Dos Condiciones 7

& Capítulo 7 &

Tom estaba manejando hacia la universidad, cuando su teléfono comenzó a sonar. Al revisar quién llamaba, detuvo el coche y contestó—. ¿Bill, qué pasa?

El pelinegro sorbió los mocos—. Ven a buscarme, Tomi. Me quiero ir a casa.

Bill… Bill, voy en camino. —Encendió el auto—. Quédate en el teléfono conmigo. ¿Qué pasó, bebé?

Es como la encarnación de Satanás —murmuró.

¿Quién? —preguntó Tom. Ya había llegado a la escuela de Bill, apagó el motor y de un salto bajó del coche.

Él… él, Tomi… él. ¡Él me besó! —Bill estaba sollozando.

¿Él, qué? —Tom iba corriendo al salón del pelinegro.

Él estaba sentado ahí, diciéndome que me deseaba… y luego, me besó y corrió… Tomi. ¡No me dejes, Tomi!

Tom colgó cuando divisó a Bill. Caminó hasta él con el ceño apretado—. ¿Qué quieres decir con que te besó?

Puso sus labios sobre los míos… ¡y luego corrió, Tomi! ¿Por qué hizo eso? Él sabe que te amo y que solo te amo a ti. Tiene que estar planeando algo… —Siguió llorando.

¿Por qué no lo detuviste? —Tom se estaba poniendo más y más furioso—. Mira, te llevaré a casa. —Tomó una respiración profunda, esa noche dormiría en casa de su madre.

¡Nunca pensé que me iba a besar! —Gritó su marido.

Te llevaré a casa. No me grites —dijo Tom, demasiado tranquilo.

Bill pasó sus dedos por su cabello… tenía que salir de allí.

Vamos, Bill. —Tom lucía como si fuera a romper en llanto en cualquier segundo. Empezó a caminar para salir de ese lugar, esperando que su esposo lo siguiera.

El pelinegro caminó cerca de Tom, lo necesitaba, pero sabía que ahora el otro lo odiaba.

Entretanto, Tom caminaba con la cabeza gacha. No odiaba a Bill, pero temía que al profesor le gustara más el chiquillo, después de todo, ellos se habían conocido en la misma situación que Bill y Luke.

El corazón del pelinegro dolía, sabía que había hecho lo correcto contándole la verdad a Tom, pero también estaba aterrado de perder a su amado para siempre.

Una niña pequeña tiró de la manga de Tom—. ¿Señor esposo del profesor Kaulitz?

¿Sí? —respondió Tom.

¿Por qué está llorando el profesor Kaulitz? —Era cierto, Bill era amado por un montón de gente en su escuela, incluso por los más pequeñitos.

Tom se ahogó con un sollozo—. Pregúntale —respondió y su voz se quebró.

La niña chiquita abrazó la pierna de Tom—. No llore, señor esposo del profesor Kaulitz.

Tom, soy Tom. —No estaba seguro por qué había dicho eso, si era porque quería que lo llamaran por su nombre, o porque le dolía que le llamaran esposo de Bill. No se sentía muy como su esposo.

Tom. —Repitió la niña.

Sí. Deberías ir a clases. —Le dio unas palmaditas a la cabeza de la pequeña y luego, comenzó a caminar otra vez. Necesitaba salir de allí.

Bill ya estaba en el auto, llorando.

Bill… —dijo el menor cuando se subió al coche, viendo a su esposo ahí, destrozado.

El pelinegro solo sollozó, con todo el maquillaje corrido por su cara… no le importaba que los niños estuvieran mirando.

Mira, te voy a llevar a casa, luego me iré donde mi madre —dijo el menor y encendió el auto—. En estos momentos, necesito pensar.

Bill volvió a romper en llanto y golpeó su cabeza contra el tablero, cuando Tom arrancaba.

¡Bill, detente! Te llevaré con Gustav.

To-Tomi. —Se mordió el labio muy fuerte. Si no podía tener a Tom, no tendría a nadie.

El menor simplemente miró al frente, tratando de no quebrarse mientras conducía a la casa de su mejor amigo. Sabía que Georg también estaría allí, así se aseguraría de que Bill estuviera bien. Cuando llegaron, estaba a punto de perder la razón.

Te… te llamaré.

El pelinegro se quedó afuera, mientras Tom se alejaba… abandonándolo.

Georg salió de la casa cuando vio el auto de Tom ahí y se apresuró cuando Bill salió, pero Tom simplemente se fue.

¿Bill, qué pasó?

Bill envolvió sus brazos alrededor de Georg y lloró más fuerte—. Él… él… se fue.

Gustav también salió—. ¿Qué pasa Georg? ¿Dónde está Tom?

Aparentemente se fue —respondió su novio.

Los labios de Bill estaban sangrando por morderlos tan fuerte y una pequeña herida había aparecido.

Bill, Bill, cálmate. Vamos, entremos y nos cuentas qué pasó, mientras Gus hace algo de té. Probablemente es solo una pelea estúpida y él regresará en un dos por tres, diciendo que lo siente —dijo el castaño para tranquilizarlo, mientras lo llevaba hacia la casa.

El pelinegro sorbió los mocos—. Él…

¿Qué?

Este chico de mi clase me besó… yo le conté… y ahora se fue…

¡Mierda! —Maldijo Gustav en la cocina—. Georg, ven aquí un segundo.

El castaño fue a donde lo llamaron—. ¿Qué pasa?

Mira Georg, esto no luce nada bien. Tom me contó el otro día, que tenía miedo de perder a Bill por otro estudiante —dijo en voz baja, esperando que Bill no los escuchara.

¿En verdad no crees que Bill lo está engañando, o sí?

Pero el pelinegro los escuchó… y lloró… y corrió tan rápido como pudo, fuera de la casa.

No creo… pero es que Tom… mierda. —Escucharon como la puerta se cerró de golpe—. Tú corre tras él. Es tu amigo.

¿Y honestamente me estás diciendo que no te importan una mierda lo que le pase? —Gritó Georg. ¿Por qué demonios Gustav estaba actuando como un idiota? Cogió una chaqueta y corrió tras su amigo… pero regresó una hora más tarde… sin él—. Y como Tom es tu amigo, puedes llamarlo y decirle ¡que está desaparecido!

Lo siento. Me porté como un imbécil. Lo que quise decir es que de todas formas, él preferiría estar contigo que conmigo. —Gustav cogió el teléfono y luego lo soltó—. Mierda, no puedo decirle eso. Georg, por favor… —Rogó a su novio.

Nop. Tú no acabas de correr por una hora completa. Llámalo. —El castaño colapsó en una silla.

Gustav llamó a su amigo, quien con la voz alarmada le dijo que estaría ahí en diez minutos. Y justo en diez minutos, Tom pasó corriendo por la puerta, sin molestarse siquiera en tocar el timbre.

Georg aún estaba muriendo en la silla.

¿Qué pasó? —preguntó Tom, con la respiración acelerada.

Gustav aquí, dudó del amor que Bill te tiene… él lo escuchó y huyó… lo estuve buscando por casi una hora… pero no pude encontrarlo.

Yo, yo también estoy dudando, pero tenemos que encontrarlo.

El castaño gruñó—. ¡Entonces no cuenten con mi ayuda! —Georg se fue a su habitación y cerró la puerta de golpe. Si ambos dudaban de Bill, entonces podían ir y joderse.

¡Georg! ¡Tenemos que encontrarlo! ¿Quién sabe lo que puede estar haciendo? —Tom gritó histéricamente.

Ayudaré, pero solo para llevarlo a MI casa… Y mientras ustedes sigan pensando que él está follando a algún chiquillo a sus espaldas, ¡no ayudaré!

Está bien. Solo necesito saber que está bien.

El castaño salió y se subió a su auto, partiendo de inmediato. Gustav y Tom lo siguieron en el auto de Tom. Georg manejó hasta el otro extremo de pueblo buscando al chico inocente.

Mientras tanto, Tom insistentemente llamaba al celular de Bill.

El pelinegro estaba sentado en una habitación oscura, los ojos hinchados por el llanto y las lágrimas que habían caído tan rápido.

Joder, Gus, no me responde el teléfono, obviamente me está ignorando. ¿Dónde podrá estar escondiéndose? —preguntó el chico a su amigo, mientras conducía frenéticamente por las calles, buscando a su esposo.

En la mente de Georg se encendió una ampolleta—. ¿No podría? ¿O sí? —Giró el volante y manejó hasta una lejana iglesia.

Tom arrugó el ceño al ver el coche del castaño dar un giro tan abrupto. Pensando que podría saber algo, también giró y lo siguió. Pronto se dio cuenta a dónde se dirigían, iban a la iglesia en la que Bill y él se casaron.

Cuando Georg llegó, notó que Tom venía detrás—. ¡No me sigas! —Sabía que no debía decir eso al esposo de su amigo, pero si Tom no creía que Bill era inocente, entonces no lo dejaría acercarse al pelinegro.

¡Ni creas que no lo haré! Si Bill está dentro, necesito verlo. Yo… tengo miedo. —La voz de Tom había empezado casi como un grito, pero al decir las últimas palabras, era apenas un susurro.

Tom, no… no te dejaré. No es que no seas mi amigo y eso, pero si te pareció bien dejarlo ahí en la calle, ¡entonces no! —Puso su mano en el hombro de Tom—. Ve a casa.

¡No me sentí bien dejándolo en la calle! Lo dejé con ustedes, para que estuviera bien hasta… hasta que yo pensara bien las cosas. —Tom cogió la muñeca del castaño—. No te voy a seguir adentro, pero tampoco me iré. Si él está adentro, dile que estoy aquí, esperándolo.

Okey. —Georg asintió, por lo menos podría hacer eso por el menor.

Bill estaba sentado allí, ya no tenía más lágrimas que llorar.

¿Bill? —Lo llamó el castaño. Estaba oscuro, pero podía escuchar los gemidos—. ¿Bill, dónde estás?

El pelinegro sorbió los mocos y alzó la vista, dejando que la capucha de su chaqueta cayera de su cabeza.

Georg se apresuró al lado de Bill cuando lo vio por la tenue luz que se filtró por la puerta que reflejó el rostro de su amigo.

Bill, hey, hey, no llores. ¿Por qué te fuiste?

¡Todos ustedes piensan que lo estoy engañando! Todos ustedes. ¡No quiero volver a ver a ninguno de ustedes! ¡Me voy a ir a casa, a Inglaterra y no voy a regresar nunca!

Bill… no es eso. Gustav no quiso decirlo de esa forma, sino que Tom podía haber entrado en pánico, por miedo a perderte. —El castaño no creía plenamente eso, pero debía tener tacto si quería que Bill saliera y arreglara las cosas.

El chico se quejó—. ¡No me importa! He hecho todo lo que Tom ha querido… le conseguí un nuevo gato… Demonios, tuve que dejar la ciudad, mi trabajo y mi cambiar mi apariencia y amaba mi jodido cabello. ¡Pero lo cambié porque quería estar con él para siempre! ¡Y era ilegal! Pero lo hice porque lo amaba… y porque él estaba destinado a amarme… ¡Y no confía en mí! —murmuraba cosas.

Mira, Bill. Él está afuera, esperándote. O sales y arreglas las cosas con él, o sales y le pegas fuerte en las pelotas, pero vas a hacer algo y lo vas a hacer ahora —dijo el castaño en un tono que no daba lugar para discusión.

¿Él… él regresó por mí? —Bill se puso de pie y volvió a ponerse la capucha en la cabeza.

Lo hizo. Le dije que se fuera, pero se negó.

El pelinegro se enderezó y caminó hacia el frente.

La puerta de la iglesia se abrió y Tom corrió hasta ella, listo para rogarle a Georg que trajera de vuelta a Bill.

El pelinegro hizo una mueca al ver la luz y ver a Tom viniendo hacia él.

De pronto Tom se congeló en sus pasos al ver que no era Georg, sino Bill quien salía de la iglesia. Una ola de alivio lo envolvió al ver que su esposo estaba a salvo. Y dejó que todas las lágrimas que había estado conteniendo salieran libres.

Bill notó que Tom se detuvo y se dio cuenta que no era a él a quien esperaba.

Aún llorando, Tom caminó hasta su esposo y lo abrazó firmemente, sollozando. El pelinegro no sabía qué hacer, así que hizo lo único que sintió natural, corresponder el abrazo.

¡Tenía tanto miedo! —susurró en el oído de su marido—. Ellos me llamaron y me dijeron que ya no estabas ahí y no me respondías el teléfono. —Abrazó más fuerte a su esposo.

Tú no me creías, ellos no me creían —murmuró Bill, ya no sabía qué hacer.

No es eso… ¿Me amas, Bill? —preguntó el menor.

Por supuesto que sí. ¿Cómo puedes dudarlo?

No lo dudo. Solo quería escuchar que lo dijeras —dijo Tom sonriendo levemente.

Te amo Tom Kaulitz-Trümper.

Bien. Ahora cuéntame qué pasó. Te escucharé. —Tom estaba tratando de arreglar las cosas, sabiendo que había exagerado un poco.

Bill suspiró y comenzó a contarle otra vez todo a su marido, desde el momento en que él se fue, hasta el instante en que Luke llegó y lo besó.

Tom suspiró—. Voy a preguntarte algo y no te vas a enojar, solo respóndeme honestamente. ¿Por qué no lo paraste antes de que sucediera? —Esa era la parte que más molestaba al menor. Todavía estaba inconscientemente asustado de que le hubiese gustado a Bill por su juventud y por el hecho de que estaba prohibido y que ahora se aburriría de él.

No sabía que iba a hacer eso, Tom. En verdad no lo sabía.

¿Entonces no te gusta? ¿Ni un poquito?

No, Tom. ¿Por qué me gustaría? No lo soporto.

No sé. —El menor suspiró—. Yo ya no soy tu alumno. No te puedo dar aventura, ni la emoción de tener que mantenerlo en secreto o de tener que escondernos en las salas. —Tom estaba vocalizando sus más profundos temores y no pudo evitar llorar otra vez.

Tom, no me importan esas cosas. Solo me preocupo por ti.

¿Lo dices e serio? —preguntó Tom con la voz pequeñita, pero esperanzada.

¡Tom, me casé contigo!

Lo sé. Estaba allí. —Trató de bromear.

Bueno, espero que estuvieras… quiero decir, porque si no, ¿quién firmó mis papales? —Bill le sacó la lengua.

Sin perder la oportunidad, Tom succionó la lengua en su boca.

Bill se sonrojó y sus manos se movieron en la espalda del otro.

Creo que es hora de irnos —dijo Gustav a su novio, sabiendo que tendría que disculparse en su regreso a casa… y sabía exactamente cómo lo haría.

Georg asintió—. Está bien.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Condenado chiquillo, Luke es igual de insidioso que Andreas. Pero ¿creen que el par de rubios deje en paz a nuestra adorada pareja? ¿Creen que Tom se quede tranquilo, sabiendo que Luke está acosando a su marido? Para descubrirlo, los invitamos a leer la continuación. Besos para todos y no olviden dejar un comentario.

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