Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
FOE: Capítulo 21
—¿Estás bromeando, cierto?
Tía Janine se volvió hacia Jimmy—. ¿Eh?
—No se supone que termine así, ¿verdad? —dijo el niño. Tía Janine desvió sus labios hacia un costado—. ¿Qué? ¿Quieres decir que eso es todo?
—Tienes que saber que no todas las historias tiene finales felices, Jimmy.
—¡Pero soy un niño! No puedes simplemente venir y contarme una historia triste.
—¿Entonces desearías que se quedaran juntos?
—Sí… quiero decir, sí… por lo menos deberían volverse a ver.
La mujer sonrió—. Bueno, solo quería saber cómo te sentías al respecto, entonces sí, estaba bromeando. Dejé mi última frase incompleta, quise decir que se separaron para siempre… de ese planeta.
—Dios, no bromees conmigo de esa manera, tía.
—Lo siento, pero pesé que como eres tan escéptico a las historias de esta naturaleza, no te importaría.
—No estoy diciendo que lo crea, pero supongo que todavía estoy muy joven para lidiar con finales tristes.
Tía Janine soltó una risita—. Claro. Bueno, entonces continúo. Después de haber estado atrapado por seis meses, Tomek finalmente se reunió con su especie. Por supuesto que contó una gran mentira a sus rescatadores sobre lo que pasó, diciendo que el gato había instalado trampas por toda el área para evitar que lo matara y que los dos guerreros caninos habían sido víctimas de una de sus trampas de contrapeso, y que el mismo Tomek había caído en una de sus trampas excavadas, que explicaban sus heridas y el porqué no llegó a ellos a tiempo. Lamentablemente, el gato escapó antes que ellos llegaran a la escena. Y aunque sonara un poco improbable, no tuvieron problemas en creerle a él y Tomek sabía que era por el reconocido odio contra los felinos que solía tener.
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Tomek estaba recordando cada segundo del último momento en que vio a Billeam, memorizando cada detalle de su cara. Incluso recordó el terrible dolor que sintió cuando vio, con desaliento, como la nave se volvió una estrella fugaz, cuya luz pronto se desvaneció. Todavía deseaba haberlo besado y se preguntó si Billeam lo habría rechazado en ese último momento. Desde que se separaron, no podía dejar de pensar en él. Lo extrañaba terriblemente y aún no podía aceptar el hecho de que nunca más lo volvería a ver.
Sus instrucciones eran permanecer en su dormitorio y descansar al menos otro día, pero no podía obedecer otro minuto. Gruñó de dolor al volver a poner las vendas en su torso y ajustó las tablillas en su pierna derecha. Con decisión se vistió y se dirigió hacia el puente de comando de la nave.
Poco después de haber llegado a la nave principal, le recomendaron usar el suero “Regen”. Tomek no tenía forma de explicar por qué su última inyección del suero no estaba en el compartimiento de su nave, excepto decir que la había usado él mismo cuando estaba en ese planeta extraño. Aunque habría ayudado mucho, sabía que en realidad no lo necesitaba, porque después de todo, sus heridas no eran fatales, pero sí necesitaba un tiempo de reposo en cama, para una apropiada recuperación.
Cuando entró al puente, todos los que estaban allí lo saludaron contentos, incluso el capitán. Todos le contaron lo terriblemente preocupados que estuvieron cuando desapareció de repente, muchos creyeron que estaba muerto. Enviaron varios equipos en operaciones de búsqueda rogando encontrarlo, pero todas resultaron infructuosas.
—¿Entonces, cómo me encontraron? —Preguntó Tomek de forma un poco ruda, pero nadie detectó ni un toque de ingratitud en su voz. Todos se volvieron a Gustaf. Con un poco de vergüenza, Gustaf se acomodó los lentes.
—Remodelé un prototipo de sistema automático de identificación y lo instalé en tu nave de combate. Alcanza un rango más amplio que las naves madres. Nos costó varios meses, pero finalmente, encontramos la señal. —Gustaf se alzó de hombros.
Tomek suspiró. Se acercó hasta Gustaf y puso una mano en su hombro.
—Hiciste un buen trabajo, Gustaf —dijo genuinamente. Después de todo, estar perdido en el espacio significa lo mismo que estar muerto. En realidad, haber sido encontrado era una gran hazaña. Tomek no sabía de nadie más, además de él mismo, que se las hubiera arreglado para regresar, después de haber estado perdido en el espacio. Sin embargo, en cualquier otra circunstancia, habría demostrado su orgullo y alegría, apropiadamente.
Gustaf lo abrazó—. Estoy muy feliz de que estés de vuelta —dijo—, yo sabía que no estabas muerto.
Tomek sonrió de vuelta—. Yo también estoy feliz de volver a verte.
—Hay alguien más que está todavía más feliz por tu regreso —dijo Gustaf.
—¿Sí? ¿Quién?
Gustaf señaló detrás de Tomek, que se dio una vuelta. Sus ojos se abrieron en extremo.
—¡Andraz! —Se quedó sin aliento.
Andraz sonrió y se apresuró hasta Tomek para abrazarlo.
—No puedo creer que no estés muerto —Andraz casi gritó.
—Yo soy quien debería decir eso —respondió Tomek, atónito.
Andraz rió—. Afortunadamente, el arma del gato estaba programada para aturdir. Probablemente tú estabas demasiado consternado y no te diste cuenta que yo solo estaba paralizado.
El rostro de Tomek mostraba completo shock. Andraz estaba vivo. «Billeam no mató a mi mejor amigo» Pensó.
—Pero no hubo forma de decírtelo —agregó Andraz—. No supimos nada de ti hasta ahora. ¿Dónde has estado?
—Yo… yo…
—Déjalo tranquilo. Probablemente es demasiada información para procesarla de golpe —dijo el capitán—. Yo también estoy muy contento de que haya regresado, pero me temo que realmente no es una razón para celebrar. —Tomek asintió, comprendiendo. No era fácil saber que el destino de su especie seguía siendo el mismo. En cada lugar que visitaba veía los rostros serios, desesperados. Notó que todos los adornos que planeaban celebrar el advenimiento de Procyon Alpha, ya no estaban. En estos momentos, todos, al igual que él, ya sabían que debían aceptar la terrible realidad de la maldita arma felina.
El capitán se acercó a Tomek y los sostuvo por los hombros.
—Debo admitir que tu retorno a casa nos ha dado a todos un breve solaz.
—¿Cómo es que todavía no lo hacen? —Preguntó Tomek, antes de poder contenerse. No es que no estuviera feliz de que todavía no ocurriera, pero honestamente deseaba saber. Sabía que había estado perdido por mucho tiempo y varias veces temió que su raza ya se hubiera terminado.
—De verdad no lo sabemos —contestó Andraz—. Creemos que los bastardos solo están jugando con nosotros, esperando escuchar que rogamos por nuestras vidas y conceder que ellos son superiores. Todavía tienen dos meses más para tener la oportunidad de crear una supernova.
—Dos meses más —repitió Tomek. Andraz suspiró después de escucharlo, sin duda asumiendo que una vez más, Tomek creería que tenían tiempo suficiente para hacer algo y evitar la desgracia.
—Ni siquiera lo pienses —dijo con rapidez.
—Pero quiero pelear —rebatió el otro.
Gustaf y Andraz sonrieron.
—Por supuesto que nosotros también queremos pelear —dijo Gustaf—, pero no es nuestra responsabilidad.
—Ni siquiera es mi responsabilidad —dijo el capitán—. Es responsabilidad de los Lords Caninos. Sus órdenes son desistir de cualquier ataque. En lugar de eso, tú y todos los demás, deben pasar el tiempo que les queda con sus seres queridos.
—¿Entonces, todos se han dado por vencidos? —Preguntó Tomek, sin poder creerlo.
—De verdad no hay mucho que podamos hacer —contestó Andraz—. Durante el tiempo en que estuviste fuera, realizamos algunos procedimientos de evacuación, pero solo la mitad fueron arreglados. No pudimos llenar ni siquiera una nava a full capacidad.
—¿Qué quieres decir?
—No todos los nuestros quieren huir —intervino Gustaf—. La mayoría de nosotros queremos permanecer en casa, hasta el fin.
Tomek bajó la mirada. Él también quería permanecer en casa. No era un asunto de orgullo o de una actitud irracional, sino una conexión emocional con uno mismo, o simplemente hacer lo que se siente bien. Arrugó el ceño y los miró a todos.
—Pero siempre los hemos enfrentado, ¿por qué debemos desistir ahora?
El capitán suspiró—. La única razón que nos impide atacar es porque existe una insignificante oportunidad de que ellos suelten el arma, si intentamos acercarnos a su nave principal.
—¿Por qué la soltarían si no están cerca de Procyon Alpha? Al contrario, eso arruinaría su oportunidad. —Muchos caninos bajaron el rostro, derrotados. Tomek arrugó el ceño—. ¿Qué pasa?
—Mejor lo pones al día con este tema, Andraz —dijo el capitán—. Llévalo a tomar un poco de aire antes de revelarle las noticias.
—Sí, señor —respondió Andraz—. Vamos Tomek. —Su amigo se dejó alejar del puente.
—Todavía no puedo creer que estoy hablando contigo, Andraz —dijo de pronto Tomek. Se detuvo y lo miró—. De verdad pensé que nunca más te vería.
—Yo también. Me sentí devastado cuando me dijeron que estabas perdido. Y también estaba muy enojado. Tenía muchas ganas de pegarte en la cabeza. —Andraz alzó el puño frente a la cara de su amigo—. No sé cómo siempre te las arreglas para escaparte de estas situaciones, pero supongo que alguien allá arriba de verdad te quiere. Tienes que contarme qué pasó durante todo el tiempo que estuviste allá.
Tomek desvió la mirada—. Tal vez en alguna otra ocasión —dijo rápidamente para evitar el tema. No había forma en que le pudiera contar a alguien exactamente lo que pasó mientras estuvo perdido, ni siquiera a su mejor amigo—. Justo ahora quiero saber qué ha estado pasando aquí, con todos ustedes.
Andraz suspiró con tristeza, mientras sus pensamientos regresaban a los asuntos pesimistas. Continuó caminando. Tomek resumió su caminata junto a él.
—¿Sabes? No estabas tan equivocado cuando dijiste que podían usar los portales de salto en desuso —dijo Andraz.
—¡Lo sabía! —Bufó Tomek—. Pero tú también debiste esperar algo así, Andraz.
—Sí, bueno, pero no fue tan exacto —dijo Andraz—. Están usando los puntos-X. Parece que una vez más, están un paso antes que nosotros.
—¿Puntos-X? —Preguntó perplejo. No era un término astrofísico con el que estaba familiarizado, pero era algo que no se mencionaba tan a menudo. Los puntos-X eran portales magnéticos a rutas que se manifestaban entre planetas al azar y su estrella paterna cuando su campo magnético se conectaba y formaba una fusión en regiones-X. Hace mucho tiempo se les conocía como los medios más rápido de viajes interplanetarios, pero se descubrió que eran muy inestables y variables. Pero gracias al descubrimiento de la tecnología de híper-viajes, que permitía viajes hiperespaciales, los puntos-X se volvieron rudimentarios y obsoletos.
—Sí —continuó Andraz solemnemente—. Incluso ante la remota distancia entre la vasta masa de radio de Procyon Alpha y Procyon Beta, su campo magnético permite formar una conexión y dejarlos activos, durante la distancia de perihelio de Procyon Alpha. La flota felina ha estacionado su nave nodriza más allá de la frontera de nuestro sistema de estrellas, a una distancia inmediata entre ambas estrellas, donde ya detectaron un punto-X. Ese punto-X, es lo suficientemente grande para cargar el transporte con el arma mortal y si lo sueltan, el transporte será succionado por el centro mismo de Procyon Alpha. Como dijo el capitán, no podemos acercarnos y arriesgar a que ellos lancen el arma. Lo podrían hacer en cualquier momento, pero no lo han hecho. Como si estuvieran saboreando cada minuto de su control sobre nosotros.
—¿Por qué demonios los dejaron llegar ahí en primer lugar?—Preguntó Tomek con tono acusador. Andraz lo miró.
—Incluso si hubieras estado aquí, dudo mucho que hubiera habido una diferencia —dijo velozmente—. Muchas naves felinas se aproximaron a nuestra frontera de vez en cuando, para emboscarnos de repente —explicó—. Concentramos nuestras fuerzas en destruirlos, pero solo eran señuelos. Nuestros ataques fueron inútiles; cada nave que destruimos era la equivocada. Los felinos solo intentaban distraernos y cuando la nave nodriza que efectivamente cargaba el arma mortal apareció, ya era muy tarde para hacer algo. —Tomek hizo una mueca. Sonaba igual a aquella vez en que ellos fueron atacados y la nave del comandante tuvo que huir al hiperespacio.
—El Rey Felino envió un video con un mensaje de advertencia —agregó Andraz—, contándonos de su plan de usar los puntos-X para enviar el arma mortal directamente a Procyon Alpha y efectuar la supernova. Han pasado cuatro meses desde entonces.
—¿Y ahora qué? —Preguntó Tomek—. ¿Vamos a esperar hasta que ellos decidan cuando destruirnos? Todavía digo que deberíamos atacar.
—Mira, si ellos esperan hasta el último momento para atacarnos, entonces existe la posibilidad de que la supernova no ocurra. Los próximos dos meses son cruciales, pero después de eso, todo es una apuesta peligrosa. Mientras más tiempo pase, los portales no funcionarán a su favor, sino en su contra, ya que se vuelven altamente inestables antes de colapsar y destruirse para siempre. Hemos estado estudiando todas nuestras opciones, créeme, y hasta ahora hemos pensado que la mejor opción es esperar.
—Entonces todos son unos perdedores. ¿De verdad creen que ellos van a esperar hasta el último minuto, sabiendo lo que me acabas de decir?
—Bueno, supongo que estamos rogando que no lo sepan.
—¿Estamos rogando? Dios, Andraz, eso es simplemente estúpido. Y todos sabemos que los gatos son cualquier cosa, menos estúpidos.
—Lo sé, pero me gusta imaginar eso —dijo Andraz con media sonrisa. Su amigo no sonrió de vuelta—. Nos tienen por el cuello, Tomek —agregó con franqueza—. Es tan difícil de creer. Tan irreal. Nosotros siempre hemos sido los superiores. Me pregunto, cuando realmente pase, si nos doblegaremos y rendiremos nuestra supremacía.
—Por supuesto que no —respondió Tomek, mirando hacia los costados, sintiéndose idiota por pretender que todavía le importaba. Él ya había rendido su superioridad ante Billeam fácilmente y por razones totalmente diferentes.
—A veces siento como que soy un muerto andante y otras veces, solo quiero llorar, así que dejé mi mente pensante a un lado, para aferrarme a esta tonta esperanza, eso siempre hace que me sienta mejor —dijo Andraz.
—¿Sabes? Hace un tiempo perdí toda esperanza —admitió Tomek—. Muchas veces me pregunté si de verdad te habías ido.
Andraz lo miró fijamente, sorprendido—. ¿Qué? No estás hablando en serio.
—Lo estoy. Intenté no pensar en eso, porque no podía lidiar con ello, o con la incertidumbre. También me sentí muy mal conmigo mismo, pensando que yo era el que los había dejado.
—No puedo creerlo. De todos los perros, ¿qué demonios te pasó en ese lugar?
Tomek se alzó de hombros—. Dijiste que alguien allá arriba me quiere, pero yo creo que alguien allá arriba quiere castigarme.
—¿Qué quieres decir?
—Nada. No te preocupes. —La mirada de Tomek bajó al suelo. Su experiencia en el planeta enano, sin duda había cambiado su vida, pero ahora que estaba de vuelta con su propia especie, de verdad deseaba luchar por ellos. Deseó que de algún modo, su raza pudiera ser salvada. Pero dudaba que rindiéndose ante los felinos lo garantizara. Además, en su mente, siempre creyó que la mejor forma de lograr sus objetivos era luchar por lo que amas.
El corazón de Tomek dolió y su mente instantáneamente le trajo una visión de su hermoso Billeam. Nunca se había sentido tan destrozado y confundido, como si su mente y su corazón estuvieran batallando entre ellos, tratando de recordarle cual de los dos era más importante. Su corazón le estaba dando una paliza a su cerebro. Si solo pudiera ver a Billeam una vez más… Miró a Andraz, sintiéndose nuevamente culpable. Se había acostumbrado a la sensación de culpa cuando se descubrió a sí mismo, siendo partícipe de un acto de traición.
—¿Estás bien? —Preguntó Andraz—. Te ves pálido.
—Estoy bien —respondió el otro—, solo un poco… perturbado. Creo que necesito descansar.
—Sí, deberías descansar —comentó Andraz—, perdiste mucha sangre. —Tocó el hombro de su amigo—. No pienses en ello, Tomek —dijo para darle ánimo—. Estoy seguro que la resolución de los Lords Caninos cambiará en cualquier momento, y si no lo hacen, tengo una nave canina preparada para que escapemos.
—¿Qué?
Andraz se alzó de hombros—. Por una vez en mi vida, no planeo quedarme aquí hasta el final y te voy a llevar conmigo. —Se volvió hacia Tomek—. ¿Lo harás, cierto? ¿Vendrás conmigo y sobrevivirás, por el bien de nuestra raza y de nuestra amistad?
El rastudo sonrió—. Eres el mejor amigo que uno podría tener, Andraz. Siempre agradeceré todo lo que has hecho por mí. —Andraz arrugó el ceño—. Pero voy a escuchar a mi corazón y espero que no me odies por eso.
Andraz sonrió, derrotado—. De todas formas, nunca he logrado hacerte cambiar de opinión sobre hacer lo que deseas.
Tomek lo abrazó.
& Continuará &
Aaahhh, mi pobre cachorro. Todavía queda, sigan leyendo.
