
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
& Capítulo 10 &
Bill nunca pensó que podría pasar, pero de hecho, estaba feliz de regresar al harem. Había estado en la elegante habitación de huéspedes por una semana. Y pronto, se había aburrido hasta enloquecer. Porque tener que estar tendido y quieto no era divertido. Además, ni siquiera tenía a alguien con quien conversar. Bueno, estaban los sirvientes dispuestos a ayudarle en lo que necesitara, pero después de muchos intentos para comenzar una charla, Bill descubrió que no eran conversadores. Y los tapices sólo te distraían por un rato.
Esa era la razón, por la que estaba tan aliviado de regresar a su propia y cómoda, pequeña habitación. Bill estaba actualmente, en la misma posición en la que había estado por cerca de nueve días, acostado con el rostro hacia abajo. Pero no se quejaba, porque Deena estaba en la pieza y le leía en voz alta, un libro muy divertido.
Aparentemente, era el diario de vida del príncipe, de cuando era niño. Ankara lo había traído el día anterior, para entretenerlo, haciéndoles prometer que no le dirían a Tom. De algún modo, podría haber sido una traición de parte de la madre de Tom, pero el diario, sólo contenía historias inconexas y muy divertidas de un príncipe de diez años.
El dúo rugía con sus risas, aunque Bill lo hacía adolorido, mientras Deena terminaba de relatar una más de sus venturosas entradas.
—Dios, esas pobres mujeres —Deena jadeó, tratando de recuperar el aliento. Bill emergió desde sus almohadas, con la cara roja, tratando de suprimir sus chillidos.
—No tenía idea de que un pollo pudiera hacer eso —estallaron en risas otra vez, con lágrimas escurriendo de sus ojos.
Su alegría fue interrumpida, cuando una voz sonó desde la puerta.
—¡Ahem! —El par de ojos se movió hacia la mujer que estaba en el umbral con las manos en sus caderas. Bill nunca antes la había visto, pero como Deena inmediatamente corrigió su postura, pensó que ella podría conocer a la mujer—. ¿Les importaría bajar el ruido? Estoy tratando de dormir y ustedes dos están siendo odiosamente bulliciosos —cortó ella, con tono venenoso.
—Lo senti… —Deena comenzó a disculparse, pero antes de que alcanzara a decir algo, la fiera mujer giró y se largó fuera de su vista. Toda la diversión que había en la habitación, fue efectivamente extinguida. Bill giró hacia Deena con una mirada interrogante.
—¿Quién era esa? —La chica hizo una mueca.
—Hessa, ella es la primera concubina del sultán y como tal, está obligada a actuar como la mayor de las perras. Sólo ignórala, Bill, y mantente lejos de su cuarto.
—Pero… ¿por qué es tan mala? —preguntó. Ella alzó los hombros.
—No lo sé. Sólo es infeliz con la vida en general. Se queja mucho de Tom, y Ankara, dice que el sultán debería nombrar a su hijo como heredero.
—¿Quién es su hijo?
—Ahmed. También es un idiota. —Bill frunció el ceño.
—Vaya, ¿no son una alegre pandilla entonces? —dijo sarcásticamente. Deena soltó una risita sin ganas.
—Nop. Ella estará eternamente molesta, porque Ankara dio a luz un hijo antes de que ella lo hiciera. Es como, el gran remordimiento de su vida —Deena rodó sus ojos—. No tengas nada que ver con ella, y todo estará bien. De todos modos, ella pasa la mayor parte del tiempo en su cuarto. Demasiado alta y poderosa para asociarse con el resto de nosotras. —Bill asintió, absorbiendo la información. Y mientras Deena comenzó a leer otra vez, él giró para acomodarse mejor.
Y aunque todavía debía acostarse sobre su estómago, su espalda había sanado bastante y como resultado, él se podía mover mucho más, sin el riesgo de que sus heridas se volvieran a abrir.
Se mantenía bastante quieto, pues tenía prohibido moverse a menos que quisiera ir al baño o alimentarse. Esa molesta restricción en particular, se la había impuesto Tabeeb Ihsan, quien le visitaba a diario para revisar su progreso y cambiar las vendas.
A pesar de las limitaciones impuestas por el doctor, Bill descubrió que el hombre le agradaba. Corpulento, brusco y algo canoso, Tabeeb Ihsan había asustado a Bill en un principio. Después de todo, su primer encuentro no había sido por causas placenteras. Pero Bill no guardaba resentimientos hacia él, pues simplemente había estado haciendo su trabajo. Ahora, con sus constantes visitas, Bill descubrió que el hombre tenía un alma benevolente, hasta casi parecer un abuelo. Después de toda la gente desagradable con la que había tenido que lidiar recientemente, Bill se estaba empapando de cada onza de amabilidad que pudiera obtener.
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Tom suspiró. No se quejaría de esta oferta, se dijo a sí mismo. No podía. Pero se estaba volviendo realmente duro, no hacerlo, ya que a su padre se le seguían ocurriendo cosas para que hiciera. Actualmente, se encontraba estudiando la historia de los límites de su nación, memorizando cada minúscula parcela que había sido anexada a su reino. Era extremadamente aburrido. Sólo tenía que seguir recordándose a sí mismo por qué lo estaba haciendo. Por “quién” lo estaba haciendo. Todo esto era por el hermoso esclavo, Bill. Para que pudiera tenerlo.
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Dos horas más tarde, cuando emergió de la biblioteca, Tom estaba exhausto. Y aunque era temprano, estaba seguro que si se acostaba, dormiría hasta el medio día del día siguiente. Pero sin importar cuánto quisiera dormir, no era su cuarto al que caminaba en esos momentos; era el de Bill. Gracias a su padre, no había tenido la oportunidad de ver al joven, en toda una semana. Esta visita había sido atrasada por mucho.
Entrando al harem, saludó a Saki y Anis con un gesto de la mano. Los dos hombres grandes, inclinaron la cabeza en señal de respeto, pero se mantuvieron en silencio.
Caminando por los corredores que parecían laberintos, al príncipe le tomó sólo un momento darse cuenta, de que no tenía ni idea de dónde estaba el cuarto de Bill. Regresando a la entrada principal, le pidió a Anis que le mostrara el camino. El eunuco lo guió hasta el segundo piso (un lugar al que él, raramente iba), bajo diferentes pasillos y frente a una terraza abierta, como un recibidor. Tom notó uno de los pequeños patios de entrenamiento abajo.
—Siga derecho su alteza, y luego a la derecha.
Tom le agradeció al guardia, que se retiró por donde habían venido. Tom avanzó y miró en el primer cuarto a la derecha, y vio… nada. Entró en la pequeña pero cómoda habitación y se preguntó si realmente era la pieza de Bill. Abrió el armario confirmando que sí lo era, estaba lleno de la ropa andrógina que Tom recordó que vestía el pelinegro.
Una inspección más detallada de la habitación, reveló un surtido de aceites medicinales y ungüentos en una mesita, como también unos pocos libros esparcidos al azar sobre los cojines. Tomando uno, el príncipe lo hojeó desinteresadamente, hasta que halló algo familiar en el libro. ¡Era suyo! ¡Dónde había conseguido Bill, ese libro! Un poco enojado, pero principalmente avergonzado, Tom agarró fuertemente el libro en su mano antes de dejar la habitación y salir en busca de su concubina perdida.
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Un bombardeo de pisadas que corrían se dejó oír, golpeando las baldosas del piso.
Ruido de agua salpicando, seguido de intensas risas, provenían de la honda y gran piscina; dirección de la cual, un quejumbroso Bill apartaba la vista.
Bill estaba acostado sobre su estómago, en una alfombra, tratando de ignorar la descarada exposición de los múltiples cuerpos desnudos.
—¿No pudieron haberme advertido? —pregunto un poco exasperado.
—¡Nop! —Gritó Farah, una chica que acaban de presentarle.
—No es nada que no hayas visto antes. Oh, espera… es eso. ¡No veas!
Bill rodó los ojos, cuando gritos de ¡No mires! ¡No mires! Hicieron eco en el lugar embaldosado.
Antes de decidir ir desnudas en estampida delante de él; las chicas –Farah, Mahtob, Deena y otras pocas– habían estado bebiendo un nuevo té “especial”, que uno de los guardias les había mostrado. Aparentemente, había un té para todo aquí, pensó, mientras las chicas seguían con sus cosas maniáticamente detrás de él. Pensó que todas iban a estar “relajadas junto a la piscina”, como Deena había afirmado. Lamentablemente, no era así.
Bill yacía quieto en la alfombra, vistiendo sólo un par de pantalones holgados, mientras Nephthys sacaba sus vendajes y limpiaba su espalda.
—Está sanando bien —comentó ella—. Más rápido de lo que hubiera esperado. El doctor estará complacido.
—Hmm. ¿Qué tan horrible luce? —preguntó.
—Oh, mucho menos desagradable que ayer —dijo la chica seriamente y Bill rió.
—En serio, ¿qué tan mal? —Nephthys encogió los hombros, sin que Bill la viera.
—De verdad está mucho mejor a como estaba —insistió—. Las heridas ya no parecen estar abiertas. Sólo están rojas —Bill asintió por sobre sus brazos cruzados—. Pero aún debes tener cuidado cuando te mueves. Si te enderezas mucho, podrías provocar que alguna herida se abra de nuevo. —Bill hizo una mueca de dolor y volvió a asentir.
—Tendré cuidado. ¡Ay! —Siseó al sentir una punzada de dolor en su espalda.
—¡Lo siento! —Se disculpó Nephthys—. Al parecer esa, no estaba bien cicatrizada.
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Tom finalmente lo encontró en el baño. Junto con una diversidad de concubinas “semi drogadas”, dos de las cuales, eran suyas. Caminando en la abovedada habitación, pasó desapercibido por las chicas en la piscina. Su rostro se arrugó divertido, al verlas brevemente, hasta que llegó a la alfombra, donde Bill estaba siendo atendido por la familiar sirvienta de piel oscura.
—Hola, Bill —el aludido sacudió su cabeza a un lado.
—¿Tom? —Rió entre dientes.
—Sí —incapaz de ver al príncipe desde esta posición, Bill volvió a dejar caer su cabeza.
—Hoy no me muevo, ven acá —Tom volvió a reír y se sentó junto a donde el otro estaba. Bill le sonrió hacia arriba—. Hola.
—Hola. ¿Cómo te sientes hoy? —Bostezando, Bill respondió.
—Ok, ya no me duele tanto, ahora. Hey. ¿Cómo luce mi espalda? ¿Asquerosa? — Nephthys le dio una nalgada.
—¿Qué? ¿No confías en mí? —Bill rió.
—No —otra nalgada—. Ok, ok ¡Sí confío! —Sonriendo, la sirvienta se levantó para irse.
Viendo como ella se iba, Tom comentó—. No luce tan mal. Mil veces mejor que la última vez que te vi… y para nada asquerosa —agregó, al ver que Bill le miraba suplicante.
Esto pareció calmar a la concubina, que volvió a posar su cabeza en el piso.
—¿Por qué tardaste tanto en visitarme? —preguntó Bill y Tom tragó.
—Quería hacerlo, pero he estado realmente ocupado la última semana. Mi padre me tiene haciendo muchas cosas.
Bill arrugó el ceño—. Él no me gusta —admitió suavemente. Inseguro de cómo el príncipe podría tomar su observación. Pero no tenía necesidad de preocuparse, porque Tom también frunció el ceño y agregó.
—A mí tampoco. —Hubo silencio por un momento; ambos, dejando que sus mentes vagaran, antes que Bill dijera.
—¿Tom? —El otro lo miró.
—¿Hmm? —Bill mordió su labio, luciendo tímido.
—Um ¿Qué… qué exactamente, quisiste decir, cuando dijiste que había sido “traspasado” a ti? —El príncipe ladeó un poco su cabeza, preguntándose si realmente, Bill no comprendía.
—Bueno, tú eras la concubina de mi padre, pero como tú, uhm, lo apuñalaste —con esto dejó escapar una risita, pues esa parte le parecía hilarante, pero se compuso—. Como tú lo apuñalaste, él ya no te quería. Él iba a hacer que te mataran… —pausó al ver la aterrada mirada en los ojos del esclavo y luego, se apresuró a continuar, para evitar cualquier posible lágrima—. Pero lo persuadí, de que en cambio, te entregara a mí.
Bill lo miró por un largo momento, incluso parecía que no había entendido lo que Tom le había dicho, pero luego habló.
—Entonces, soy tu concubina ahora. ¿Lo mismo que era con él? —El príncipe no estaba completamente seguro del propósito de esa pregunta, ¿acaso no había aclarado ya ese punto? Pero respondió de todos modos.
—Sí.
La rabia de Bill no fue aparente de inmediato. Él suspiró, llevó su rostro a otro lugar por un momento. Y luego, lentamente, se empujó hacia arriba, hasta sentarse y luego ponerse de pie. Nephthys corrió al ver que él se empezaba a levantar, pero él ya estaba en pie, cuando ella arribó.
—¿Bill? —preguntó ella.
—Vamos, quiero regresar a mi habitación —dijo suavemente y comenzó a caminar para irse.
Tom estaba atónito. Bill simplemente se estaba yendo. ¿Acaso estaba enojado? ¿Había dicho algo malo? Mientras Bill desaparecía, regresando por las paredes del harem, se sacudió su aturdimiento y saltó para ir tras él.
—¡Bill, espera! —llamó al chico, quien sólo había avanzado unos cuantos metros por el corredor. Bill giró y se encontró con la mirada del príncipe, sin hablar, sólo esperando para ver qué quería. Tom se detuvo; la tensión que irradiaba Bill era tangible.
—¿A dónde vas? —preguntó tontamente. Bill parpadeó.
—De regreso a mi cuarto —respondió con la voz vacía. Lugo volvió a girar y continuó caminando. Tom tenía la boca abierta. Se adelantó y tomó a Bill por el brazo—. ¡Hey! —exclamó el chico.
—¿Qué pasa? ¿Por qué actúas de esta manera? —demandó el príncipe. Bill miró la mano que aprisionaba su brazo y frunció el ceño.
—¿Por qué actúo de esta manera? ¡¿Quieres saber por qué estoy actuando de esta manera?! —dijo, aumentando el volumen de su voz. Tom entrecerró los ojos, por el tono de voz del chico. No estaba acostumbrado a que los esclavos se dirigieran a él de esa forma.
—¡Sí! ¡Quiero saber por qué estás actuando como si algo se hubiera metido en tu trasero! —Los ojos de Bill se abrieron grandemente y tironeó su brazo. El movimiento pareció causarle dolor, porque hizo una mueca, pero la rabia no dejó sus facciones.
—Te diré por qué estoy actuando de esta manera —escupió las palabras—. Es porque estoy harto, de ser traspasado de una persona a otra, como si yo fuera un pedazo de su propiedad —Tom retrocedió, sorprendido, mientras Bill prosiguió—. Yo pensé que tú me habías rescatado porque eras amable, pero noooo. Tú sólo deseas lo mismo que tu padre quería. Y apuesto a que ni siquiera “me lo pedirás” —Y se fue por el corredor.
Tom podría haberlo seguido y haberlo encarado, si no hubiera quedado tan en shock. Simplemente se quedó ahí, en el corredor, repitiendo la escena en su cabeza. Olvidando el hecho de que Bill, su esclavo, le hubiera gritado e insultado; él aún estaba tratando de comprender la parte donde el chico no quería ser su concubina. Esa era una posición a la que cualquier mujer de la ciudad hubiera aspirado, y muchos hombres también. No significaba que Tom fuera egocéntrico, simplemente era así. Ser la concubina de un miembro de la familia real, sin mencionar que él era el heredero al trono, era una posición de gran estima y poder. Una que era envidiada. Tom estaba sorprendido por la hostil reacción del chico, en lugar de disfrutar esa clase de vida.
Cuando Tom recobró su claridad y comenzó a moverse nuevamente, no era en la dirección que Bill había tomado, sino hacia la salida del harem.
& Continuará &
Notas de MizukyChan: Waa, apuesto a que no se esperaban esa reacción de parte de Bill, después de todo a le gustaba el príncipe jeje. No se pierdan lo que viene.
