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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 10
Tom miró el objeto en las manos de Bill y tragó.
—Es tan suave —dijo el pelinegro, acariciando con sus dedos el forro peludo—. Que bueno que sean acolchados, al menos así no estaré incómodo.
—¿Qué… uh… qué piensas hacer con esas esposas? —Tartamudeó Tom.
—Quiero esposarme a la cama —respondió Bill con simpleza—, de esa forma no andaré vagando por la casa cuando él salga.
Hubo algo que causó un atasco en la cabeza de Tom, algo que reflejaba una honesta decepción. Rápidamente sacudió el segundo que le causó esa censurable distracción. Estaba seguro que la idea de Bill no ayudaría para nada, pero por supuesto el pelinegro no sabía que el demonio estaba consciente de él y de todo lo que hacía.
—El demonio es demasiado fuerte —señaló Tom—, podría liberarse sin ningún esfuerzo.
—Pero son de acero —afirmó Bill—, a menos que conjure una cierra o algo así, no creo que pueda.
—No creo que eso lo detenga, Bill —comentó Tom con seriedad. El pelinegro se negó a perder los ánimos.
—Igual lo voy a intentar —hizo un puchero—. Tengo que hacer algo hasta que sepa cómo evitar que salga y hasta que sepa cómo deshacerme de él.
Tom miró al pelinegro un momento sin decir nada, pero con ganas de decirle que tenía razón y que todo funcionaría.
—¿Qué? —Preguntó Bill.
—Nada —respondió el otro—. Hazlo, inténtalo. —Bill asintió y sonrió con seguridad. Cuando se volvieron y continuaron caminando, Tom le dio una palmadita en la espalda y apretó su hombro. Bill alzó una ceja y él sonrió.
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Tom dejó a Bill una vez que llegó a su casa y de ahí, se fue directo a los cuarteles de la Orden, donde se reunió con Georg y Gustav.
Algunos miembros de su equipo que habían sido dados de alta del ala del hospital se estaban preparando para patrullar en diferentes distritos. Una tarea menor que sería encomendada al grupo de Tom hasta que el resto de los miembros se recuperara y pudieran volver a las misiones más peligrosas.
—¿Hey, dónde has estado? —Preguntó Georg. Tom no respondió y fue junto a Gustav y comenzó a tocar su cintura.
—¿Qué rayos…? —dijo Gustav. Georg arrugó el ceño. Tom cogió el localizador del rubio. Lo encendió y observó la señal parpadeando en la esquina de la derecha. Se dio a sí mismo, una sonrisa de éxito.
—Pero estás aquí —dijo Georg. Tocó la camiseta de Tom en el cuello y vio que había removido el sensor—. ¿Qué le hiciste a tu rastreador?
—Se lo puse a Bill —respondió Tom.
—¿Quieres decir al demonio? —Preguntó Gustav. Tom resopló.
—No al demonio, a Bill.
—Uh… ¿no es la misma cosa? —Preguntó el castaño.
—No —contestó Tom.
—¿Entonces podrás saber dónde está Bill, pero no el demonio? —Murmuró Gustav con sarcasmo.
—Cállate —gruñó Tom, haciendo una mueca sin gracia. Georg y Gustav soltaron una risita—. Lo puse en su espalda cuando estaba con Bill —explicó Tom—. Me aseguré de que no lo notara, así que espero que el demonio tampoco lo notara.
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Georg y Gustav no pudieron evitar notar que Tom había sido descuidado en su liderazgo durante la patrulla. Estaba mirando constantemente el localizador y se salió de la línea de formación varias veces. Tom detuvo sus movimientos y también los miembros del equipo, mirando a todas partes.
—El demonio salió. Voy a regresar a mi asignación previa —afirmó—. Schafer, te dejo a cargo. Ustedes continúen hasta el próximo sector sin mí.
—Sí, señor —respondieron los soldados. —Tom los saludó y se despidió del equipo, para dirigirse donde el demonio.
Gustav le dio una mirada y Georg negó con la cabeza, reprobatoriamente.
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Tom bufó. Justo como esperaba, las esposas no habían servido para nada. Su rostro empezó a cambiar de rabia cuando vio hacia donde se dirigía el demonio. Llegó a un renombrado bulevar con muchos “night clubs”. Ahora las calles estaban llenas y todas las entradas decoradas, tenían a gente apiñada, esperando para que las dejaran entrar.
Tom siguió la señal del demonio y rodó los ojos cuando le guió hasta el club más elite de la zona. Se abrió paso a empujones entre la multitud. El guardia de la entrada no dudó en dejarlo pasar, cuando vio el escudo de la Orden en su uniforme.
Tom avanzó hasta un área más cerrada, en la parte de atrás del club, lejos de la música estridente. No estaba listo para lo que encontró cuando entró a uno de los salones privados. Vio al demonio tendido en uno de los sofás, mientras un grupo de hombres y mujeres, se inclinaba sobre él, besándolo y acariciándolo, en las áreas más reservadas de su cuerpo. La escena era peor que observar cómo se alimentaban las sanguijuelas.
Sus amigos lo conocían por actuar impetuosamente y sin pensar, pero esta vez, de verdad sintió que no estaba en control de sus acciones. Uno a uno, arrojó los cuerpos de las personas, lejos del demonio y los sacó de la habitación, manteniendo la cara seria y especificando que era parte del protocolo de inspección. Por supuesto que las personas no estaban para nada complacidas por su interrupción. Sin embargo, aunque fuera joven, Tom todavía tenía autoridad y la gente no tuvo más remedio que irse. Tom regresó al demonio, quien todavía yacía en el sillón.
—¡Vaya, pero que coincidencia encontrarte aquí! —El demonio soltó una risita. Pasó la mano por su hombro, cogió algo y luego se lo arrojó a Tom. El sensor de seguimiento le pegó al cazador en el pecho y luego cayó a sus pies. Las manos de Tom se hicieron puños.
—¿Por qué viniste aquí? —Lo regañó.
El demonio sonrió de lado y luego se recostó sobre su estómago, flexionando sus piernas y luego estirando sus pies—. Quería ver tu cara —dijo—. De verdad eres muy predecible. ¿Son celos los que detecto?
Continúa…
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