Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R
Capítulo 3
Tom pasó el resto de la semana hecho una furia, evitando a Bill como si fuera una enfermedad bacteriana contagiosa cada vez que veía su pelo puntiagudo por el pasillo. No ayudaba el hecho de que Bill parecía tener el persistente deseo de entablar una conservación con Tom cada vez que el aspirante a matón entraba en su radio de visión.
Teniendo en cuenta que Tom aún no había hablado con el friki del colegio, Bill le estaba ahogando con la sola idea de tenerlo presente en el edificio. No le importaba el proyecto, no quería ser visto con alguien tan odiado.
Además, Bill probablemente estaba acostumbrado a ser apartado de los proyectos en grupo por lo que seguramente hacía todo el trabajo él solo, dándole a Tom una buena calificación. Eso lo animó considerablemente y casi logró olvidarse de esquivar los acercamientos de Bill.
Estaba más que sorprendido y molesto cuando Bill finalmente lo alcanzó después de clases.
La campana sonó y Tom paseaba tranquilamente al vestuario acompañado de Andreas, Dereck y otros chicos más que andaban con ellos. Cuando estabas en la pandilla de Dereck, pavonearse era una de las normas exigidas si querías ser guay o si querías evitar una paliza.
—Mala suerte que tiene el chico emo de allá por quedarse electrocutado —señaló Andreas, haciendo hincapié en como el pelo de Bill el día de hoy parecía completamente una llamarada, con pinchos en lo alto y una parte tapándole un ojo.
—Sí, mierda. No sé cómo voy a hacer ese estúpido proyecto trabajando con él…
—Entonces no lo hagas —respondió Dereck con simpleza, escupiendo en los azulejos del colegio haciendo que un montón de chicas suspiraran y rieran nerviosamente, admirando al chico intimidadas. —Pasa del mocoso. No es como si no estuviera acostumbrado a ello.
Andreas asintió con entusiasmo. —Sí, pasa de él. Además vamos a ir al parque a pasar el rato después del colegio. Sólo vente con nosotros.
Tom movió la cabeza lentamente asintiendo. —Sí, está bien… iré.
—Bien. —respondió Dereck con un media sonrisa y dando palmaditas en el hombro de Tom. —Hay algunas chicas que quiero que conozcas.
—¿C-chicas? —Andreas tartamudeó, poniéndose rojo. —Nunca dijiste….
—Cállate Andy. Sólo porque no eres lo suficientemente maduro como para manejar un poco de tiempo con las chicas no significa que Tom no pueda.
Tom estaba flotando sobre sus pies, incapaz de expresar su alegría con pensamientos coherentes. No sólo Dereck quería que fuera con él, ¡también quería presentarle algunas chicas! Tom no se sentía increíblemente guay… no… no guay…estupendamente. Sí, estupendamente era la palabra, guay era más bien de un niño de sexto grado. Él era ahora un chico de secundaria. Un chico que iba a conocer chicas.
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A pesar de esconder su euforia tras su tranquilo andar, sonriendo levemente, nada podía arruinar su alegría. Nada excepto…
—¡Tom! Hola, yo… eh… He intentado hablar contigo todo el día.
Los chicos habían abandonado el edificio del colegio y todos se reunieron en las escaleras, hasta que una voz y una mano detuvo a Tom. No tenía que sentir el peso de la mano en su hombro o reconocer esa voz para saber quién era.
Su buen humor cayó en picado, estrellándose contra el cemento por el que estaba caminando, descendiendo tan profundamente como para poder ir al Hades y saludar con un: ¿qué tal? Lentamente se giró, formando la más odiosa y despreciable mueca que su cara era capaz de crear sin dislocar los músculos.
Bill ni se inmutó.
Sonriendo alegremente, siguió hablando con timidez: un gran error.
—¿Estás ocupado esta noche? Yo sólo… um… me preguntaba si querías venir hoy después de clase a mi casa para trabajar un poco en el proyecto. Mi mamá dijo que estaba bien, que incluso tendría galletas recién horneadas —balbuceó Bill, y paró cuando Dereck llamó a dos de sus compinches para empujarlo por la cara, mirándolo cruelmente.
—Estás un poco nervioso, mira que venir a hablar con nosotros después de todo por lo que hemos pasado Billy. No aprendes…
Los chicos que le rodeaban se rieron, justándose más alrededor de su cautivo, reduciendo su ya de por si pequeño espacio.
—¿Estás ocupado esta noche? Tom, este idiota quiere saber si estás ocupado esta noche.
Dereck lanzó una carcajada, apoyado por el círculo de cuerpos humanos, incluyendo Tom. Bill se estremeció un poco, aunque con todo ese calor corporal que le rodeaba, estaba lejos de sentir frío.
—Creo que podemos responder a tu pregunta Billy —Dereck sonrió. —Que alguien le agarre los pies.
Antes de que pudiera pensar, Dereck lo agarró bruscamente por las axilas, levantándolo del suelo. Gritó, golpeándolos con fuerza, agitando las partes libres de sus brazos, que eran pocas, considerando que gran parte era presionada extrañamente contra los hombros de Dereck.
—¡Tom! ¡Vamos! —gritó Dereck, riendo.
Dos manos sorprendentemente fuertes se apoderaron de sus tobillos y Bill dejó de patear inmediatamente. Tan descabellado como parecía, quería disfrutar de ese raro contacto, sabiendo que no iba a durar mucho.
—Traerlo aquí. ¡Rápido! Antes de que comience a luchar de nuevo.
Los chicos estaban gritando, animando, haciendo un alboroto mientras que Bill sentía como su cuerpo se cernía sobre el suelo. Estaba boca abajo y miró con interés las piedrecitas debajo de él disfrutando de la sensación de las manos de Tom agarrando sus pies con tanta fuerza.
Oculto de cada una de las personas que le rodean, fue capaz de sonreír plenamente.
Tom estaba prácticamente abrazando sus pies a cada lado de su cuerpo, en un intento de mantener a Bill en el aire. ¡Abrazando! Bill no sabía los límites de cuando se podía llamar un abrazo, pero estaba seguro de que la definición consistía más o menos en sostener firmemente con afecto.
Bueno, Tom se hallaba definitivamente sosteniéndolo con fuerza y en cuanto al afecto… él estaba sin duda interesado en derrotarlo. Por lo tanto, éste abrazo estaba en la parte más alta de la categoría de los abrazos. Bill no pudo evitar dejar escapar un grito emocionado, malinterpretado como un grito de ayuda por los presentes.
Su alegría de repente disminuyó en gran medida cuando un cubo de basura apareció en su visión.
—Oh Dios mío… —lloriqueó suavemente, acallado por las alegres risotadas de Dereck.
—¡Rápido Tom, vuélcalo dentro!
—Con mucho gusto —oyó Bill que Tom dijo obedientemente.
Sus últimos pensamientos consistieron en la satisfacción de que por fin había logrado hacer algo para complacer a Tom hasta que una cáscara podrida de plátano, una bolsa de plástico y un periódico viejo se encontraron con su cara.
Un golpe metálico resonó cuando Bill alcanzó el fondo, un poco amortiguado por los escombros.
Tuvo suerte. Hoy había sido el día de la basura.
—Ahí está tu respuesta Billy —dijo Dereck por encima del hombro y se alejó con su pandilla, riendo al ver un par de piernas que se agitaban débilmente del cubo de basura.
Una voz, haciendo eco desde el interior del cubo de basura se asomó por encima del borde, sin ser escuchada por nadie más que el propio Bill que se habló a sí mismo con mal humor. —Supongo que eso es un “no” entonces…. —susurró.
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—Bueno, esto me alegró el día —dijo Dereck con indiferencia, como si hubiera hecho algo tan simple como obtener una A en un examen.
Tom estaba fuera de sí. Nunca había hecho algo tan horrible a otro ser humano y le encantó. Por alguna razón, el hecho de que fuera Bill atenuaba el sentimiento de culpa y repugnancia moral que pudiera sentir ya que todo el mundo se burlaba de Billy y se había vuelto tan común que apenas tenía valor. No era más que una persona con un método para aliviar el estrés que mantenía a su cuerpo en una constante inquietud que le hacía llorar y le partía el alma como a una persona normal.
Tom no podía creer lo bien que se sentía. La rabia que había estado conteniendo durante toda la vida se había liberado y éste nuevo descubrimiento de control, de poder, de temeridad le hizo anhelar mucho más.
—Así que, ¿cuántos años tienen esas chicas exactamente?
—Son todas putas de décimo curso —respondió Dereck fácilmente.
—Perfecto —Tom sonrió mientras echaba un último vistazo a los pies que aún se movían cómicamente encima del borde del cubo de basura.
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Tom había hecho un descubrimiento muy importante en su corta vida: realmente le gustaban las chicas. Lo suficiente como para comprender finalmente por qué su padre traía tantas chicas a casa y todas diferentes, cuando iba de regreso a su humilde hogar todas las noches.
Todavía le molestaba, pero por lo menos ahora que conocía unas cuantas chicas tetonas, tendría una excusa para pasar menos tiempo en casa que probablemente era un beneficio tanto para su padre como para él.
Tom rememoraba ensoñadoramente el día anterior, sin prestar atención a la desmotivada y poco convincente charla del profesor.
Dereck le presentó a dos chicas de 16 años, Stacey y Alex, ellas eran sexy. Candentes como la portada de una revista. Tom se sorprendió por la serenidad con la que llevó la conversación con ellas, un rasgo que a regañadientes admitió que provenía de su padre.
Andreas y los otros dos chicos habían permanecido alrededor con torpeza, finalmente desistiendo y yéndose a fumar marihuana y a destrozar los columpios. Mientras tanto, Tom estuvo con Stacey….o Alex… no estaba muy seguro de cuál era cuál, ambas tenían mechas rubias y los pechos grandes, era difícil distinguir sus rostros, solamente la ropa le daba una posibilidad de diferenciarlas, pero francamente, Tom estaba demasiado ocupado imaginando lo que habría debajo como para importarle lo que llevaban puesto.
Stacey/Alex habían sido agradables. Le habían permitido sostenerlas por la cintura y abrazarlas. Los ojos de Tom se cerraban perezosamente mientras recordaba la agradable sensación de una mano arrastrándose por su espalda, sintiendo como se le ponía la piel de gallina cuando esa mano se paseaba con firmeza…
De repente, una bola de papel salió volando para golpearle ligeramente en la cabeza. Cayó en su mesa, sacándolo de su ensimismamiento. Un poco molesto, miro a Andreas, quién tenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada en su mesa, con un pequeño charco de baba acumulada debajo de su boca. Emitiendo un suave ronquido por la nariz.
Arqueando una ceja, cogió la nota y la desdobló cuidadosamente, tratando de frenar el ruido ensordecedor que hacía el papel arrugado. Los ojos se le salían de la cabeza por la rabia mientras leía:
¿Así que cuando vamos a reunirnos para hacer el proyecto?
Se dio la vuelta para ver a Bill, sentado insolentemente, sonriendo con timidez y sonrojándose por la vergüenza. ¿Cuál era el problema de ese chico? ¿No sabía cuando alejarse? Tom de manera visible arrugó la nota y la lanzó groseramente hacia el rostro de Bill. —Métetela por el culo —musitó, enseñándole el dedo. La cara de Bill se contrajo, mirándole como si intentara contener la emoción. Bien. Podía llorar por las esquinas siempre y cuando se marchará dejándolo solo.
Tom se dio la vuelta, retomando su posición de estudiante desatento, volviendo a dormitar. Trató de imaginar a cualquier que sea su nombre y revivir las sensaciones del parque pero estaba demasiado enojado como para concentrarse. Maldito retrasado, ¿tenía que darle una paliza otra vez? Era como si sufriera pérdida de memoria selectiva y borrase cualquier recuerdo que impida realizar el maldito proyecto. ¿Por qué era tan importante para él de todos modos? Realizarían otros proyectos…
Sus pensamientos se cortaron cuando un trozo de papel pasó volando por su cabeza, rebotó en la mesa y aterrizó en su pie. Un gruñido salió de su garganta mientras que se daba la vuelta para ver a Bill mirándolo, una vez más, aguardando en su dirección.
Tom deseó en ese momento que algún insecto radiactivo viniera y le mordiera el brazo para poder disparar por los ojos rayos láser a la patética criatura que se sentaba detrás de él. Ni siquiera se molestó en leer la nota esta vez, simplemente la pisó con el pie, la recogió y la lanzó hacia atrás dándole directamente a Bill en la frente. Se balanceó en el aire, deteniéndose en frente de Bill.
—¡Déjame en paz! —dijo Tom en voz baja con dureza.
Vio como la expresión de Bill decaía, como su mirada de expectación desaparecía al igual que un helado se derrite ante una ola de calor. Satisfecho, se giró, renunciando a sus intentos de recuperar los recuerdos del día anterior y sencillamente se relajaría en un estado de estupor hasta que sonara la campana.
Apenas podía creer que sus sentidos táctiles estuvieran aún funcionando cuando sintió que otra bola de papel le golpeó la cabeza.
—¿Cuál es tu maldito problema? —Tom finalmente estalló, sorprendiendo a toda la clase.
—Joder, Tom. ¿Estás siendo un idiota a propósito o simplemente naciste así? —La profesora le gritó cuando Tom la miró, apartándose del fondo de la clase.
Si tuviera ojos detrás de su cabeza, sería evidente que estaba dándole a Bill una sentencia de muerte.
—Lo siento —dijo con suavidad, evidentemente no lo sentía en absoluto.
—¡Has estado importunándome durante cinco minutos! ¡Jesús! Lo siento si no puedo hacer que la historia del siglo 20 sea tan interesante como te gustaría. Te pediría que vinieras aquí a contarla por ti mismo, pero ya que has demostrado ser demasiado estúpido como para escuchar, no quiero oírte más. Todos los días es lo mismo con ustedes, pero no me quejo. Joder, todo lo que pido es un poco de atención ¡Jesús! ¿Es tan difícil?
Parecía a punto de echarse a llorar y ella siguió buscando en sus bolsillos algo desconocido.
—Odio tener el síndrome premenstrual… —ella murmuro, de nuevo olvidando que los veintinueve estudiantes fueron bendecidos con un buen sentido auditivo.
A lo largo de la vida, muchas veces el mejor camino a seguir es el del silencio. Para Tom, esta parecía ser una de esas ocasiones, aunque por desgracia para él, una profesora ex-yonqui falta de su dosis diaria era una feroz oponente para esta táctica.
—Mierda… ¿Dónde está mi mechero? ¿Por qué Dios me odia? Maldita sea. Oh, sí, estás castigado al final de la clase.
Tom se quedó estupefacto, sin comprender. Esto era siempre culpa de Bill. ¡Siempre por su culpa! Ese bicho raro. Tom estaba aguantándose las ganas de refutarla en ese momento, aunque su radar interno le decía que ponerse a discutir no sería una opción muy aconsejable. No podía ni ver la carita de la esquina, casi sintiendo la petulancia saliendo por los poros de Bill, asentándose en su espalda haciéndole sentirse deshonesto. Pequeña mierda…
La campana sonó y, finalmente, Tom vio como todo el mundo se levantaba para irse sin hacerle caso. Había tenido la esperanza de pasar el rato en el parque otra vez…
Los cuerpos que pasaban empezaron a hacerse borrosos y dejó caer su cabeza en la mesa, listo para esperar que pasara la hora de castigo en esa irritante posición.
Cuando por fin levantó la mirada de nuevo, la clase estaba desocupada, silenciosa, carente del sonido de los alumnos salvo por el lento tic-tac procedente del gran reloj de la pared, el único indicio de vida que quedaba en ese solitario lugar de castigo. Incluso la profesora se había escapado con pesar, aunque ella había sido lo suficientemente perspicaz, a pesar de estar con su síndrome premenstrual, de dejar al vigilante del pasillo supervisando la puerta de la clase.
Cincuenta y cuatro minutos para poder irse.
Éste era el castigo más largo de su vida, en parte porque se pasó una buena parte del tiempo aborreciendo a Bill y planificando varias placenteras formas de torturarlo lentamente, una de las cuales necesitaba de una supervisión paterna para poder describirla en este párrafo.
Finalmente, el minutero dio las doce y Tom tuvo que contenerse de prácticamente salir huyendo del aula. No tenía ningún libro con él ya que de todas formas casi ni estudiaba. Nadie que pertenecía a la pandilla de Dereck traía los libros a clase, estaba muy por debajo de ellos.
Tom caminó a través de las puertas de la escuela, el espeluznante vacío de las aulas creaba una extraña sensación de claustrofobia. Se sintió aliviado cuando por fin salió del asfixiante edificio, aspiró aire fresco y casi se ahogó con su propio oxígeno cuando por poco choca de bruces contra Bill.
—¿Qué mierda? —Tom casi gritó, gesticulando rabiosamente. —¿No puedes captar un aviso? Eres jodidamente pesado. ¿Cuántas veces tienen que patearte el culo antes de que lo entiendas?
—Yo… te estaba esperando —respondió Bill agachando la cabeza. Se había sonrojado nuevamente. Dios, parecía que éste idiota se pasaba tres cuartas partes de su vida enrojecido como una señal de stop.
—¿Por qué? ¿Por qué me estas esperando? ¿Por qué siempre me sigues?
—Por el proyecto —respondió Bill alegremente. —Pensé que podíamos ir a tu casa y…
Tom le interrumpió. —Espera, ¿qué? ¿Qué parte de lo de ayer no has entendido?
—Bueno… dijiste que no quería venir a mi casa, así que pensé que eso significaba que iríamos a la tuya —respondió Bill torpemente, como si esa fuera la observación más obvia en la historia del universo.
Tom permaneció estupefacto, incapaz de formular una respuesta, su asombro era bastante fuerte. Estaba empezando a pensar seriamente que el chico era un retrasado. No un retrasado mental, pero sí con un serio retraso. Miró más de cerca los rasgos faciales de Bill, tratando de detectar los indicios de su discapacidad mental.
—Así que, de todos modos, sólo dime donde vives y quizás mañana vaya después de clases….
—Espera —le dijo Tom, arrugando el ceño, pretendiendo que su cerebro comprendiera la personalidad tan caprichosa a la que se enfrentaba, —no vamos a ir a mi casa.
—Pero tú dijiste…
—¡No vamos como una jodida a ir a mi casa! —le gritó Tom, la saliva voló de su boca. —Mira, está bien, lo que sea, nos encontraremos mañana en tu casa después del colegio. ¿De acuerdo? ¿Estás feliz? ¿Por qué ahora no te vas a la mierda y me dejas solo?
—¡Está bien! ¡Te veré mañana, entonces! —chilló Bill, y prácticamente bajo las escaleras dando saltitos, yendo en una dirección al azar, dejando a Tom observándolo desconcertado.
Tom le vio juguetear por la acera y haciendo una pausa para recoger algo del suelo. Tom entrecerró los ojos. Parecía una botella vacía de agua. Era asquerosa, con manchas y Tom arrugó la nariz mientras miraba como Bill se la metía en el bolsillo y continuaba su camino como si fuera Dorothy saltando por un camino de baldosas amarillas.
Tom sacudió la cabeza para deshacerse de todas las rarezas que acababa de soportar pero su perturbación parecía aumentar ante la tan surrealista situación.
¿En qué diablos acababa de meterse?
Continuará…
