FOE 16 (P.1)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 16

Un millón de pensamientos cruzaban la mente de Billeam mientras miraba al perro. Al principio creyó que el perro había usado una palabra equivocada del idioma felino para expresarse, pero el canino había marcado sus palabras usando gestos con sus manos, tocando el área del corazón en su pecho, con la palma de su mano y no había forma de malinterpretar el significado de ello.

Tomek ama a Billeam —dijo el perro ahora.

La mente del felino estaba a mil. De todas las veces en que pensó que el perro era extraño o que estaba loco, ahora entendía la razón, así como también porqué era excesivamente indulgente y constantemente sobreprotector con él. Porqué siempre lo tenía cerca y porqué lo miraba tanto.

«Oh, Dios» Pensó, recordando todas las veces en que estuvo desnudo delante del perro.

Sé que está mal, pero no puedo evitarlo. Eres tan hermoso. Cada vez que te miro, mi corazón late fuerte, como si se fuera a escapar de mi pecho —continuó el canino.

Billeam se puso rojo. Volteó la mirada, ya no podía mirar al perro a los ojos. Su vergüenza era tan profunda que se sentía paralizado.

Pienso en ti de forma en que no debería, todo el tiempo deseo aparearme contigo.

¡Suficiente! —Gritó el pelinegro. Sus piernas casi cedieron de la pura impresión. De pronto se sintió débil. Era como si no pudiera mantenerse en pie aunque lo intentara, no podía ni siquiera mirar al perro a la cara. Se sintió más hundido y dominado por las palabras del perro en esa confesión, que cuando lucharon y sucumbió ante su gran fortaleza. Se odiaba a sí mismo por reaccionar de esa forma. Había entrenado toda su vida por adquirir confianza en sí mismo y no dejar que nada lo desalentara y luego ocurre esto. Se sintió burlado. Si su flota pudiera verlo ahora, se reirían de él por perder la compostura ante los elogios de un perro. Hizo una mueca de molestia, se obligó a tomar coraje y miró al perro.

El rostro del canino casi le imploraba.

Billeam —dijo exhalando. Las agallas del pelinegro titubearon. El perro se movió hacia adelante y el gato dio un salto, emprendiendo la huida—. ¡Espera! ¡Billeam! —Gritó Tomek.

Billeam corrió y corrió, abriéndose paso a empujones entre la casi impenetrable vegetación. Nunca se había sentido como si no estuviera a cargo de su propio cuerpo. Estaba corriendo, evadiendo, en lugar de enfrentar al perro. “¡Estás loco, es enfermo, es absurdo!” Debió haberle dicho. Estaba enojado y muy frustrado por esta repentina timidez que tomó control sobre él y no lo dejó reaccionar como se suponía que debía actuar. ¿Por qué? ¿Por qué demonios sucedió? ¿Y por qué rayos con este perro?

¡Maldito, perro! —Gruñó.

¡Billeam, por favor detente! —Bramó Tomek.

El pelinegro apenas notó que las sombras de los árboles quedaban atrás, porque estaba demasiado preocupado en ver si el perro todavía venía tras él y no se dio cuenta que la senda se acabó abruptamente. Dio un paso en falso y cayó por la pendiente de un empinado precipicio. Instintivamente, clavó sus manos en la rocosa pared y se agarró de un trozo de roca que sobresalía. Contuvo el aliento cuando la roca cedió ante la presión y comenzó a resbalar.

Fue salvado de la caída por el perro, quien lo cogió del brazo.

Te tengo —dijo el canino. Tomek le sonrió y Billeam se sonrojó. Desvió la mirada y vio la corriente del río abajo. Levantó la mano libre y enterró sus afiladas garras en el brazo del perro. Tomek hizo una mueca de dolor y por acto reflejo, lo soltó. Billeam cayó.

¡No! —Gritó el perro.

El pelinegro cayó en el río con un sorprendente splash. La corriente era más fuerte de lo que pensó y luchó por volver a nadar hacia la superficie. La fuerza de la corriente era implacable y rápidamente comenzó a cansarse, sin ser capaz de sostenerse de algo. Sintió un tirón en su brazo y de pronto, su cara estaba sobre el agua. Tan pronto como sintió que llegaba a la ribera del río, como pudo, a tientas, gateó para salir. Ahora, ya no fue sorpresa para él saber por qué perro había arriesgado otra vez su vida, para salvarlo.

Una vez que regresaron a su campamento, Billeam volvió a dormir en los árboles.

&

Espera, ¿ya volvieron al campamento? —Preguntó Jimmy, un poco desilusionado—. Pero acaban de caer en el río.

Sí, y luego regresaron a la seguridad de su campamento.

¿Así de simple?

Bueno, no intercambiaron palabras entre ellos durante el trayecto —dijo tía Janine.

¿Pero qué pasó después que el perro rescató al gato? ¿Pelearon o algo?

Tía Janine suspiró—. No exactamente —respondió—, pero el perro dejó perfectamente claro que sus sentimientos no consistían solamente en amor.

¿Y qué hizo? —Preguntó el niño. La mujer miró a los lados un segundo.

¿Te acuerdas de la escena entre el perro y el gato en tu jardín del frente?

Sí —contestó Jimmy.

Bueno, pasó algo así.

El niño soltó unas risitas—. Cuéntame tía.

La mujer bufó—. Hay algunos detalles en esta historia que no son tan relevantes, Jimmy.

¿Por qué no?

Porque eres un niño y esos asuntos son cosas de adultos.

Oh, ¿quieres decir cosas sexuales?

Sí —respondió tía Janine con una sonrisa de lado.

¿Entonces, van a empezar a tener sexo?

En realidad no, pero como dije, no hay necesidad de darte detalles sobre esto.

Aaww, ¿tal vez solo un poquito?

Nop, y esta será una de las veces en que no te alentaré a usar tu imaginación.

Jimmy soltó unas risitas—. Pero dime, ¿un gato humanoide y un perro humanoide, pueden aparearse y tener bebés?

No, no pueden —contestó la mujer—. Y aunque nunca lo hubieran pensado dado su profundo historial de odio mutuo, de hecho hay una incapacidad de reproducirse juntos que forma una línea divisora entre ellos. Los cromosomas dentro de sus cuerpos simplemente no son compatibles. La atracción entre las diferentes especies es algo que es muy difícil que se de, pero como siempre pasa, hay excepciones a la regla.

&

Billeam se dejó caer en el borde del río, jadeando. Sintió el cuerpo del perro caer sobre el suyo y luego sintió sus costados tensarse cuando Tomek lo abrazó. Arrugó el ceño, perplejo y luego sus ojos se abrieron muy grandes y su cara casi explotó de vergüenza cuando su cuerpo comenzó a mecerse adelante y atrás.

¿Qué demonios? —Espetó.

Lo siento —dijo el perro—. Te prometo que no te lastimaré, yo solo necesito… —su voz se convirtió en un gemido y Billeam, contuvo el aliento.

¡Detente! —Gritó, pero las embestidas del perro solo aumentaron la velocidad—. ¡No soy una hembra!

¡Sé que no eres una hembra! —Gruñó el perro—. ¡Ni siquiera eres de mi raza! Pero no cambia el hecho de que te desee tanto.

Estás loco —murmuró el pelinegro, de forma casi inaudible, sus palabras enmudecieron a causa de su irritante timidez. El perro gruñía y jadeaba, sus gemidos sonaban como si lo estuvieran torturando. Billeam estaba paralizado por la vergüenza y también, extrañamente consciente de lo que el perro estaba haciendo y lo que representaba. De pronto, el perro convulsionó y gimió fuertemente cuando se corrió. Rodó de sobre su cuerpo, jadeando y suspirando feliz.

Lo siento, Billeam —murmuró Tomek avergonzado—. La mayoría de las veces, no tengo problema en controlar mis instintos de apareamiento, pero tú tienes un efecto tan grande en mí.

¡Deja de decir eso! —Le regañó el pelinegro—. Tú solo eres un perro loco y caliente, que desea saciar sus necesidades.

Tomek se volvió hacia él con semblante serio.

Hay otras formas en las que puedo satisfacer mis necesidades. Como macho, tú deberías saberlo. —Billeam bufó ante eso—. ¿Qué tan macho eres tú? —dijo de pronto el perro—. Si no es por la obligación de aparearse, o solo por conseguir alivio, la necesidad de expulsar la semilla viene casi a diario. De la forma en que lo veo, tus bolas deben doler un demonio.

¡Cállate de una vez!

¿Lo ves? También eres pesado conmigo todo el tiempo y quizás esa sea la causa de ello. Necesitas aliviarte con urgencia.

Yo no soy como tú, perro. Yo tengo control sobre mis necesidades.

Claro que sí —dijo con ironía Tomek—. Aun así, llegará un momento cuando la necesidad se vuelva tal, que apuesto, a que no pensarás tan mal de mí cuando pase. Y además, no hay nadie más que tú y yo aquí, así que, ¿por qué no confortarnos el uno al otro?

Prefiero matarme.

Oh, vamos, no puedo ser tan repulsivo. —El perro empezó a levantarse.

Billeam se puso de pie más de prisa—. ¡No! ¡Mantente alejado, perro enfermo!

Tú eres un amargado.

El pelinegro arrugó el ceño ante la repetición de aquella palabra canina.

Significa que siempre te estás quejando —aclaró el perro. Billeam bufó y el perro suspiró—. Mira, está a punto de oscurecer, deberíamos volver al campamento antes que las criaturas empiecen a aparecer.

El pelinegro odiaba que el perro creyera que estaba de acuerdo con que estuviera al mando, pero la verdad era que cada cosa que decía resultaba ser acertada y sería un tonto en contradecirlo, así que se ahorró la disputa. Cuando Tomek tomó dirección hacia el campamento, él lo siguió tranquilo y no dijo nada. Pero ahora guardaba su espacio con vehemencia.

&

¿Qué? ¿Vas a dormir en los árboles? —dijo Tomek con desilusión, mirando como el gato escalaba el árbol—. No haré nada, si eso es lo que crees.

Billeam lo ignoró y se acomodó en una rama.

Está bien, arréglatelas solo si quieres. —Bufó el canino.

Fue hasta la tienda gruñendo y deseando estrangular al gato. Después de un rato se quedó dormido. Sus ojos se abrieron en alerta, cuando oyó un ruido en la tienda y se sentó. Sonrió de alegría cuando vio que Billeam entraba.

¿Cambiaste de opinión? —Preguntó. Billeam se acostó en el otro extremo de la tienda.

No podía dormir —murmuró no muy contento. Puso unas rocas en el suelo, junto al lugar donde dormiría y luego cerró los ojos. Tomek supuso que aquellas piedras eran para evitar los movimientos inconscientes de Billeam durante la noche.

¿Los árboles no son tan cómodos como solían ser, eh?

Tendré menos oportunidad de dormir aquí si no te callas —respondió el gato.

Lo siento. Buenas noches.

Tomek volvió a dormir con una sonrisa de felicidad. Ahora se sentía feliz, incluso afortunado de que no hubiera nadie más en el planeta, porque Billeam no tenía más opción que quedarse con él y agradecía los peligros del lugar, porque Billeam no tenía más opción que dormir junto a él.

Despertó al día siguiente, con el pelinegro abrazado a él. Miró las rocas y vio que todas se habían movido. De algún modo, Billeam se las arregló para cruzar la inútil muralla de piedras en su migración nocturna hacia la calidez y seguridad del cuerpo de Tomek.

Acercó su cara al cuello del pelinegro y olió su aroma. El deseo rasguñaba dolorosamente sus entrañas. Se presionó contra el cuerpo de Billeam y lamió su cuello. El pelinegro se despertó, jadeó y trató de alejarse. Tomek lo sujetó firme, pasando un brazo por el pecho del moreno. Repartió suaves besos por el cuello de Billeam.

¡Detente! —Siseó el pelinegro. Tomek comenzó a frotar sus caderas contra el trasero del felino—. ¡No! ¡No hagas eso! ¡Suéltame!

Te amo —susurró el perro en el oído del otro. Billeam se congeló—. Te deseo y podría hacer que lo pasaras muy bien, si tan solo me dejaras.

Cállate —respondió Billeam. Tomek deslizó su mano hacia el miembro del otro. Billeam contuvo el aliento y sujetó la muñeca del perro. Tomek lo acarició por sobre los pantalones, no tomó mucho para que el pelinegro se endureciera.

También deseas esto —dijo Tomek—. Lo necesitas. Olvida por un momento quien soy y déjame complacerte.

¡Perro… aahh… estúpido! —Gruñó el felino. Apretó el brazo de Tomek, pero no lo alejó. El perro empezó a embestirlo con libertad y sin restricciones. De vez en cuando, acariciaba el cuello de Billeam y lo lamía pausadamente. El pelinegro se arqueó contra él, con la respiración agitada. No detuvo a Tomek cuando deslizó la mano dentro de sus pantalones y sujetó su miembro, en lugar de eso, embistió contra la mano del perro.

Sus movimientos se volvieron frenéticos y rudos, conforme el placer aumentaba.

Nunca pensé… que un gato macho —jadeó Tomek—. Tal vez eres mucho mejor piloto que yo, ya sabes… mataste a Andraz y yo… no puedo odiarte.

Billeam cerró los ojos, sus gemidos emergieron como a tono con el ritmo—. Ahh, ahh.

Nunca antes sentí este intenso deseo de aparearme, pero tampoco, nunca antes, conocí a semejante belleza.

Aahhh…

Deseo todo de ti, Billeam, incluso deseo chuparte.

¡Dios! —El pelinegro se tensó, soltando chorros calientes, en el momento de su clímax.

Tomek continuó embistiendo sus caderas contra el trasero de Billeam. El pelinegro se relajó y trató de recuperar el aliento. Solo podía quedarse quieto y esperar a que Tomek acabara, ya que todavía permanecía firmemente apresado en su abrazo. El perro dejó de embestir cuando sus músculos se tensaron con su liberación. Retrocedió y miró a Billeam.

El pelinegro lucía consternado y con una mano se cubrió los ojos. Ahora que la intensidad del momento había muerto, sin duda la vergüenza y los remordimientos lo estaban atormentando.

No seas tan duro contigo mismo —murmuró Tomek—. Eres un macho, no es algo que de verdad puedas controlar.

Billeam se sentó y le dio un puñetazo a Tomek en plena cara. El perro gruñó y llevó una mano a su mandíbula.

El pelinegro se puso de pie—. Nunca podré olvidar quien eres —dijo.

Tomek se sobó la cara, observando como Billeam dejaba la tienda.

& Continuará &

Y como dije antes “ahora empieza lo bueno”. Lime y remordimientos. Están invitados a seguir con la lectura de esta grandiosa obra de blame_my_dirty_mind

2 comentarios en “FOE 16 (P.1)”

  1. Jajajajaja mi Dios! ! Amo este fic! Primero pasar de la declaración de amor de Tom al rechazo de Bill y luego la «rendicion» por parte de Billeam para sus deseos. Y aunque son razas diferentes el deseo se está haciendo presente. Bill ya sucumbió al placer y aunque niegue el contacto con Tom su inconsciente lo traiciona.
    Rica frotadera entre ese par. .me gusta! !!

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