se repitió en su cabeza. ¡Y casi siempre sé cuando contenerme! Oyó su propia respuesta terca justo después. ¡Tiene que ser una broma! El labio de Tom se curvó de rabia. ¡Qué momento más nefasto para probarse a sí mismo! Gruñó, luchando con las ganas de sacar su arma y disparar.

—Siéntese, señor Kaulitz —mandó el profesor.

—Pero… yo… —respondió Tom arrastrando las palabras.

—Levante la mano. —Insistió el profesor. El rostro de Tom se ensombreció. Levantó la mano—. ¿Sí, señor Kaulitz?

—¿Está consciente de que hay un demonio en la sala de clases, señor?

Los alumnos saltaron en sus asientos, alarmados, mirando alrededor y de uno al otro, sospechosamente.

—¡Cálmese todo el mundo! —Mandó el profesor—. Señor Kaulitz, sabe que se ha pasado de la línea, por favor no empiece a asustar a todos. Ningún demonio se atrevería a ir a una escuela a la que asisten cazadores, mucho menos sentarse en la misma clase. —Se burló y los alumnos comenzaron a reír. Tom se enojó y se puso rojo—. Conozco a todos los de esta clase, incluso mejor de lo que lo conozco a usted y eso es decir mucho. Ahora siéntese y la próxima vez que hable, asegúrese de que no tenga nada que ver con demonios, a menos que desee darle una legítima visita a la oficina del director.

Tom se sentó, contrariado, sus ojos picaban con amargura la espalda del demonio. Tendría que esperar y atraparlo en el descanso entre clases, pero tendría que ser cuidadoso, si no quería crear una conmoción.

Su primera tarea, era analizar y escribir un ensayo sobre diferentes artículos que les entregaron. Eran realmente elaborados, algo que se asemejaba a lo monótono y ambiguo de la poesía, pero Tom no se pudo concentrar para nada en el artículo. Seguía mirando la espalda de la criatura, quien ahora parecía calmado y escribía ávidamente, incluso sonreía mientras lo hacía. El maestro comenzó a caminar entre los puestos para observar el progreso de los alumnos. Tom bajó la cabeza y pretendió escribir. Su rostro por poco se deformó de confusión cuando el profesor se refirió al trabajo del demonio y luego le dio una palmadita en la cabeza, en un gesto de elogio. ¿Qué rayos puede escribir un demonio para un ensayo? Iba más allá de lo imaginable. Debía ser un rarito, aun entre su propia especie, pensó Tom divertido.

Pasó clase tras clase, y en cada período lo descubrieron con trabajos ilegibles e incompletos y fue sacado dos veces de sus pensamientos, cuando el profesor mencionó su nombre en un desdeñoso reproche.

La campana del almuerzo sonó finalmente y todos los estudiantes salieron a los pasillos. El demonio recogió sus pertenencias y se dirigió fuera de la sala. Tom lo siguió de cerca. Se aseguró de no perderlo de vista entre los corredores atestados de gente. El demonio dejó sus cuadernos en el casillero, sacó un libro y siguió su camino. ¿Hace cuánto tiempo estaba yendo a la escuela, que hasta tenía su propio casillero? Tom todavía no podía creer que no lo hubiera visto antes, ese rostro, sin duda, sobresalía. No, estaba seguro que nunca antes lo había visto allí, pero definitivamente había algo raro, porque todos los demás actuaban como si el demonio hubiera estado siempre ahí.

La criatura caminaba distraídamente por los pasillos, hacia la biblioteca y justo cuando pasaba por el baño de hombres, la puerta se abrió y varios chicos salieron al pasillo, metiendo al sorprendido demonio dentro. Para cuando Tom llegó al baño, encontró que la puerta estaba cerrada con llave. Trató de forzar la cerradura y maldijo.

—Hay otro en el siguiente pasillo —mencionó Georg. Tom miró a sus amigos y rápidamente les hizo un gesto para que guardaran silencio y se quedaran en sus lugares. Georg y Gustav se miraron el uno al otro con el ceño apretado.

—Dame tu pistola ganzúa —mandó Tom a Gustav. El rubio suspiró y se la entregó, esperando que Tom no fuera a hacer algo que creara un alboroto. Tom puso el gancho en la cerradura—. Quédense de guardia. —Georg y Gustav asintieron y se quedaron de pie frente a la puerta del baño cuando Tom entró.

Los chicos habían arrinconado al demonio junto a los lavados, amontonados junto a él. Uno de ellos le tiró el cabello negro. Lo soltaron de inmediato y retrocedieron cuando vieron entrar a Tom. La criatura se limpió las lágrimas y volvió a abrocharse la camisa. Tom casi sintió pena por él. Casi.

—¿Por qué no te defendiste? —Preguntó Tom enojado—. ¿Igual a como hiciste con mi equipo?

El demonio lo miró, sus ojos temblaban, luego los bajó. No dijo nada.

—Podrían haber sido asesinados —espetó Tom a los chicos, molesto. Los jóvenes pusieron cara de shock. ¿Acaso el cazador se refería a ellos o al chico asustado?

—No lo habríamos matado —dijo uno de ellos—, aunque sea un completo marica.

—Solo lo molestamos algunas veces.

—¿Oh, así que ahora lo llaman molestar? —Bufó Tom—. Me pregunto qué tan lejos habrían llegado molestándolo si no hubiera entrado yo. Algo me dice que no habría involucrado sus puños. —Los jóvenes se tensaron, sus rostros confiados decayeron, tal vez preocupados de que Tom los acusara con el director—. Tienen suerte de no estar muertos —dijo Tom y los otros fruncieron el ceño—. Ese… chico de ahí —lo señaló—, es un demonio.

—¡No, no lo soy! —Protestó la criatura. Las cejas de Tom se alzaron y miró al demonio.

—¿Disculpa? —Se burló.

—¡No lo soy! ¡Deja de decir eso! —Insistió el demonio, con cara de completa indignación.

—Admito que eres diferente —dijo Tom—, pero la verdad es que eres una ¡maldita sanguijuela!

El demonio ahora lucía ofendido y se cubrió los oídos con las manos.

—Los demonios no son bonitos —refutó uno de los chicos como si nada y luego gruñó, al darse cuenta de lo que había dicho. Recibió un manotazo en la cabeza de parte de uno de los otros chicos. Tom se volvió hacia ellos, dándoles una mirada cansada y amenazante.

—Váyanse a la mierda —dijo furioso. Los chicos tragaron pesado y salieron del baño rápidamente. Tom sacó su arma y la criatura jadeó.

—¡No! —Dijo, cubriéndose a sí mismo.

—¿De qué tienes miedo? —Preguntó Tom—. Sabes que no morirás. Por qué no mueres, es lo que me gustaría saber.

—Estás loco —espetó el demonio—. No me dispares. ¡No soy un demonio! —Tom achinó los ojos y bajó su arma. Se acercó a la criatura y ésta retrocedió de miedo.

—Eres un buen actor —dijo Tom y sacó una navaja del bolsillo de su pantalón—. Honestamente, eres muy convincente. —Agarró la muñeca del demonio e hizo un corte en toda la palma de su mano. El demonio gritó, hizo una mueca y miró su mano aterrorizado. No salió ni una sola gota de sangre, antes que la herida cerrara completamente—. Ah —dijo Tom—. Entonces, si no eres un demonio, ¿qué es lo que acabo de ver?

La criatura sollozó, parpadeando para aguantar las lágrimas. Alejó la mano del cazador de demonios y la abrazó protectoramente—. Es una enfermedad —afirmó. Tom rió.

—¡Rayos! ¿No le gustaría a todos estar enfermos como tú?

—Tú no entiendes —dijo el demonio—. Duele mucho.

—¿Duele? —Repitió cínicamente Tom. El demonio asintió, mirando a su mano curada y notando la hora en su reloj.

—Oh, no, tengo que entregar mi libro. —Jadeó. Recogió su libro rápidamente y se dirigió a la puerta.

—¡Termina con el maldito acto! —Rugió Tom, apuntando al demonio con su arma por la espalda. La criatura se asustó y lentamente giró. Tom contuvo el aliento cuando vio que el contorno de sus ojos se había cubierto de negro, y le daba una mirada felina. El demonio arrojó lejos a Tom con un veloz movimiento, estrellándolo contra la pared. Tom chocó con los azulejos y cayó sin gracia sobre su rostro.

—Más vale que te ocupes de tus propios asuntos —gruñó el demonio. Se volteó y dejó el baño.

—De hecho estoy… estaba… ocupándome de mis asuntos —gimió Tom, tratando de ponerse de pie—. Loco, hijo de perra.

—¿Qué pasó? —Preguntaron Georg y Gustav cuando Tom emergió del baño. Tom se frotó la cadera y luego se enderezó, haciendo sonar su espalda. Respiró aliviado.

—¡¿Lo dejaron ir?! —Regañó a sus amigos.

—¿A quién dejamos ir? —Preguntaron Georg y Gustav. Tom hizo una mueca.

—¿No reconocieron a quien acaba de salir? —Gruñó.

—¿Quieres decir que era un tipo? Pensé que era una chica —dijo Georg—. Y una muy perdida.

Tom gruñó.

—Creí que su cabello me resultaba familiar —dijo Gustav.

—Ustedes dos lucharon con él y perdieron, aparentemente con heridas menores, pero ahora me doy cuenta que su cerebro se dañó severamente.

—¿Qué? —El castaño jadeó—. ¿Estás diciendo que ese era…?

—¡Oh, mierda! —Gruñó el rubio—. ¡Es el demonio rarito! —Tom achinó los ojos, desaprobando a Gustav. El rubio tosió recatadamente, levantando sus lentes por su nariz.

—¿Y a dónde se fue? —Preguntó Tom.

—En esa dirección. —Gustav señaló.

Los tres se apresuraron por los pasillos de la escuela y se detuvieron cuando vieron al demonio salir de la biblioteca y dirigirse directo a ellos.

—¡Oh, Dios! —Exclamó el castaño—. ¡De verdad es él! —Los dos soldados adoptaron sus posturas de defensa, esperando las instrucciones de Tom. Tom dio un paso al frente, tomando su arma. El demonio tragó pesado y retrocedió, dio una mirada alrededor, como buscando una vía de escape. Hubo un fuerte carraspeo. Tom hizo una mueca y en un parpadeo, escondió su arma. Todos se voltearon a mirar al director, quien estaba en el pasillo, mirándolos con los ojos achinados.

—¿Pasa algo malo, señor Kaulitz? —Demandó saber el director.

—No, señor —respondió Tom—. Solo estamos conociendo al nuevo estudiante, aquí presente. —Señaló al demonio. El pelinegro parpadeó y luego miró al director.

—¿Nuevo? —Resopló el hombre—. Tal vez nuevo para ti —remarcó—. Eres muy despistado. Él ha venido aquí desde la primaria.

—¿Qué? ¡De ninguna manera! —Tom bufó. Georg y Gustav arrugaron el ceño. El demonio sonrió y se relajó—. ¡Él no puede ir a la escuela! Él es un dem… —se detuvo cuando Gustav le dio un codazo.

—¿Qué? —Preguntó el director.

—Él es… ya sabe… diferente —murmuró Tom.

—Por supuesto que lo es —afirmó el hombre. Puso una mano orgullosa sobre el hombro del joven—. No podría ser más diferente que tú y los tuyos. Él es un estudiante ideal, está en la lista de honor y tiene las mejores notas. Si yo fuera él, no me molestaría en conocerte a ti. —Tom rodó los ojos.

—Y tampoco lo quiero —dijo el demonio y achinó los ojos. Tom se enfureció—. Pero parece que él tiene un problema conmigo. Esta no es la primera vez que se cruza en mi camino. Me está haciendo bullying, me ha dicho apodos desde que empezó el día. —La mandíbula de Tom cayó al suelo.

—Ya veo —gruñó el director—. Señor Kaulitz, me gustaría que venga a mi oficina inmediatamente.

—Pero no hice nada. —Se quejó Tom.

—¿No le has dicho apodos? —Preguntó el hombre.

—No lo hice —respondió Tom.

El demonio bufó—. ¡Me pasas llamando demonio!

—¡Es porque tú eres un demonio! —Soltó Tom. Georg y Gustav gruñeron.

—¡Eso es ridículo! —dijo el director.

—Puedo probarlo —afirmó Tom y volvió a coger su navaja. Los ojos del demonio se abrieron mucho.

—¡No! —Exclamó alarmado, agitando los brazos—. Escucha, de verdad no hay necesidad de esto. —Miró directamente al director—. Solo quiero que él me deje tranquilo.

El hombre miró en silencio al pelinegro y parpadeó repetidas veces—. Si eso es lo que quieres —dijo, luego miró a Tom—. Si te vuelves a acercar a él, tú y tus amigos, se pueden considerar fuera de la escuela, ¿está claro?

—Sí, señor —murmuró Tom gravemente. Sonó la campana de la escuela.

—Bien. Ahora vuelvan a sus clases y no quiero escuchar que estás molestando a alguien más —advirtió el director.

Tom observó como el demonio se alejaba con rapidez, de vuelta a sus clases. Georg podía oír como Tom apretaba sus dientes.

—¿Qué pasa contigo? —Preguntó.

—¿No viste lo que pasó? —Gruñó Tom—. Juraría que la condenada sanguijuela hipnotizó al director o algo así. Está controlando su mente.

—Las sanguijuelas no pueden controlar la mente —dijo Gustav.

—Y tampoco regresan de la muerte —agregó Tom.

—Entiendo el punto —dijo el rubio—, pero tal vez el director solo está engañado. Quiero decir que si yo no hubiera visto esa enorme flama roja, probablemente también lo estaría.

—Sí —Georg estuvo de acuerdo—. Pero si de verdad ha estado aquí todo este tiempo, ¿no creen que el director sabría si ha atacado a alguien?

—Lo he observado todo el día y no ha tratado de chuparle el espíritu a nadie —intervino Tom.

—¿Tampoco se alimenta? Rayos. ¿Con qué mierda estamos tratando? —dijo Georg con ansiedad—. ¿Una rara mutación de demonio o qué?

—Eso no es posible. En realidad no están vivos, por tanto no pueden mutar —comentó Gustav.

—Dame un respiro, por favor. —Bufó el castaño—. Estoy tratando de pensar por qué este es tan diferente.

—¡Te diré que estoy contigo en eso. Comienza con su apariencia —dijo Gustav.

—¡Eso es lo que llamaría un Engaño con E mayúscula! —Enfatizó Georg. Tom arrugó el ceño, pensando que eso era indiscutible—. Entonces, ¿qué hacemos ahora? —Preguntó el castaño a Tom.

—Nos van a expulsar de la escuela si hacemos cualquier cosa aquí —mencionó el rubio con rapidez—. Tendremos que espera a que las clases terminen —sugirió.

—Entonces esperaremos —dijo Tom.

& Continuará &

Waaa, ¿qué va a pasar ahora? OMG, sigan leyendo 😉

1 comentario en “Demon 2 (P.1)”

  1. De veras esta super interesante, me encanta. La parte donde los demonios estaban reunidos en el callejon con Bill, se parece al primer cap y Tom se preguntaba si habia sido un suicidio en masa. Siento que hay algo, porque Tom dijo que los demonios no se agrupaban. Y Bill para que fue si seria atacado de todos modos. Que intriganteee

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